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lunes, 11 de julio de 2016

Bajo la luz de la luna 14.


Después de haberse relajado en el jacuzzi, se instalaron en la suite y bajaron al salón donde estaba previsto que dieran la bienvenida a todos los invitados. Elisabeth se puso nerviosa cuando vio a tanta gente allí y ella no conocía a nadie. Alan se percató de que Elisabeth se tensaba y, para tratar de calmarla y se sintiera cómoda, le colocó el brazo alrededor de la cintura y le susurró al oído:
-  Creo que tú no te has relajado demasiado.
Elisabeth le miró a los ojos y le sonrió con complicidad antes de responder:
-  Tendremos que hacer terapia intensiva de relajación.
-  Regresemos a la suite, nadie se dará cuenta de que nos hemos ido. - Le propuso Alan.
-  ¡Alan, pero si has venido! - Exclamó un hombre a su espalda. Alan y Elisabeth se volvieron para mirarle y el hombre añadió: - ¡Y has venido muy bien acompañado!
-  Ya ves, Luís. Alguna vez tenía que venir y a Guillermo se le ha ocurrido que de este año no pasaba, así que aquí estoy. - Le dijo Alan estrechándole la mano a Luís, el director creativo. Agarró a Elisabeth por la cintura con posesión y le dijo con voz seria: - Elisabeth, te presento a Luís Cobo, el director creativo de la empresa.
-  Un placer conocerla, señorita Elisabeth. - La saludó Luís mientras cogía su mano y se la llevaba a los labios para besarla, mostrando su lado más seductor.
-  Luís. - Le advirtió Alan y el aludido captó de inmediato el mensaje. Alan le dio un beso en la mejilla a Elisabeth y le susurró: - Voy a por un par de copas, tardo un minuto.


Alan se marchó y Elisabeth se quedó con Luís, que la miraba como si quisiera comérsela y aquello la incomodaba.
-  Así que has venido con Alan, ¿eres su novia? - La interrogó Luís en cuanto tuvo ocasión. Elisabeth no respondió pero le desafió con la mirada y él añadió: - Supongo que no es asunto mío, disculpa.
Luís se retiró y la dejó sola rodeada de gente a la que no conocía, pero prefería estar sola que aguantando sus preguntas indiscretas.
-  ¿Qué ha pasado? - Preguntó Alan con la voz grave provocando un respingo en Elisabeth que no le había visto acercarse.
-  ¿Qué se supone que tiene pasar? - Preguntó Elisabeth desconcertada.
-  He visto como Luís salía huyendo y él nunca se separa de una chica preciosa mientras tenga ocasión.
-  No ha pasado nada, supongo que querrá saludar a sus compañeros. - Mintió Elisabeth.
Alan sabía que Elisabeth le estaba ocultando la verdad, pero lo dejó pasar al ver que no se sentía incómoda ni nerviosa, parecía relajada y a gusto y a él con eso le bastaba.
Apenas avanzaban un par de pasos hacia el centro del salón cuando algún compañero de trabajo de Alan los saludaba y les presentaba a su esposa o pareja con quien habían venido a acompañados. 
Cuando por fin lograron llegar a la mesa donde les habían ubicado junto al resto de directivos y sus respectivas esposas, Elisabeth se percató de la hostilidad que emanaba entre Alan y Luís. No sabía el por qué, pero estaba segura de que aquellos dos se odiaban y tenía la intuición de que ella acabaría estando en medio de alguna disputa entre aquellos dos, pues Luís no dejaba de provocar a Alan al adular a Elisabeth constantemente. Al principio Elisabeth se divertía, pero al ver cómo Alan pasaba de estar molesto a furioso, decidió que lo mejor era mantenerse al margen de aquella pelea de leones.


La comida fue bastante amena, pero después del café, Alan se las ingenió para escaparse con Elisabeth y dar una vuelta por los alrededores del hotel.
-  ¿Vas a darme veinticuatro horas de sinceridad? Te recuerdo que me dijiste que en los Pirineos responderías a todas mis preguntas. - Le recordó Elisabeth divertida.
-  Y soy un hombre de palabra. - Le contestó Alan besándola en los labios antes de añadir: - Pregunta lo que quieras saber.
-  ¿Por qué os odiáis Luís y tú?
-  No es odio exactamente, supongo que es rivalidad.
-  Los hombres y las mujeres somos muy diferentes en cuanto a relaciones sociales se refiere. - Le dijo Elisabeth. - Vosotros lo hacéis todo más fácil, os conocéis, encontráis algún tema en común del que podáis hablar y os hacéis amigos, pero las mujeres somos más malas, supongo que por eso siempre se me ha dado mejor tener amigos y no amigas.
-  Te metiste en el bolsillo a Oli y Marta el primer día. - Le recordó Alan. - Puede que Oli no cuente porque ella se lleva bien con todo el mundo, forma parte de su carácter, pero te aseguro que mi hermana es muy selectiva y exigente con sus amistades y sin embargo a ti te adora.
-  Las dos son estupendas y me han ayudado mucho desde que llegué.
-  Supongo que no te refieres a ir de compras para decorar y amueblar la casa y el apartamento. - Le dijo Alan bromeando.
-  A eso también, pero yo me refería a una ayuda más emocional.


