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lunes, 11 de abril de 2016

Un ninja en Camelot 6

Capítulo 6



Un merodeador en Camelot


Al anochecer, se dio la gran cena de gala que Arturo organizó en honor al emisario japonés, lo que le permitió a Fukushu observar los grandes contrastes entre su cultura y aquella civilización a la que consideraba bárbara. Lo primero que le llamó la atención fue la animosidad del evento, ya que los comensales hablaban tanto del mismo modo en que tomaban los tragos,  viendo que eran unos verdaderos barriles sin fondo; el griterío, los chistes, los groseros coqueteos a las cortesanas que hacían de meseras por parte de los nobles varones que no podían resistirse a sus encantos, los cantos de los trovadores, los chismes verdaderos o falsos, mientras todo era animado por bufones y alguno que otro artista traga fuego e incluso tragasables.

 Incluso, el imponente rey Arturo, quien no tenía puesta su corona parecía más un ameno compañero de parranda, buen conversador y divertido, no la reverente figura de la que tanto había escuchado,  a cada pregunta, por ridícula que fuera, tenía una atinada respuesta, a veces con buen sentido del humor. Si algo no le llegó a sorprender, fue la ausencia de Morgan, a quien la corte consideraba indeseable.

Los platos le parecían inmensos, siendo lo que más abundaba las carnes, sazonadas con todo tipo de sabores, alguna que otra especia de oriente (se dio cuenta que el intercambio comercial con oriente era más extenso de lo que imaginó) y otros cuyo olfato no logró identificar.

            Lo segundo que más abundaba y que degustó más Fukushu, fueron las aves y pescado; el pollo, la codorniz asada, el pavo con buen punto de jengibre, el salado pero suculento salmón, la sardina, etc.

            Lo más nuevo para él fue el plato de sopa, un líquido espeso, con sabor salado, sazonado con alguna que otra especia, que era una de las pocas cosas que podía digerir con la cuchara, ya que en esa mesa todo el mundo comía con la mano.

No podían faltar las frutas y legumbres: nabos, higos, lentejas, tomates, guisantes, zanahorias, remolachas, naranjas, manzanas, uvas, etc., Manjares que Fukushu disfrutó con cierta alevosía.


En medio de todo ese alboroto, Cinnia, la muchacha que parecía interesada en conocerlo, le ofreció una bebida.

- No sabe a saque, ¿qué es?

- ¿Qué es el saque? - preguntó la muchacha.

Al descubrir su pequeña falta de tacto, lo corrigió agregando.

- Una bebida de mi país, ¿qué tipo de bebida es esta?

- Es vino, cosecha de final del siglo pasado.

- Hummm, no sabe a nuestro vino, pero el sabor es de un fuerte jugo de uva. Gracias.

La muchacha se fue a seguir sirviendo vino, con su jarrón en mano y una sonrisa en el rostro.

Algo que los comensales miraban de cuando en cuando cada vez que bajaba la intensidad de la conversación, era las costumbres de comida de Fukushu; comía usando unos pequeños palitos con la mano, no ponía ni un dedo encima de cada plato como hacían los demás y todo lo que tenía que abrir lo hacía con la destreza de sus filosas cuchillas. Uno de los comensales, un joven de nombre Kay, le dijo a Fukushu, tal vez a tono de broma
.
- ¿Es tu boca tan pequeña, que no puedes usar la mano para poder masticar la comida?

Aún cuando estaba en medio de una amena conversación, el rey le había prestado atención a aquel exabrupto. Se levantó de su silla, dejando ver sus más de dos metros de cuerpo corpulento, luego puso sus manos sobre la mesa con la presión siendo tal, que tembló como si hubiera ocurrido un terremoto, dejando un lúgubre silencio.

- ¡¡¡Sir Kay!!,¿Qué clase de manera es esta de tratar a un noble emisario extranjero? - dijo Arturo.

- Su majestad, discúlpeme, sólo quería ponerle un toque de humor.

Tal vez para evitarse un puñetazo del rey, el intempestuoso caballero se retiro de forma mesurada.


- Usted disculpe a Kay, mi hermanastro siempre quiere hacerse el gracioso, vamos, sigamos comiendo - dijo Arturo, que luego de eso tomó un gran racimo de uvas, que comenzó a devorar de manera gustosa.

