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domingo, 8 de noviembre de 2015

No tientes al diablo 16.
















Durante media hora, me siento en el sofá con Ángel, Smith y Stuart a ver la televisión. Ángel está pendiente de mí y yo finjo no darme cuenta, mirando sin mirar la televisión. Si alguien me hubiera preguntado de qué iba el programa que estaban poniendo en la televisión, no habría sabio qué responderle.
Harta de esperar a que por fin Ángel se decida a hablar, me oigo decir:
     -  Ángel, ¿podemos hablar un momento?

Ángel me escruta con la mirada. Smith y Stuart hacen ademán de levantarse para dejarnos a solas, pero Ángel los detiene haciéndoles un gesto con la mano, se levanta y, tendiéndome la mano, me ayuda a levantarme y me guía hasta su despacho. Es la primera vez que entro en su despacho y lo observo todo, fijándome en todos los detalles. A diferencia del resto de la casa, su despacho dice mucho de él. Está todo ordenado dentro del desorden, lleno de vida.
     -  Siéntate y dime de qué quieres hablar. - Me dice señalándome una de las sillas mientras él se sienta en la silla de al lado.
Me siento dónde me indica y, armándome de valor, logro decir:
     -  Ángel, agradezco todo lo que estás haciendo pero no creo que sea una buena idea. No quiero ponerte en riesgo, no es justo.
     -  Déjame a mí tomar mis propias decisiones, Meg. - Me ruega. - Quiero ayudarte, quiero que estés bien y aquí estás bien, ¿me equivoco?
     -  No, no te equivocas. - Confieso. - Hace diez días que nos conocemos, debería desconfiar de ti y sin embargo me siento segura en tu casa.
     -  Te sientes segura conmigo. - Me corrige. Nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos y finalmente añade: - Debes descansar, mañana por la mañana volverá el doctor y no quiero que cuando vuelva te encuentre más agotada de lo que ya estás.
     -  Y tú, ¿no piensas descansar?
     -  Yo también voy a descansar. - Me dice agotado. - Te acompaño a tu habitación, vamos.

Ángel me acompaña hasta la puerta de mi habitación, donde me da las buenas noches y me besa en la mejilla. Me pongo el short de algodón y la camiseta ajustada de tirantes, que es mi habitual pijama, y me meto en la cama. No puedo dormir, no hago más que dar vueltas en la cama y, tras mirar el reloj y ver que han pasado casi tres horas desde que me metí en la cama y sin poder descansar, decido levantarme e ir al salón, allí al menos podré charlar con Smith. Tal y cómo esperaba, Smith y Stuart están el salón, jugando al póker entre ellos para hacer que el tiempo pase más rápido.
     -  ¿Va todo bien? - Me pregunta Smith preocupado.
     -  Sí, no podía dormir y he pensado que no os importaría que os hiciera compañía durante un rato. - Le respondo dejándome caer en uno de los sofás. - No sé cómo podéis aguantar aquí encerrados todo el día, yo creo que estoy empezando a volverme loca.
     -  ¿Sabes jugar al póker? - Me pregunta Stuart por primera vez.
Asiento con la cabeza y, sin más, me reparte cartas. Dos horas después, les he ganado a ambos todas sus fichas y los tres nos reímos hasta que Ángel aparece en el salón con cara de muy pocos amigos.
     -  ¿Se puede saber qué estáis haciendo? - Pregunta como si hubiéramos cometido el peor de los pecados. Me mira con dureza y me pregunta furioso: - ¿Esta es tu manera de descansar?
     -  Solo estábamos echando una partida a las cartas, la chica necesita relajarse y pensar en otra cosa, no va a descansar nada si no deja de darle vueltas a la cabeza. - Sale en mi defensa Smith.
     -  Te he contratado para que nos protejas, no para que nos distraigas. - Le acusa Ángel. Tiene los ojos plagados de ira e incluso a mí me da miedo. - Vuelve a la cama Megan. - Me ordena antes de volver a encerrarse en su habitación.
     -  Menudo imbécil. - Murmura Smith. - No sé cómo aguantas a ese estirado.
     -  No solo lo aguanto, sino que creo que me he enamorado de él. - Confieso abatida. - ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?
     -  Ese imbécil te adora, a su manera pero te adora. - Me reconforta Smith. - Quizás tengas que tratar de relajarle a él, ya me entiendes.
     -  Lo haría encantada, si se dejara, claro. - Musito provocando las risas de ambos. - Shhht. Si nos escucha reírnos otra vez es capaz de echarnos de su casa.
     -  ¿Tú crees? - Me pregunta Stuart, que empieza a soltarse a hablar.
     -  ¿A caso no has visto sus ojos? - Le pregunto. - Creo que nunca lo había visto así de furioso, y mira que siempre le veo furioso.

