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martes, 27 de diciembre de 2016

APEGO







Simplemente le costaba tanto desapegarse de ciertas cosas. Era sumamente complicado, así que un día decidió no complicarse, y empezó a no desapegarse.

Su casa era un verdadero festival de color, un calendario reinventado que contenía sólo días festivos que llenaban su existencia. Fue así como comenzó a sentirse feliz. Miraba al fondo de su sala, y junto al ventanal, le saludaban tres árboles navideños perfectamente adornados. Cada uno con el estilo y los decorados de moda del año en que los montó. El primero era artificial y plateado, pequeño pero con dulces que se mantenían pendientes de la punta de cada rama  y con una serie de foquitos azules y bancos que parpadeaba con ritmo. Al pie de ese, su primer árbol, había algodón cuidadosamente colocado para emular nieve, y la única tarjeta de felicitación que había recibido aquel año  sobre cuatro pequeños regalos sin contenido que había comparado para no sentirse sola. El segundo fue un árbol natural de tamaño mediano adornado con moños de diferentes tamaños y colores, este sin tarjeta ni regalos artificiales. Estuvo muy tentada a no comprar un tercero pero no pudo soportar la algarabía de las fechas y compró y un  gran árbol pachón importado de Canadá que adornó con esferas  gigantes de Chignahuapan.

No sólo eran los  tres árboles navideños en pleno mayo, los que le daban la bienvenida al llegar de la oficina, eran  también las tres ofrendas con comida nueva cada cuatro días, con sus flores frescas de cempasúchil, tan difíciles de conseguir fuera de temporada, las veladoras eternas junto a las calaveritas de azúcar y el olor a copal que perfumaba su casa. Además había una gran bandera que  ondeaba del balcón,  una vajilla de barro tricolor y  aguas frescas de limón, horchata y Jamaica, los colores patrios de septiembre que la esperaban en el refrigerador aunque estuviera corriendo junio.  Se alimentaba fielmente de los guisos de festejo; bacalao, chocolate, romeritos, pescado a la veracruzana, lomo de cerdo al horno, pozole, delicias culpables que no la ayudaban con su intención de bajar de peso, pero “¿qué es una fiesta sin sus comidas…? “ También había en la terraza, calabazas huecas con veladoras adentro que se encendían todos los días, además de siete  cupidos de 14 de febrero pegados por  las paredes de la casa.  El cupido más grande estaba en la entrada principal  conviviendo con muérdagos, coronas de flores que anunciaban la primavera, letreros que anunciaban Happy new year, dos brujas de halloween, palmas benditas de semana santa y hasta un letrero de ¡feliz cumpleaños! que se compró ella misma para no olvidar que algún día, aunque nadie la festejara, también cumplía años.

Elegir los  manteles para la mesa había sido un problema. Al principio los cambiaba completos, los cuatro lugares aunque siempre comía sola, pero luego decidió que estaba bien poner uno de cada fiesta y la mesa tomó un ambiente de postal que la hizo sentirse en su hogar. También los utensilios del baño peleaban por la festividad ganadora; con el vaso para el cepillo de dientes de Navidad, fundas para el retrete de Primavera, toallas con motivos revolucionarios y jabones con forma de calaverita.

Todo aquel collage de fechas y colores la hacía sentirse viva y le resultaba imposible pensar en deshacerse de  un solo adorno de cualquier fecha; lejos de eso, buscaba nuevas adquisiciones y descubrió  con alegría que en las tiendas departamentales se venden más baratos  los adornos cuando falta mucho para su respectiva fecha, descubrimiento que demás la hacía sentirse astuta y ahorradora.

El tercer noviembre de su obsesiva acumulación, llegó contenta al atestado departamento cargando una bolsa llena de artículos para la ofrenda que pensaba montar y no logró encontrar una esquina dónde colocar la idea de ese año. Miró la bolsa del mercado llena de todo lo que estaba dispuesta a poner y le dio tanta lástima de sí misma que le vino un llanto insoportable y unas ganas desesperadas de patearlo todo, pero sintió más lástima  de las figurillas de porcelana del pequeño nacimiento, de las calaveritas de azúcar restauradas con esmalte de uñas, de las noche buenas con sus listones rojos en las macetas, de la bandera recién comprada para remplazar a la descolorida que pendía eterna del balcón y del corazón cruzado por una fecha que había sacudido apenas ayer, que no pudo soportar la idea de romper todo aquello y lloró más, todavía más…

Con un fuerte dolor en el pecho salió a conseguir cajas  de cartón y papel de China. Con la vista nublada de tanto llanto y los sollozos atrapados en la garganta envolvió cuidadosamente cada adorno, cada, vaso, cada esfera, cada figura, cada letrero y las acomodó en cajas sin distinguir la festividad, el estilo o el tamaño. Tiró a la basura las comidas representativas que llenaban su refrigerador y  limpió el departamento hasta verlo relucir. Lo hizo todo tan cuidadosamente que no se dio cuenta cuándo anocheció. Cuando miró por el balcón impecable y vacío, el sol estaba a punto de asomar  detrás de los edificios, respiró profundo el aire de la mañana y entró a su departamento totalmente limpio, sin ningún rastro de los adornos diversos acumulados durante cuatro años. Miró el gran alterón de cajas amontonadas detrás de  la puerta y suspiró…


Aquel departamento se veía tan limpio, tan insoportablemente espacioso y tan neutral que no pudo recordar en qué fecha estaba ni qué mes corría; no lo resistió… Con el dolor persistente en el pecho y los ojos ya agotados de lágrimas, caminó lentamente de nuevo hacia el balcón,  echó una última mirada a su departamento desolado, subió los dos pies al barandal que había sostenido la bandera, la bruja, el muñeco de nieve, las flores... y de precipitó al vacío.

DIANA PINEDO

Más textos de la autora: http://grafema11.blogspot.mx/





4 comentarios:

  1. Es increíble lo impredecibles que somos los seres humanos...La tendencia tan fuerte que hay al apego y cómo puede desencadenar en una profunda depresión si es que antes no lo era ya...Estupendo relato llevado con suavidad y cerrandolo con un impactante e inesperado final...ME HA GUSTADO MUCHO ...Las letras llevan irremediablemente a la reflexión...Gracias por compartir Diana,abrazos miles hermosa y el mejor año 2017 para ti y los tuyos :)

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    Respuestas
    1. Así es Maria del Socorro, ese apego que podríamos no ver hasta que nos posee por completo... Muchas gracias por leer y comentar!!
      Que recibas muy feliz el año y que los 364 días siguientes sean maravillosos.
      Abrazos cariñosos!!

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  2. Una entrada maravillosa encantadore gracias por traer estas graciosas letras Diana feliz semana gracias

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