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sábado, 28 de noviembre de 2015

Tú, yo y las estrellas 1.
















Cuando por fin termino de deshacer mis maletas y de ordenar un poco el apartamento, decido sacar a pasear a Thor, mi perro. Es un American Standford y necesita salir a correr y hacer deporte si no quiero que acabe con todo el mobiliario. En cuanto me ve coger la correa, Thor se levanta desperezándose y camina hacia a la puerta moviendo la cola alegremente. Al salir del ascensor en la planta baja del edificio me encuentro a Tomás, el conserje del turno de tarde:
     -  Buenas tardes, señorita Robles. - Me saluda educadamente.
     -  Buenas tardes, Tomás.

Llevo a Thor a un parque cercano de casa y allí lo suelto para que corra mientras le lanzo su pelota para que la vaya a buscar y me la traiga para volver a lanzársela. Es un perro muy bueno, a pesar de estar considerado como una raza peligrosa. Los hombres de este país son más peligrosos y ellos no son obligados a llevar correa y bozal y más de uno lo necesitaría.

Regreso a casa un par de horas después, con el tiempo justo para ducharme y arreglarme antes de que mis padres vengan a recogerme para ir a cenar a casa de mis tíos, a los que no veo desde las pasadas navidades. Tengo ganas de ver a la familia, aunque eso suponga tener que contestar sus incesantes preguntas pero hasta eso he echado de menos desde que con veinte años me fui de Erasmus a Múnich y, hasta el día de hoy, viví allí. Lo que me hizo quedarme en Alemania fue Norbert, un chico al que conocí en la universidad de Múnich y del que me enamoré. Por él he pasado los últimos cuatro años lejos de mi familia,
 lejos de mis amigos y lejos de mi país. Al principio todo era perfecto, pero este último año apenas nos veíamos debido a mi trabajo como relaciones públicas en la multinacional del padre de Norbert, donde él ocupa el cargo de director financiero. Trabajábamos juntos en la misma empresa, aunque en distintos departamentos, pero en una empresa grande los rumores corren aún más y hasta a mí llegó el rumor de que Norbert se estaba acostando con Frida, su secretaria. En lugar de montar en cólera, decidí callar y no decir nada hasta poder confirmar qué había de cierto en el rumor.
Una tarde le seguí y le vi entrar con Frida en un hotel. Me fui directamente al apartamento que compartía con Norbert, recogí todas mis cosas y me mudé a casa de Berta, una de mis pocas amigas en Alemania que nada tenían que ver con Norbert. Berta y yo nos conocimos en la universidad de Múnich hace cinco años y desde entonces nos hicimos inseparables, como uña y carne. Ella me consoló, me animó y me hizo más fuerte. Estuve de baja laboral dos semanas, lo último que me apetecía era encontrarme con Norbert en la oficina, y cuando me sentí más recuperada, regresé para presentar mi dimisión. Norbert no daba crédito a lo que ocurría, no le dije lo que había averiguado, simplemente desaparecí de su casa y de su vida como si nunca hubiera existido.

Han pasado dos meses y Norbert sigue llamándome constantemente, a pesar de que no he contestado ni a una sola de sus llamadas. Cuando presenté la dimisión en la oficina, intentó preguntarme qué me pasaba, pero lo único que le dije fue que se olvidara de que nos conocíamos y me dejara en paz de una vez. No me dio ninguna pena pese a que puso su carita de niño bueno que siempre me derretía, en ese mismo momento me di cuenta que ya no estaba enamorada de él.
     -  Thor, pórtate bien y no destroces nada. - Le digo a mi perro que me mira con cara de pena, aunque estoy segura de que entiende lo que le digo. - Te prometo que cuando regrese te sacaré a pasear.
No me gusta la idea de tener que dejar a Thor solo en casa, se siente tan extraño y desubicado como yo misma lo estoy, pero si lo llevo a casa de mis tíos a mi tía Lola le da algo. Lola es la mujer de mi tío Paco, el hermano de mi padre. Mis tíos no han tenido hijos a pesar de que les hubiera encantado tenerlos, así que mi hermana y yo somos lo más parecido a unas hijas que tienen y nos quieren con locura.
Mis padres llegan puntuales como siempre y yo los saludo nada más entrar en el coche:
     -  Hola papá, hola mamá.
     -  Hola cariño, estás preciosa. - Me dice mi padre dándome un beso en la mejilla.
     -  Manuel, nuestra hija pequeña se ha convertido ya en una mujer y no nos habíamos dado cuenta. - Se lamenta mi madre.
     -  Para mí Eli siempre será mi niña, aunque cumpla sesenta años. - Le contesta mi padre. - Para un padre sus hijas nunca crecen, Rosa.