Los tres volvemos a reírnos a carcajadas, a un volumen lo suficientemente alto como para que Ángel nos escuche, pero nos es imposible parar de reír. Cuando por fin lo conseguimos, me despido de ellos y camino por el pasillo mientras trato de decidir si llamar o no a la puerta de la habitación de Ángel. Puede que esté demasiado furioso como para que le agrade mi visita, pero aún así decido arriesgarme. Golpeo suavemente la puerta y, escasos segundos después, me abre la puerta con su habitual cara de furia. Decido pasárselo por alto, al fin y al cabo todos estamos nerviosos y alterados.
     -  ¿Qué haces aquí? - Me espeta impasible.
     -  Pasaba por aquí y he pensado en hacerte una visita. - Le respondo con naturalidad, como si no me hubiera enterado de que está furioso. - ¿No me vas a invitar a pasar?
     -  ¿Qué quieres, Megan? - Me pregunta después de resoplar sonoramente.
     -  Para empezar, quiero que cambies esa cara de estar comiendo limones que tienes. - Le reprocho acabando con mi poca paciencia. - Pero me conformo con que me hagas un rato compañía.
     -  ¿A qué se debe ese honor? - Me pregunta con sarcasmo. - ¿A caso no disfrutas de la compañía de tus guardaespaldas en el salón?
     -  Si no fueras tan frívolo pensaría que estás furioso. - Le espeto furiosa. - Me levanté de la cama porque no podía dormir y me senté con ellos al salón a jugar al póker, ¿qué tiene eso de malo?
     -  Dime una cosa, Megan. Si yo no estoy aquí para hacerte compañía, ¿para qué cojones estoy?
Me quedo muda. ¿A qué se está refiriendo? Si Colorado me secuestrara, mi único problema sería estar secuestrada. Mientras esto siga así, voy a tener que pensar en la solución para todos mis problemas, sobretodo para afrontar lo que siento por Ángel. Pero antes de afrontarlo, primero tengo que asimilarlo y aceptarlo. Mis ojos se empiezan a llenar de lágrimas y el rostro de Ángel se descompone.
     -  Perdóname, nena. - Me dice estrechándome contra su cuerpo. - Estoy un poco nervioso y lo estoy pagando contigo. No pasa nada, no me hagas caso.
No digo nada, no puedo dejar de sollozar. Ángel me abraza con más fuerza al mismo tiempo que me hace pasar dentro de su habitación y cierra la puerta. Se sienta a los pies de la cama y me coloca sobre su regazo sin dejar de abrazarme.
     -  Por favor, deja de llorar. - Me suplica. - No me gusta verte así.
     -  Lo siento. - Logro balbucear entre sollozo y sollozo.

