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lunes, 28 de diciembre de 2015

Tú, yo y las estrellas 9.


Cuando me despierto oigo ruidos procedentes de la cocina y entonces recuerdo lo sucedido la noche anterior. Carol se quedó a dormir y también Santi, que me besó después de darme las buenas noches. Me levanto de un salto de la cama y me doy una ducha de agua fría que buena falta me hace.
Cuando salgo del baño ya duchada, vestida y peinada, me encuentro a los dos hermanos en la cocina preparando el desayuno con toda normalidad.
     -  Buenos días. - Me dice Carol. - Hemos preparado el desayuno.
     -  Buenos días. - Contesto sentándome a la mesa de la cocina. - Qué bien huele todo, tengo un hambre atroz. - Busco a Thor con la mirada y lo encuentro tumbado en el suelo con la lengua fuera. - ¿Has sacado a Thor? - Le pregunto a Santi.
     -  Sí, espero que no te importe. - Me dice con naturalidad.
     -  Gracias. - Musito sonrojada.
Carol mira su reloj y, levantándose de su silla como si de ello dependiera su vida, nos dice:
     -  He quedado con la abuela para comer y llego tarde. - Se vuelve hacia a mí y añade: - Te llamo esta noche y hablamos.
Carol nos da un beso en la mejilla a cada uno y desaparece como alma que lleva el diablo mientras Santi y yo nos quedamos callados sentados a la mesa de la cocina.

Desayunamos en el más absoluto de los silencios y después terminamos de recoger la cocina. Santi me observa queriendo decir algo pero sin atreverse y yo empiezo a ponerme nerviosa.
     -  Deja de hacer eso, por favor.
     -  ¿El qué? - Me pregunta confuso.
     -  Deja de mirarme tan fijamente, ¿acaso hay algo que quieras decir?
     -  ¿Debería querer decir algo? - Me pregunta con fingida inocencia.
     -  Si es por lo de Fabián, ya te he dicho que fue en defensa propia. - Me justifico por si acaso.
     -  No te preocupes por eso, ya me he encargado yo.
     -  ¿De qué? - Le pregunto con curiosidad.
     -  De resolver la situación para que ese gilipollas no te denuncie por agresión. - Me dice con cierto tono de reproche.
     -  Lo he hecho por tu hermana, ¿no puedes simplemente dejarlo pasar?
     -  ¿Has pensado qué te hubiera podido ocurrir? - Me pregunta molesto. - ¿Y si hubiese sido él el que te hubiera agredido a ti?
     -  No me conoces y por eso me subestimas. - Le replico. - No soy idiota y sé exactamente hasta dónde llegan mis límites.
     -  No te subestimo, tan solo me preocupo por ti. - Me responde pacientemente. - Háblame de tu nuevo trabajo, ¿dónde y de qué vas a trabajar?
     -  Ah, no. No hablo de trabajo hasta que pase el primer día. - Sentencio.
     -  ¿Por qué?
     -  Porque no hay nada qué decir. No conozco a mis compañeros, ni a mi jefe ni el trabajo exacto que voy a tener que hacer. - Le explico. - El director de recursos humanos es un tío majo y simpático y su recepcionista es encantadora, pero no puedo decir mucho más. A lo mejor no le gusto a mi jefe o él no me gusta a mí, hemos establecido un período de prueba por si acaso.
     -  Espero que tu jefe no sea un ogro, pienso ir a buscarte al trabajo si no llegas puntual a nuestra cita de mañana. - Me dice divertido. - Así que tendrás que decirme dónde tengo que buscarte.
     -  Si el supuesto ogro de mi jefe no me deja salir, te mandaré un mensaje o te llamaré para que vengas a rescatarme. - Coqueteo. - Aunque me estás malacostumbrando, deberías dejar que yo me ocupara de mis problemas. Como diría mi padre, "tienes que madurar como persona, Eli."

     -  Estoy de acuerdo con tu padre, pero también se puede madurar con alguien que te apoya y está siempre a tu lado.
     -  Eso estaría bien, si no fuera porque tarde o temprano todos nos tenemos que enfrentar solos a nuestros problemas. - Le digo encogiéndome de hombros. - La vida es todo aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en tratar de conseguir otras cosas.
     -  Y, ¿qué te empeñas en tratar de conseguir tú?
     -  No lo sé. - Le confieso. - Mi vida hace dos meses estaba planeada al milímetro, no había hueco en mi agenda para un contratiempo. Mi familia me reprochaba, de hecho aún lo siguen haciendo, que me había vuelto fría y estirada como una alemana, lo único que me importaba era mi trabajo, ni siquiera me di cuenta que mi prometido me la estaba pegando con su secretaria hasta que los rumores llegaron a mis oídos y quise comprobarlo con mis propios ojos. Y lo comprobé, vaya si lo comprobé. Y me fui de Alemania con la misma decisión con la que llegué. Y ahora lo único que tengo claro es que quiero trabajar donde voy a trabajar y que no pienso volver a pasar por otra mudanza.

