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viernes, 6 de noviembre de 2015

No tientes al diablo 15.
















A las cinco de la tarde, por fin aparece Dylan. Lo saludo como siempre, con un par de besos en la mejilla. Después de tanto tiempo y de vivir situaciones tan difíciles con él, nos hemos llegado a hacernos buenos amigos. Mi padre también lo saluda con afecto, al fin y al cabo, se trata del agente que salvó la vida de su única hija y sigue dispuesto a seguir haciéndolo. Dylan también saluda a Smith y Stuart con un afectuoso estrechón de manos y después tiende su mano a Ángel a quien le dice:
     -  Encantado de conocerlo, señor Ferreira.
     -  Lo mismo digo. - Le responde Ángel. - Y, por favor, llámame Ángel.

Pasamos todos al salón, dónde nos sentamos y esperamos que sea Dylan quien empiece a hablar. Ángel se sienta a mi lado y me dedica una tierna sonrisa.
     -  Ya conocéis la situación. - Dice Dylan. - Orlando Colorado se fugó de la prisión de Colombia ayer a las doce en punto de la noche, hora española. Tres horas más tarde, Megan recibía un mensaje con su foto en el móvil. Es obvio que te ha tenido vigilada, es mucha coincidencia que alguien te haya visto, te haya recoocido y le haya enviado esa información a Colorado.
     -  El mensaje lo enviaron desde un número oculto, ¿podemos estar seguros de que era él? - Pregunta Ángel con un tono de voz demasiado serio y profesional que nunca antes le había escuchado. ¿Estaba en realidad tan preocupado?
     -  En el mensaje me llamaba gringa, nadie más me ha llamado nunca gringa. - Contesto mirando al vacío, completamente absorta. - Si me ha tenido vigilada todo esto tiempo, ha podido...
     -  No. - Me interrumpe Ángel furioso. - Eso no va a pasar, ¿de acuerdo?

Mi padre me mira alzando una ceja, consciente del motivo de la reacción de Ángel, pero no dice ni pregunta nada y yo se lo agradezco. Ya tendremos ocasión de hablar de eso en otro momento.
     -  Sabes que podemos hacer que entres en el programa de protección de testigos. - Me sugiere Dylan.
     -  Y también sabes que paso de hacerlo. - Le contesto furiosa. - Si me va a encontrar igualmente, no pienso dejar mi vida.
     -  Lo suponía, por eso hemos creído conveniente que...
     -  ¿Hemos creído? - Le interrumpo. - ¿Desde cuándo no trabajas solo?
     -  Megan, Ángel y yo hemos estado hablando con Dylan y creemos que lo más sensato en este momento es que te ocultes por unos días. - Empieza a decir mi padre. - Sabemos que no quieres dejar tu vida y lo respetamos, pero hasta que todo esto se aclare es lo único que puedes hacer.
     -  ¿Lo único que puedo hacer? ¡Joder, tengo a la puta mafia colombiana poniendo precio a mi cabeza y solo puedo esconderme! - Les espeto furiosa. - Dylan, si algo he aprendido de ti en todo este tiempo es que la mejor defensa es un buen ataque. Si no puedo atacar a Colorado porque no sé dónde está, al menos deja que pueda defenderme atacando cuando venga a por mí.
     -  No, ya hemos hablado de eso. - Me dice con rotundidad Dylan. - Para eso están aquí Smith y Stuart, ellos os protegerán.
     -  ¿Nos protegerán? ¿Crees que pueden proteger a todo el que me rodee? - Protesto. - Sabes tan bien como yo lo que va a pasar, ambos conocemos la manera de actuar de Colorado y, teniendo en cuenta todo lo que he hecho, te aseguro que no va a dejar que me vaya de rositas. - Le miro a los ojos y, desafiante, le digo: - Es un agente especial de la DEA, puedes conseguirme una licencia de armas y una pistola.
     -  Puede que seas mejor con una pistola que la mayoría de mis hombres, pero sabes que no puedo hacerlo, Meg. - Me dice Dylan. - No puedo proporcionarte un arma ni tampoco quiero hacerlo, no quiero que te manches las manos de sangre.
     -  Creo que ya es un poco tarde para eso, ¿no crees? - Le replico y todos enmudecen.

