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jueves, 12 de noviembre de 2015

No tientes al diablo 18.
















Cuando vuelvo en sí, me encuentro en la habitación de un hospital, con un gotero puesto y con un dolor de cuerpo como si me hubiera atropellado un camión. Agudizo la vista y empiezo a distinguir las siluetas de mi padre, Dylan y Jeff, que se van haciendo más nítidas conforme pasan los segundos. Detengo mi mirada en Jeff, que está recostado en un sillón frente a mi cama. Tiene buena cara, aunque parece un poco cansado.
     -  ¿Cómo estás, hija? - Me pregunta mi padre con los ojos llenos de preocupación.
     -  Me duele todo el cuerpo, pero estoy bien sabiendo que estoy a salvo. - Miro a Dylan y le pregunto temiéndome lo peor: - ¿Están todos bien?
     -  Vosotros sois los únicos heridos, al resto de guardias les durmieron con cloroformo, incluidos Smith  y Stuart. - Me informa Dylan. - Jeff ya tiene el alta médica, estaba esperando a que te despertaras para despedirse de ti y marcharse. - Abro la boca para protestar pero Dylan no me deja a hablar y añade rápidamente: - Te recuerdo que tu amigo Jeff tiene una orden de busca y captura internacional y se supone que debería arrestarlo, así que puedes darme las gracias si quieres.

Pongo los ojos en blanco y cruzo mi mirada con la de Jeff. Dylan y mi padre salen de la habitación para darnos un poco de intimidad y Jeff se acerca y se sienta a los pies de mi cama.
     -  Tengo que irme, princesa. - Me dice con una trista sonrisa. - Te voy a echar de menos, otra vez.
     -  Aquí siempre tendrás una amiga. - Le contesto. - Yo también te voy a echar de menos.
     -  Tu padre es un buen hombre y te quiere, se ha encarado con Dylan para que me dejara quedarme hasta que tú despertaras, a pesar de que no le caigo nada bien. - Me dice divertido. - Al que no le ha hecho nada de gracia es a tu amigo, creo que hasta mis hombres le tendrían miedo. - Bromea mientras yo estallo en carcajadas. - ¿Estás con él?
     -  No, él no es de los que están con nadie. - Le respondo.
     -  Cuéntamelo todo. - Me anima.
     -  No creo que sea buena idea hablar contigo de esto. - Opino.
     -  Vamos, creía que habías dicho que aquí siempre iba a tener una amiga.
     -  No hay nada que contar, nos hemos acostado juntos un par de veces y ya. - Le resumo. - Él no es de los que se casan, ni siquiera se acuesta con la misma chica dos veces, no las lleva a cenar ni a su casa, para eso alquila una habitación en un hotel de la ciudad.
     -  Si eso que dices es cierto, entonces debe estar loco por ti. - Me dice sonriendo. - Por lo que me has dicho, te has acostado un par de veces con él, te ha llevado a su casa, te ha escondido de Colorado poniendo en riesgo su vida y, por si fuera poco, se ha pasado toda la noche en la sala de espera, esperando poder verte.
     -  ¿Sigue ahí? - Pregunto sorprendida.
     -  Cuando tu padre y Dylan han discutido él se ha puesto de parte de Dylan y cuando ha accedido a dejarme marchar cuando te despertaras se ha marchado hecho una furia. - Me dice divertido. - Ese tipo está loco por ti, te lo aseguro.
     -  Será mejor que te largues antes de que Dylan cambie de opinión.
     -  Me voy ya. - Me dice besándome en la frente. - Seguiré cuidando de ti, estés donde estés.

Nada más marcharse Jeff, mi padre vuelve a entrar en la habitación con Matías, que tras hacerme una última revisión, decide darme el alta para esta misma tarde, eso sí, prometiéndole que voy a hacer reposo absoluto. Poco a poco, todos van entrando a visitarme, todos excepto Ángel. También han entrado a saludarme Paula y Adrián, incluso Andrés y Gloria, los padres de Ángel, también han venido a visitarme, aunque es algo normal ya que estoy en su clínica y ambos trabajan aquí.
Cuando Álvaro y Judith se quedan un rato conmigo mientras Matías y mi padre arreglan el papeleo con Dylan, trato de preguntarles por Ángel pero no me atrevo y menos aún cuando ellos están tratando de evitar el tema. ¿Les habrá contado algo Ángel? ¿Será su manera de darme a entender que entre nosotros no hay ni puede haber nada? Agotada y vencida por los acontecimientos, cuando llego a casa me meto en la cama y me quedo dormida. Mi padre quería que me quedara en su casa, pero Judith ha insistido en que ella se ocuparía de mí, ya que le habían dado un par de días libres en el trabajo.

