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viernes, 18 de diciembre de 2015

Tú, yo y las estrellas 7.


Cuando Alysa salió de la ducha, Alberto la puso al corriente de lo que él había pensado respecto a su supuesto compromiso. Finalmente, decidieron que se habían conocido en un bar musical de Termes, donde Sofía se acababa de mudar. Se enamoraron y, seis meses después se habían comprometido, aunque aún no tenían fecha para la boda.

Alysa añadió toda la información posible sobre su nueva y temporal identidad en la base de datos del gobierno mientras Alberto la observaba fascinado. En dos meses había conocido a Alysa y descubierto muchas cosas interesantes de ella, pero tenía que reconocer que lo que más le gustaba de ella era ese lado oscuro que escondía bajo aquella sonrisa traviesa.
     -  Será mejor que nos demos prisa, deben estar pensando dónde demonios nos hemos metido. - Le recordó Alberto a Alysa, pues Ronald Red hacía casi una hora que esperaba que le presentase a su repentina prometida.
     -  Mójate el pelo. - Le aconsejó Alysa.
     -  ¿Para qué me voy a mojar el pelo? ¿Es que no te gusta cómo voy peinado?
     -  Si nos ven a los dos con el pelo mojado pensarán que nos hemos duchado juntos y nadie hará ninguna pregunta sobre por qué hemos tardado tanto. - Le explicó Alysa.
    -  Y crees que es mejor que piensen que hemos tardado porque nos estábamos dando un homenaje en la ducha. - Afirmó Alberto.
     -  Se supone que acabamos de prometernos, lo verá como algo normal. - Dijo Alysa encogiéndose de hombros. - Estamos hablando de sexo, no de matar a alguien.
     -  Será mejor que no hablemos de sexo, hace dos meses que no salgo de esta villa.
     -  Te recuerdo que estamos en las mismas condiciones. - Le replicó Alysa.
     -  Eso no es cierto. - Respondió Alberto. - La villa está llena de hombres y estoy seguro que ninguno de ellos rechazaría tener relaciones sexuales si así te lo propusieras. Por lo tanto, tu sequía es voluntaria, la mía es impuesta.
     -  Creía que las parejas tenían problemas con la falta de sexo después de casarse y no antes. - Se mofó Alysa sonriendo.
     -  Cariño, creo que nosotros somos la única pareja en el mundo que ha decidido no consumar hasta estar unidos en matrimonio. - Bromeó Alberto.

Entre bromas y risas, Alberto y Alysa bajaron al salón donde Diego y Marcos le esperaban junto a Ronald Red. Alberto se había mojado el pelo tal y como Alysa le había recomendado y tanto Diego como Marcos y Ronald se dieron cuenta de aquel detalle, pero fue Ronald el que habló y lo hizo patente:
     -  Ahora entiendo por qué han tardado tanto, ya casi me olvido de lo que supone estar enamorado y vivir en la misma casa.
     -  Es difícil resistirse a Sofía. - Le respondió Alberto. - Ronald, te presento a mi prometida, Sofía López.
     -  Encantado de conocerla, señorita López. - La saludó Ronald. - Eres la princesa que necesitaba este castillo.
Alysa le estrechó la mano al mismo tiempo que forzaba una sonrisa en sus labios, pero oír aquella palabra pronunciada de aquella manera le trajo a su memoria la voz del tipo que disparó y mató a su amiga Eva cuando la confundió con ella. La llamó princesita y dijo que se reuniría con sus padres. No podía estar cien por cien segura de que Ronald Red era el mismo hombre que mató a Eva, pero su voz se parecía mucho y ella no creía en las casualidades.
     -  Por favor, llámame Sofía. - Saludó Alysa amablemente.