Ángel coge mi cara entre sus manos con suavidad y me sonríe con ternura, pero harta de la ternura y la compasión, me lanzo a por lo que de verdad deseo y le beso en los labios apasionadamente, con tanta ímpetu que lo tumbo sobre la cama, echándome literalmente encima de él. Ángel me corresponde y me devuelve el beso con la misma pasión. Nuestras manos empiezan a recorrer nuestros cuerpos libremente, sin que nada las obstaculice. Con un rápido y perfecto movimiento, Ángel me hace dar la vuelta y, sin darme cuenta, soy ya la que está tumbada sobre la cama y él está encima de mí. Me besa dulcemente en los labios y me susurra al oído:
     -  No podemos continuar, pequeña.
     -  ¿Qué? ¿Por qué? - Le pregunto molesta.
Ángel me sonríe divertido y me dice:
     -  Por muchas razones, entre ellas las que más peso tienen son la situación en la que estamos, nuestro acuerdo laboral y, aunque no suene muy caballeroso, no tengo condones.
Me echo a reír a carcajadas, esta vez con más ganas que antes, y Ángel en seguida se une a mi risa.
     -  Si me lo permites, voy a rebatir todas tus razones.
     -  Me olvidaba que eres abogada. - Comenta burlonamente.
     -  Para empezar, yo tengo condones y, aunque no los tuviera, tomo la píldora y, por si además te interesa, estoy completamente sana porque siempre uso preservativo con mis relaciones esporádicas y no tengo una relación estable desde hace años. No sé nada de ti porque no me cuentas nada, pero hay quien sí me cuenta cosas sobre ti y sé que no mantienes relaciones sexuales sin protección, chico listo. - Le digo sonriendo. - Con lo cual, el tema de los condones queda solucionado. Respecto al acuerdo laboral, te recuerdo que oficialmente no empiezo a trabajar hasta hoy lunes a las nueve de la mañana, así que, si son las cuatro de la madrugada, todavía nos quedan cinco horas de legalidad. En cuanto a la situación, creo que a ambos nos vendría bien relajarnos un poco, ¿no crees?
     -  Te gusta tentar al diablo, ¿verdad?
     -  Como ya te he dicho, ÓscarWilde pensaba que la mejor forma de librarse de la tentación es cayendo en ella y yo creo que Óscar Wilde era un tipo muy sabio.

Le miro con picardía, provocándole y tentándole descaradamente y Ángel deja de resistirse y me devora la boca como si en ello le fuera la vida. Sin tiempo que perder, me quita la ropa mientras yo se la quito a él y, cuándo está apunto de penetrarme, le paro y le pregunto burlonamente alzando una ceja:
     -  ¿No se te olvida algo? - Al ver que me mira sin entender, le aclaro. - El preservativo.
     -  Me has dicho que estás sana y que no mantienes relaciones sexuales sin preservativo, sabes que yo estoy sano y que no mantengo relaciones sexuales sin preservativo. Contigo ya me he saltado todas las reglas, ¿cuál es el problema? - Me pregunta divertido para después besarme en los labios y penetrarme de una estocada. - Oh Dios, ¡cómo te he echado de menos!

Escuchar esas palabras de su boca mientras me penetra una y otra vez, hace que me vuelva loca. Si a eso le sumas las caricias y los besos que me propina y el contacto piel con piel, sin preservativo de por medio, la sensación es apoteósica. Nuestros jadeos empiezan a aumentar al mismo tiempo que Ángel empieza a aumentar el ritmo y la fuerza de sus estocadas hasta que por fin llegamos al clímax y Ángel se derrumba sobre mí con la respiración agitada.

4 comentarios:

  1. ¡Ay,Dios pero que calor..!!! Aajajajajaja...¡Ya cayó el ángel o diablo..!!! Aajajajajaja....¡Fabuloso Rakel....!!! Creo que Megan y Ángel han escrito una misiva a la cigüeña... ME ENCANTA la historia ¡Gracias por compartir,que goces de una angelical semana linduraaaaa...!!!

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    Respuestas
    1. Jejejejeje!!! El diablo cae rápido en la tentación!! Gracias a ti, eres un sol, amiga! ;-) Me alegra muchísimo que te guste la historia. Besotes!!

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  2. Una entrada muy intirensante Maravillosa encatadora gracias por compartir

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