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lunes, 24 de octubre de 2016

No me llames gatita 10.


Al día siguiente decido ir de compras al centro comercial con Berta, una compañera de trabajo del juzgado y mi única amiga de verdad en Sunset. Berta también es abogada y nos conocimos hace un par de años, cuando regresé a Sunset. Ella y Elliot se gustaron desde la primera vez que se vieron y siempre que Berta ha venido de copas con nosotros al Club han estado coqueteando constantemente, pero siempre de una manera muy sana y ninguno de los dos se ha decidido a dar el paso para que ese coqueteo se convirtiera en algo más. Al principio creía que era por el hecho de que yo viviera con Elliot, pues Berta siempre me decía que si algo salía mal con Elliot ella ya no podría venir a verme a casa, pero hace ya más de un año que no vivo con Elliot, ellos se han visto algunas veces desde entonces y siguen igual, coqueteando sanamente sin llegar a nada más. Personalmente, creo que están hechos el uno para el otro, pero son ellos quienes deben dar el paso y no yo.
Berta y yo estamos desayunando sentadas en la terraza de una de las cafeterías del centro comercial cuando veo pasar a John, agarrando de la cintura a una morena exótica que sonríe mostrando su perfecta dentadura y llevando a un bebé de un año en su brazo izquierdo. John pasa a escasos metros de mí sin percatarse de mi presencia y le oigo decir a la morena:
-  Es demasiado pronto para decirlo, pero sé que nos saldrá bien, Rachel.



Así que esa es Rachel, a la que le prometió ir a cenar y con la que deduzco que ha pasado la noche ya que son las once de la mañana y sigue con ella. En cuanto al bebé, ¿será su hijo? Si tuviera un hijo Elliot lo sabría y me lo hubiera dicho, pero Elliot me dijo anoche que John no es de los que habla de su vida privada.
-  Cat, ¿estás bien? - Me pregunta Berta cuando se termina su café. - Estás muy callada desde hace un rato y estás poniéndote pálida.
-  Estoy bien, ¿vamos de compras? - Le respondo dando un salto de la silla para ponerme en pie, necesito caminar y que me dé el aire. - Quiero comprar un pijama calentito, de franela y de cuello alto a poder ser.
-  Vale, ya no aguanto más. - Me espeta Berta furiosa. - Vas a contarme lo que te pasa sí o sí.
Trato de resistirme pero no tengo ni ganas ni fuerzas para buscar excusas frente a Berta y me derrumbo echándome a llorar. Le explico todo lo que ha pasado con John y con quién lo acabo de ver y Berta trata de consolarme como puede.
-  Tengo una idea. - Me dice Berta cuando logra calmarme. - Nos vamos esta misma tarde a Westcoast a pasar unos días con tus padres y después nos vamos a la casa de la playa de mis padres, que está a una hora en coche de Westcoast.
-  ¿A la playa con este tiempo? - Le pregunto sonriendo por primera vez desde que he visto a John paseando con Rachel.
-  Es la mejor época del año si quieres ver a surfistas rubios y cachas semi desnudos en la playa, en verano las olas se calman y solo quedan abuelos y familias con niños. - Bromea Berta.


Por improvisado y descabellado que resulte, la idea de Berta me parece la mejor opción para alejarme de todo esto y de paso hacerle una visita a mis padres. Además, con el bajón que tengo, mejor tener a Berta a mi lado así al menos no me emborracharé sola.
Regreso al apartamento de Elliot y empiezo a recoger mis cosas mientras le cuento que me marcho a Westcoast esta misma tarde.
-  ¿A qué viene tanta prisa? - Me pregunta sorprendido.
-  Elliot lo siento, pero necesito salir de Sunset hoy mismo. - Le contesto.
-  ¿Ha pasado algo? No entiendo a qué viene tanta prisa.
-  No pasa nada, es solo que necesito alejarme de Sunset. - Le respondo para tranquilizarle. - Éstas últimas semanas han sido duras y complicadas, solo necesito desconectar y Berta es capaz de animar un entierro, así que no tienes de qué preocuparte.
-  Te estás comportando como una niñata, Cat. - Me reprende Elliot. - Si de verdad te gusta John no salgas huyendo como haces siempre, algún día tendrás que madurar.
-  Tú no tienes ni puta idea de nada, Elliot. - Le reprocho furiosa como nunca antes lo había estado con Elliot. - No te estoy pidiendo permiso, ni siquiera te he pedido opinión. - Le digo cogiendo mis maletas y añado enfadada: - Solo quería que lo supieras. Por cierto, tendré el móvil apagado, te llamaré cuando regrese.
Elliot le da un puñetazo a la pared y yo me marcho dando un portazo. Cargo el equipaje en el maletero del coche y me dirijo a casa de Berta para recogerla y poner rumbo a Westcoast.
Mientras ayudo a Berta a cargar su equipaje en el maletero, oigo un mensaje a mí móvil, que aún no me ha dado tiempo a apagar, antes tengo que llamar a mi madre para avisar que voy de camino con Berta.


