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jueves, 19 de noviembre de 2015

Un ninja en la corte del rey Arturo, 5ta parte

Capítulo 5



En el fin del mundo
Al atracar a aquel país, el japonés no pudo dejar de mirar los contrastes con el suyo, una campiña de vegetación espesa con pobladores blancos como la leche e inmensos (cosa que llegó a ver tanto con Morgan, la banda de Mordred y esporádicamente con los piratas vándalos, aunque nunca a tantos de ellos), todos hablando en gaélico. El clima era aún más frío, pero para suerte suya podía controlar la temperatura de su cuerpo, mientras Morgan necesitaba de su gruesa ropa para hacer eso; igualmente le extrañaba la rústica forma de vida de aquellos bien alimentados bárbaros, sus ropas y modales no tenían la elegancia que sí podía apreciar en Japón, donde hasta el más humilde campesino vivía equilibradamente en pulcritud gracias a las enseñanzas sintoístas y budistas de los monjes. Pero era seguro una cosa, no podía dar sus impresiones a Morgan pues se sentiría ofendido, mucho menos ahora que necesitaba de su ayuda.

Fukushu y Morgan estaban viajando a pie, por el viejo camino romano empedrado, con sus bultos a la espalda, a la vez que conversaban de los planes que tenían.

- ¿Vas a decirle a Arturo que eres emisario del emperador japonés y que yo soy tu esclavo?

- Sí

Morgan quedó pensativo.

- ¿No se te pudo ocurrir una peor manera de humillarme?

- ¿O es eso o quieres que te maten?

- Ninjas, con razón nadie los quiere 

Fukushu guardó silencio

- Otra cosa señor embajador, ¿vas a ir a una corte de lujo empapado de sudor, con ese pesado kimono?, ¿qué imagen crees que vas a dar de Japón cuando estés allí, un país donde los nobles caminan porque no tienen caballos, que no se bañan, sus ropas siempre llenas de lodo, etc..?, ¿por qué no escogiste algún equino de las caballerizas de los otros pueblos?

- Porque ninguno valía la pena.

- Oh sí, cómo no señor embajador, le encontraré un caballo sagrado para transportar su celestial presencia.

El ninja aunque molesto con todos esos ridículos comentarios, sabía que el bárbaro tenía razón, necesitaban caballos y pronto, sino la excusa de ser embajador no tendría sentido.

- Esta bien Morgan, tú ganas, vamos a conseguir caballos.

- ¿Sabes de algún lugar donde ir a  buscar uno?

Fukushu era un ninja, pero le era inconcebible robarle a gente inocente, en esto pensaba cuando los rodearon unos salteadores cuyo jefe estaba montado en un hermoso caballo gris de elegante crin y brioso pelaje.

- ¡¡Alto allí!!! Sólo podrán irse cuando nos hayan dado todas las pertenencias - dijo el hombre mientras lo amenazaba con su espada, lo mismo hacían los demás con sus hoces y cuchillas.

Morgan y Fukushu, en lugar de estar asustados, intercambiaron miradas de euforia, sabían lo que tenían en frente. Minutos después, los dos estaban montados en ese caballo, las alforjas de cosas colgando del lomo a ambos lados de la silla de montar de forma equilibrada; Morgan cabalgando como un verdadero maniático mientras que Fukushu, se aferraba como podía a la silla de montar a la vez que estaba sentado incómodo atrás. Habían dejado relegados a sus salteadores, quienes estaban yacían inconscientes en el suelo, víctimas de una breve pero intensa pelea.

- ¡¡Eres el peor jinete que he conocido en mi vida!!!

- ¡¡¡Oye enano!!!! ¡¡¡¡O es eso o nunca llegaremos a Camelot?!!!!!¡¡¡¡Arreeeee!!!!!!