Cuando me despierto, miro el reloj y me sorprendo al ver que he estado durmiendo quince horas seguidas. Desde luego, me hacía falta descansar. No me molesto en peinarme ni vestirme, ni siquiera me lavo la cara, y salgo de mi habitación en busca de Judith. En el salón, me encuentro a Judith con mi padre y Álvaro. La parejita se pasa todo el día juntos y, aunque me alegro por ellos, a veces me desespera ver tanto beso y abrazo en tan poco espacio de tiempo. Parecen dos osos amorosos.
     -  ¡Por fin te has despertado! - Exclama Judith divertida. - Mi mejor amiga se ha convertido en una marmota que no hace otra cosa que dormir.
     -  ¿Cómo te encuentras, hija? - Me pregunta mi padre.
     -  Bien, supongo. - Respondo encogiéndome de hombros.

Todo lo bien que se puede estar teniendo en cuenta que han intentado matarme, me han disparado y la persona de la que me he enamorado no aparece por ninguna parte, me hubiera gustado contestar. Mi pobre padre no tiene la culpa de nada, la única culpable soy yo.
     -  Voy a llamar a Matías para avisarle de que ya te has despertado. - Me informa mi padre. - Nos dijo que le avisáramos para que viniera a echarte un vistazo. Ese chico está demostrando todo lo que vale y está teniendo mucha dedicación y paciencia contigo.
     -  Eso es gracias a Álvaro, son amigos. - Le quito importancia al asunto, solo me faltaba que mi padre se pusiera a hacer de cupido con el doctor. - Voy a darme una ducha, os veo ahora.

Media hora más tarde, cuando regreso de nuevo al salón, ya duchada, peinada y vestida con ropa de calle y no con el pijama, Matías ya está en casa y me sonríe nada más verme.
     -  Tienes buen aspecto. - Me saluda Matías sin dejar de sonreír. - Vamos a echarle un vistazo a ese brazo, ¿has tenido fiebre esta noche?
Me encojo de hombros a modo de respuesta y Judith le contesta:
     -  Le he tomado la temperatura cada dos horas como dijiste y no ha pasado de los 37ºC.
Matías, Judith y mi padre empiezan a contrastar datos, a hablar de cómo tengo que curar la herida y que si la fiebre sube debo ir a urgencias. Aprovecho que los tres están concentrados con la conversación para preguntarle a Álvaro en voz baja para que solo él me escuche:
     -  ¿Dónde está Ángel? Necesito hablar con él.
     -  En estos momentos debe estar subido en un avión camino de Oslo. - Me contesta con tristeza y al ver que frunzo el ceño me aclara: - Uno de nuestros clientes ha tenido un problema y Ángel ha ido a solucionarlo pero no creo que esté más de una semana fuera.

Se ha ido. Se ha ido para no tener que verme. Se ha ido para dejarme claro que entre él y yo no hay absolutamente nada. Se supone que yo ya sabía que eso iba a pasar, pero aún así me duele. ¿Cómo he sido tan idiota como para pensar que quizás conmigo fuese diferente? Lo dejó claro desde el primer momento, solo se trataba de sexo, nada más. Y yo estaba de acuerdo. De hecho, fui yo la que insistió en eso. ¿Por qué he sido tan idiota? Solo a mí se me ocurre enamorarme de alguien como Ángel.
Tras otro largo día de visitas, Judith y yo nos quedamos a solas en casa cuando el sol se va. Mi padre me ha pedido que llame a mi madre esta noche sin falta, le ha contado lo que ha pasado y le ha dicho que como no la llamara se cogía un avión y se plantaba en Barcelona. A penas he hablado con ella desde que me he mudado a Barcelona y eso me hace sentirme una mala hija. Mi madre y yo nunca habíamos estado tan distanciadas, y no me refiero a los kilómetros que nos separan. La echo de menos. Echo de menos sus locuras, sus excentricidades y, sobretodo, echo de menos que me abrace y me diga que todo va a salir bien cuando me siento hundida.

