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lunes, 5 de diciembre de 2016

No me llames gatita 16.


A la mañana siguiente cuando me despierto, John está a mi lado en la cama, pero no está dormido, está despierto, observándome.
Me sonríe en cuanto me ve abrir los ojos y yo escondo mi cara entre la almohada y su cuello, con ningún ánimo de abandonar la cama.
-  Buenos días, preciosa. - Me susurra al oído. - Es un placer contemplarte mientras duermes, gatita.
-  Eso no debería ser legal. - Protesto aún medio dormida. - Pero me alegro de despertarme y encontrarte a mi lado.
-  ¿Qué me has hecho, gatita? - Me pregunta divertido. - Tienes mi total rendición.
-  Lo dudo, dentro de cinco minutos volveremos a estar discutiendo, probablemente porque tú eres un mandón que solo impone normas que yo me empeño en romper. - Le replico divertida.
-  ¿Un mandón que impone normas? - Me pregunta fingiendo estar ofendido. - En lo de que te empeñas en romper todas las normas, estoy de acuerdo. Basta que te diga que no hagas algo para que lo hagas.
-  No exageres, yo solo me limito a seguir mi instinto. - Me defiendo. - De no haberlo hecho, en estos momentos estaría muerta. Ambos estaríamos muertos. - Añado tras recordar el momento en el que le salvé la vida en el apartamento de Elliot cuando nos conocimos.
-  ¿Me salvaste la vida solo por instinto? ¿Disparar y matar al tipo que estaba a punto de matarme fue un acto por instinto? - Me pregunta un poco ¿molesto? - ¿Fue un acto reflejo dispararle?
-  ¿Quieres que discutamos ahora? - Le pregunto con malicia, dispuesta a provocarlo. - Me he despertado de muy buen humor, algo raro en mí. Sin embargo, tú te estás empeñando en enfadarme a pesar de que estamos desnudos en la cama. ¿De verdad quieres seguir intercambiando opiniones para seguir discutiendo o...?



John no me deja decir nada más. Se abalanza sobre mí y me besa con fuerza, con verdadera hambre, mientras sus manos se encargan de llenar de caricias mi sensible y receptivo cuerpo que solo con el roce de la piel de los dedos de John se rinde ante él.
Hacemos el amor una vez más y, cómo siempre, John se ocupa de hacerme llegar al orgasmo al mismo tiempo con él y nos corremos juntos.
Cuando nuestra respiración se normaliza y nuestro cuerpo se relaja, John se pone en pie, me coge en brazos y me mete con él en la ducha.
-  No pongas esa cara, una ducha nos vendrá bien a los dos. - Me dice al verme hacer un mohín.
John deja el agua correr y cuando está a su gusto, demasiado tibia para mi gusto, nos coloca bajo la cascada de agua. Lo que empieza como un inocente juego de enjabonarnos acaba siendo una escena no apta para menores de dieciocho años.
Después de ducharnos, entre otras cosas, John me tiende una toalla para que me seque y me señala su albornoz para que me lo ponga al mismo tiempo que él se seca con otra toalla y se envuelve en ella, ocultando así su figura de la cintura a las rodillas.
Justo en ese momento, escuchamos como la puerta de la entrada se abre y se cierra. Miro a John y le pregunto:
-  ¿Esperas visita?
-  No, quédate aquí. - Me responde poniéndose tenso.


En ese preciso momento me doy cuenta de que, por muy estúpido que parezca, prefiero que quien haya entrado sea un sicario que quiere matarme a que sea alguna mujer que tenga llave del apartamento de John y con la que mantenga una relación. Me quedo totalmente quieta y en silencio tratando de prestar atención y escuchar cualquier cosa que pase al otro lado de la puerta. Como no escucho nada, salgo del baño y me acerco a la puerta de la habitación, donde escucho cómo John habla con alguien:
-  ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y por qué no llamas a la puerta como todo el mundo? - Espeta John furioso. - ¿Quién te ha dado la llave?
-  Relájate, solo soy yo. - Responde una voz masculina. - Rachel me ha pedido que dejara aquí ésta cuna de Jake.
-  ¿La cuna de Jake? - Oigo preguntar a John. - Da igual, déjala ahí mismo y vete.
-  ¿Me estás echando? - Pregunta la voz masculina con tono de burla.
-  No estoy solo, Brian.
¿Brian? ¿Quién es Brian? No, no me suena haber oído hablar de él.
-  Hermanito, no me digas que la cotilla de nuestra hermana pequeña Rachel tiene razón y es cierto que estás enamorado. - Dice la voz masculina sin ocultar su tono burlón. - Quiero conocerla, aún no me creo que hayas sentado la cabeza.
-  Tiene gracia que eso lo digas precisamente tú. - Le replica John. - Quédate aquí, voy a vestirme y a decirle a Cat que estás aquí, pero no puedo asegurarte de que quiera salir a saludarte. De hecho, trataré de convencerla de lo contrario.
-  No me iré de aquí sin conocerla. - Le advierte el otro. - Me muero de curiosidad de que me la presentes.
-  Más te vale comportarte. - Le advierte John con la voz tensa.


