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lunes, 6 de junio de 2016

Bajo la luz de la luna 9.


El lunes por la mañana, tras entregarle las llaves de la casa a la empresa de reformas, Elisabeth, Olivia y Marta se dirigieron al apartamento de Elisabeth en Barcelona y allí pasaron la mañana instalándose. A mediodía salieron a comer a un restaurante de la Barceloneta y por la tarde se fueron a la playa a tomar el sol y darse un baño en el mar. Sobre las siete de la tarde las chicas regresaron al apartamento y, nada más entrar y cerrar la puerta, alguien tocó el timbre. Las chicas se miraron entre sí sorprendidas y Elisabeth abrió la puerta y se encontró con el gesto serio de Alan, Marcos y Óscar.
-  ¿Dónde os habéis metido? Llevamos dos horas esperando a que aparezcáis. - Protestó Marcos.
-  ¿Habíamos quedado y se nos ha olvidado? - Preguntó Elisabeth confusa.
-  No habíamos quedado, tan solo queríamos saludaros. - Medió Alan sacando de su confusión a Eli.
-  Pasad, acabamos de llegar de la playa y... - Empezó a decir Elisabeth pero se interrumpió cuando escuchó su móvil sonar y añadió: - Las chicas están en el salón, voy a contestar al teléfono y ahora regreso.
Elisabeth se apresuró en contestar antes de que colgaran y se encerró en su habitación para hablar con mayor intimidad. Los chicos entraron en el salón para saludar a Olivia y Marta y se sumergieron en alguna interesante conversación que Alan no escuchó porque trataba de concentrarse para intentar escuchar a Eli.


Casi veinte minutos después, Elisabeth apareció en el salón con semblante serio y todos se percataron de que algo no iba bien pero, antes de que le preguntaran, les dijo:
-  Tengo que regresar a Londres para arreglar un asunto, espero poder regresar a Barcelona en dos o tres días como mucho.
-  ¿No puedes aplazarlo? - Preguntó Alan.
-  Ya lo he aplazado todo lo que he podido, tengo que solucionarlo.
Nadie se atrevió a preguntar nada más, las chicas porque sabían qué debía solucionar y no querían hablar del tema con los chicos delante, pues le habían prometido a Elisabeth que aquel sería su secreto, y los chicos se abstuvieron de preguntar algo que no debían, con las mujeres nunca se sabía.
Cenaron en el apartamento de Elisabeth unas pizzas que pidieron por teléfono y sobre las doce de la noche se despidieron de los chicos que regresaban a sus casas. El último en marcharse fue Alan, que aprovechó que Marcos y Óscar se habían metido en el ascensor dejándolo a solas con Elisabeth en el rellano para decirle tratando de que sonriera:
-  Tendremos que dejar la apuesta para cuando regreses.
-  Esta es la primera noche que voy a pasar en el apartamento, tú mañana tienes que levantarte temprano para ir a trabajar y eso no ha afectado a nuestra apuesta, así que no sería justo que la aplazáramos por mi viaje a Londres. - Le dijo Elisabeth encogiéndose de hombros. - Supongo que ya puedes dar por ganada la apuesta.
-  Si necesitas que alguien te lleve al aeropuerto, puedo llevarte. - Se ofreció Alan.
-  Gracias, pero Olivia se ha ofrecido a acompañarme a Londres, iremos juntas al aeropuerto y llamaremos a un taxi. - Respondió Elisabeth tratando de sonreír.
-  Llámame si necesitas cualquier cosa y avísame cuando regreses, ¿de acuerdo? - Le pidió Alan tratando de reprimir las ganas de besarla en los labios, pero finalmente la besó en la mejilla y añadió con voz ronca: - Buenas noches, Eli.
-  Buenas noches. - Respondió Elisabeth con un hilo de voz mientras se agarraba con fuerza al marco de la puerta porque las piernas le temblaban.