Entonces decido tomarme unos días de vacaciones para ir a ver a mi madre e intentar olvidar todo esto antes de que empiece mi nueva rutina. Así también tendré tiempo de olvidarme de Ángel. Le explico mi plan a Judith, pero ella no muestra ni una pizca de entusiasmo:
     -  ¿A Londres? ¿Qué se te ha perdido allí?
     -  Para empezar, mi madre y mis abuelos. - Le contesto molesta por su falta de apoyo. - Necesito salir de aquí o me volveré loca.
     -  Colorado está muerto, aquí estás segura.
     -  No se trata de Colorado Jud.
     -  Por favor, no me digas que esto tiene que ver con Jeff porque soy capaz de matarte. - Me suplica.
     -  ¿Con Jeff? ¿Qué pasa con Jeff? - Le pregunto sin entender.
     -  Además de querer ver a tu familia, ¿qué más quieres hacer en Londres? - Me increpa. - Y no me mientas que ya sabes que a ti se te da muy mal mentir y a mí muy bien saber si mientes.

Suspiro profundamente y, armándome de valor, confieso:
     -  Creo que me he enamorado de Ángel. - Judith abre la boca alucinada pero, antes de que pueda decir nada, continuo hablando: - Lo sé, soy idiota. Solo yo puedo enamorarme de un tipo que solo le interesa el sexo con las mujeres, que nunca repite con la misma, que nunca se ha comprometido ni se comprometerá con nadie. Solo quiero pasar unos días en Londres, ver a mi familia y olvidarme de Ángel, aunque solo sea por un rato.
     -  No lo entiendo, Meg. - Me confiesa Judith. - Tú padre se encaró con Dylan para que Jeff estuviera ahí cuando te despertases, dio a entender que estabais juntos y que lo aceptaba.
     -  ¿Qué? - Pregunto riendo. - No estoy con Jeff y, si así fuera, mi padre nunca lo aceptaría. - Le aclaro entre risas. - Mi padre sabe que Jeff sigue siendo muy importante para mí, es mi ex novio pero también es un buen amigo. Me ha salvado la vida, dos veces.
     -  Pues creo que eso no le ha sentado muy bien a Ángel. - Comenta Judith. - Cuando Dylan aceptó que Jeff se quedara y prometió no arrestarle, Ángel se largó furioso y desde entonces no lo he vuelto a ver. Le he preguntado a Álvaro pero lo único que he conseguido averiguar es que ayer estaba muy cansado y estuvo todo el día durmiendo y que hoy se ha ido a Noruega por un asunto de trabajo. - Me mira fijamente a los ojos y me pregunta: - ¿Piensas explicarme que rollo te has estado trayendo con Ángel?

Se lo cuento todo. Necesito desahogarme con alguien y Judith es mi mejor amiga.
     -  ¡No me puedo creer que te lo hayas vuelto a tirar! - Exclama divertida. - ¡Has derretido al hombre de hielo!
     -  Y él ha decidido irse a Noruega a ver si el frío de allí le vuelve a congelar. - Me lamento. Judith se echa a reír pero yo no estoy para bromear. - No te rías, tu mejor amiga tiene graves problemas y tú te descojonas de ella en su cara.
Ambas nos echamos a reír y, cuando conseguimos calmarnos un poco, Judith me dice:
     -  Llama a tu madre, mañana mismo nos vamos a Londres.
     -  ¿Nos vamos? - Le pregunto encantada de la vida.
     -  Sí, nos vamos. - Me contesta divertida. - Necesito ir contigo para asegurarme de que vuelves y me deben varios días libres en el trabajo, no me pondrán ningún problema.
     -  ¡Genial! - Grito alegremente.

La abrazo y llamamos a mi madre, la cual se vuelve loca de alegría cuando le decimos que mañana mismo vamos a Londres para hacerle una visita. Cuando cuelgo a mi madre, llamo a mi padre y le informo de mis planes. A pesar de que insiste en que debería esperar un par de días más antes de viajar, mi padre termina desistiendo y, tras hacerme prometer que lo llamaré todos los días, me desea un feliz viaje.

Mientras yo hablo con mi padre, Judith llama a Álvaro y le explica que se viene conmigo a Londres unos días para visitar a mi madre. Judith está feliz y es gracias a Álvaro.

2 comentarios:

  1. Otro capitulo genial que nos-traes maravilloso y encalador gracias Rakel saludos cordiales

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  2. ¡Padrísimo Rakel..!!! ¡Yo quiero boda.!!! Aajajajajaja....¡Gracias por compartir,besitos linduraaaa...!!!

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