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viernes, 6 de enero de 2017

Un ninja en Camelot 9

Capítulo 9


El traidor
Habían pasado varios días y el gran entusiasmo que generó el regreso de Agravaine se fue diluyendo, para dar paso a que la vida volviera a su cauce normal. Cierta ocasión, el nuevo héroe de Camelot caminaba por los interiores de la fortaleza hasta llegar a espacios más abiertos, siendo esporádicamente saludado por todo el mundo, quienes lo felicitaban por sus hazañas; en uno de esos lapsos, aterrizó en la mano de Agravaine una paloma mensajera, con un mensaje atado a su pata, que él delicadamente sacó. Sin saberlo, era seguido por Fukushu, que lo observaba sigilosamente a cierta distancia, escondiéndose a ratos de su presencia.
Arturo había ordenado la captura del traidor de Mordred, cuyo paradero aún se desconocía, siendo la principal razón por la que convocó una reunión de todos sus caballeros a la mesa redonda.


- Parece ser que se lo ha tragado la tierra - se quejaba Arturo -, incluso los súbditos pictos le tendieron una fracasada emboscada allá en el norte, es como si supiera todos nuestros movimientos.

- Tal vez éste protegido en la fortaleza de Morgana - agregó Agravaine -, ella es una hechicera muy poderosa.

- No dudo que la fortaleza de Morgana sea una buena guarida - añadió Arturo -,  sin embargo ese lugar está protegido por magia, nadie nunca ha llegado allí pero eso no necesariamente significa que esté en ese lugar todavía,  en algún momento debe salir si es que quiere buscar aliados y continuar su lucha para destronarme.

- ¿Donde está Merlín? - preguntó Lancelot -, es más poderoso que Morgana, sabría qué hacer.

- Merlín está ocupado tratando de contener la magia de Morgana, de lo contrario ahora mismo Mordred sería rey - dijo tajantemente Arturo.

Súbitamente, se paró de forma impetuosa Sir Morgan, que dijo lo siguiente.

- Su majestad, le pido que me conceda el honor de buscar a mi hermano, lo voy a traer ante usted.

Todo el mundo en la mesa redonda lo miraron sesudamente, sabían del grado de consanguinidad que tenían ambos por ser hermanos. Arturo, muy educadamente le respondió.

- Querido Morgan, sé que has demostrado ser un digno vasallo en la última batalla, lo que no significa que vayas a ser el elegido para tan delicada misión. Yo podría concederte el honor que tanto deseas, al punto que quiero llegar es que aquí nadie confía en ti, no desde que le quité los derechos de sucesión a tu hermano, además trataste de matarme.

Agravaine agregó lo siguiente

- Majestad, tal vez la razón por la que Mordred escape de sus manos, es que entre nosotros hay un traidor.
Luego de decir esto, todas las miradas de los caballeros se dirigieron a la figura de Morgan, quien se puso atónito.

- ¿Seré yo rey?

Apareció Fukushu, quien al ver a Morgan en problemas mencionó lo siguiente.

- Puedo ayudarlo a encontrar a su traidor, si usted me lo permite.

Arturo se levantó de su silla, con gesto de rigurosa autoridad dijo lo siguiente.

- Pese a que no dudo de tus excepcionales facultades, este asunto es muy delicado. Sólo te advierto una cosa, si no traes pruebas contundentes de la identidad del traidor vamos a sospechar de ti, te concedo tu petición.

- Será un honor - expresó Fukushu inclinando su cabeza hacia adelante, luego se retiro.

- ¿Quién es aquel personaje, majestad? - preguntó Agravaine.

- Es Miyamoto Fukushu, el emisario japonés que pidió mi ayuda para recuperar una espada que Mordred le robó a su emperador.

- Espero que sea tan honorable como usted dice, majestad - dijo Agravaine.

En la noche siguiente, cuando Fukushu dormía profundamente, alguien tocaba su puerta insistentemente. El ninja, que estaba desnudo, se puso unos ligeros pantalones de lana que encontró, tomó una de sus pequeñas espadas, para acercarse a la puerta con el sigilo y la serenidad de alguien que estaba muy despierto. Al estar junto a ella, dijo en tono audible.

