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miércoles, 2 de marzo de 2016

UN NUDO EN EL CABELLO





La lluvia afuera. Con esos truenos que dicen que el aguacero no va a parar. Yo aquí dentro, húmeda, vistiéndome después del baño en esta penumbra de tormenta, cepillándome el cabello enmarañado, entonces el peine topa con un nudo que le impide  pasar...

Así, una relampagueante tormenta de una tarde de verano en la ciudad y un nudo en el cabello me llevan  a aquellos años. A aquella casa. Hasta aquel pueblo de Michoacán.


Los veranos eran fiesta en las que los niños de la ciudad mudábamos nuestros juegos a la casa de los abuelos, frente a la estación de tren de Contepec. Una construcción de madera pintada de rojo junto a un gran árbol  del que siempre pendía  un columpio que el tío Jorge, el jefe de la estación, colgaba para nosotros y junto al árbol un profundo pozo de agua. Seis niños de edades espejo hacíamos la travesía de seis horas en aquel ferrocarril venido a menos, con lo bultos incontables que nuestra madres transportaban. Para nosotros, la cargada y las seis horas del incomodo viaje, eran  una  expiación que pagábamos sin chistar.

Veranos lluvioso, verdes por doquier, ríos con agua corriente, lagos desbordándose, lodo, milpas crecientes, carretas de forraje, flores, plantas, piedras, leña, fogones, animales, cosas y rincones para explorar: el paraíso.  Nuestros juegos ocurrían siempre afuera, retándonos a romper los límites, a mojarnos, a ensuciarnos, a fantasear, a perdernos de los más pequeños, que de no lograrlo,  tendríamos que cuidar... Aquello era la gran aventura hasta que nuestras respectivas madres salían a buscarnos y no en los mejores términos.

Pero hasta los castigos sabían diferentes allá. Se transformaban  en  juegos,  en donde si nos prohibían salir, nos quedábamos a tejer tapetes, servilletas o bufandas, niños y niñas por igual, a desgranar maíz, a ayudar en la cocina, a acarrear agua en burro, a tomar las clases de baile de la tía Mine... Y por las noches a jugar baraja o turista mundial, los primeros años, cuando la luz no había llegado a la estación, iluminados por una vela o por un quinqué de petróleo. Cuando el castigo pasaba salíamos a coleccionar piedras para jugar a la matatena liderados por tía Viros… ese juego  siempre lo ganaba mi mamá...

En aquellos paisajes de pueblo,  en aquella casona de la estación con tienda, vivimos una parte sustancial de nuestra infancia, fuimos creciendo, cambiando de retos, aprendimos a bailar, a dar besos, a robar  y hasta a fumar....

Este nudo en el cabello me llevó hasta entonces. Porque entonces mi cabello era una maraña de nudos que luchaban por escapar del cepillo y de las trenzas eternas que nos hacía  mamá.

Una casa llena de primos, tías y tíos, comida, el olor a leña calentando el agua para el baño, el sonido de los pasos en los adoquines que forraban los pisos, camas matrimoniales en donde teníamos que dormir más de cuatro... La cocina repleta de gente y de guisados, los preferidos de cada cual. Los gritos de la abuela, las peleas entre castas de primos, todas esas chanclas pérdidas en el lodo de los lagos. Conocer del ciclo de la vida, que los animales no sólo son mascotas, sino parte sustancial del manjar para alimentar a una gran, gran familia, esa que fuimos...Veranos de dos meses en los que la vida de la escuela, la casa cerrada y la ciudad parecían la vida de alguien más, parecían recuerdos molestos de otros que no eran los que éramos en Michoacán.

Los abuelos murieron. Supongo que allí comenzó todo. Supongo que allí comenzamos a crecer... Hicimos nuestra vida y de aquellos 10 niños que brincaban por la casa de la estación sólo quedan 10 adultos que andan sus propios caminos, que se ven poco y les cuesta entablar una conversación.
  
Hace diez años que no voy a la estación.  Dejé de ir porque me encontré con un tiempo extraviado  que comenzó a herirme.

Ya no llegábamos en tren, cada quien llegaba por su lado. Ya no estaban mis primos, dejamos de ser esos niños, ya no estaban todos los tíos,  ni la abuela; habían muerto. Dejé de ir porque la casa se estaba cayendo, porque el polvo y las cosas viejas la habían tomado por completo... Dejé de ir porque el tren ya no hacía  parada en la estación que también era una ruina sin telégrafo, sin el tío Jorge, sin boletos... Con un columpio que colgaba inerte junto a un pozo seco...

Un nudo en el cabello me trajo esta nostalgia latente de aquellos ayeres perdidos, de aquel paraíso que terminó porque se lo llevó el tiempo... Hoy tampoco están  tía Mine, ni mamá... también partieron, deben estar con los abuelos…

Tal vez tuve que dejar de ir para guardar intacto el recuerdo de cómo fuimos... Y un nudo en el cabello me obliga regresar desde aquí, desde este ahora tan distinto de aquel, desde mis letras... Desde toda esta nostalgia guardada de la que no le había hablado nuca a nadie. Esto seguramente lo sabían esos truenos que siguen de fondo mientras armo estos recuerdos. Esto seguramente lo sabía esta  tormenta de verano en la ciudad y seguro lo sabía este nudo en el cabello.


DIANA PINEDO

MÁS TEXTO DE LA AUTORA: http://grafema11.blogspot.mx/




Estación de Contepec




6 comentarios:

  1. Nostálgico,pero tú das a esa nostalgia un dulce y suave sabor,una realidad de cuando nos llegan los recuerdos y debemos vivirlos pues no hallamos qué mas hacer con ellos...Un nudo de cabello que poco a poco en cada renglón va desenredándose...ME HA ENCANTADO Diana.. Gracias por compartir... ¡Besitos miles hermosaaaaa....!!!

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    Respuestas
    1. Cada renglón desenredó este nudo en el cabello, preciosa tu frase querida María del Socorro.
      Gracias por la lectura y por comentar.
      Abrazos cariñosos!!

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  2. What a wonderful stream of recollection, Diana, all caused by one knot in the hair! I could almost see myself there with you as a silent observer. Your word images were that good. Thank you for sharing all of it, and for taking me with you. Kisses!

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Paula por viajar por este pasado enredado en el cabello, me alegra que te haya gustado.
      Abrazos :)

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  3. Una maravillosa entrada gracias por traer estas maravillas saludos cordiales

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