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domingo, 19 de febrero de 2017

UN HOMBRE PEQUEÑO Y DE POCAS PALABRAS

         UN HOMBRE PEQUEÑO Y DE POCAS PALABRAS 




Nazareas era un tipo que destacaba por su brusquedad y soeces palabras. Su atuendo de chulo de feria y ademanes, eran concordantes a su aspecto de dejadez. Tenía andares de matón y su sombrero negro calado de medio lado hasta las cejas remataba ese aspecto de esas personas que es mejor no tratar, ni cruzarse con ellas.
Se sabía de sus salvajes disputas y se sospechaba que era autor de diversos robos y de varias muertes, entre las que se encontraba el panadero y el tendero del pueblo entre otros. La policía lo había detenido en repetidas ocasiones, pero al no haber podido probar nunca ni crimen, ni robo, lo habían tenido que soltar sin ningún cargo.
Siempre andaba de bar en bar y se hacía pagar las consumiciones a base de intimidar a los clientes, que no osaban poner objeciones.
Ese día que todos recordaban en el pueblo, Nazareas después de consumir dos whiskys, se dirigió a un hombre bajito recién llegado al pueblo en tren, hacía escasamente unas horas y que se había sentado junto a él. Le sugirió como solía hacer con ademanes desafiantes que le pagara los dos whiskys y levantándose de su taburete se dispuso a irse. El hombrecillo dirigiéndose a la espalda de Nazareas con una voz ridícula por el tono y casi de chiste, dijo, pero muy claramente: No señor, las copas se las pagas usted. Nazareas asombrado por lo que acababa de oír y por primera vez en su vida, se giró de golpe y encarándose con aquel diminuto personaje le invitó a repetir las palabras que había pronunciado, mientras sacaba su cuchillo de su funda. El hombrecillo que sin que nadie lo advirtiera llevaba ya uno en su mano de grandes proporciones. Si medir palabra lo hundió en el abdomen de Nazareas y con un gesto rápido describió un giro en diagonal, finalizándolo en otro perpendicular. Como si fuera la cosa más normal del mundo. Seguidamente, lo limpio bien en la camisa de Nazareas antes de que este se desplomara sin saber aún por qué. Solo cuando en el suelo sus manos encontraron sus intestinos saliendo de su cuerpo con suma rapidez, pudo adivinar qué había pasado. Fue entonces cuando el hombrecillo con su voz ridícula como de chiste le dijo, que era hombre de pocas palabras y que jamás repetía lo dicho. Acto seguido se dirigió a la salida.
Horas más tarde retiraban el cuerpo de Nazareas sin vida. La policía después de oír que lo ocurrido de que había sido en defensa propia por varios clientes y recoger el conocido cuchillo de Nazareas del suelo, quedo más que satisfecha.
Todos los habitantes del pueblo hablaban de lo ocurrido y de aquel hombrecillo que por fin había hecho justicia.
En un hotel del pueblo el hombrecillo después de atender sin problemas la policía que le visitó por puro trámite, sentado en la cama de su dormitorio contaba el fajo de billetes que antes de la llegada de la policía, se había apresurado traerle la mujer del tendero, como segundo pago del encargo.






4 comentarios:

  1. And the moral of the story is: Do not tangle where you do not know. Excellent micro, Jordi! I like it!
    Thank you so much for sharing and have a pleasant week.

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  2. Estupendo querido Jordi...Con un impredecible final,a tu estilo...Gracias por compartir mi maestro en letras...Te mando abracitos con cariño...!!! :)

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  3. Maravillosa entrada gracias por traer estas letras tan maravillosas gracias

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  4. Gracias amigos de buenos sentimientos. Un fuerte abrazo de oso, de los que rompen costillas sin hacer daño.

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