     -  ¿Es que piensas dedicar toda tu vida al trabajo?
     -  No, pero dejaré de preocuparme por lo que pueda o no pasar y me dedicaré a disfrutar de lo que cada día me depare. - No había planeado conocer a Carol y hacerme su amiga, pretendía darle largas a Helena porque quería arrastrarme de fiesta con ella, sin embargo he descubierto que una noche de chicas sigue siendo tan divertida como lo era cuando tenía quince años. - Cansada de hablar de mí, le pregunto dedicándole una amplia sonrisa: - Ahora te toca a ti, yo ya he hablado demasiado.
     -  ¿Qué quieres saber?
     -  Lo que me quieras contar.
     -  ¿Es una respuesta trampa? - Bromea. - A ver... Me gusta salir a correr al parque, pero creo que eso ya te lo había dicho. También me gusta mi trabajo, aunque a veces me estresa demasiado y me escapo a una cabaña que poseo en los Pirineos. Me gustan las motos y los domingos suelo ir a pasar el día a  cualquier lugar con mi moto. Un día podrías venir conmigo, estoy seguro que te encantaría.
     -  ¿Hablas de la cabaña o de la moto? - Le pregunto divertida.
     -  ¿Te gustaría ir conmigo a la cabaña? - Me pregunta con picardía.
     -  Quizás. - Le respondo coqueteando.
     -  Tengo que irme ya, Eli. - Me dice mirándome a los ojos. - Juego con unos amigos a fútbol en un campeonato local y esta tarde tenemos partido, pero me encantaría que vinieras a verme.
     -  Lo siento, he quedado con mis padres, voy a cenar a su casa. - Le respondo. Pero, al ver la cara de decepción de Santi, añado: - Pero prometo ir y animarte en el próximo partido.
     -  Te tomo la palabra. - Me responde alegremente. Le acompaño a la puerta y se despide: - Nos vemos mañana, pequeña amazona.

Me besa justo en la comisura de los labios, demorándose más de lo debido y dejándome con ganas de más, de mucho más. Se aparta lentamente de mí, me dedica una amplia sonrisa y se da media vuelta para dirigirse al ascensor y desaparecer.
Cierro la puerta y sonrío como una auténtica idiota mientras Thor me mira y estoy segura de que si pudiera hablar me diría que estoy jugando con fuego.
Recojo y limpio el apartamento, saco a Thor a pasear por el parque y voy a casa de mis padres. Como siempre, me reciben con un abrazo mientras el aroma de carne rellena al horno.
     -  ¡Qué bien huele! - Exclamo mientras mi madre sirve la cena.

Cenamos charlando tranquilamente y, cuando me estoy despidiendo de ellos, mi padre me dice:
     -  Llámame mañana cuando salgas del trabajo, quiero saber cómo te ha ido tu primer día y que me cuentes todos los detalles.
     -  Sí, hija. - Corrobora mi madre. - Lo cierto es que tanto misterio nos tiene a todos con la curiosidad de saberlo todo.
     -  Yo solo espero que tanto misterio no sea porque te has metido en algo ilegal. - Musita mi padre.
     -  ¡Oh Manuel, tú siempre pensando lo peor! - Le replica mi madre.
     -  Te recuerdo que la última vez acerté. - Dice mi padre.
     -  Papá, así no lo estás arreglando. - Le reprocho.
     -  Con vosotras nunca se arregla nada, las dos os ponéis siempre en mi contra. - Exclama mi padre haciéndose la víctima.
     -  Te llamaré en cuanto salga del trabajo, papá. - Le digo dándole un beso en la mejilla y repitiendo la misma acción con mi madre para después despedirme de ambos: - Buenas noches.

Regreso a casa y me meto en la cama, estoy demasiado cansada para estar levantada y demasiado nerviosa como para poder dormir. A las once y media de la noche, recibo un mensaje de Santi en el móvil: "Buenas noches, pequeña amazona. Suerte en tu primer día de trabajo y avísame si tu jefe es un ogro, yo también puedo llegar a serlo. Llámame cuando salgas del trabajo, tenemos una cita pendiente, que no se te olvide."
¡Cómo si pudiera olvidarme de él! Con una sonrisa en los labios, le respondo: "Espero que mi jefe no sea un ogro, quiero de verdad este trabajo. Gracias por desearme suerte, la voy a necesitar. Te llamaré en cuanto salga del trabajo. Buenas noches, (ya te buscaré un apodo)."

Dejo el móvil en la mesita de noche mientras sonrío, sintiéndome verdaderamente feliz como hacía tiempo que no me sentía. Ha sido un año duro, pero septiembre está cambiando mi perspectiva del año. Quizás incluso acabe bien.

1 comentario:

  1. Estupendo Rakel.el amor va llegando y se deja ver... ¡Gracias por compartir amiga..!!! Que gocéis de un gran año,el mejor ¡Besitos linduraaaaa...!!!

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