Al despuntar el día, los guerreros fueron al campo de entrenamiento de la fortaleza, para prepararse para la próxima batalla contra Mordred y sus aliados sajones. Uno de los primeros en ir a entrenar fue Fukushu, quien tenía puestos unos ligeros trajes de de algodón blanco, de pies a cabeza. Se sujetó de la rama de uno de los vigorosos y frondosos árboles que estaban en un bosque cercano al castillo con las rodillas dobladas, los muslos de un extremo del tronco y tibia, pies tobillos, del otro. En esa posición, se puso a hacer abdominales, levantando el tronco, la cabeza y todo lo demás hacia arriba, con las manos en la nuca.

A sir Lancelot, que pasaba por allí le llamó la atención.

- ¡¡Qué flexible eres!!, ¿no tienes miedo de caerte?

- No me ha pasado hasta ahora.

- Creo que vas a tener que enseñarme como haces eso - repuso Lancelot.

- ¿No deberías estar entrenando con los demás caballeros?

Lancelot repuso

- Donde quiera que yo voy, nadie me deja entrenar tranquilo.

El ninja lo miró de pies a cabeza, desde donde estaba, lo que observó fue un hombre alto, fornido y muy apuesto, vestido en ropas de lana, coloristas y bien ornamentadas, con sus típicos calzados de cuero (la vestimenta básica celta). Además había empezado a escuchar la fama de Lancelot, cosa que no le sorprendió lo que le decía.

- Tal vez tengas razón.

- ¿Y tú emisario, por qué entrenas en la reserva de caza del rey sin su permiso?

Fukushu debía pensar en una respuesta rápida, instantáneamente dijo lo siguiente.

- Perdón, no lo sabía, también te aseguro que no pensaba cazar ninguna presa de las del rey.

La respuesta del ninja le pareció muy gentil, luego de esto guardo un repentino pero oportuno silencio


- No creo que seas de esos, así que le diré al rey que desde ahora me acompañarás a mis paseos por su bosque, diré que te parecen hermosos ya que así podrás seguir ejercitándote sin que nadie te moleste.

Lancelot había traído algo parecido a un bo (palo de bambú largo que usan los guerreros japoneses para pelear o entrenar), aunque parecía hecho enteramente de madera. Giraba el palo a gran velocidad en todas direcciones, además de practicar técnicas de defensa y ataque. Fukushu nunca pensó que tendría tanto en común con un bárbaro, a la vez que lo observaba con la mayor de las cautelas.

- ¿Tú no acostumbras a hablar mucho, verdad?

- No

- Espero no interrumpir lo que haces, pero me siento un poco extraño entrenando sólo, ¿no quisieras practicar conmigo?, los entrenamientos de combate son mejores cuando hay gente para practicar.

Lancelot lo mira con cierta atención, no precisamente en forma amenazante, pero como esperando una respuesta. Entonces, Fukushu, para no parecer un mal educado ante el campeón del rey, se suelta de la rama en que estaba sujeto dando un giro en el aire para caer  de pie en el suelo, rompiendo el impacto con las rodillas dobladas y los pies paralelos con la agilidad de un gato, después de esto aceptó la invitación.

- Traje otro palo, a propósito creo que algún día me tendrás que enseñar como haces eso. 

Se lo lanzó, siendo atrapado con agilidad por la mano izquierda de Fukushu.

El duelo fue intenso, con dominio alternado de uno y de otro, pareciendo que a cada turno le tocaba a uno de ellos retroceder. Mientras giraban el palo con destreza y velocidad, lo movían en diversos ángulos, dando golpes sorpresivos luego, que eran bloqueados por el otro. Si a alguien le hubiera tocado observar el duelo, pensaría que estaba durando una eternidad, en realidad sólo duró dos horas.

Finalmente, Fukushu lanza un golpe sorpresivo a Lancelot, en dirección a las piernas, que el caballero esquiva de un salto con las piernas juntas cayendo parado al suelo.

 Inmediatamente después Fukushu da otro golpe sorpresivo, que le arrebata el palo a Lancelot. Ambos lucen muy cansados y se sientan en el suelo.

- Es la primera vez que alguien me derrota con esa arma - dice respirando con la boca - , de verdad eres muy bueno.


- Tú también - dijo Fukushu respirando por la boca -, nadie me ha exigido tanto.

- ¿Qué te parece si mejor entrenamos dentro del fuerte?, el campo de entrenamiento me parece un lugar más apto.


- Está bien.


Cuando entraron a la fortaleza, Fukushu no podía sentirse más incómodo, debido a que mientras estuviera cerca de Lancelot, las miradas estarían puestas en ellos dos, lo quisiera o no. No había conocido un caballero más cortés, más diestro en el combate (ni siquiera Morgan), con esa inocente elegancia, humildad al extremo, pero a la vez tan bello y popular, que el japonés en sus adentros lograba escuchar uno que otro suspiro de señorita a su paso. No es que envidiara a Lancelot, en realidad su naturaleza era no llamar la atención, por eso decidió que desde ahora, en lo posible, trataría de evitar estar cerca del famoso caballero, a menos, que se encontrara en una situación embarazosa de batalla.

