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lunes, 18 de abril de 2016

Bajo la luz de la luna 2.


Todavía quedaba más de media hora para que Olivia llegara cuando Elisabeth ya estaba preparada, por lo que decidió llamar por teléfono a sus padres. No le apetecía en absoluto porque sabía que su madre la iba a interrogar a preguntas que ella no estaba preparada para contestar, pero tenía que llamarles, sabía que tan solo se preocupaban por ella.
Cogió su nuevo teléfono móvil y marcó el número de teléfono de su padre, con él le resultaría más fácil hablar, siempre había sido así. Sonaron un par de tonos cuando su padre descolgó:
-  Elisabeth, ¿eres tú?
-  Hola papá, solo llamo para deciros que estoy bien. - Le tranquilizó Elisabeth. - Llegué ayer a Barcelona y ya estoy instalada en casa de los abuelos. He comprado un móvil nuevo y éste es mi número de teléfono ahora, pero no quiero que se lo deis a nadie, necesito desconectar una temporada.
-  Cielo, estamos muy preocupados. - Le confesó su padre. - Cancelas la boda y huyes hacia España sin decirnos nada, entiende que es lógico que nos preocupemos, somos tus padres. Y eso por no mencionar que tu madre está en una crisis de nervios constante.
-  Papá... - Le advirtió Elisabeth.
-  Lo sé, no quieres hablar de ello. - Dijo su padre resignado. - Confío en tu buen criterio, siempre lo he hecho, así que respeto tu decisión aunque no la comparta.
-  Con eso me basta. - Le respondió Elisabeth agradecida y añadió para despedirse antes de colgar: - Te llamaré un par de veces por semana, dile a mamá que estoy bien. Te quiero, papá.
-  Yo también te quiero, cielo.



Elisabeth guardó su teléfono móvil en el bolso justo cuando oyó el timbre de la puerta, Olivia acababa de llegar. Abrió la puerta, la saludó y ambas se encaminaron hacia el bar, donde aún no había llegado nadie excepto Fernando.
-  Hola chicas, llegáis justo a tiempo para ayudarme a poner la mesa, yo voy a terminar de preparar el aperitivo. - Les dijo Fernando y les preguntó mientras seguía a lo suyo: - ¿Cómo ha ido el día de compras?
-  ¡Genial, tenemos que repetirlo pronto! - Exclamó Olivia.
Poco a poco los invitados a la fiesta de cumpleaños fueron llegando y Olivia se encargó de presentárselos a Elisabeth uno a uno. El primero en llegar fue Óscar, el hermano mayor de Olivia. Era un chico bastante atractivo pero muy tímido, apenas cruzó un par de frases con Elisabeth y huyó hacia a la cocina donde se encontraba Fernando. El siguiente en llegar fue Marcos, el chico del que Olivia estaba enamorada desde niña según ella misma le había dicho a Elisabeth. Tal y cómo Olivia le había dicho, era un chico muy atractivo y se veía a la legua que entre él y Olivia existía algo especial. Si Olivia no le hubiera contado su historia, Elisabeth hubiera jurado que aquellos dos salían juntos. Marcos la saludó con un par de besos en la mejilla y charló con ellas hasta que llegó Marta y, tras saludarla, se dirigió con los chicos a la cocina. Marta era la mejor amiga de Olivia y a Elisabeth le gustó nada más conocerla, parecía simpática.
-  ¿Quién falta por llegar? - Preguntó Marta.
-  Solo falta tu hermano. - Le contestó Olivia rodando los ojos. - No sé cómo lo hace pero siempre es el último. Alba está entreteniendo a Pedro, pero no creo que tarden mucho en llegar. - Al ver que Elisabeth no entendía nada, le aclaró: - Pedro es el cumpleañero y Alba es su novia, que nos está ayudando a entretenerlo mientras montamos todo esto para darle una fiesta sorpresa, aunque realmente su cumpleaños es el lunes.


Las chicas continuaron charlando junto a la barra del bar mientras los chicos probablemente hacían lo mismo en la cocina. Diez minutos más tarde, apareció el hermano de Marta. Elisabeth lo observó de reojo mientras saludaba a su hermana y a Olivia hasta que se lo presentaron y sus miradas se cruzaron por primera vez. La intensa mirada de aquellos ojos oscuros, en los que apenas se podía distinguir donde acababa el iris y empezaba la pupila, la hechizó por completo y sostuvieron la mirada hasta que él le plantó dos besos en las mejillas y le dijo antes de marcharse a la cocina con los demás:
-  Encantado de conocerte, Eli. Soy Alan.
Elisabeth trató de comportarse con normalidad mientras esperaban a que Alba y Pedro llegaran, pero no pudo evitar observar disimuladamente a Alan cada vez que tuvo ocasión. Cuando el cumpleañero llegó, todos estaban colocados en sus respectivos puestos y gritaron al unísono:
-  ¡Felicidades!
Marcos se encargó de poner la música mientras Fernando abría un par de botellas de vino y los demás le iban entregando las copas para que les fueran sirviendo. Entre anécdotas y bromas, comieron, bebieron y brindaron por el homenajeado y por la amistad que a todos ellos les unían. Elisabeth no se sintió desplazada en ningún momento, todos la aceptaron y la invitaban constantemente en participar en la conversación, o al menos casi todos. Alan no le dirigía la palabra directamente, pero ella se percató que no dejaba de observarla de forma extraña, aunque no supo descifrar si aquello era o no una buena señal. También pudo comprobar cómo Marcos estaba pendiente de Olivia en todo momento y de cómo Marta no dejaba de escribir mensajes con su móvil y sonreía cada vez que le respondían a algún mensaje.


