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lunes, 30 de mayo de 2016

Bajo la luz de la luna 8.


Alan llevó a Elisabeth a su restaurante favorito, una estupenda brasería en la que se requería reservar mesa con días de antelación, pero Alan conocía al dueño y no necesitaba una reserva. Elisabeth se quedó fascinada en cuanto entró en aquel lugar con las paredes robustas de madera de roble a juego con el parquet del suelo y las mesas del local. Le gustó la intimidad que habían creado colocando una especie de biombo de tres paredes. El restaurante estaba lleno de parejas jóvenes y Elisabeth no pudo evitar preguntarse si Alan acostumbraba a llevar allí a sus ligues.
-  Buenas noches, señor Torres, señorita- Les saludó el maître. - Les acompañaré a su mesa.
Fueron guiados hasta una de las mesas más apartadas del local y tomaron asiento. Alan pidió que les trajeran una botella de vino tinto mientras leían la carta y decidían qué tomar.
-  Te recomiendo el solomillo a la salsa de trufas, está delicioso. - Le sugirió Alan.
-  ¿En salsa de frutas o de arándanos? Mm... No sé qué pedir, estoy indecisa. - Le dijo Elisabeth mirando la carta.



Él observaba cómo Elisabeth se mordía el labio inferior y le resultó un gesto de lo más sexy y seductor al mismo tiempo que inconsciente y natural.
-  Si quieres, pide el solomillo en salsa de arándanos y yo lo pido con salsa de trufas, los pruebas y te comes el que te guste más. - Le sugirió Alan.
-  ¿No te importa?
-  No me importa. - Le confirmó Alan sonriendo divertido.
A Elisabeth le encantó el detalle que había tenido Alan con ella, Mike jamás hubiera permitido que hiciera algo así, el protocolo prohibía comer del plato de otra persona y él lo cumplía a rajatabla.
Bebieron y brindaron con sus copas de vino mientras esperaban a que les sirvieran y, cuando el camarero les sirvió los solomillos ambos se miraron y sonrieron con complicidad. En cuanto el camarero se retiró, Alan cortó un par de trozos de cada solomillo y la animó:
-  Venga, pruébalos. Quiero saber qué te parecen.


Elisabeth probó primero el solomillo en salsa de trufas y lo saboreó con deleite mientras Alan la observaba divertido. Después probó el solomillo en salsa de arándanos y la escena se repitió.
-  Y bien, ¿qué te parece? - Le preguntó Alan con la voz ronca.
-  Mm... Creo que tendrás que escoger tú, yo no soy capaz de decidirme.
-  ¿Quieres que lo compartamos? - Le propuso Alan. Elisabeth se ruborizó y sonrió tímidamente y él no pudo evitar reír ante su inocente expresión. - Come todo lo que quieras y, si te apetece probar otra cosa, le pedimos de nuevo la carta al camarero.
-  Creo que me va a gustar apostar contigo en las partidas de dardos. - Bromeó Elisabeth.
-  Espero no tener que ganar o perder una apuesta para poder salir a cenar contigo. - Comentó Alan mirándola a los ojos y sonriendo con picardía.
-  Si quieres cenar conmigo, bastará con que la próxima vez me lo digas directamente. - Le respondió ella con una sonrisa arrebatadora.
Se bebieron una botella de vino entera mientras cenaban y el alcohol empezaba a hacer que se sintieran más relajados y cómodos, pero cuando el camarero les ofreció una copa Alan la rechazó y pidió un café.
-  Tengo que conducir y supongo que no quieres que nos matemos por el camino. - Le recordó Alan al ver cómo ella la miraba con el ceño fruncido al rechazar la copa. - Pero tú no tienes que conducir, puedes beber lo que quieras.
-  O también podemos ir al bar de Fernando donde no tendrás la necesidad de conducir y tú también podrás beber todo lo que quieras. - Le propuso Elisabeth.
O también podríamos quedarnos en mi apartamento donde podríamos beber y dormir juntos, entre otras cosas, sin la necesidad de conducir, pensó Alan deseando besar aquellos carnosos labios que cada vez se le antojaban más irresistibles.
-  De acuerdo, iremos al bar de Fernando. - Claudicó Alan tratando de apartar esos pensamientos de su mente que tanto le aturdían.