- ¿Quién es?

- Soy yo Cinnia, por favor, abre la puerta.

Fukushu se deshizo de forma rápida y silenciosa de su espada, luego abrió, llegando a contemplar a la pálida y hermosa rubia, con ligero traje de dormir, que le expresó lo siguiente.

- Fukushu san, disculpa que te despierte de esa forma, a esta hora, te he buscado todos estos días a cada momento, pero nunca te llegue a ver.

- Estaba atendiendo algunos protocolos diplomáticos a lo largo del país, no fue intencional.

- ¿Puedes entrenarme para combatir?, se lo he pedido a Agravaine, mas él dice que el combate es asunto de hombres.

- Que extraño, en mi país hay mujeres que saben pelear.

- ¿De verdad?

- Sí, hubieron algunas que llegaron a ser samurai en secreto, porque la filosofía samurai es muy viril sin embargo, sí hay mujeres que se dedican al espionaje, estas saben varios tipos de arte, incluso combatir (trató de evitar decir ninjas)

- Debe ser una vida muy emocionante.

- Necesito saber una cosa, ¿qué te mueve a querer aprender mi arte?

Cinnia tuvo que proceder a contar su interés por aprender artes marciales.

- Hace dos  años estaba en una caravana con la reina Ginebra por las provincias del este, cuando fuimos atacados por un grupo de invasores sajones.

 Nos tuvieron en cautiverio como por dos semanas, hasta que cierto día, tres de ellos me tomaron a mí y a otra cortesana de nombre Ivonne, a una de las casas de aquel pueblo que habían ocupado; allí uno de ellos comenzó a dar rienda suelta  a su perversión, empezando por Ivonne, a quien se dispuso  a  violar, dejándola luego de un leve forcejeo, cargada entre sus piernas contra la pared. Yo traté de detenerlo, pero él con su mayor fuerza física me empujó hacia el suelo, sabía que yo sería la siguiente. De pronto, la puerta cayó derrotada al suelo, permitiendo la entrada de Sir Lancelot, quien finalmente nos rescató. Como te diste cuenta,  vivimos en una época muy difícil en Gran Bretaña, siendo nosotras muchas veces una especie de trofeo.

- Esa situación que me cuentas también se da en mi país, es una pena el pobre trato que les dan a ustedes no significa que yo sea como ellos.

- Yo siempre supe que eras diferente.

- Tengo una pregunta para ti, ¿por qué siempre estás tan cerca de los reyes?

- Es que soy sobrina de Arturo, hija de Sir Bram Pendragon, hermano de Uther Pendragon, padre de Arturo. Mi padre murió en una batalla y mi madre al poco tiempo de haberme concebido, por lo cual el rey me adoptó como hija.

- Él debe quererte bastante, bueno, manos a la  obra, vamos a realizar por esta noche unos cuantos ejercicios de respiración, eso no molestará a los que  siguen dormidos. Tratemos de hacer esto sin ser descubiertos, así evitamos los prejuicios.

- Está bien.

Bajo la inmaculada luz de luna que se filtraba por la  ventana de Fukushu, los dos realizaron ejercicios parecidos al tai chi, con los cuerpos ligeramente descubiertos por la poca ropa que usaban. A Cinnia y a Fukushu las sombras dejaban ver los bien tonificados músculos de ambos, Cinnia con sus brazos y largo cuello descubiertos, mientras las extremidades superiores de Fukushu estaban completamente visibles, dejando ver el fruto de su cruel entrenamiento. Todo lo hacían con los pies descalzos.

Pasaron los días, estando Fukushu alternándose en entrenar a Cinnia y a los caballeros de la mesa redonda.
Una ocasión, estando los dos en la reserva de caza de Arturo, en un combate de práctica entre golpes y bloqueos, frente a frente, Fukushu puso rápidamente sus talones detrás de los de Cinnia haciéndola perder balance, luego le dio un empujoncito en  el  hombro; justo antes de caer, Fukushu la agarra por su hombro, dejándose llevar por el peso de  ella hacia adelante.

