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sábado, 14 de mayo de 2016

VIERNES DE CATACLISMO I

Jorge Leal

PARTE I


La cena anual de gala sería esa noche. Fue de lo único que hablaron en la oficina por las últimas semanas, qué manjares, qué bebidas, qué ropas, que maquillajes, qué compañías… Revoloteaba tanta “ilusión” por todas las oficinas y cubículos de la empresa  que invadió una gran sensación de vacío;  una noche de gala y de apariencias por otros 364 días de lo mismo… Salí aprovechando que todos pactaban sus citas, me escabullí como si fuera cualquier viernes y a los que me miraban con brillo en los ojos y me decían:  Nos vemos en la noche o Allá nos vemos,  les contestaba con una sonrisa enmascarada y un muy bien ensayado movimiento de cabeza.  Llegué a casa a las cinco bien provisionada  con un gran paquete de sushi, un litro de helado  y dos paquetes de cerveza fría.  Lo decidí al cruzar la puerta del corporativo; desconectaría los teléfonos y me quedaría a ver la Televisión en casa y a dormir lo que mi cuerpo quisiera.

A las siete comenzó un viento tenebroso  que hacía retumbar los vidrios del departamento y que puso inquieto a Plata mi compañero de vida. Se escabulló entre las cobijas  y se quedó, brindándome su calor a través de su pelaje plateado, yo sentía el latir de su pequeño corazón agitado mimar mi pantorrilla. Desde allí, tirada en la cama era difícil dejar de ver  el vestido escotado que había preparado pensando en que iría a la cena, esperando que fuera una ocasión especial… Aquel bonito vestido lavanda me miraba con ironía desde su gancho suspendido en la puerta del closet. 

Al viento le siguió la lluvia, tras cuatro relámpagos apabullantes que iluminaron mi habitación comenzaron a caer unos goterones preciso, decididos. Primero cuatro, luego diez, luego tantos que después de unos segundos el cielo se había convertido en un grifo abierto. Puse pausa a la serie y me asomé por el balcón que daba al interior del edificio, una lluvia constante caía despiadada… Acaricié a plata que asomó su naricilla por las mantas y volví a internarme en aquellas imágenes ficticias que hacían mi viernes de perfecta evasión. El escándalo de la lluvia arrulló mi noche por varias horas…

Debían pasar de la 2:00. A lo lejos comencé a escuchar sirenas descontroladas, me puse de pie y salí de la recamara; a dos pasos de llegar el ventanal exterior un nuevo relámpago lo iluminó todo y tras su espectacular estruendo la ciudad entera oscureció frente a mis ojos. Las sirenas a lo lejos continuaban su aullido desesperado, parecían ser más claros con aquella oscuridad repentina que me hizo perderme unos instantes entre el cielo y los azoteas contiguas. Fue el estrépito de un choque abajo lo que me sacó de aquel instante de contemplación. Una ambulancia y dos patrullas colisionaron entre la tormenta  clausurando el acceso de la calle. De ella salieron un par de personas arrastrándose por el piso. Corrí por el teléfono para llamar al número de emergencias, solo el silencio me habló desde la línea y recordé que  había desconectado el teléfono. Lo conecté impulsivamente y esperé, esperé, esperé; el tono de llamada no apareció nunca. Fui por el móvil, lo encendí  pero tampoco llegó la señal.

Con  las llaves en una mano y el móvil en la otra salí al pasillo y me abalancé por las escaleras de emergencia esperando la señal del celular, esperando poder ayudar... Las escaleras estaban vacías y encontré el puesto del vigilante abandonado. Me detuve frente a las puertas de cristal del inmueble, desde allí podía verse el coche perfectamente, revisé la señal de internet del móvil que también mostraba unas barras ausentes. Las puertas estaban cerradas y mi llave se había atascado. Intentando salir algo llamó mi atención junto al choque. Las luces  bicolor de las torretas iban y venía iluminando la calle y los edificios contiguos, junto a la ambulancia y al lado de los restos de las patrulla había un hombre inclinado sobre lo parecía un herido. Lo que sea que estuviera haciendo le estaba llevando demasiado tiempo, eso fue lo que me pareció extraño; un cuerpo inclinado sobre otro, que inerte, estaba tendido sobre un charco de sangre que aumentaba… El hombre que estaba inclinado sobre el cuerpo parecía estar ocupado en una labor detallada de la que ni la tormenta, ni lo que sucedía a su alrededor podían distraerlo. Golpeé el cristal para llamar su atención. Alguien cruzó corriendo la calle sin detenerse a mirar la escena que a mí me impactaba. Golpeé el vidrio, grité; entonces volteó dejándome ver su rostro. No era un un hombre, su rostro demacrado, la mirada perdida, el color verdusco de su piel, sus dientes feroces, y de su rostro y manos escurría sangre tibia del que entonces, pude ver claramente, era un cadáver ¡sangre que  emergía de aquel cuerpo mutilado y que se diluía con la tormenta!   Aquel ser horrible se puso de pie y se dirigió hacía mí, me quedé paralizada sin lograr codificar lo que veía. Estaba frente a mí, tan solo el grueso cristal de mi edificio nos separaba, ¿!Qué era aquello!? El ser golpeó el cristal intentando llegar a mí, caí al piso del sobresalto, en un intento desesperado por huir… fue cuando  vi cómo el cadáver tendido en la calle se ponía torpemente en  pie.

Continuará…


DIANA PINEDO

CONTINÚA LEYENDO ESTA HISTORIA: VIERNES DE CATACLISMO PARTE II








8 comentarios:

  1. En total suspenso Diana esperando la siguiente entrega ... Gracias por compartir.. ¡Feliz finde hermosa,besitos miles...!!! :)

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  2. Gracias Maria del Socorro, al final de este mismo post está la liga de la siguiente parte. Bonito Fin de semana!
    Abrazos!!

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  3. Estupendo inicio de la historia, Diana!!!

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    Respuestas
    1. Muchas gracias David!! Me alegra que hayas entrado y que te haya atrapado ;)
      Abrazos!!

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  4. Maravillosa entrada llena de magia gracias por traer estas maravillas feliz semana saludos cordiales Diana

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    1. Muchas gracias por leer, comentar y difundir Isidro.

      Abrazos!!

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  5. No volveré a dormirme un viernes de lluvia. Ni loco...

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    1. Y harás muy bien jejeje. Muchas gracias Walter por leer y comentar.
      Te mando un gran abrazo :)

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