Al llegar al campo de entrenamiento, todos los allí presentes quedaron mirándolo, como si hace tiempo lo esperaran, dejando todos de entrenar para contemplar al paladín del rey. En eso se les acercó un hombre algo pasado en años, bigote blanco algo pronunciado, calvo, piel blanca aunque mucho menos clara que los demás que lo acompañaban, era un poco más alto que Fukushu, pero palidecía ante la altura de los demás; vestía su chaleco de lana sin mangas, pero el resto de la indumentaria era de origen persa, incluso sus ojos lo delataban. Le da un efusivo saludo a Lancelot, sin poner la menor atención en Fukushu.

- Sir Lancelot!,  creí que nunca vendrías a entrenar, ¿dónde estabas?

- En el bosque querido Idris, estaba entrenando con nuestro nuevo compañero.

El persa le quiso dar un saludo con su mano, lo que Fukushu evitó justo a tiempo, para saludarlo inclinando la cabeza.


- Oh sí lo recuerdo, es el emisario japonés, te vi en el banquete con los demás.

- También lo vi a usted en el banquete, aunque no sé exactamente a qué se dedica.

- Idris fue un antiguo general del imperio sasánida, en Persia; obtuvo numerosas victorias sobre sus vecinos del imperio griego - comentó Lancelot -. El rey lo mandó a traer desde Persia para que lo ayude a reforzar su caballería.


- Ju, ju, me elogias demasiado Sir Lancelot, de todos modos gracias. Supongo que nuestro querido emisario está muy interesado en conocer cómo combaten sus nuevos aliados, ¿no señor?


El joven, que nunca pretendía rechazar una cortesía, accedió moviendo la cabeza.

- Muy bien, Lancelot, ponte aquí, todos ustedes hagan espacio.

Lancelot se movió unos cuantos centímetros de Fukushu,  con todo el espacio disponible. Idris hizo un ademán a los pajes para que trajeran las mallas y la armadura, además de una banca para Fukushu. Al parecer, Idris iba a usar a Lancelot como una especie de modelo, para mostrarle al emisario el arma que junto con Arturo habían inventado, nada menos que al caballero blindado europeo. Lo que descubrió Fukushu en Arturo ,por medio de esa demostración, era a un verdadero innovador de las artes de la guerra, sin imaginar que su invención revolucionaría los campos de batalla europeos en los siglos venideros (siglos después los normandos se atribuyeron la creación del caballero montado con lanza, probablemente influenciados por los británicos exiliados en el norte de Francia, a quienes conquistaron). 

Había visto esto en Mordred, sus compinches y Morgan, pero nunca una demostración completa; aquellos caballeros en armadura bárbaros eran un logro comparable con los arqueros a caballo asiáticos, entre ellos los samurái

Mientras que a Lancelot lo vestían con la armadura, Idris hacía las veces de narrador.

- A las cotas de malla persas, les añadí las armaduras romanas, el peto que le están poniendo a Lancelot en realidad fue copiado del mismo que usaban sus centuriones.


Luego les pusieron los blindajes en las piernas.

- A las grebas en las piernas, les añadí pantalones de cota de mallas que se pueden ajustar a la forma de las piernas, reforzadas con placas que facilitan los movimientos al correr o caminar. El espacio entre el pie y la rodilla la reforcé con la greba, pieza de armadura grecorromana.

Los pies de Lancelot los estaban envolviendo con unos cueros muy gruesos.

- Esos cueros gruesos, acolchonados con lanas y amarrados con cuerdas de cuero, protegen los pies de los guerreros. Como vez, las mallas que protegen sus brazos, están reforzadas a los lados con pequeñas placas de hierro, que no obstruyen ni el movimiento ni la circulación sanguínea, por cierto, creo que olvidé algo.


El persa puso sus manos debajo de la greba de lancelot, sacando una tira de cota de malla.



- Como el rey me dijo que no le parecía suficiente la protección del grueso cuero, tuve que improvisar, impregnando los espacios inferiores internos de la greba con tiras de cotas de malla, para mayor protección.


A continuación, a Lancelot le pusieron sus guantes de cota de malla, impregnados de placas en la parte superior.


- Eso fue lo último que inventé, a los guantes de cota de malla, les añadí placas que protegen la parte superior de antebrazos, muñeca y las falanges de los dedos, que dan mayor seguridad al guerrero al tomar sus armas.


