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lunes, 1 de agosto de 2016

Bajo la luz de la luna 17.


A Elisabeth no le quedó más remedio que armarse de valor y afrontar aquella situación. Llamó a su padre y, tras hablar con él durante horas y explicarle con todo detalle qué era lo que realmente había pasado, ambos estuvieron de acuerdo en que lo mejor era afrontar cuanto antes aquella situación y Elisabeth decidió regresar a Londres. Le hubiera gustado despedirse personalmente de la pandilla, pero no sabía cómo iban a reaccionar los chicos y prefirió enviarles un e-mail a Olivia y Marta para explicarles que debía regresar a Londres y las echaría de menos, pero también les prometía que, cuando todo se calmara, regresaría a verles. También les pidió que les dijeran a los chicos que sentía haberles ocultado tantas cosas y que, en el caso de que estuvieran dispuestos a escucharla, ella se lo contaría todo. Les agradeció todos y cada uno de los momentos en los que habían estado apoyándola y animándola. Tras escribir todo lo que tenía que decir, pulsó el botón de enviar y apagó el ordenador, era hora de hacer la maleta y regresar a Londres, no se puede vivir huyendo continuamente.



Alan estaba furioso. No quería ver ni hablar con nadie, se sentía decepcionado y engañado por la única mujer por la que hubiera estado dispuesto a dejarlo todo, incluso había asistido a la gala anual de su empresa con ella. Había decidido alejarse un par de días y se alojó en un hotel del Montseny para relajarse y poder pensar con claridad. Se limitó a llamar a su madre para decirle que estaría fuera un par de días y que cuando regresara les explicaría todo y ese fue el único contacto que Alan había tenido con su familia y sus amigos en los últimos dos días. No quiso tener contacto alguno con el exterior, no vio la televisión, no leyó la prensa ni buscó en internet. Necesitaba tiempo para pensar sin distracciones, necesitaba aclarar sus sentimientos más allá de la furia y la decepción.
El jueves regresó a la ciudad y lo primero que hizo fue ir a casa de sus padres. Por suerte, su hermana Marta estaba allí y aquello le dio más valor para enfrentarse a ellos.


-  ¡Alan, nos has tenido a todos muy preocupados! - Exclamó su madre abrazándole. - Hijo, ¿cómo estás? ¿Estás bien?
-  Todo lo bien que se puede estar después de lo que ha pasado. - Respondió Alan. - Sigo sin entender por qué me lo ocultó todo.
-  Elisabeth lo ocultó porque necesitaba evadirse de la presión que estaba sufriendo tras haber cancelado su compromiso dos meses antes de celebrarse la boda, por eso vino a España. - Le empezó a decir Marta para intentar que su hermano comprendiera que Elisabeth no había querido engañarle. - Cuando Olivia fue con ella a Londres fue para acordar el comunicado oficial de la ruptura del compromiso, pero su ex envió otro comunicado distinto al acordado en el que tan solo decían que la boda no se celebraría en la fecha prevista, lo que ha generado todo este embrollo en la prensa. Elisabeth había decidido contártelo después del fin de semana en los Pirineos, pero la prensa se adelantó antes de que ella pudiera hacerlo.
-  Tuvo dos meses, Marta. - Le recordó Alan.


-  Se equivocó, Alan. Todos nos equivocamos alguna vez, pero ella no lo hizo con mala intención, tan solo quería sentirse totalmente libre por primera vez, sin la presión de su apellido y ha tenido la mala suerte de enamorarse de ti cuando ya era demasiado tarde para contar la verdad. - Le dijo Marta defendiendo a su amiga. - Eres mi hermano y te quiero, pero por orgullo vas a perder a una mujer maravillosa que, a pesar de todo lo que le dijiste la última vez que la viste, estoy segura de que sigue queriendo verte.
-  ¿Has hablado con ella? - Preguntó Alan.
-  Sí y lo está pasando fatal.
-  ¿Y cómo crees que lo estoy pasando yo? - Le espetó Alan molesto.
-  Cielo, creo que deberías hablar con esa chica antes de que sea demasiado tarde y te despiertes un día y te arrepientas de no haberlo hecho. Ella tiene las respuestas que tú buscas y quizás podáis daros una nueva oportunidad. - Le aconsejó su madre.
-  Había pensado en ir a verla, pero después de lo que le dije, no sé si va a querer abrirme la puerta.
-  ¿Sabes que está en Londres, verdad? - Le preguntó Marta.
-  ¿En Londres? ¿Se ha marchado?


