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lunes, 11 de enero de 2016

A la rica ensalada

¡A LA RICA ENSALADA!




Segundo lunes del año. Te imagino a tope de buenas intenciones: entrar en una gimnasio, salir del tabaco, soltar las grasas y tomar ensaladas... La bandera de las buenas intenciones de principios de año está teñida con los colores de una rica ensalada. Claro, claro, sí, sí, sí, de este año no pasa, cuando llegue la primavera estarás tan en forma que casi te dará vergüenza asombrar a tus amistades. Lo de siempre, así que mejor hablamos en mayo. Hoy lo vamos a dejar en que yo te cuento una historia curiosa sobre la ensalada.

En realidad, la historia la contó en su momento el padre de la gastronomía moderna, Jean Anthelme Brillat-Savarin, de cuyas opiniones sobre el café te hablé hace unos meses en mi blog personal. La cosa fue así...

Un exiliado francés, escapado de las guillotinas de la Revolución, de apellido Albignac, almorzaba un buen día en una taberna londinense. Unos petimetres ingleses, sentados un par de mesas más allá, le oyeron hablar. Ni corto ni perezoso, uno de los pisaverdes se le acercó: "Señor, deduzco por su acento que es usted francés". Albignac asintió y el otro le hizo una de las peticiones más extrañas que jamás se hubieran hecho en un figón de Londres: "Tenemos entendido, mesié, que los naturales de su nación son harto hábiles en el sutil arte de aliñar las ensaladas. ¿Tendría usted a bien arreglar la nuestra?".

Albignac no sabía si sentirse halagado o tirar de florete y hacerle un siete en el vientre a tamaño gañán. Sin embargo, puesto que no estaba en condiciones de negar nada a quienes lo habían acogido y librado de perder la cabeza, se avino a condimentar el plato de los milores. Mientras mezclaba el aceite, el vinagre, la sal y la pimienta, les confesó que era un emigrado que vivía del socorro del gobierno británico (cuando llegaba, claro). Apenas oyeron esto, los lindos se rascaron las faltriqueras y, a pesar de las protestas del francés, le pagaron el fenomenal servicio. Antes de despedirse, intercambiaron sus tarjetas.

Gracias a eso, Albignac recibió unos días más tarde una invitación para aliñar la ensalada de un personaje de alto copete. Fue tal el éxito y la gratificación que el improvisado sazonador cayó en que tan peregrino oficio podía ser una mina. Su fama corrió como un reguero de pólvora y, extraoficialmente, fue nombrado fashionable saladmaker de la buena sociedad de la City. Mira por dónde, tuvo que comprarse una coche para desplazarse de ensaladera en ensaladera y no le quedó otra que contratar a un criado para que cargase con los ingredientes: aceite, vinagres aromatizados, condimentos de las Indias, caviar, trufas, anchoas, mostaza, jugo de carne, yemas de huevo, hierbas de todo tipo...

La arquita de mano en la que portaba todo el sazón se hizo tan popular que tuvo que encargar réplicas y ponerlas a la venta. Asegura Brillat-Savarin que Albignac llegó a reunir ochenta mil francos (del siglo XVIII) con su fabuloso negocio. Cuando la furia revolucionaria se disipó, Albignac regresó a Francia con el riñón bien forrado y compró todos los solares que pudo. En uno de ellos edificó un palacete en el que murió plácidamente.

Me despido con un consejo del chef, también francés, Alfred Suzanne sobre cómo aliñar correctamente las ensaladas: "Se requiere cuatro genios distintos: un derrochador para el aceite, un tacaño para el vinagre, un sabio para la sal y un loco para removerlo todo".

11 comentarios:

  1. Un buena narrativa del aliño de la ensalada. Un saludo

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  2. Con lo que me gustan las ensaladas, sólo me falta que me dés consejos. Si ahora como verde como una vaca, en cuanto le ponga todos esos aderezos de los que hablas, no cabrán las lechugas en mi nevera.
    Lo peor es que esta religión verde la practico y la difundo, que en mi casa cada vez comemos más vegetales y menos chicha. Y por convicción, sin talibaneos matriarcales.
    Un beso, guapetón.
    Por cierto: mi preferida, sin lugar a dudas, la escarola con romescu. (La misma salsa que para los calçots). Ambrosía.

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    1. Tú lo que necesitas es una buena huerta. La escarola también está muy buena con granada... ¿Granada y romescu? Mmmmmm...

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    2. ¿Romescu crudo, Elisenda? He comido escarola con granada José Juan y está muy buena, pero el romescu solo lo he comido cocido. Muy refrescante entrada José Juan. A mí me encantan las ensaladas.
      Un beso a los dos.

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  3. ¡Que entrada más deliciosa...!!! :)))) Y qué pasó con el café? ;) ME HA GUSTADO MUCHO mi José Juan,como siempre,tu refinado y a la vez popular estilo,gracias por compartir ¡Que tengas una estupenda semana...Besitos...Infinitos...!!! Por cierto,cómo va lo de tu libro :)

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    1. Muchas gracias, María. Cambié el café por los viajeros. El libro... Trabajo y más trabajo. Yo también te deseo una feliz semana. Un beso.

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  4. Una entrada Maravillosa y muy apetecible para consumir gracias por compartir gracias por compartir feliz semana saludos cordiales

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