 La cabeza de Cinnia no llegó a tocar el suelo, sujetada por el fuerte brazo del ninja; éste logró evitar a tiempo caer sobre las extremidades superiores de la chica, quedando apoyado en su otro antebrazo contra el suelo pero en una posición en donde se quedaron mirando frente a frente.

-  ¿Estás bien? - interrogó él.

Ella prorrumpió en risas.

- Sí, sé que debo tener más cuidado, pero ese movimiento fue genial.

Se empezaron a escuchar ruidos de cascos, como de una comitiva.

- Ese debe ser la comitiva de caza de mi tío.

- Salgamos de aquí, no podemos  permitir que nos  vean - dijo Fukushu.

Los dos se escabulleron por la espesa masa de árboles.
Más tarde, en un campo abierto, Fukushu estaba entrenando al rey Arturo y a sus caballeros, mostrándoles técnicas de esgrima con espadas de madera; todos imitaban con atención al ninja siguiendo sus movimientos con una precisión absoluta, pareciendo todos copias de un mismo personaje.
- Los felicito, están progresando - dijo Fukushu -, ahora es momento de realizar combates de demostración cuerpo a cuerpo, mi querido rey, ¿acepta ser participante del primer encuentro?
El rey, que nunca rehuía un combate, accedió.
-          Estoy ansioso Fukushu san, comencemos.

Fue un duelo interesante, los embates de las espadas eran contundentes y directos, sin dar en alguna parte corporal porque los hábiles guerreros lograban bloquear cada uno a tiempo su correspondiente estocada, aunque algunas veces se podía ver a Fukushu en apuros, teniendo que usar sus buenos reflejos ciertas ocasiones para evitar ser golpeado por los duros embates del gigantesco monarca. 

En medio de patadas y golpes ocasionales, era común ver a Fukushu retroceder lentamente o resistir, a la vez que Arturo avanzaba, quizá por su mayor envergadura, lo que no le quitaba merito como combatiente, su esgrima era impecable. Finalmente fue el japonés quien dio la estocada final, al arrebatarle de las manos la espada de Arturo, de un estoque fulminante, para luego poner el filo de su madera en la yugular del rey.

- Es usted un buen peleador, majestad, sólo recuerde que la espada no es un mazo, es un arma de precisión absoluta; sea como el árbol de bambú, fuerte y flexible a la vez, o Mordred se lo hará saber el día de la batalla.

- Me gustaría poder sembrar alguno de esos árboles en mi reino.

- Lamentablemente no traje semillas, ahora podemos....

En ese momento fue interrumpido por Sir Morgan, que portando dos espadas de madera en cada mano, se acercó al frente, donde estaban todavía Arturo y Fukushu, mirando frente a frente a los demás, luego se puso a hacer acrobacias con sus espadas, tirándolas en el cielo como si fueran batutas, para volverás a agarrar, luego pasándolas entre las piernas, siguiendo con algunas katas con espada perfectamente ejecutadas, todo en medio de sus aullidos de gato; al final anunció siguiente.

- sajuaaaaaaayaaaaaa!!!, ¿quién de ustedes osa retarme?

- Morgan, esta práctica no es para ti, tú ya estás entrenado en las técnicas.

- Lo sé, sucede que estoy aburrido, como tú no estás por allí para jugar al samurai, no tengo más remedio que buscar con quien, ¿quién se atreve? - preguntó con tono de osadía.

Los otros le hacían miradas, que se debatían entre la indignación o la sorpresa, quedando en estado de total inacción. Morgan los miró y dijo lo siguiente.

- ¡¡Bah!!, está bien, ¿no me quieren retar?, voy a hacer algo más útil que contender con un caballero de la mesa redonda.

Inmediatamente después de decir esto, de entre sus compañeros se puso adelante Sir Lancelot, para aceptar el desafío.

- Querido Sir Morgan, no es que nadie quiera aceptar tu atrevido reto, es que demasiadas cosas has hecho en Camelot, siempre causando polémicas a tu paso, como cuando trataste de matar al rey, de modo que sigues sin ser un guerrero muy honorable. Ahora que el propio rey te ha aceptado nuevamente en la orden, todavía sigues sin demostrar ni una pisca de honor, pero de todos modos acepto tu reto, porque si hay una manera de recuperar tu honra es precisamente demostrándote que podemos honrar tu desafío, así que acepto, ¡¡en guardia!!!