-  Pensaba que lo sabías, ¿no has visto la televisión los últimos dos días? - Alan negó con la cabeza y Marta continuó hablando: - Le dijiste que no querías saber nada más de ella y ella se lo ha tomado al pie de la letra, no quiere causarte más problemas y ha regresado a Londres, donde ha aparecido en una rueda de prensa anunciando que la ruptura de su compromiso con Mike Hudson y la cancelación de su boda había ocurrido hacía dos meses, antes de venir a España y que desde entonces era libre para hacer y deshacer con su vida lo que le diera la gana, ¡incluso la reina de Inglaterra ha salido en su defensa!
-  ¿Por qué todos la defendéis? ¡Es a mí a quién ha mentido y para todo el mundo ella es la víctima!
-  ¡Porque todos nos hemos dado cuenta de que está enamorada de ti menos tú, cazurro! - Le espetó Marta perdiendo la paciencia. - ¡Y porque todos sabemos que tú sientes lo mismo por ella! ¿Te has fijado en la cantidad de mensajes que Eli te ha dejado en el contestador? ¿O cuántos e-mails te ha enviado? Lo está pasando realmente mal aunque trata de ocultarlo, pero Jason nos ha confesado que se pasa el día encerrada en su habitación, sin comer y sin querer hablar con nadie.


Alan sintió como si le apuñalaran el corazón con una daga. Había regresado porque, a pesar de que se sentía dolido con Elisabeth, se había dado cuenta de que la amaba demasiado como para poder quitársela de la cabeza y no solo había descubierto que se había marchado a Londres, sino que además lo estaba pasando mal.
-  Me voy a Londres a recuperarla, pero necesitaré ayuda. ¿Puedo contar con vosotros?
-  Olivia está de camino a Londres en este momento, yo no quería ir hasta que tú regresaras, pero ahora que ya estás aquí, creo que podemos ir todos juntos.
-  ¿Todos juntos?
-  Marcos dice que no se fía de Jason y Olivia está en Londres, yo también quiero ir a ver a Elisabeth y quiero que venga Óscar conmigo. - Le explicó Marta.
-  Quiero irme ya, busca el primer vuelo que salga para Londres. - Le ordenó Alan. Se volvió hacia a su madre, le dio un beso en la mejilla y le dijo antes de desaparecer: - Me voy a dar una ducha y hacer de nuevo la maleta, deséame suerte para que regrese conmigo.
-  Te deseo toda la suerte del mundo, pero estoy segura de que no la necesitas. - Le dijo con dulzura su madre, que había sido testigo indirecto de aquella situación y del dolor de aquella chica según las propias palabras de su hija.


El viernes por la mañana, Alan, Marta, Marcos y Óscar volaban en un avión en dirección a Londres. Marta se había encargado de organizarlo todo con la complicidad de Olivia, Jason y los padres de Elisabeth, pero Alan no quería arriesgarse a que Elisabeth decidiera no recibirlo y les pidió que mantuvieran en secreto que él también iba a Londres para así poder darle una sorpresa.
Jason fue a buscarles al aeropuerto a pesar de que el chófer de los Muller se iba a encargar de llevar al grupo de amigos junto a Elisabeth, pero Jason había hecho sus propios planes.
Marta, Óscar y Marcos se subieron a la limusina con el chófer de los Muller y Jason se llevó a Alan en su coche. Alan aceptó en silencio las indicaciones de Jason y, cuando se quedaron a solas en el coche, le preguntó con voz firme:
-  ¿Qué es lo que pretendes, Jason?
-  Pretendo arreglar lo tuyo con Elisabeth y supongo que tú pretendes lo mismo que yo. Por eso estás aquí, ¿no? - Le respondió Jason. - Elisabeth no quiere salir de su habitación, así que tendré que buscar algún pretexto para sacarla de casa, a menos que prefieras presentarte directamente en casa de los Muller y hablar con ella allí frente a todo el mundo.


