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sábado, 16 de abril de 2016

TU VENENO (RELATO ERÓTICO)

Paula, una joven dinámica y extrovertida, llevaba saliendo con Raúl tan sólo unos meses. Ella había decidido apostar por esa nueva relación, ya que él, le aportaba la paz, calma y serenidad que necesitaba en su día a día. La razón de Paula, le indicaba que era lo más honesto y sensato, pero el deseo y las pulsiones de la joven, iban por otro camino.

     


Paula tenía un amor secreto, un amor prohibido. Paula tenía en su cuerpo veneno, impregnado por un viejo amor. Un amor de esos que no se olvidan ni se ignoran. Un amor que por mucho que pasen los años, siempre quedarán llamas incandescentes.
La mente de Paula era consciente que ese veneno era malo e imposible. Veneno tóxico e insano. Pero la atracción fatal que sentía era indescriptible. Sensación única e irrepetible. Su cuerpo y mente tenían que hacer un ejercicio de voluntad para poder desterrarlo y apartarlo de su vida.

Cayó la noche, y Paula descansaba en su sofá tras una larga jornada laboral. Su mente estaba tranquila, y su cuerpo muy relajado. Pero inesperadamente, se apoderó de ella un viejo recuerdo. Regresó a su psique un tormento agridulce.
Por una milésima de segundo, perturbó su descanso, agitando su juicio. La incoherencia de su recuerdo, la angustia por los sentimientos encontrados. Sintiendo una inconexión entre sus pensamientos y sus deseos. Sabía que ese veneno debía permanecer en su pasado, y afrontar una nueva vida junto a Raúl. Pero este pensamiento fue limitado, ya que el deseo hacia lo prohibido superó todo raciocinio.

Paula estaba recostada en el sofá. La habitación estaba solamente iluminada por una pequeña lámpara en la mesita. De fondo se escuchaba un poco de Jazz en su ordenador. Cerró los ojos lentamente y dejó que su cuerpo, mente y alma volaran sin rumbo. Navegar hasta los senderos de sus instintos más primitivos.

Comenzó a sentir el veneno en su piel. Lentamente un escalofrío irrumpió en cada poro de su piel. Poco a poco estaba calando en sus entrañas aquella rememoración tóxica. 
Cada uno de los poros de su piel, se erizaban con tan solo el recuerdo de su amante inverosímil. 
Sus manos sudorosas comenzaron a acariciar su cuello. Sentía los latidos de su pulso acelerado a través de su garganta que poco a poco se iba secando por los jadeos.
Pausadamente, los dedos recorrían la tersa piel de Paula, dirección sur.Sintió un leve cosquilleo cerca de su ombligo que la hizo estremecerse.
Su mente proyectaba la imagen de aquel amante de una manera tan veraz que casi podía oler el aroma de su piel.

Mentalmente se recreaba contemplando el cuerpo de su bello amante. Era tan real la presencia de aquel veneno que casi podía rozar con la punta de sus dedos sus labios. Labios que recorrían todo el cuerpo de Paula. Palmo a palmo, centímetro a centímetro.
Embriagada por el deseo y la adicción que le producía aquella locura, Paula susurraba su nombre, invocando la presencia de aquel demonio que llevaba marcado en su piel.
Durante horas, o quizás minutos, o tan siquiera segundos, Paula se dejó llevar por la devoción de sus instintos.

Se convirtió en un encuentro entre un mortal y un recuerdo, entre Paula y su debilidad, entre una presa y su cautivador. Un encuentro entre un cuerpo y un alma, entre la materia y la esencia. Pero a pesar de, Paula podía sentir el aliento del veneno, podía sentir sus caricias, sus besos, su piel, su calor.

La espalda de Paula se retorcía levemente a medida que sentía los besos tóxicos que su imaginación le iba proporcionando. 
Su entrepiernas era un volcán. Un volcán que manaba fuego y agua, pasión y deseo.
No había pócima para calmar aquella pasión, para salvaguardar su alma de aquel veneno. 
Los gemidos de Paula sonaban al compás de aquellos dedos imaginarios que rozaban todo su cuerpo, de aquel cuerpo que se introducía dentro de ella. 
Paula podía sentir como se impregnaba de aquella delirante y mágica posesión. 


Las caderas de Paula comenzaron a quebrarse, a derretirse a fuego lento. Los vaivenes de aquel cuerpo dentro de ella, atrapaba como la más mortífera droga. Suspirando, gimiendo, jadeando... Paula se dejó  llevar de la mano del deseo. La lujuria de aquellos amantes fugaces se palpaba en el aire. Aire repleto de feromonas pasionales, convertidas en carne y pecado.

Paula lanzó al aire un gemido. Era un gemido anunciador del clímax. Un gemido que notificaba el culmen, el goce, el orgasmo, simplemente alcanzó el nirvana...

Paula despertó con los dedos humedecidos por el veneno de su amante. En ese  mismo instante, se escuchó como la puerta de la entrada se cerraba. Paula aturdida, corrió hacia la puerta a comprobar que había sucedido, pero solamente pudo ver el rastro de aquella pasión. Escuchó aquellos pasos que tras el pasillo huía. Le confesaba que estuvo allí. 

Paula cerró la puerta, apoyó su espalda a la puerta y suspiró con una leve sonrisa. Sabía que su veneno no había estado físicamente, pero el deseo y la pasión entre ambos era tan fuerte, que solo con imaginarse se acercaban.
Estar sin estar, ser sin ser, querer sin querer, poder sin poder. 


  


Recuerda Cupider@ que hasta los deseos más imposibles, pueden llegar a hacerse realidad. Solo tienes que poner un poco de esperanza a los sueños y un poco de fantasía a la realidad.

LES QUIERO CON MUCHO HUMOR

2 comentarios:

  1. ¡Una candente entrada La mirilla de cupido...!!! Gracias por compartir...Que sigáis disfrutando de un estupendo finde... ¡Besitos preciosa...!!!

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  2. una entrada maravillosa encantadora , llena de mucho sentimiento gracias por traer esta maravilla saludos cordiales

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