Llegamos a casa de mis tíos a las ocho y media, pero mi hermana y mi cuñado ya están allí, aunque no veo a mis sobrinos por ninguna parte.
     -  Rocío, Jorge, ¿dónde habéis dejado a esos dos demonios? - Les pregunto a mi hermana y a mi cuñado.
     -  Los hemos dejado en casa de los padres de Jorge, es la primera noche que salimos sin los niños desde que Iker nació y venimos a cenar a casa de los tíos. - Me dice mi hermana poniendo los ojos en blanco. - Tendríamos que habernos ido de cena romántica y después a un hotel.
     -  Lo de la cena romántica no va a poder ser, pero sí podéis ir a un hotel cuando salgáis de aquí. - Les sugiero divertida. - Pero no me hables de sexo, la abstinencia no me está sentando nada bien.
     -  Hermanita, han pasado ya dos meses desde que lo dejaste con el idiota de Norbert, llevas una semana en España y ni siquiera has salido de copas una noche con tus amigas. - Abro la boca para tratar de defenderme pero mi hermana continua hablando: - No intentes ponerme ninguna excusa, me ha llamado Helena y me ha dicho que le estás dando largas para salir con ella y sus amigos. ¿Cuál es el problema?
     -  No hay ningún problema, Rocío. - Le digo quitándole importancia al asunto. - Llevo toda la semana organizando mi nuevo apartamento, limpiándolo y decorándolo. Estoy agotada física y psicológicamente, necesito descansar y no me apetece en absoluto salir de fiesta con los amigos de Helena a los que ni siquiera conozco y, conociéndola a ella, les habrá contado a todos que lo acabo de dejar con mi novio o, peor aún, que le descubrí poniéndome los cuernos.
     -  Es tu amiga, te quiere y se preocupa por ti. - Me recuerda mi hermana.
     -  Vale, capto el mensaje. - Refunfuño. - Mañana la llamaré y quedaré con ella, ¿contenta?
     -  ¡Eliana, ven y saluda a tu tía favorita! - Exclama mi tía Lola abrazándome.
     -  Eres su tía favorita porque eres la única que tiene. - Le dice mi tío Paco con sorna.
     -  Ahora que te tengo aquí tengo que aprovecharme no vaya a ser que te dé por irte a la china o a algún otro sitio más lejos aún. - Me reprocha mi tía.
     -  No puedo prometer que viviré siempre aquí, nunca se sabe las vueltas que da la vida. - Le contesto con una amplia sonrisa. - Pero pienso quedarme una buena temporada, después de recordar lo que supone una mudanza, creo que las evitaré durante un largo tiempo.
     -  Me alegro de que hayas vuelto a casa, Eliana. - Me dice mi tío Paco. - Te echábamos de menos.

Cenamos en familia charlando y bromeando. Por suerte para mí, nadie vuelve a mencionar a Norbert, la única que se atreve a hacerlo es mi hermana y solo cuando estamos a solas. Ya di las explicaciones pertinentes el mismo día que regresé a España, hace ya una semana, y les dejé muy claro que no quería volver a hablar más del tema.
Después de cenar, mi hermana y Jorge, siguiendo mi consejo, deciden marcharse temprano y así poder disfrutar de una noche en pareja sin niños y sin familia. Pero en el último momento mi cuñado se compadece de mí y me dice:
     -  Eli, te acercamos a casa y así tus padres no tendrán que desviarse, nosotros tenemos que pasar por tu calle de todas formas.
     -  Gracias, estoy agotada. - Me despido de mis padres y mis tíos y cuando paso por delante de mi cuñado le susurro: - Te debo una, cuñado.
     -  Estamos en paz, tú me has conseguido una noche a solas con mi mujer. - Me responde divertido.
Jorge y Rocío me llevan hasta la puerta de mi edificio y esperan a que entre para marcharse. Nada más entrar en la portería, me topo con Jaime, el guarda de seguridad nocturno del edificio.
     -  Buenas noches, señorita Robles. - Me saluda dedicándome una sonrisa.
Lo malo de vivir en un edificio propiedad de mi familia es que todo el mundo me conoce y, en consecuencia, te tratan de señorita.
     -  Buenas noches, Jaime - Le respondo educadamente. - Pero llámame Eliana o Eli, por favor.
Jaime asiente encantado y me dice divertido:
     -  Entonces, buenas noches, Eli.