En lo alto de una inmensa y empinada colina, se encontraba una vetusta y elegante fortaleza romana, justo al lado de un precipicio vertical que bajaba hasta el valle por donde pasaba un río sin orillas, entre esos rectos riscos; era la famosa Camelot, que con el pasar de los siglos inspiraría a trovadores y poetas, las más gloriosas piezas de literatura del Medioevo, mas sin embargo, en este momento de la historia sólo era el hogar del rey de Gran Bretaña, Arturo Pendragón. 

Al ver los guardias a Morgan, no tardaron en ponerse amenazadores, sabían que Morgan era un traidor.

- ¿A qué se debe la incomodidad de tu presencia, es que nuevamente intentarás asesinar al rey? - preguntó uno de los atalayas.

Fukushu no pudo evitar darle a su compañero una mirada de incredulidad.

- ¿Tú intentaste eso?

- Bueno, esto, es que ese día estaba borracho

- Morgan, si te descubro haciendo de nuevo, juro que yo mismo te desollaré vivo

El japonés contestó al atalaya lo siguiente

- Soy emisario del emperador del Japón, este hombre ahora es mi esclavo, hará lo que yo quiera.

Después de decir esto, Fukushu lanzó hacia arriba una de sus chacaras, que llego hasta la cima de una de las torres de más de veinte metros de altura. Cuando uno de los guardianes la abrió, vio que contenía varias monedas de oro y plata.

- Es un regalo del pueblo japonés.

- Pasen, avisaremos a la corte de su llegada.

Lograron entrar, siendo escoltados por soldados de infantería con blindaje ligero, hasta el trono de Arturo y Ginebra, en donde estaban rodeados de varios cortesanos de ambos sexos y a la mano derecha del rey estaba el mago Merlín, alto, de elegantes barbas blancas y túnica cuyas telas resplandecientes le recordaban a Fukushu los kimonos de Kijutsu, el mago de la corte japonesa. Pero lo que más llamaba la atención a Fukushu era el propio rey Arturo, que se dió cuenta que le hacía honor a su nombre (uno de los significados de Arturo en gaélico era oso), no sólo le parecía de dos metros y rubio, su corpulencia lo hacía ver como un guerrero temible.

La primera persona en reaccionar a la llegada, irónicamente, fue Elvia, cortesana de Camelot, que fue a dar un abrazo apasionado a Morgan, quien le dio vueltas en el aire cuando la abrazaba; se besaron apasionadamente.

- ¡¡¡ ¿Morgan, mi amor, has regresado?!!!

- ¡¡¡Aléjate de ese traidor, Elvia!!!! - dijo Arturo

Los mismos guardias que escoltaron a Morgan, ahora le apuntaban con sus lanzas.

- Oh noble rey, este esclavo viene conmigo.

- El gaélico que hablas no tiene acento, suena muy bien para ser extranjero - continúo Arturo -, noble emisario, ¿a qué debo el honor de tu venida?

- Antes de hablar, exijo que dejen en paz a Morgan.

- Está bien - el rey hizo un gesto con la mano, lo que hizo que los guardias hicieran a un lado sus lanzas, para tranquilidad de Elvia y Morgan.

- Bien su majestad, vine ante tu noble presencia para pedir tu ayuda, necesito recuperar la espada de mi emperador, robada por un caballero de nombre Mordred.

Lo que dijo causó que en toda la corte, tanto los menos plebeyos como los propios reyes dijeran más de un murmullo, después de lo cual Arturo dijo.

- Eso que me pides no es tan fácil, Mordred se ha hecho aliado del rey anglo sajón, está formando un poderoso ejército cerca del antiguo muro de Adriano, vienen a atacarnos al sur.

- Entonces pido que me permitas unirme a tu ejército.

Arturo lo miró de pies a cabeza, le pareció ver a un niño preadolescente, de rasgos hermosos, finos, con traje elegante de seda, pasos ligeros, cuya complexión podría sucumbir ante el más ligero lanzazo. Hasta el más pequeño de sus hombres podría ser más grande que él.