Ambos guerreros se pusieron en posición de defensa, Morgan moviéndose con el cuerpo en posición lateral, con las espadas en cada mano, levantada paralelas a la posición del cuerpo; Lancelot con la guardia alta, su katana alzada por encima de su cabeza por sus dos manos, ambos sin dejar de mirarse a los ojos, el primero que atacó fue Morgan, con sus dos espadas a la vez, que parecía hacer retroceder a Lancelot, quien sólo se limitaba a protegerse.

            Un intenso duelo de práctica, siendo la mayoría de las veces dominado por Morgan, que trataba de dar efectivas estocadas al cuerpo de su rival, que tenía una magistral defensa; en algunas ocasiones Lancelot lograba el dominio, pese a que sólo tenía una espada, hasta que finalmente, cuando Morgan había pensado que bloqueó la siguiente estocada de Lancelot, formando una x que elevaba el arma de su rival algo hacia arriba, resultó ser que Lancelot logró colar el arma por encima de la x, para llegar a tocar la yugular de Morgan.

- Yame Morgan, excelente demostración, Lancelot, sigue así.

- Gracias Fukushu.

- Eso fue pura suerte Lancelot, estabas a punto de perder.

- Ahora todos ustedes, divídanse en grupos de dos, practiquen los movimientos, Morgan, tú ven acá.

Se enfrascó en una algo tensa discusión con Morgan.

- ¿Morgan, cómo se te ocurre irrumpir de ese modo, no te das cuenta de que estás en una situación delicada?, ¡¿eres sospechoso de traición, estoy tratando de limpiar tu nombre?!

- Dime una cosa Fukushu, ¿qué haces tú coqueteando con la sobrina del rey?

En ese momento Fukushu pareció ponerse rígido, luego hizo una inhalación profunda, para mirar de forma serena a los ojos de Morgan, cosa que no pudo evitar que en los ojos del nipón se reflejara una furia que trataba de disfrazar.

- ¿A ti quien te dijo que estoy tan cerca de ella?

- Jua, jua, oye ninja, no eres el único que sabe como espiar y eso que no soy mucho mejor que tú.

- Escucha Morgan, no tengo ninguna relación íntima con Cinnia, ella sólo me pidió el favor que la entrenara, porque teme por su vida en medio de tanta guerra, jamás me interpondría entre ella y su Agravaine.

- ¿Y si Arturo se entera de que tú estás así de cerca de su sobrina, crees que pensará que es algo más que inocente?

Fukushu, dando muestras de serenidad, le lanzo una mirada fulminante a él, al mismo tiempo que decía lo siguiente.

- De ser así, antes de que tú se lo vayas a decir, te habrá ocurrido un accidente.

Y se fue, caminando de una manera sigilosa y veloz hasta regresar con los demás caballeros, quienes seguían practicando. Morgan en cambio, parecía petrificado, pero trató de disimularlo y se retiro por su lado.
En algún otro lado, por esa misma área geográfica, Mordred, con armadura pero sin casco, estaba practicando con espadas de verdad con un compañero, quien estaba completamente revestido de su armadura.

- Mordred, ¿por qué no te pones el casco?, esto es muy peligroso.

- Lo que hago, no es incumbencia de nadie, ¡¡pelea!!!

El caballero trató de dar con lo que pudo a Mordred, quien esquivo todo con reflejos de rayo, hasta que finalmente logró asestar una estocada, que fue bloqueada por la Ryu de Mordred, que al empujarla hacia un lado, le logró arrancar el brazo al otro, quien se arrodilló en agonía al piso.

- ¡¡¿Mordred, qué hiciste?!!

- Lo siento mucho, esta práctica se me salió de las manos.

Mordred procedió a cortarlo con la katana, partiéndolo en dos, siendo observado a cierta distancia por Hinoi, quien para mostrar su complacencia, le hizo el saludo de inclinar la cabeza, a lo que Mordred respondió de igual modo.