Alysa estaba agarrada al brazo de Alberto, quien notó la tensión de ella al saludar a Ronald y supo que a Alysa tampoco le gustaba aquel tipo.
     -  En realidad, solo he venido a haceros una visita fugaz para invitaros a la fiesta anual benéfica que organizo todos los años en mi casa. - Les invitó Ronald.
     -  Nosotros no sabemos si podremos acudir, estamos con los preparativos de la boda y queríamos hacer un pequeño viaje por la región... - Empezó a decir Alberto hasta que Alysa le interrumpió.
     -  Cariño, podríamos retrasar el viaje un par de días e ir a la fiesta del señor Red. - Le propuso Alysa a Alberto dejándolo desconcertado.
     -  ¿Estás segura? - Le preguntó Alberto. Alysa asintió con la cabeza y Alberto añadió: - De acuerdo, asistiremos a tu fiesta Ronald.
     -  Perfecto, será dentro de dos semanas, concretamente dentro de dos sábados a las ocho de la tarde en mi casa. - Les dijo Ronald. - Os espero a todos, no me falléis.
Ronald Red se despidió y Diego le acompañó a la puerta haciendo del perfecto anfitrión. En cuanto Ronald salió por la puerta, Alberto le preguntó a Alysa:
     -  ¿Por qué quieres ir a esa estúpida fiesta? Eso tío te gusta tan poco como a mí y el dinero que recaudan en esas fiestas son para el gobierno, para que puedan continuar pagando todas las atrocidades que hacen. ¿Quieres colaborar con eso?
     -  No tengo ninguna manera de demostrarlo, pero estoy prácticamente segura de que Ronald Red estuvo en casa de mis padres el día que los mataron y que fue él quién mató a Eva creyendo que era yo. - Le dijo Alysa con la voz fría. - La mató y le gritó a alguien que había enviado a la princesita de los de la Vega junto a sus padres. No pude verle la cara, pero reconocería esa voz entre millones de voces.
     -  ¿Crees que él...? - Alberto no pudo acabar la pregunta.
     -  Creo que sí, pero quiero confirmarlo antes de hacer cualquier cosa, por eso creo que deberíamos ir a esa fiesta. - Le respondió Alysa. - Sé que no te apetece en absoluto, pero no puedo ir sin ti.
     -  Iremos a esa maldita fiesta. - Sentenció Alberto nada contento con la idea. - Pero no te separarás de mí, no me fío de ninguno de los asistentes a esa fiesta.
     -  ¿Qué está pasando aquí? - Preguntó Diego cuando regresó al salón y vio a su hijo con cara de pocos amigos. - ¿Va todo bien?
     -  Sí, solo le estaba diciendo a Alysa que iremos a la fiesta de Ronald pero no dejaré que se separe de mí más de un metro. - Repitió Alberto.
     -  Diego, creo que Ronald Red estaba en mi casa cuando mataron a mis padres y que fue él quien mató a Eva creyendo que era yo. - Le confesó Alysa.
     -  Alysa, estamos juntos en esto. - Le recordó Diego. - Si quieres ir a la fiesta de Ronald Red no me opondré, pero Alberto tiene razón, deberéis permanecer juntos en todo momento.
     -  Prometo que no me separaré de Alberto en ningún momento, solo quiero conocer su ambiente, su casa, sus amigos y el personal del servicio. - Les prometió Alysa. - Por cierto, necesito ir a Termes para comprar un vestido de etiqueta, aquí no tengo ninguno.
     -  Voy contigo, se supone que si estamos prometidos tenemos que dejarnos ver juntos en público y salir de compras por el centro de Termes hará que todos los vecinos nos vean. - Sentenció Alberto. - Coge una chaqueta, nos vamos.

A Alysa le sorprendió el ofrecimiento de Alberto, sabía que detestaba ir de compras y se negó a acompañarla días después de su llegada, pero sonrió para sus adentros al pensar que podría pasar un rato con Alberto fuera de aquella villa. Marcos estuvo encantado de acompañarla la anterior vez y desde ese día se hicieron buenos amigos. Alberto sentía un poco de celos de su primo por su relación con Alysa, pues ellos parecían conocerse y ser amigos de toda la vida mientras que su relación con ella era un poco tensa y siempre tenía que pensar dos veces lo que decía antes de hablar. Pero después de dos meses, había conseguido mantener una relación amistosa y agradable que no estaba dispuesto a que cambiara, así que se adelantó a acompañarla de compras antes de que ella se lo pidiera a Marcos.


3 comentarios:

  1. Una maravillosa entrada salida de esa pluma tan maravillosa que tienes Rakel relatos gracias feliz Navidad

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  2. Amor y emoción,lo que distingue tus historias...ME HA ENCANTADO Rakel,gracias por compartir,besitos miles lindura y que tengáis unas muy felices fiestas...!!!

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  3. Mil gracias Isidro y María. Felices fiestas a vosotros también! Besotes! ;-)
    PD: Me encanta el toque navideño que le habéis dado al blog!

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