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lunes, 30 de enero de 2017

Dulce tentación 6.


El viernes por la mañana Norah se levantó temprano, se dio una ducha e hizo la maleta antes de bajar a desayunar. Quería estar preparada para cuando llegara Samuel, no quería hacerle esperar. Se sentía impaciente por volver a verlo y eso empezaba a asustarla. Norah siempre había tenido claro que mezclar lo personal con lo profesional nunca era una buena idea, pero Samuel era tan dulce y tentador que no la dejaba pensar con claridad, era su dulce tentación.
Samuel salió de la oficina a las diez de la mañana, tenía que ocuparse de algunos asuntos y se levantó a las cinco para poder llegar temprano a buscar a Norah. Eran las once de la mañana cuando aparcaba su coche frente la casa de los abuelos de Norah y apenas le dio tiempo a salir del coche cuando la verja del jardín se abrió y apareció Anne, la abuela de Norah, para recibirle:
-  Samuel querido, pasa antes de que te congeles.
-  Gracias, Anne. - La saludó Samuel correspondiendo a su cariñoso abrazo.
- Norah ha ido a despedirse de los señores Walsh, llegará en un momento. - Le informó Anne. - ¿Te apetece algo para beber? ¿Una cerveza, un refresco o un café?
-  Un café me sentará bien. - Aceptó Samuel.
Justo en ese momento, Norah entraba en casa por la puerta de la cocina y dijo alzando la voz:
-  ¡Abuela, he vuelto!
-  ¡Esta niña se cree que estoy sorda! - Bromeó Anne entrando en la cocina seguida de Samuel.
-  Lo siento abuela, pensaba que estarías en el estudio. - Se disculpó Norah y, cuando vio a Samuel, no pudo evitar sonreír mientras le saludaba: - ¡Samuel, no esperaba que llegaras tan pronto!
-  Te dije que estaría aquí antes de mediodía. - Le contestó Samuel mostrando su sonrisa más sensual y arrebatadora.


Norah se acercó a él y le dio un par de besos en la mejilla, aunque se moría de ganas por besar aquellos labios perfectos que tanto la provocaban. Samuel se dio cuenta de cómo Norah le miraba y sonrió todavía más ampliamente que antes.
Se sentaron a la mesa de la cocina, Anne les preparó a ambos un café y después les dijo:
-  Voy a salir a comprar para preparar mi plato especial, ni se os ocurra marcharos sin haber esperado a que vuelva y haber comido como es debido.
Samuel se echó a reír divertido y le prometió a Anne:
-  No nos iremos de aquí hasta haber probado tu delicioso plato especial, Anne.
Anne se marchó sonriendo y Norah tampoco pudo evitar sonreír al ver a su abuela. Anne se había pasado toda la semana hablando de lo guapo, amable y encantador que era Samuel, pero no quiso hablar ni una sola vez de su hija, a pesar de que Norah lo había intentado. Habían esparcido sus cenizas en silencio, cada uno pensó en ella, pero ninguno habló en voz alta para dedicarle unas palabras. Durante años habían ido construyendo una muralla alrededor de todo lo que envolvía a Helen, la madre de Norah, para no sufrir con cada una de sus andadas y, después de tantos años, todos habían aprendido a vivir sabiendo que Helen nunca regresaría y que, tarde o temprano, aquello acabaría sucediendo.