- Sin ánimos de ofender, pero no tienes aspecto de caballero montado a caballo - dijo Arturo.

- Soy un buen tirador, le pido por favor que ordene me lancen seis manzanas.

Arturo le hizo ademán a su bufón, quien primero hizo malabarismos con manzanas que había traído en un cesto una de sus cortesanas, luego hizo malabarismos con ellas para al momento siguiente tirarlas una por una hacia arriba, siendo penetradas por shurinkens lanzados por Fukushu. La corte se sorprendió.

- Está bien, con una condición, estarás con las tropas auxiliares.

- Me siento honrado - dijo Fukushu haciendo el típico saludo japonés, inclinando su cabeza hacia adelante, con el cuerpo erguido -, igualmente lo voy a honrar con ricos presentes.

Hizo un gesto a Morgan para que bajara las alforjas, entre las de él y Fukushu habían traído joyas, monedas de oro, plata, sedas y algunos objetos de jade, siendo esto último lo que volvió locas a las cortesanas. Una de ellas, en especial, que no se había movido para nada de su posición al lado de Ginebra, miraba con mucha atención y ojos vidriosos al japonés, cosa que él mismo no había notado en absoluto; era de tamaño promedio para su país, rubia, pálida y con ojos azules que recordaba el mar en verano.

- Estamos agradecidos por tus presentes - añadió Arturo -, pero aún hay que aclarar el tema de Morgan.

Arturo se puso a parlamentar un momento con sus allegados, de intercambiando palabras de forma discreta, primero con Ginebra, después con Merlín, al que siguió Lancelot, hasta que todos parecían murmullar a la vez.

- Ya le dije que él vino conmigo, es mi esclavo.

Justo en ese momento terminaron de parlamentar

- Lo sé, igualmente es un hombre muy peligroso. A petición tuya no lo llevaremos a la mazmorra, pero, lo llevaremos a un cuarto cómodo, aumentando la seguridad en torno a él.

A un gesto de Arturo, los guardias se llevaron de modo poco amable a Morgan.

- ¡¡¡¡¿A dónde se lo llevan, por favor rey, tenga piedad?!!! - dijo Elvia entre sollozos

- Te doy mi palabra que él estará bien - respondió Arturo - en cuanto a ti noble emisario, una de mis cortesanas te escoltará a tu habitación.

- ¡¡Yo lo hago!! - respondió la muchacha anteriormente descrita, quien estaba al lado de Ginebra.

- Cinnia, gracias por ser tan voluntariosa con el noble emisario, será un gran honor para ti.
- El honor es mío - dijo Cinnia  - , venga, le mostraré los aposentos.

La hermosa joven guió a Fukushu hacia su habitación, que estaba cerrada con una rústica y gruesa puerta de roble con cerradura grande. Como para parecer servicial le dijo lo siguiente.

- Los baños están abajo en el sótano, es un viejo alcantarillado romano cuya agua la proveen acueductos que se alimentan del curso alto del río y su presión alcanza esta colina.

- Esos romanos debieron ser muy buenos, aquellos acueductos apenas los llegué a ver.

- Es que ellos lo hicieron así porque desde esta fortaleza ellos controlaban todo Gales.

- Debieron ser un imperio poderoso.

La muchacha cayó, no pudo hablar más allá de lo que ya sabía.

- ¿Tan amable eres conmigo? - preguntó el ninja.

- Es que... ejem... tú me pareces una buena persona.

No había escuchado algo así ni de su emperador. Igualmente, sin ser un depravado, le llamó la atención el ser un poco más pequeño que aquella muchacha, que le llevaba tal vez unos cinco centímetros de altura, ya que en su país no estaba acostumbrado a ver mujeres tan grandes, mas ella era demasiado natural con él para que este detalle impidiera la comunicación.

- No eres tan bajo como dicen.

