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lunes, 15 de febrero de 2016

Hace dos semanas...

Extraída de Google

Hace dos semanas, el remordimiento ni siquiera hizo brecha en mi férrea autoestima, ni las palabras de aquella arcaica mujer tuvieron el efecto que ya han provocado los acontecimientos de los últimos días. Ni siquiera, mantuvieron un minúsculo malestar, ahora, la desazón y la incertidumbre es más que evidente... pero comencemos por el principio.

 Su voz era suave y áspera en igualdad de proporción, no obstante, esa desincronización, proponía al oído del oyente la máxima curiosidad. No era su falta de belleza, tampoco, impedimento para captar las miradas de casi todos los transeúntes, y, sin embargo, a los pocos minutos sus, alocadas, predicciones desasían los nudos creados con tanta fuerza de atracción.

 Una multitud en plena calle no es el mejor foro para escuchar que tu marido te abandonará en breve o para recibir la noticia de que a penas te quedan unos días de vida. Ya no digamos si son noticias relacionadas con una herencia o con ser el único acertante de algún premio, que, aunque sean buenas noticias casi nadie quiere compartir por miedo a oídos lujuriosos por delinquir. Además, cuando te señalan con el dedo para comunicarte la una o la otra, los ojos clavados de tanta gente en tu nuca hace un daño interno al que pocas cosas ponen remedio, más que el escapar de esa situación inmediatamente.


 Ahora el pájaro está posado en mi ventana, y es literal. Negro, bruño, me visita cada mañana. Al principio no descubrí sus intenciones, no soy un experto en aves. Ella solo dijo que llegaría y que traería lo que yo estaba esperando desde hacía demasiado tiempo.

 He buscado en páginas de simbología en el navegador de mi diminuto teléfono móvil, las cuales insisten en alarmantes e incomodas profecías y las que meramente dan información sobre el Cuervo Real, dicen que su presencia es una inestimable ayuda para mantener limpio de cuerpos putrefactos los bosques de medio mundo. 

 ¡A mí no me parece nada inestimable que haya hecho del bolardo de mi ventana su última morada! ¡ni siento haber encontrado algo tan esperado!

 Es difícil desdeñar sus palabras, más, cuando el resultado lo tengo delante sin error a equivocación.

 No debí abandonar el lugar cuando su charlatanería aún seguía escupiendo palabras hacia mí, aunque aquel dedo inquisidor ejerciera la más poderosa e invisible fuerza de rechazo. No debí escucharla, ahora lo sé y lo siento en mis impacientes entrañas.

 Son ya seis los agotadores días contabilizados, y en los últimos tres he dejado incluso de acudir al trabajo. Creo estar caminando al borde de un irascible volcán, pero sin el alarde que él demuestra cada día frente a mi ventana.

 Necesitado de dar sentido a sus inquietantes y madrugadoras visitas, intenté emplear el inconmensurable tiempo libre de esos días en recomponer sus, ahora ya ineludibles, apariciones.

 El primer día solo alardeó exhibiendo majestuoso su brillante y monocromático plumaje, ¡como para no darme cuenta de su presencia! El segundo dejó en mi ventana lo que luego descubrí era una piedra semipreciosa: la malaquita. En apenas una semana me he hecho un experto en esta materia, pudiendo comprobar que también son portadoras de algunos mensajes contradictorios. Nada beneficioso para mi atropellada búsqueda. Del tercero al sexto, se dedicó exclusivamente a abandonar junto a la malaquita cuatro cuentas más: aguamarina, rodonita, tanzanita y amatista, en ese simple y enigmático orden.

 Con el empacho de información ocupando mí desordenada mente, no distinguí la esencia del mensaje hasta hace unos pocos minutos. Y no lo he podido asumir todavía.

 Estaba tan claro como el brillo que emiten esas piedras a la luz del día, y no habiéndome antes atrevido a tocarlas, ahora ya solo deseo hacerme con ellas.

 Así, sin más, una tras otra, fueron colocadas delante de mis ojos. De izquierda a derecha en su perfecto orden: malaquita, aguamarina, rodonita, tanzanita y amatista. Al descubrir la aclaratoria relación, se apoderó de mí una sensación de alegría inagotable: como pasar del frío al calor con solo sonreír.

 Estaba claro: cogiendo la inicial de cada una de las piedras, M,A,R,T, y A, se formó el nombre de quien había sido mi primer y único amor… mi querida y recordada amiga Marta.
Los dedos fueron presa de la inercia que abordaba mi cuerpo a marcar su número.

Ahora ya sé dónde ha acontecido la presagiada profecía… dónde los augurios de la aparición del cuervo fueron acopiados… en casa de Marta. Su marido ha fallecido hace dos semanas.

 Ahora hay sentimientos encontrados: el enigmático cuervo, las expeditas piedras, mi falta de claridad para ver lo bueno ante lo malo. Hace dos semanas, la alegría ni siquiera hubiera erigido un boceto premonitorio. Ahora, entre nuestras conversaciones telefónicas poniéndonos al día, creo escuchar su suave y áspera voz animándome.

3 comentarios:

  1. Buenísima entrada Carlos ¡Gracias por compartir...!!! ME HA GUSTADO MUCHO ¡Te mando abracitos con cariño..!!!

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  2. Una maravillosa entrada gracias saludos cordiales feliz semana

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  3. A most interesting entry about the raven. Thank you for sharing it, Carlos. It is a deep subject.

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