Cuando vuelvo a sentarme en el asiento del conductor saco mi móvil del bolso y leo el mensaje, es de John.
"Gatita, no me puedo creer que te hayas ido sin despedirte de mí, ya hablaremos tú y yo cuando vuelvas a Sunset. Por cierto, no sé qué le habrás dicho a Elliot, pero está furioso contigo y conmigo. Llámame cuando vuelvas, tenemos una conversación pendiente."
Le doy el teléfono a Berta para que lea el mensaje y, tras leerlo, me dice:
-  No sé Cat, quizás deberías hablar con él antes de sacar conclusiones. Puede que esa chica sea una amiga o alguien de su familia, no es justo que le juzgues sin estar segura de nada.
-  Lo pensaré, pero de momento necesito poner tierra de por medio. - Le respondo.
Arranco el coche y empiezo a conducir. Durante las casi tres horas que dura el trayecto hasta Westcoast, Berta y yo hablamos de todo excepto de John y Elliot.
Cuando llegamos a casa de mis padres, ya es casi la hora de cenar. Mi padre y mi madre salen a recibirnos y ambos me abrazan con cariño y acto seguido saludan a Berta, a quién ya conocen porque ha venido varias veces conmigo de visita.
-  Cada vez que os veo estáis más guapas, lástima que ninguna de las dos quiera sentar la cabeza, casarse y tener una familia. - Nos dice mi madre con su perorata de siempre.
Para mi madre, las personas solo pueden ser felices si se casan y forman una buena familia, da igual que sea hombre o mujer, no lo hace por discriminar al sexo femenino. De hecho, Elliot también tiene que soportar la misma perorata. Su madre y la mía se alían para tratar de convencernos para que nos casemos y les demos nietos, aunque por lo menos ya han dejado de intentar que Elliot y yo seamos pareja y han asumido que eso nunca pasará.


-  Señor, señora Queen, me alegro de verles de nuevo. - Les saluda Berta amablemente.
-  Por favor Berta, llámanos Amelia y George. - Le responde mi padre. Se vuelve hacia a mí y me dice tras besarme en la frente: - Os hemos preparado la casa de invitados, allí estaréis más cómodas. Por cierto, ha llamado Elliot, quería saber si habíais llegado y parecía algo preocupado, ¿va todo bien?
-  Sí, papá. - Miento.
-  Y, ¿qué tal con John? - Insiste mi padre.
-  No quiero hablar de eso, papá. - Le respondo.
-  ¿Has discutido con John? - Vuelve a preguntar mi padre.
-  No, no he discutido con John. - Le contesto molesta. - Y no quiero hablar más del tema, ¿de acuerdo?
Todos asienten con la cabeza y se miran entre sí. Nos acompañan a la casa de invitados y nos dejan a Berta y a mí a solas mientras nos instalamos antes de cenar.
La casa de invitamos tiene cuatro habitaciones, así que aquí las dos solas tendremos sitio de sobra, podremos entrar y salir sin que mis padres se despierten y podremos llegar borrachas y seguir bebiendo y riendo en el salón sin molestar a nadie.
Cenamos con mis padres en la casa principal y Bárbara y Philip Burns, los padres de Elliot, se acercan a tomar café y saludarnos. Como era de esperar, Bárbara deja caer sus insinuaciones sobre cuánto le gustaría que Berta llegara a ser su nuera y Berta, ya acostumbrada a las insinuaciones de Bárbara, bromea al respecto, tomándoselo muy bien.
Por suerte, nadie más en toda la noche vuelve a hablar de John y yo lo agradezco. Cada vez que alguien lo nombra o pienso en él, el corazón se me acelera y siento un dolor horrible en el pecho. 


Quizás Berta y Elliot tengan razón y debía haber hablado con John antes de sacar conclusiones  sin fundamentos. Pero, ¿qué le iba a preguntar? "John, te he visto en el centro comercial agarrado a una espectacular morena y con un bebé en brazos, ¿son tu mujer y tu hijo?" Al menos sé que no es su mujer, de lo contrario viviría con ella y no solo en el apartamento de al lado del apartamento de Elliot. Aun así, me enfurece pensar en John agarrando a esa tal Rachel por la cintura con tanta naturalidad. A los ojos de cualquiera, al ver esa imagen en el centro comercial, hubiera pensado que eran una familia perfecta.

Esa noche, nos vamos a dormir temprano, agotadas por el viaje. Cojo mi teléfono móvil y dudo en encenderlo o no, pero finalmente decido dejarlo apagado.

2 comentarios:

  1. Maravillosa entrada encantadoras letras gracias por compartir feliz semana gracias ✍🌷

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  2. Una gatita muy celosa...John no debería hacerla enojar... :))) Gracias por compartir Rakel...Besitos miles hermosa :)

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