-  ¿Por qué te has ido de Londres y te has venido a Barcelona tan repentinamente?
-  Necesitaba cambiar de aires, conocer gente diferente y poder ser yo sin más. - Le respondió Elisabeth encogiéndose de hombros. - ¿Alguna vez te has sentido tan perdido que has llegado a olvidar quién eras?
-  Sí, una vez. - Reconoció Alan y su mirada se volvió más oscura que nunca.
-  Aún no me has contado el porqué de esa rivalidad con Luís. - Le recordó Elisabeth para cambiar de tema al ver que Alan se tensaba.
-  Vale, pero te advierto que no te va a gustar oír la respuesta. - Le advirtió Alan con una media sonrisa que la hizo sonreír. - Luís empezó a salir con una chica y un día la trajo a un bar de copas donde solíamos ir todos los viernes al salir del trabajo. Ese día yo llegué más tarde y antes de ver a mis compañeros tropecé con ella cuando se dirigía al baño. Una cosa llevó a la otra y acabamos montándonoslo en el baño, pero como ella tardaba Luís fue a buscarla y nos pilló.
-  ¡Qué mala suerte tienes! - Exclamó Elisabeth divertida.
-  Pero eso no fue todo. - Continuó Alan. - El lunes siguiente nos volvimos a ver en la oficina y nuestro jefe nos reunió porque ambos nos habíamos presentado para la vacante de director ejecutivo y me la dieron a mí, aquello ya firmó nuestra rivalidad. Desde entonces tratamos de mantener las formas en público y nos dedicamos a putearnos en privado.
-  En tu defensa debo decir que tú no obligaste a esa chica a hacer nada que no quisiera y que si te dieron a ti el puesto de director ejecutivo es porque tu jefe creyó que tú estabas más capacitado que él, por lo que no tiene nada que reprocharte. - Opinó Elisabeth. - De hecho, te tendría que estar agradecido porque gracias a ti ahora sabe que aquella chica no le convenía.


Ambos se echaron a reír y a Alan le gustó poder hablar con ella de cualquier cosa con tanta naturalidad y sobretodo que, pese a lo que le contaba, ella seguía defendiéndolo. Nunca se había sentido así con ninguna chica, ni siquiera con Laia, y eso le sorprendió.
Continuaron hablando durante toda la tarde mientras paseaban por el valle y bordeaban el pequeño río que por allí pasaba. Regresaron al hotel sobre las ocho de la tarde y subieron directamente a la suite para ducharse y vestirse para la cena, donde tendrían que seguir haciendo vida social.
Cuando bajaron al salón un par de fotógrafos se habían colocado frente a la puerta del comedor donde hacían posar a los invitados para fotografiarlos. Elisabeth se tensó nada más verlos, no le gustaban los fotógrafos y le gustaban aún menos después de la anulación de su compromiso.
-  ¿Tenemos que hacernos la foto o es voluntario? - Se oyó preguntar Elisabeth.
-  No es obligatorio, pero todo el mundo se la hace. - Le respondió Alan y añadió desconcertado: - Si no quieres, no nos hacemos la foto. Pero después nos las regalan y sería un bonito recuerdo que me gustaría tener.
-  Vale, me has convencido.
Alan y Elisabeth posaron frente a los fotógrafos y entraron en el comedor, donde cenaron de nuevo con los empleados de la empresa. El único que allí faltaba era el presidente y director de la empresa y su esposa, que llegarían el sábado por la tarde para asistir a la cena de gala.

Aguantaron hasta después del café y la primera copa, pero después Alan se encargó de volver a ingeniárselas para escabullirse con Elisabeth y encerrarse en la suite, donde seguirían con su particular terapia de relajación.

4 comentarios:

  1. Maravillosas letras llenas de sentimientos gracias por compartir feliz semana saludos cordiales gracias

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    1. Muchísimas gracias, Isidro. Feliz semana, abrazos! ;-)

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  2. ¡Ay,y yo diciéndole desde acá a Elizabeth que no se tomara la foto,la verá ....Ése su ex-novio que es tan malo que hasta el nombre se me olvida... Ajajaajaja...Lo bueno que ya no está sola,tiene a Alan 😊😊💕 ME ENCANTA Rakel... Esperando la siguiente entrega... ¡Besitos miles hermosa...!!! 😊 😊 😊

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    Respuestas
    1. Jajaja!! Aixxx, ya va quedando menos y más pronto que tarde Elisabeth tendrá que confesar su pequeño secreto, si es que no se descubre antes, jejej. Gracias, guapa! Besitos y feliz jueves! ;-)

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