Tras despedirse de Elisabeth, Alan entró en su apartamento y ella regresó al salón con Olivia y Marta, que esperaban ansiosas a que Eli les contara qué había ocurrido.
-  ¿Qué ha pasado? - Preguntó Olivia.
-  Tengo que regresar a Londres para pactar con Mike un comunicado oficial anunciando la cancelación de la boda, es el acuerdo que Jason ha podido conseguir para que Mike ceda en su empeño de seguir buscándome, aunque eso significa que voy a tener que verle y hablar con él. - Les informó Elisabeth.
-  Si quieres que te acompañe, puedo anular la escapada con Óscar. - Le dijo Marta.
-  ¡Ni se te ocurra! - Exclamaron Elisabeth y Olivia al unísono. Ambas se miraron y se sonrieron con complicidad y Elisabeth añadió: - Hace mucho que esperas esta oportunidad con Óscar y con lo tímido que es no podemos arriesgarnos a que tarde años en volver a armarse de valor y proponerte una cita como la que te ha propuesto.
-  Aún ni me lo creo. - Confesó Marta. - Una semana en Madrid con Óscar, si no se lanza él pienso hacerlo yo.
-  Me temo que serás tú quien tenga que lanzarse, ya conoces a mi hermano y bastante esfuerzo ha debido de hacer para pedirte que le acompañes. - Comentó Olivia.
A la mañana siguiente, Elisabeth y Olivia cogieron un avión y aterrizaron en Londres pasadas las dos de la tarde. Una limusina negra con los cristales tintados las esperaba y Olivia se quedó fascinada.
-  ¿Pero quién eres tú? - Preguntó Olivia sorprendida cuando se bajaron de la limusina y se toparon con la enorme villa de los padres de Elisabeth. - ¿Vives aquí? ¿Es que eres la princesa de un reino y yo no me he enterado?


Elisabeth había ocultado su apellido y la importancia de su familia en el Reino Unido. A ella le gustaba pasar desapercibida y la única forma era mantener el anonimato de su familia, pero se vio obligada a explicarle a Olivia algunas cosas, al fin y al cabo, ya no tenía ningún sentido seguir ocultándolo.
-  Mi padre es Erik Muller, tendría que habéroslo dicho antes pero...
-  Te entiendo perfectamente y no tienes que justificarte, ahora empiezo a entender por qué querías alejarte de Londres, aquí te debe seguir hasta la prensa. - Le dijo Olivia incrédula. - No puedo creer que tu padre sea quién es, ¡lo debe conocer todo el mundo!
Entraron en la enorme casa de estilo victoriano de los padres de Elisabeth y allí les presentó a su nueva amiga Olivia:
-  Oli, te presento a mi padre y a mi madre, Erik y Amanda. - Se volvió hacia a sus padres y añadió: - Y ella es Olivia, una buena amiga que he hecho en Barcelona.
Tras escuchar a Amanda lamentarse por lo preocupada que había estado por la repentina huida de su hija y por lo poco que la habían dejado hablar con ella, pasaron al comedor donde se les unió Jason. Los Spencer y los Muller eran amigos desde hacía más de treinta años y eran como parte de la familia. Después de comer, se reunieron en el salón para hablar del comunicado:
-  La idea es que los dos aparezcáis juntos para dar el comunicado. Por el momento, con decir que la boda se cancela será suficiente. - Le dijo Jason. - Podemos grabarlo y emitirlo cuando hayas regresado a España para que evites temporalmente a la prensa, aunque será cuestión de tiempo que den contigo.
-  Quiero regresar cuanto antes, ¿cuándo podemos grabar el comunicado?
-  Mañana mismo. - Le confirmó su padre. - Los abogados de Mike han redactado un comunicado simple y sin explicaciones, lo cual a nosotros nos viene bastante bien.
-  Mañana grabamos el comunicado y pasado mañana regreso a España. - Les dijo Elisabeth. - No quiero que el comunicado se emita hasta el próximo lunes, ¿sería posible?
-  Mike ha dejado bien claro que no iba a negociar nada más con nosotros, tendrás que intentarlo tú, aunque me temo que lo tienes difícil dadas las circunstancias. - Opinó Jason.
-  Supongo que puedo intentarlo, aunque dudo que sirva para algo. - Contestó Elisabeth resignada.