Llegaron al bar de Fernando pasada la medianoche pero allí ya estaban sus amigos. Olivia había salido a cenar con Marcos y Marta con Óscar, pero no observaron ningún cambio en su comportamiento y aquello desilusionó en cierto modo a Elisabeth. ¿Por qué esos dos no daban el primer paso si era obvio que se morían por Oli y Marta? Tendría que darles un empujoncito más grande la próxima vez.
-  ¿A quién buscabas que te ha decepcionado tanto de no encontrar? - Le preguntó Alan con curiosidad ante aquella expresión de ligera decepción de Elisabeth.
-  No esperaba encontrar a nadie, pero sí esperaba encontrar algo diferente.
-  ¿Algo diferente? - Preguntó Alan alzando una ceja divertido. - ¿Hay algo que quieras contarme?
-  No, a menos que ganes la apuesta y me lo preguntes el día de la sinceridad. - Le respondió Elisabeth sonriendo divertida.
-  Tendré que esperar, entonces. - Se resignó Alan.
Se unieron a la mesa de sus amigos que hablaban sobre la próxima fiesta de la luna llena.
-  Es el próximo sábado, así que ya podemos empezar a organizarlo si no queréis que nos pase como el mes pasado y tengamos que hacerlo todo en el último momento. - Les advirtió Olivia.
-  No te preocupes, yo me ocuparé de todo. - Le dijo Marcos. - Aunque espero contar con tu supervisión para ello.
-  De acuerdo, el viernes por la tarde vamos a comprar tú y yo. - Sentenció Olivia.


Tras anotar en una lista todo lo que tenían que comprar, Olivia se relajó y disfrutó de la atención que Marcos le estaba dando, últimamente estaba muy cariñoso con ella y a ella le encantaba.
-  ¿En qué consiste exactamente la fiesta de la luna llena? - Quiso saber Elisabeth.
-  Básicamente, la fiesta de la luna llena consiste en beber hasta emborracharnos en la playa de la cala bajo la luz de la luna llena. - Le contestó Alan sonriendo divertido.
Aquella sonrisa causó grandes estragos en el interior de Elisabeth. Acababa de romper su compromiso y de anular su boda cuando tan solo faltaban dos meses para casarse y desde entonces tan solo habían transcurrido poco más de dos semanas pero aun así le parecía como si hubieran pasado siglos desde que se fue de Londres. Con Mike el sexo siempre había sido abundante y de buena calidad, por lo que pasar dos semanas sin sexo le estaba pasando factura y aquella sonrisa pícara y traviesa de Alan no la ayudaba a serenarse, sino más bien todo lo contrario: la excitaba y mucho. ¿Cómo sería el sexo con Alan? Estaba segura de que sería fogoso y apasionado.
-  ¿Qué estás pensado? Esa sonrisa traviesa me da miedo. - Le preguntó Alan susurrándole al oído con la voz ronca.
-  No puedo decírtelo. - Le contestó Elisabeth ruborizándose.
-  Tendré que esperar a ganar la apuesta, entonces. - Le dijo Alan sonriendo.


Entre copas y buena compañía, el grupo de amigos charlaba y bebía divertido hasta que el bar de Fernando cerró sus puertas y todos regresaron a sus casas a descansar.

El sábado y el domingo también fueron a la playa a pasar el día y Elisabeth aprovechó para conocer un poco mejor a los chicos, con los que apenas había tratado los dos fines de semana que llevaba en España. Con Marcos la conversación siempre le resultaba fácil, era un chico extrovertido con muy buen sentido del humor. Con Óscar le resultó algo más difícil, pues era bastante tímido, pero en cuanto cogió confianza empezó a tratarla como a una más y descubrió a un chico simpático e inteligente. La sorpresa se la llevó con Alan. Desde que le conoció sintió cómo la observaba desde la distancia y poco a poco habían empezado a entablar conversación. Elisabeth no estaba segura de lo que le hacía sentir cuando la miraba de esa manera o cuando le hablaba al oído con la voz ronca, pero de lo que sí estaba segura era de que algo le hacía sentir. Quizás solo era por la falta de sexo en las dos últimas semanas, pero Alan le atraía y era absurdo negarlo, su cuerpo temblaba cada vez que se le acercaba, cada vez que le miraba o cada vez que le sonreía. No quería arriesgarse y meter la pata, sobretodo porque ella estaba en un momento delicado de transacción y él era el hermano de Marta, una de las dos únicas amigas que tenía en España y a las que no estaba dispuesta a perder por un simple calentón.

3 comentarios:

  1. Bella, suave, romántica y cálida historia mi Rakel...ENGANCHA Y MUY BIEN...Gracias por compartir ¡Besitos miles hermosa...Que no pare esa inspiración...!!! :)

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    Respuestas
    1. Siempre mil gracias a ti, amiga! Aixx.. El romanticismo nos tiene locas, jejeje!! Besotes! ;-)

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  2. Maravillosa entrada llena de sentimientos románticos gracias por traer estas lindas letras saludos cordiales gracias

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