Cuando Jeff, ayudado por Dylan, me rescató de la casa donde Colorado me tenía secuestrada, uno de los hombres de Colorado intentaba violarme y, aprovechando su cercanía, le quité la pistola y le disparé. El tipo cayó sobre mí muerto y noté como su sangre aún caliente recorría todo mi cuerpo. Entré en estado de shock pero por suerte en ese momento llegó Jeff y me sacó de allí. Desde entonces, nunca volví a ser la misma y mi relación con Jeff tampoco volvió a ser la misma jamás.
     -  Tuviste que hacerlo, Meg. - Me reconforta mi padre. - Eras tú o él.
     -  Dylan, ¿sabes algo de Jeff? - Le pregunto.
     -  Nadie ha visto a Jeff desde esta madrugada. - Me responde Dylan.
     -  ¿Crees que...? - No puedo terminar la pregunta.
     -  Si te soy sincero, no lo sé. - Me responde Dylan. - Pero no tiene buena pinta, Meg.
Asiento con la cabeza y me quedo callada. Puede que ya no esté enamorada de Jeff, pero sigo queriéndolo a pesar de que nuestra historia estaba destinada a acabar como la historia de Romeo y Julieta.

El siempre fue bueno conmigo, pero vivíamos en mundos distintos y ninguno estaba dispuesto a cambiar. Nuestro amor acabó, pero se quedó una gran amistad y un enorme cariño, es como uno de esos amores platónicos que sabes que no pueden ser pero que de igual modo lo anhelas. Nunca había vuelto a sentir lo mismo que sentí por él con nadie hasta ahora, que ha aparecido Ángel en mi vida. Un tipo mujeriego, con pánico al compromiso y que nuca trae a ninguna chica a su casa y, sin embargo, aquí me tiene con él. Está claro que está preocupado y me está ayudando mucho pero, a diferencia de Paula y Judith, yo no creo que alguien así cambie de la noche a la mañana y se enamore. Mucho menos iba a tener yo la suerte de ser la afortunada.
     -  Disculpadme pero no me encuentro bien y, si no os importa, me gustaría tumbarme un rato. - Les digo poniéndome en pie a duras penas, totalmente mareada.
     -  Te acompaño, estás pálida. - Me dice Ángel con el ceño fruncido. - Creo que deberíamos llamar al doctor, no tienes buen aspecto.
     -  Un mafioso colombiano que acaba de fugarse de la cárcel quiere matarme, ¿qué aspecto quieres que tenga? - Le replico malhumorada. En el mismo instante que mis palabras salen de mi boca me arrepiento de haberlas dicho. Pero Ángel actúa como si no me hubiera escuchado y me acompaña a mi habitación, me ayuda a meterme en la cama y me sonríe. Me siento fatal por haber sido tan borde después de todo lo que él está haciendo por mí: - Perdóname, soy lo peor.
     -  Todo está bien, nena. - Me susurra y me da un beso en la frente. - Voy a llamar al doctor para que te haga un chequeo, quiero asegurarme de que está bien, ¿de acuerdo? - Asiento con la cabeza, no puedo negarle nada que me pida de esa manera. - Buena chica. Estaré en el salón si necesitas algo.
Vuelve a besarme, esta vez brevemente en los labios, y sale de mi habitación con el mismo rostro de preocupación con el que ha entrado.

No necesito ningún médico, simplemente estoy agotada por no descansar y hecha una manojo de nervios porque alguien quiere matarme pero, por lo demás, sé que estoy bien. Aún así, dos horas más tarde, accedo a que el doctor me ausculte, me tome las constantes y me saque sangre para hacerme un análisis, todo por hacer lo único que Ángel me ha pedido después de todo lo que él está haciendo por mí.
     -  Muestra signos de agotamiento, pero parece estar bien. - Les dice el doctor. - De todas formas, enviaré las muestras de sangre al laboratorio y en cuanto mañana me den los resultados vendré para hacerle otra visita. - El doctor me mira y añade: - Lo único que puedo recetarte por ahora son horas de sueño para que te recuperes. Te recetaré unas pastillas que te ayudarán a dormir si no puedes.