Pero Fukushu no le dio importancia a ese comentario, aunque ella hubiera querido una respuesta.

- Cinnia, gracias por todo, dame las llaves, me voy a descansar, ha sido un viaje muy largo y azaroso

Ella estaba a punto de abrazarlo, pero él la intimidó abruptamente sin quere, al hacer su típico saludo de inclinar la cabeza sin tocar.

- Nos vemos en el banquete de esta noche, el rey lo organizó en tu honor - dijo ella saludando coqueta mente con la mano.

En lo único que pensaba Fukushu era en abrir la puerta y entrar, no tenía tiempo para coquetear con nadie si es lo que ella quería. Tenía una misión muy importante que cumplir, con dos objetivos específicos, por eso quería terminar rápido para regresar a Japón con la espada del emperador y la noticia de la muerte de Mordred. Ya estaba desempacando las cosas en su cama, cuando sintió la presencia de alguien, por lo que echó rápidamente mano a una de sus espadas pequeñas.

 Sin hacer ruido trató de observar quien estaba detrás de él, dando la vuelta y lo que vio era al mago Merlín.

- No vine a pelear contigo, por favor, baja el arma.

Lo hizo con cierta importancia.

- ¿Usted qué hace aquí?

- Disculpa mi terrible falta de ética, es que quería encontrarme en secreto contigo.

- Hable ya

- Sé de dónde eres y a qué viniste

El ninja se sorprendió al escuchar esto, pues sabía que estaba lidiando con un mago.

- Tranquilo, no le diré a nadie, para esta corte no es nada honorable lo que haces en realidad. Vine a decirte que cuentas con mi apoyo para todo lo que necesites, además a advertirte que te enfrentas con fuerzas malignas que jamás te has imaginado.

- ¿A quién se refiere?

- Me refiero a Morgana Le Fay, la madre de Morgan y de Mordred; ella es una poderosa nigromante, medio hermana de Arturo, que tuvo a Mordred de forma incestuosa con él.

- Eso ya me lo había contado Morgan, ¿pero por qué tanto odio?

- En la mesa redonda en donde se sientan Arturo y sus caballeros, hay un asiento prohibido, sólo se puede sentar allí el mejor caballero del mundo, el más puro. Se supone que iba a ser Mordred, Arturo lo reconoció como hijo, heredero y hasta lo nombro caballero; lo que ocurrió después es algo muy triste, la silla echó abajo a Mordred.

- ¿Puede hacer una silla eso?

- Por supuesto, los cálculos astrológicos que usé el día que diseñé la mesa redonda no están equivocados. La cree con el propósito de establecer una armonía en la nueva orden de caballería, estableciendo que el rey nunca esté sobre ellos y viceversa.

- ¿Por qué creó ese asiento peligroso?

- Porque está escrito en los astros, no puedes preguntarle a los dioses el por qué de sus caprichos. Lo malo es que el día que alguien se siente allí, la corte de Arturo llegará a su fin.
Fukushu quedó paralizado con la noticia, aunque trató de no darle importancia.

- Ya sé, los astros, ¿dígame, qué ocurrió con Mordred?

- Mordred fue humillado ese día, no porque la silla lo hiciera caer, sino que por medio de ella todos descubrimos la maldad que había en su corazón, ya que su reacción colérica fue tan evidente, que el propio Arturo decidió posponer indefinidamente su nombramiento como heredero, de allí las ganas de venganza.

- Es bueno saberlo, pero a mí sólo me interesa cumplir mi misión, le guste a Morgana o no.

- Puedes meterte con Mordred, pero a Morgana me la dejas a mí, eres sólo un ninja no un mago.

- Gracias por reconocerlo, si me disculpa tengo que seguir ordenando mis cosas.

- No te interrumpiré más, hasta pronto.

Merlín desapareció por la ventana luego de convertirse en paloma.





2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Una genial entrada llena de aventuras increíbles gracias por compartir saludos cordiales

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