-  Norah, ¿estás ahí? - Le preguntó Samuel asustado tras llamar a Norah en varias ocasiones y ella haberse quedado quieta y con la mirada perdida.
-  ¿Eh? Sí... Perdona. - Se disculpó Norah dejando a un lado sus pensamientos para centrarse en lo que Samuel le decía.
-  ¿Estás bien?
-  Sí, solo me he distraído un poco. - Le contestó Norah ruborizada. - Debes pensar que soy un desastre, ¿verdad?
-  Pienso muchas cosas, pero no precisamente esa. - Le respondió Samuel clavando su mirada en los ojos de Norah.
-  Y, ¿qué piensas?
-  Muchas cosas, ya te lo he dicho. Una de ellas es que no has descansado nada desde que llegaste, te he visto bostezar más de diez veces y solo hace media hora que he llegado. - Le confesó Samuel. - Y, si me permites que te dé mi opinión, te diré que pienso que deberías descansar más.
-  ¿Y también vas a ocuparte tú de eso? - Le provocó Norah sosteniendo su mirada.
-  De eso creo que no podría ocuparme. - Dijo Samuel con la voz ronca. - Aunque me encantaría intentarlo.
-  ¡Samuel, si estás aquí! - Exclamó Ray entrando en la cocina. - Espero que hayáis decidido quedaros a comer, de lo contrario le daréis un disgusto a la abuela.
-  Ray, me alegro de verle. - Le saludó Samuel. - Anne nos ha tentado con su plato especial y yo no he podido resistirme.
-  Voy a terminar de arreglar el jardín, estaré fuera. - Les dijo el abuelo sonriendo mientras salía al jardín por la puerta de la cocina.
Norah sonrió mientras observaba como se alejaba su abuelo y, cuando hubo salido de la cocina, se volvió hacia a Samuel y le dijo divertida:
-  Les has caído bien a mis abuelos, no han dejado de preguntarme cosas de ti durante toda la semana.
-  ¿Qué les has dicho? - Quiso saber Samuel con una sonrisa traviesa en los labios.
-  No les he dicho nada porque no sé nada sobre ti, salvo que eres el accionista mayoritario de Events y que te has comportado como un verdadero amigo conmigo estos días. - Le dijo Norah aunque le hubiera gustado decirle muchas otras cosas. - Me resulta extraño estar aquí contigo pero a la vez me gusta, es difícil de explicar.


Samuel sabía que debía ir con pies de plomo con Norah, no quería asustarla, pero tampoco pudo evitar acercarse a ella. Dio un par de pasos y se colocó frente a ella. La miró a los ojos y, cuando comprobó que ella no se apartaba ni se sentía incómoda, acercó sus labios a los de ella y la besó.
Norah aceptó y devolvió aquel beso con pasión, sintiendo algo que nunca antes había sentido, sin importarle en absoluto el hecho de que se encontraban en la cocina de casa de sus abuelos.
-  Seguid a lo vuestro, yo solo he entrado para coger un poco de agua. - Les interrumpió Ray cogiendo una botella de agua de la despensa y saliendo de la cocina tan rápido como entró.
-  No sé si seguiré cayéndole bien a tu abuelo. - Comentó Samuel bromeando.
-  Ahora le caerás a un mejor. - Bufó Norah temiendo que sus abuelos confundieran lo que acababa de pasar y pensaran que eran una pareja.
-  Lo dices como si fuera algo malo. - Le dijo Samuel un poco molesto.
-  Me entenderás cuando te sientes a comer con mis abuelos. - Le dijo Norah sonriendo burlonamente.
Y Samuel lo supo. Nada más sentarse a la mesa, Anne le preguntó a su nieta Norah:
-  Cariño, deberías habernos dicho que Samuel es algo más que un amigo.
-  Abuela, Samuel es mi jefe y, lo que ha visto el abuelo antes y que poco tiempo le ha faltado para ir a contártelo, no es nada de lo que imagináis. - Cortó tajante Norah para acabar con aquella conversación.
-  Entonces, ¿debo entender que Samuel va besando en los labios a todas sus empleadas? - Preguntó el abuelo Ray pasando su mirada de Norah a Samuel.
-  Le aseguro que es la primera vez que beso a una empleada. - Le contestó Samuel con su sonrisa más carismática. - Aunque tengo que confesar que volvería a repetirlo.
-  Así no ayudas, Samuel. - Le susurró Norah sin que sus abuelos la escucharan.


Comieron mientras charlaban sobre aquella incipiente relación y Norah se mantuvo al margen. Sus abuelos habían creído que Samuel era su novio o algo parecido y él tampoco les sacó de su error, así que ella prefirió no tener nada que ver con todo aquello y comió distraída pensando en cómo sería su vida viviendo con Samuel y formando una familia con él.

2 comentarios:

  1. Querida Rakel...Una dulce tentación son tus relatos porque no podemos resistirnos a leerlos...Gracias por compartir...Aprovecho para desearos que tengáis una estupenda semana,besitos por miles hermosa...!!! :)

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  2. Maravillosa entrada encantadora gracias por traer estas maravillosas letras saludos cordiales

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