El doctor se despide de todos y se marcha prometiendo regresar mañana por la mañana. Cuando el doctor se marcha, Ángel me obliga a ir a la cocina y cenar un poco mientras mi padre nos observa sonriendo y, finalmente, le dice a Ángel:
     -  Algún día tendrás que explicarme cómo has conseguido amansar a la fiera de mi hija.
     -  ¡Papá! - Le regaño. - ¡Estás hablando de tu hija!
     -  Por eso habla con conocimiento de causa. - Se mofa Dylan. - Smith ha estado refunfuñando porque tenía que proteger a una princesita y, cuando te ha conocido, ha cambiado de opinión.
Todos se echan a reír, incluido Ángel. Los fulmino con la mirada a todos para después decirle a Dylan:
     -  Al final vas a tener razón, no es una buena idea eso de que tenga una pistola.

En ese mismo instante todos dejan de reír y yo le dedico una maliciosa sonrisa que les pone la piel de gallina. Estos no saben lo que es una mujer enfurecida.
     -  Megan, mientras descansabas hemos decidido que por el momento lo mejor es que te quedes unos días aquí, hasta que sepamos a qué atenernos. - Me dice mi padre recobrando la seriedad. - Ángel está dispuesto a tenerte en su casa y Smith y Stuart os protegerán.
     -  ¿Qué? ¿Cómo voy a quedarme aquí? - Les espeto furiosa. - ¿Os habéis vuelto locos? ¿Qué pasa si Colorado me encuentra, porque me va encontrar?
     -  Tengo a diez de mis mejores hombres vigilando el edificio y a dos de los mejores marines que han existido protegiendo el apartamento, nadie puede entrar ni salir sin que nosotros lo sepamos. - Me dice Dylan para tranquilizarme.
     -  Tú mismo has dicho que soy mejor con la pistola que la mayoría de tus hombres, ¿qué clase de garantía nos da eso? - Le reprocho.
     -  Tranquila, no va a pasar nada. - Me dice Ángel sosteniéndome la mirada. - Aquí estarás bien, solo serán unos días.
     -  Estás poniendo tu vida en peligro innecesariamente. - Le digo como si no entendiera la gravedad del asunto. - ¿Es que no te das cuenta?
     -  Si quieres podemos discutir, pero no me vas a hacer cambiar de opinión. - Me suelta tan fresco.
¡Será idiota! ¡No se da cuenta de nada! Si le pasa algo por mi culpa yo... Oh, Dios. ¡La idiota soy yo! ¡Me he enamorado de un mujeriego que nunca se ha acostado dos veces con la misma mujer y que le tiene pánico al compromiso! ¿Se puede ser más idiota que yo?
     -  ¡Megan! - Me grita mi padre zarandeándome del brazo. - Estás empezando a asustarme, ¿qué cojones te pasa?
     -  ¿Qué? - Digo distraida. - Eh, perdona papá, estaba distraída.
     -  ¿Tomaste drogas anoche? - Me pregunta mi padre.
     -  Papá, creo que hacerme esa pregunta delante de un agente de la DEA no es una buena idea. - Le contesto a modo de respuesta.
     -  Por supuesto que no tomó drogas anoche, pero sí bebimos algo más de la cuenta y apenas ha dormido ni comido, necesita descansar. - Sale en mi defensa Ángel.
Por algún extraño motivo, eso hace sonreír a mi padre.
     -  Nos mantendremos en contacto telefónico toda la semana, pero no pueden haber visitas. - Me dice Dylan. - Ángel, si no puedes con ella llámame.

Mi padre y Dylan se despiden de nosotros y se marchan. Smith y Stuart están en el salón montando guardia y yo necesito hablar con Ángel a solas.

2 comentarios:

  1. ¡Fabuloso Rakel..!!! Oye,para mi que Megan está embarazada...¡Apuesto que si...!!!! Ajajajajaja..... ME ENCANTA...¡Gracias por compartir,mi incurable romanticismo te lo agradece

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  2. muy hermoso salido de esa maravillosa pluma. me a encantado gracias por compartir Rakel

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