Finalmente,  un paje alto le puso el casco a Lancelot.


- Este es el casco, basado en diseños persas y grecorromanos, a los que añadí una visera, que al cerrarse - pone las manos en la visera para cerrarla, ante la protesta de las damas, que querían seguir viendo el rostro de Lancelot, a las que no hace el menor caso - , sólo deja visible dos espacios tanto para ver como respirar.


- ¿Por qué tapaste a Lancelot? - preguntó a todo pulmón una muchacha, a la vez que se escucharon al unísono más abucheos femeninos.



Otro paje le dio a Lancelot en su mano derecha, una elaborada lanza con mango y sin punta de hierro, que dejó a Fukushu observándola con atención, ya que nunca vió algo así.



- El rey no quería que en los entrenamientos sus caballeros estuvieran mal heridos o muertos, por eso inventé esa lanza para prácticas, ¿Lancelot, ya estás listo para tu duelo?


Lancelot se montó en su caballo, que lo acaban de traer y dijo.


- Sí, excepto que quisiera practicar con el emisario; sería un honor competir con él.


Ahora todas las miradas fueron hacia Fukushu, a lo que él simulo no poner atención.


- Él es un guerrero experto, lo comprobé hoy.


- Gracias por la invitación, pero temo que tendré que rechazarla, soy sólo un emisario.


- Es que me sentiría honrado de competir contigo, claro en vista de que estás reacio, te prometo que sólo te haré la invitación esta vez; nunca más lo haré.


Palabras gentiles que a Fukushu le parecieron dichas por un samurái.


- Acepto el reto



La multitud celebró con vítores. Lo siguiente fue todo un espectáculo, con los pajes tratando de ponerle a Fukushu armaduras que no le quedaban. Finalmente, tuvo que contentarse con envolver sus pies y piernas con gruesos cueros, además de unas cotas de mallas recién cortadas que le sirvieron de capucha a su cabeza y coraza para el resto. 


Poco antes de que el nipón montara el caballo que le presentaron, Idris quiso mostrarle el equipamiento del animal y su montura.


- Esto que reviste desde la cola, pasando por el lomo, hasta cubrir ojos y orejas, son las cotas de malla que diseñé para estos animales, de modo que tanto jinete como animal cuentan con buena protección.


Bajo sus manos, para mostrar una estructura con metálica con una forma parecida a un calzado, que estaba sujeta a la silla de montar.


- Son estribos, así los caballeros de la mesa redonda pueden distribuir su peso con mayor facilidad mientras combaten a caballo, esta es tal vez la mejor arma con la que cuenta este reino, así comprobarás en la siguiente batalla. Ahora, sin ánimos de interrumpir, puedes comenzar la lid.



Los contendores arrancaron en sus caballos en la dirección contraria, hasta que las lanzas se rompieron con los escudos, pero Fukushu tuvo una dura caída en el suelo, de la que se levantó rápidamente sacudiéndose el polvo. Lancelot bajó de su caballo para ver cómo estaba su rival, debido al miedo que le producía haberle hecho daño a tan delicada persona.


- ¿Fukushu, estás bien?


- Sí


- ¿Seguro que no te lastimé?


- No, pero no creo que sea un buen lancero. 


Lancelot lo miró incrédulo.


Al menos deja que los médicos te revisen.


- No es necesario, soy más fuerte de lo que imaginas, golpea mi vientre.


Lancelot titubeó


- No temas, estoy entrenado; si no lo haces, me deshonras a mí.


- Está bien, si me prometes que si algo sale mal, te atenderás con los médicos.


El caballero golpeó el vientre del ninja, con su guante de cota de malla al vientre revestido de Fukushu de la misma cosa, para comprobar que era como golpear un muro de granito.


- ¡¡Pareces una roca!!


- Entreno bastante, ahora prosigamos con nuestro duelo.


Fukushu no tenía en ese momento su katana a mano, por lo que tuvieron que darle una de esas espadas celtas, la misma que usaba Lancelot. Se batieron a duelo de forma intensa, como si fueran viejos enemigos sin que ninguno le pudiera sacar ventaja al otro. En eso, Fukushu descubrió que Lancelot era más diestro con la espada que con la otra arma con la que lo combatió en el bosque.


La lucha quedó con resultado incierto, porque apareció el rey Arturo con caballo y armadura, el yelmo con una corona de oro incrustada arriba. El pregonero a todo pulmón anunció a continuación.


- ¡¡Nuestro monarca Arturo, ha decidido participar en la práctica de hoy!!!


Si hay alguien que podía opacar a Lancelot, era el propio rey, a quien ahora todos ponían atención.