Otro de los caballeros, se le acercó a Mordred para increparle.

- ¿Por qué hiciste eso?, Sir Oscar era uno de nuestros mejores guerreros.

- Fue un accidente, ¿quieres ser tú el próximo?, necesito practicar más.

            Se retiró, pasando cerca de Hinoi, quien lo felicitaba en voz baja, luego llegó de la nada Morgana, que le preguntó al ninja.

- ¿Cómo ve el progreso de mi hijo con la espada?

- Su hijo es un guerrero formidable, un verdadero asesino a sangre fría, dudo que Arturo pueda con él.
- No creo que tenga oportunidad - murmuró ella.

Momentos después, en la noche, unos cuatro caballeros se habían reunido en un cuarto iluminado con antorchas, cuya entrada estaba entre los pasadizos secretos de Camelot. Uno de los caballeros eran Sir Agravaine, los otros tres eran unos desterrados de la corte de Arturo, Sir Aldair, Sir Douglas y Sir Percy, quienes entablaban el siguiente diálogo.

- ¿Mordred sabe algo de esto? - pregunto Sir Douglas.

- No he tenido tiempo de comunicarme con él, la actividad en el reino ha sido bastante intensa - confeso Agravaine.

- ¿Que se supone que hacemos aquí?- pregunto Sir Aldair.

- Es que hoy fueron las patronales de San Albano, todo el mundo está borracho, así que se me ha ocurrido una forma rápida de acabar con este conflicto, vamos a matar al rey.

Los otros tres caballeros quedaron boquiabiertos al oír esto.

- Aunque eso sea verdad, aun queda pendiente un detalle - añadio Sir Douglas - el mago Merlín.

- Hace semanas que no lo veo por aqui - respondió Agravaine -, es ahora o nunca.

- Entonces manos a la obra - continuo Sir Percy

- ¿Así que ese fue el motivo de que últimamente estés tan distante? - se escucho una voz femenina

- Y ustedes, Sir Aldair, Sir Douglas, Sir Percy, ¿tienen tan poca vergüenza que ahora regresan a Camelot?
Era Cinnia, quien no daba crédito a lo que escuchaba.

- Cinnia, por favor, escúchame...

- Tuve tiempo de escucharte durante todos estos años, mientras hacíamos algo más que íntimo por estos pasadizos secretos. Te has comportado de manera esquiva, siempre  sin casi darme razones, ¿qué te hace pensar que ahora confiare en ti?, ¡¡¡yo te amaba!!!!

- ¡¡¡Sir Aldair a ella!!! - ordeno Sir Agravaine.

La bella joven logro darle una zancadilla y tumbarlo de frente contra el suelo con un movimiento parecido al judo, lo que hizo que Agravaine le dijera a los otros dos que hicieran el trabajo, ella tomo a uno, lo levanto en el aire en forma de arco para estrellarlo contra el otro y justamente cuando se iba a enfrentar a Agravaine, este desenvaino su katana para enfrentarla. En ese momento, ella huyó, gritando auxilio para que la socorrieran.

Mientras Cinnia huía de sus perseguidores a través de los pasillos secretos de la fortaleza, Agravaine hizo una pausa para ver cómo estaban sus compañeros; Sir Douglas y Sir Percy, pese a que todavía estaban aturdidos por las llaves marciales que les aplicó la muchacha, estaban recuperándose satisfactoriamente, no así Sir Aldair, quien seguía inconsciente en el suelo.

- Él todavía está vivo, lo malo es que en ese estado no nos será de mucha ayuda - dijo Agravaine.
- ¿Qué hacemos? - interrogó Sir Douglas.

- No podemos permitir que esa niña avise a los demás de lo que estamos tramando, ¡¡atrapémosla y la asesinamos!!! - concluyó Agravaine.




4 comentarios:

  1. Genial Alberix...Es admirable tu capacidad de escribir,tan inmenso y fluido como esos ríos que debieron de rodear la fortaleza de Camelot...Admiro mucho eso,gracias por compartir...Te mando abracitos con cariño...!!! :)

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  2. Maravillosa entrada maravillosas letras gracias por compartir feliz semana saludos cordiales

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