Subo a casa, me pongo un pantalón corto de deporte y una camiseta y, tal y cómo le he prometido a Thor, lo saco a pasear al mismo parque dónde lo he llevado esta tarde y decido hacer un poco de ejercicio con él, pues desde que regresé no he salido a correr ni me he apuntado a ningún gimnasio, aunque pienso retomar mi rutina.
Estando en el parque con Thor, oímos unos gritos de mujer y Thor sale corriendo hacia donde proceden los gritos.
     -  ¡Thor, no! - Le grito, pero ya es demasiado tarde y salgo corriendo detrás de él.
Cuando llego hasta dónde está Thor, me lo encuentro mordiéndole el pie a un tipo que sujeta con fuerza a una chica por el brazo y la zarandea.
     -  Ayúdame, por favor. - Me suplica la chica con los ojos anegados de lágrimas.
     -  Suéltala. - Le ordeno al tipo que ahora solo se preocupa de Thor. - Te doy tres segundos para que la sueltes y desaparezcas, mi perro no es muy paciente.
Sin tiempo que perder, el tipo, aterrorizado por Thor, suelta a la chica y sale huyendo. Thor sale detrás de él, pero le silvo y Thor regresa a mi lado de inmediato.
     -  ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a la policía o a un médico? - Le pregunto preocupada.
     -  No, gracias. - Me responde con un hilo de voz. - Estoy bien, solo un poco asustada.
     -  Si quieres, puedo acompañarte a tu casa. - Me ofrezco al ver su rostro contrariado.
     -  Esto te va a parecer extraño pero, necesito hablar con alguien sin que me juzgue. - Empieza a decirme la chica entre sollozos. - Creo que si no hablo con alguien estallaré y, aunque eres una completa desconocida, confío en ti más que en mis propias amigas.
     -  Vivo a un par de calles de aquí, si quieres dejamos a Thor en casa y nos vamos a tomar una copa o si lo prefieres podemos quedarnos en mi casa y me cuentas todo lo que ha pasado. - Le propongo. - Eso sí, acabo de mudarme y no tengo nada de bebidas alcohólicas, así que si quieres emborracharte, tendremos que parar a comprar algo de beber. - Por fin logro arrancarle una sonrisa y le digo: - Por cierto, me llamo Eliana, pero casi todo el mundo me llama Eli.
     -  Yo soy Carolina, pero casi todo el mundo me llama Carol. - Me responde más relajada. - Vamos a comprar bebidas, yo invito.

Dicho y hecho. De camino a casa paramos en un pakistaní y compramos una botella de tequila, una bolsa de hielo y un par de limones. Saludo de nuevo a Jaime y subimos a casa en el ascensor. Una vez en casa, la hago pasar al salón y, tras traer un par de copas, un plato, un cuchillo y una cubitera de la cocina, le pido a Carol que prepare unos tequilas con limón mientras me doy una rápida ducha.

4 comentarios:

  1. Me he quedado con curiosidad por saber que necesita contar, espero el siguiente capítulo! Besos

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  2. Una gran entrada salida de esa maravillosa pluma que tienes gracias por compartir Rakel Relatos gracias

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  3. ¡Nueva novela...Padrisimo Rakel...!!! Yo todavía estoy suspirando por la historia de Megan :))) ME ENCANTAN tus novelas ¡Gracias por compartir,besitos linduraaaaa...!!!

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  4. Muchas gracias a todos!!! Espero que os guste esta nueva novela. Un abrazo enorme! ;-)

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