- ¡¡¡¿Quien de ustedes osara retar a su rey?!!!!,¡¡¡¡estoy ansioso de una buena justa!!!!!!


Mientras todo esto observaba, a Fukushu le vinieron a su mente viejos recuerdos, de cuando era aprendiz de ninja, siendo pupilo del sensei Hidoi, porque éste brutal hombre le había enseñado lo más preciado de un ninja, el sigilo, algo que parecía haber olvidado en su conflicto con el samurai Tajiri y su algo excesiva confianza que empezaba a desarrollar con Morgan.



 A continuación, un recuerdo de cuando Fukushu era pequeño y estaba con Hinoi en su dojo, en posición de flor de loto, mirando todos al sensei que estaba enfrente, que les estaba enseñando la regla de oro del ninja y los  seis no.


Recuerden esto siempre: Y el ninja abandonará a su padre, a su madre, esposa e hijos, para volverse el amo de las sombras.



Cada vez que salgan en una misión, recuerden los siguientes seis no:

1. No auxiliaras a tu compañero en apuros

2. No tendrás amigos

3. No tengas compasión

4. No te dejes ver

5. No te distraigas


6. No cejes en tu objetivo

Que tú única lealtad sea a tu sensei y al silencio de tus pasos

Recuerda siempre que el día es tu noche, que la oscuridad es tu luz.

Otro de esos recuerdos, fue cuando a ellos les tocó subir un empinado risco vertical de noche, mientras los compañeros que estaban abajo les disparaban flechas a matar, cayendo muchos excepto Fukushu, que poco antes de llegar a la cima le había penetrado una flecha en el glúteo.

En cierta ocasión, otra vez de noche, tuvieron que andar gateando por el accidentado suelo, con pesadas piedras amarradas a sus espaldas. Algunos de sus compañeros estaban exhaustos o se desmayaron, pero cuando Fukushu le tocó llegar primera a donde su maestro, éste le pisó la cabeza, lo que lo hizo caer en el suelo.

- Fukushu, ¿por qué tardaste tanto?

Una media noche, todos estaban tratando de aguantar la respiración, mientras se sumergían en una fría laguna, con el maestro mirando, que cada vez un compañero salía del agua apresuradamente, lo volvía a hundir con el pie. Fukushu fue el que más aguantó, saliendo a los siete minutos, sólo para ser amonestado por Hinoi.

- Vuelve al agua, te faltan tres minutos

El mejor de todos fue cuando Hinoi le puso su máscara de ninja frente a todos sus compañeros, que miraban en silencio.

- Estamos muy orgullosos de ti, Fukushu.

Tal vez el momento más triste fue cuando vio partir al maestro del dojo, ya que iba a una misión secreta en Corea, de la que tal vez no regresaría.

- Sensei Hinoi, gracias por todo.

Hinoi volvió la cabeza hacia su pupilo favorito, para decir unas pocas palabras.

- Vaya lástima me tienes Fukushu, siempre dije que servías más como monje que como uno de nosotros, aunque aún así has superado mis expectativas.

- Si usted se va no tendremos maestro.

- Arregle todo con el emperador, tú serás mi sucesor.

- ¿Yo?

- Sí, espero que eso te enseñe desarrollar tu temple en lugar de ese dulce corazón que tienes, que me parece aborrecible.

- Sayonara maestro.

- ¿Qué clase de ninja eres, que todavía te apegas a otros?, soy un fantasma, no una persona, adiós.

El maestro desapareció de su presencia en medio de una bomba de humo. Más nunca supo nada de él.


- Tienes razón maestro, todavía soy un monje.

Se retiro procurando ser lo más sigiloso posible, del abarrotado campo de entrenamiento. Pero como el tiempo no se detiene porque Fukushu no esté, a continuación lo que ocurrió luego de que Arturo lanzó el reto.

- ¡¡¡Que comience el torneo!!! - gritó Arturo.


6 comentarios:

  1. Maravillosa entrada llena de aventuras con una sensibilidad especial , gracias por compartir saludos cordiales

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  2. Estupendo...Alberix no sería Alberix sin un ninja ;) ME HA GUSTADO MUCHO,tienes una gran versatilidad e imaginación ... Gracias por compartir... ¡Te mando abracitos con cariño...!!!

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    1. Te correspondo de la misma forma; son críticas como las tuyas las que me animan a escribir.

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  3. Alberix Zeta, you have done well in writing what might be considered a "docudrama." The story is a good one. The dialog moves swiftly. The entry itself has been a pleasure to read. Thank you very much for sharing your skills with us!

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    1. I always enjoy your inteligento opinions too, Miss Koval

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