A Elisabeth le gustó aquella pandilla de amigos con sus bromas y sus peculiaridades y, a pesar de que apenas les conocía de unas horas, sintió que encajaba más con ellos que incluso con sus amigos de Londres, pero eso era algo que ahora no quería recordar.
-  Cuéntanos, Eli. - La animó Pedro a hablar. - ¿Qué te ha traído por aquí?
-  Mis abuelos vivían aquí, pero murieron hace diez años y no he venido desde entonces. - Empezó a decir. - Necesitaba un cambio de aires y venir aquí durante una temporada me pareció una buena opción.
-  ¿De dónde eres? - Preguntó Alba.
-  De Londres.
-  ¡Pues no se te nota nada el acento guiri! - Bromeó Marcos.
-  Mis abuelos y mi madre siempre me han hablado en español. - Le respondió Elisabeth encogiéndose de hombros. - El español es mi lenguaje materno.
-  Pues podrías echarme una mano con el inglés, por aquí vienen muchas turistas preciosas y encantadoras. - Bromeó Marcos sonriendo.
La carcajada fue general y Elisabeth pudo comprobar de nuevo como todos parecían animados excepto Alan, que continuaba observándola pero sin comentar nada. ¿Qué le ocurría a ese chico? Le sostuvo la mirada durante unos segundos pero él no dejaba de observarla y se sintió intimidada, por lo que se volvió hacia Olivia y comenzaron a charlar.
Pocos minutos después, Fernando se acercó a Elisabeth, le entregó su móvil, que lo había dejado olvidado sobre la barra del bar y le dijo:
-  No sé quién será ese tal Jason, pero tienes quince llamadas perdidas de él. - Justo en ese momento, Jason volvía a llamar y Fernando añadió divertido: - Corrijo, tienes dieciséis llamadas de él.


A Elisabeth no le apetecía nada contestar la llamada, sabía que tendría que dar cientos de explicaciones y ni siquiera se permitía pensar en lo que había ocurrido, no se sentía preparada. Pero Jason era su mejor amigo, estaba en New York cuando ella había decidido huir a España y probablemente ya había regresado a Londres y se habría enterado de lo ocurrido, por lo que se habría preocupado. Decidió contestar:
-  Hola Jason.
-  ¿Hola Jason? ¿Eso es lo que me dices después de haber cancelado tu boda cuando tan solo quedan dos meses, de haberte largado a España y de no haberme contado nada? - Le espetó Jason. - ¿Por qué no me has dicho nada? Sabes que yo siempre te apoyo en todo, ¿pensabas que esta vez sería distinto?
-  Jason, ahora no es un buen momento para hablar y tampoco me apetece nada en absoluto hablar de eso. - Le dijo Elisabeth.
-  Dentro de quince días tengo una semana de vacaciones, iré a verte a España y hablaremos del tema largo y tendido. - Sentenció Jason. - Hasta entonces, me conformaré con que me llames de vez en cuando para decirme que estás bien, ¿de acuerdo?
-  De acuerdo. - Se resignó Elisabeth y añadió antes de colgar: - Gracias, Jason.
Todos fueron conscientes de la tristeza que aquella llamada le había producido a Elisabeth y trataron de animarla, con la excepción de Alan, que se limitaba a mirarla ya sin el menor disimulo.
Finalmente consiguieron distraer a Elisabeth brindando, bailando e incluso jugando al billar, cuando todos se sorprendieron al ver lo bien que jugaba.


Cerca de las cinco de la mañana, todos se despidieron y se encaminaron a sus respectivas casas. Olivia, Óscar, Marta, Alan y Elisabeth iban en la misma dirección, pues Olivia y Óscar vivían con sus padres en la casa de al lado de la de Elisabeth y Marta y Alan vivían en la casa de enfrente que también era de sus padres.
Cuando se estaban despidiendo, a Olivia se le ocurrió que al día siguiente podrían ir a la playa, aunque no fuera verano, en Barcelona la primavera era bastante calurosa.
-  Comemos juntos en bar de Fernando y de allí nos vamos a la playa. - Sentenció Olivia ante la cara de indecisión de sus amigos.
Elisabeth entró en su casa y se dirigió directamente a su habitación de cuando era niña, donde había dormido la noche anterior. Estaba demasiado cansada para analizar aquella habitación infantil, pero decidió que ya era hora de redecorar su casa, sobre todo si pensaba quedarse allí una temporada. Y con esa idea en la cabeza, se quedó dormida.

3 comentarios:

  1. ¡Buenísimo relato Rakel...!!! El amor envuelto en un halo de misterio... ME HA GUSTADO MUCHO...Gracias por compartir... ¡Besitos preciosa...!!!

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  2. Maravillosa entrada Encantadora el amor lleno de misterio gracias por traer estas maravillas saludos cordiales

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  3. Muchas gracias a vosotros, un abrazo enorme! ;-)

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