-  Invéntate lo que sea para sacarla de casa, necesito intimidad y allí no la voy a encontrar.
-  Eso mismo he pensado yo, por eso te estoy llevando a mi cabaña. - Le respondió Jason. - Voy a llevarte a una pequeña cabaña junto al río de mi propiedad. Puedes instalarte allí y preparar lo que sea que quieras preparar porque a las ocho dejaré allí a Elisabeth, que no sabrá que estás ahí. También te he dejado preparado un coche, por si quieres salir a comprar cualquier cosa. Por cierto, si quieres sorprenderla, cómprale un ramo de lirios blancos, es su flor preferida y le gusta llenar su casa de ellos.
-  ¿Por qué haces todo esto? - Quiso saber Alan.
-  Elisabeth es como una hermana para mí y nunca la había visto así de deprimida y mucho menos por un hombre. Se arrepiente de no haberte dicho la verdad antes y que te enteraras por la televisión, pero de lo que más se arrepiente es de haberte perdido. - Le contestó Jason. - Yo solo quiero verla feliz y hacía más de dos años que no la veía tan feliz como la vi cuando estaba contigo.
-  He sido un imbécil, no me lo va a poner fácil. - Le confesó Alan.
-  No creo que eso sea un problema. - Le aseguró Jason. - Por cierto, hemos descubierto quién ha enviado vuestras fotos a la prensa y no te va a gustar oír lo que voy a decirte. La persona que envió las fotos fue el director creativo de Social, Luís Cobo.
-  ¿Eli lo sabe?
-  Todavía no, lo hemos descubierto esta mañana y he pensado que quizás querías decírselo tú. - Le respondió Jason. - Al fin y al cabo, eres el único que puede explicarle a Elisabeth por qué lo ha hecho.


Alan se sintió fatal, todo aquello había sido causado por una rivalidad estúpida con Luís Cobo y por su culpa podía haber arruinado su relación con Elisabeth. Debía ajustar cuentas con él, pero su prioridad en ese momento era reconciliarse con Elisabeth, por eso estaba allí.
-  Se lo diré esta noche, quiero decírselo yo. - Concluyó Alan.
Tras dejarle en la pequeña cabaña, Jason se marchó y Alan entró y observó aquella casa y sonrió para sus adentros. Aquello no era una pequeña cabaña junto al río, aquello era un pequeño picadero diseñado para la ocasión. Era una cabaña tipo loft y lo primero que se veía era un enorme jacuzzi junto a la ventana con vistas al bosque por donde pasaba aquel hermoso río que parecía salido de una postal. La cama era una king size y estaba contigua al pequeño salón sin delimitar formado por un par de sofás, una televisión de cincuenta pulgadas y una pequeña mesa de café. Más allá estaba el comedor, formado por una mesa para cuatro personas y cuatro sillas, seguida de la cocina con barra americana. Elisabeth llegaría a las ocho de la tarde y eran las cinco, tenía tres horas para ir a comprar comida para la cena, unas sábanas de seda de color rojo y varios ramos de lirios blancos. Quería tenerlo todo preparado para cuando ella llegara y poder sorprenderla, quería que cuando ella le viese tuviera claro que había venido a buscarla y que no se marcharía de allí sin ella.


3 comentarios:

  1. Maravillosa entrada maravillosas letras feliz semana saludos cordiales gracias

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    1. Muchas gracias e igualmente, Isidro! Saludos. ;-)

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  2. ME ENCANTA Rakel...Gracias por compartir amiga... ¡Besitos miles hermosa...!!! (>‿◠)✌

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