Pasaron la tarde revisando el comunicado y hablando de la cancelación de la boda, pues había que llamar a la iglesia, al restaurante donde se iba a celebrar el banquete, devolver los regalos de boda que ya habían empezado a llegar. Elisabeth también le pidió a Jason que se encargara él de recoger las cosas que había dejado en el apartamento de Londres que hasta entonces había compartido con Mike.
Por la noche, Elisabeth se sorprendió cuando recibió la llamada de Alan y no pudo evitar sonreír cuando contestó y escuchó su voz:
-  Os dije que llamarais nada más llegar.
-  Lo siento, se nos ha olvidado. - Se disculpó Elisabeth mientras trataba de contener la risa.
-  ¿Todo bien por allí? - Preguntó Alan.
-  De momento sí y, si todo sigue igual de bien, pasado mañana regresaremos. - Contestó Elisabeth y, tratando de cambiar de tema para que no le hiciera preguntas, añadió: - Tendrás que ir pensando qué día quieres que te pague la apuesta. Aunque tendrá que ser para el próximo fin de semana, pues éste sábado tenemos la fiesta de la luna llena.
-  De eso quería hablaros. - Recordó Alan. - Pedro y Alba tampoco van a poder venir igual que mi hermana y Óscar, Fernando también trabaja, así que solo estaremos Olivia, Marcos, tú y yo.
-  Ahora se lo diré a Olivia, a ver qué dice. Mañana te llamo y te confirmo si regresamos el jueves, pero no creo que haya ningún imprevisto.
-  Esperaré tu llamada, pero acuérdate de llamarme. - Le recordó Alan ligeramente molesto.
-  Prometo que me acordaré de llamarte. - Le prometió Elisabeth divertida por la reacción tan infantil de él y que no le pegaba nada. - Y ahora me voy a dormir que estoy agotada y ha sido un día largo.
-  Descansa y mañana hablamos. - Se despidió Alan. - Buenas noches, Eli.
-  Buenas noches, Alan. - Respondió Elisabeth antes de colgar.


Se dejó caer en la cama y suspiró. Seguía sin comprender por qué su cuerpo reaccionaba así cada vez que su mirada se cruzaba con la de él, cada vez que oía su voz o cada vez que lo tenía cerca. Se sentía torpe, sus piernas temblaban, las palabras se enredaban en su boca y no se le ocurría nada inteligente y apropiado que decir. Olivia, que había salido del baño y había escuchado parte del final de aquella conversación telefónica y el suspiro se su amiga, le dijo:
-  A ti Alan te pone y mucho. ¡Ya estás contándomelo todo!
-  No hay nada qué contar. - Respondió Elisabeth y añadió cambiando de tema: - Por cierto, Alan me ha dicho que Alba y Pedro tampoco pueden venir a la fiesta de la luna llena, así que solo quedamos Marcos, Alan, tú y yo.
-  ¡Genial, será una noche divertida! - Exclamó Olivia. - Y yo también estoy cansada de esperar, puede que esa noche me lance a por Marcos, aunque después tenga que arrepentirme...
-  No te arrepentirás, a Marcos se le nota que le gustas. - Opinó Elisabeth.
-  Y tú con Alan, ¿qué planes tienes?
-  No voy a negarte que Alan me atrae desde el primer momento que lo vi y que esa atracción es cada vez mayor, pero no creo que sea una buena idea. - Le confesó Elisabeth. - Me gusta estar con vosotros y no quiero fastidiarlo todo por una noche de sexo, por muy bueno que sea. Aunque no sé si voy a ser capaz de resistirme.
-  Necesitas liberar tensiones y el sexo es una magnífica idea para hacerlo. - Opinó Olivia. - Si Alan no te parece una buena opción, siempre puedes buscar a otro.
-  Oficialmente soy la prometida de Lord Mike Hudson, ¡no habrá nadie en todo el país que se atreva a acostarse conmigo! Bueno, puede que Jason pero solo por fastidiar a Mike, nunca lo ha soportado. - Le dijo Elisabeth encogiéndose de hombros.
-  Pues tendrás que aliviar tensiones en España. - Se resignó Olivia. - Y sigo pensando que Alan es tu mejor opción.


Tras aquella conversación, las amigas se dieron las buenas noches y se fueron a dormir, ambas estaban agotadas después del ajetreo que habían tenido ese día y el día siguiente iba a ser peor. Mucho peor.


3 comentarios:

  1. Fabuloso Rakel...Ya quiero ver que Eli pague esa apuesta... :DDD Gracias por compartir... ¡Besitos hermosa...!!!

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    1. Mil gracias a ti, preciosa! Un abrazo enorme y feliz fin de semana! ;-)

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  2. Maravillosa entrada gracias por traer estas maravillosas letras feliz semana saludos cordiales

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