Oigo pasos acercándose y regreso rápidamente al baño para fingir que me seco el pelo. John entra en la habitación y al verme con la toalla en una mano y el pelo enmarañado, me sonríe con timidez y me dice:
-  Gatita, mi hermano Brian está aquí y quiere conocerte. - Me mira a los ojos esperando alguna reacción en mí pero, como parece ser que me he quedado muda, añade: - No te preocupes, le diré que otro día.
-  No. Quiero decir, no pasa nada, ¿no? - Le contesto sin demasiada seguridad.
-  Mi hermano es el divertido de la familia, pero a veces sus bromas no tienen gracia. - Me advierte John estrechándome entre sus brazos. - Aunque tarde o temprano tendrás que conocerlo, ¿no crees, gatita?
-  Será mejor que nos pongamos algo de ropa antes de salir. - Le contesto dándole un leve beso en los labios.
Ambos nos vestimos a toda prisa y John sale de la habitación para reunirse con su hermano mientras yo termino de peinarme y me miro al espejo para asegurarme de estar perfectamente antes de conocer al hermano de John. Salgo de la habitación y me dirijo a la cocina, donde John charla con un tipo igual de atractivo que él, pero con el pelo castaño claro.
-  Cat, éste es mi hermano Brian. - Me dice John agarrándome con posesión por la cintura. - Brian, ella es Cat.
-  ¡Menuda preciosidad! - Exclama alegremente Brian mientras coge mi mano y la besa como lo haría un caballero. - Encantado de conocerte, Cat.


Brian está a punto de añadir algo más, pero John le reprende con la mirada y opta por callarse. John me sirve un café y me hace un gesto para que me siente, siempre tan mandón. Sin darme cuenta, pongo los ojos en blanco tras entender su orden y Brian me ve y me dedica una descarada y seductora sonrisa bajo la reprobadora mirada de John.
-  ¿Te ha dicho Rachel para qué me ha traído la cuna aquí? - Le pregunta John a su hermano con sequedad.
-  Solo me dio la llave de tu apartamento y me dijo que lo trajera, que tú estabas con tu enamorada fuera de la ciudad. - Le contesta Brian encogiéndose de hombros. - Por cierto, Rachel está tan encantada que se lo ha contado a toda la familia.
-  ¡Joder! - Protesta John. - ¿Es que con esta familia no se puede tener vida privada?
-  Me temo que no, hermanito.
El móvil de Brian empieza a sonar y, tras mirar quién le llama, cuelga y apaga el teléfono.
-  ¿Problemas? - Le pregunta John divertido.
-  Mujeres. - Sentencia Brian. - Una en particular, para ser exactos. Estoy tratando de alejarme de ella pero me tienta demasiado.
-  Aléjate de la tentación. - Le aconseja John.
-  Óscar Wilde decía que la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella. - Opino con naturalidad.
-  Ahora entiendo por qué mi hermano se ha enamorado de ti, eres hermosa, divertida, simpática e inteligente. - Me dice Brian. - De hecho, creo que yo también me he enamorado de ti.


Me río ante la broma de Brian pero a John no le hace ninguna gracia y lo deja bien claro colocándose a mi espalda detrás del taburete y abrazándome con posesión.
-  ¿Desde cuándo eres tan celoso? - Se mofa Brian.
-  Desde que la conozco. - Contesta John besándome en la nuca, erizando mi piel.
-  Lo siento, pero no puedo seguir contemplando la escena sin ponerme cachondo. - Bromea Brian sonriendo con picardía. - Tengo que irme, pero espero volver a verte pronto, Cat. - Se despide. - Aunque no es necesario que sea estando mi estirado hermano presente.
-  Desaparece de mi vista si no quieres que te eche a patadas. - Le espeta John realmente furioso.
-  Lo dicho Cat, espero volver a verte. - Añade con sorna Brian antes de desaparecer.
En cuanto John escucha la puerta de entrada cerrarse, gira el taburete para dejarme frente a él y, tras agarrarme del trasero, me coge en brazos y me estrecha contra su cuerpo al mismo tiempo que me susurra al oído:
-  Gatita, ¿coqueteando con mi hermano?

-  Jamás se me ocurriría. - Le respondo divertida.

2 comentarios:

  1. Creo que John está totalmente enamorado de esa gatita,pero debe ser muy cuidadoso pues parece una gatita salvaje :))) ME ENCANTA Rakel...Gracias por compartir...Besitos miles amiga y muy felices fiestas decembrinas :)

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  2. Maravillosa entrada preciosa gracias por competir estas maravillosas letras saludos cordiales Rakel gracias☃☃☃

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