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lunes, 2 de noviembre de 2015

No tientes al diablo 13.
















Tras despedirme de todos, me subo al coche de Ángel con John y Paula. Por suerte, Paula se sienta en el asiento del copiloto y yo me siento detrás con John, lejos de Ángel que va conduciendo.
John me mira de reojo y, sin que nadie lo note, me estrecha la mano para darme ánimos. Le agradezco el gesto dedicándole una sonrisa. Entre John y yo siempre nos hemos entendido sin tener la necesidad de hablar. Es como si entre nosotros tuviéramos telepatía, sabemos lo que el otro piensa con solo mirarnos.

Suena un mensaje en mi móvil y lo saco del bolso para mirarlo. Es un mensaje con una foto de un número oculto. Abro el archivo y al descargar la foto veo que se trata de una foto mía, concretamente de esta noche, cantando en el karaoke. Leo el texto y empalidezco: "Te he echado de menos, gringa."
     -  ¿Qué te ocurre? ¿Quiés es? - Me pregunta John preocupado al ver mi cara. Como no le contesto, me quita el móvil de las manos para obtener su respuesta y, cuando la obtiene, me espeta furioso: - ¡Maldita sea, Meg! ¿Cómo te ha encontrado?
     -  ¡No lo sé! No le he dicho a nadie que me he mudado a Barcelona, ni siquiera te lo dije a ti. - Le contesto poniéndome a la defensiva. - ¡Joder, esto no me puede estar pasando!
     -  Tienes que llamar a Dylan, explicárselo y que te ponga protección las veinticuatro horas del día. - Me ordena John. - Llama a Judith y dile que no vaya a casa, ahora mismo no es un lugar seguro.
     -  ¿Qué cojones está pasando? - Pregunta Ángel que, al igual que Paula, han oído toda la conversación que John y yo hemos tenido.
     -  Es una larga historia. - Le contesta John. - ¿Podrías dejarnos en mi hotel, por favor?
     -  No, no es una buena idea. - Opino.
     -  Estoy totalmente de acuerdo. - Murmura Ángel. - ¿Qué os parece si vamos a mi casa todos y nos explicáis qué cojones está pasando?
     -  Creo que, en este momento, esa es la mejor opción. - Sentencia John.
Durante el resto del trayecto todos nos mantenemos en silencio, a excepción de Ángel que maldice entre dientes y no consigo entender qué dice exactamente.

Cuando llegamos a casa de Ángel, lo primero que hago es llamar a Dylan. Hace unos años, mientras estudiaba en a universidad, salí con Jeff un tipo que se dedicaba al narcotráfico. Un día, Orlando Colorado, uno de los mafiosos colombianos más temidos, vino con sus hombres a por Jeff por un ajuste de cuentas, con la mala suerte de que en ese momento yo estaba con Jeff y, después de verme envuelta en un tiroteo, acabé siendo secuestrada por Orlando Colorado. Me retuvo tres días en una habitación sin ventanas, amueblada tan solo por un colchón en el suelo y un inodoro semi oculto por un muro de media altura. Después de tres días en esas condiciones, Jeff me rescató y Dylan, un agente de la DEA que andaba detrás de Colorado, lo detuvo y lo arrestó. Después de aquello, Dylan quiso que entrara en un programa de protección de testigos, aunque fue muy sincero y me confesó que entrar en un programa de protección de testigos tan solo retrasaría que me encontraran en el caso de que quisieran buscarme. Así que, tras meditarlo con mis padres, decidí no entrar en el programa de protección de testigos. Desde entonces, Dylan se mantiene en contacto conmigo constantemente y me mantiene informada respecto a Colorado.
     -  Son las cinco de la mañana en Barcelona, ¿qué ocurre para que me llames a estas horas? - Me pregunta Dylan nada más descolgar. Le cuento todo lo que ha ocurrido y me responde: - No quiero que vuelvas a ir a ese karaoke, ni tampoco a tu casa. Saca a tu compañera de piso de allí y, hasta que yo llegue a Barcelona, no quiero que te muevas de donde estás.
     -  No creo que sea una buena idea...
     -  ¡Me importa una mierda lo que tú creas! - Me interrumpe Dylan. - Orlando Colorado se ha escapado de la cárcel hace tres horas, quiero que hagas todo lo que te diga, ¿de acuerdo?
     -  ¿Hace tres horas? ¿Y cuándo pensabas decírmelo? ¿Cuándo ese demente ya me hubiera encontrado y asesinado? - Le espeto furiosa. - ¡Joder, lleva tres horas fuera y ya me ha encontrado! ¿Qué te hace pensar que voy a seguir viva para cuándo tú llegues?
     -  Megan, pásame con tu amigo John. - Me dice Dylan para no empezar a discutir conmigo.
Hago caso de lo que me dice y le entrego el teléfono a John a la vez que le explico poniendo los ojos en blanco:
     -  Prefiere hablar de esto contigo. - Me siento en el sofá y Ángel se sienta a mi lado y me aprieta la mano en señal de apoyo y le digo forzando una sonrisa: - Siento todo esto, te prometo que nos marcharemos en cuanto John cuelgue y no te molestaremos más.
     -  No es ninguna molestia, Meg. Judith se quedará esta noche con Álvaro, aunque me temo que mañana tendrás que explicarles el motivo. Cuando les he dicho que no podían ir a casa de Judith, creo que han malinterpretado mis intenciones, pero no he querido contarles nada de lo que está pasando, básicamente porque no lo sé. - Me responde. - Pero para serte sincero, me gustaría saber exactamente dónde me estoy metiendo. ¿De qué va todo esto?

Ángel y Paula me miran con expectación, Paula deseando saber lo que está ocurriendo y Ángel con gesto bastante preocupado. Les resumo brevemente la historia y ambos se quedan boquiabiertos. Justo cuando termino de hablar, John aparece en el salón y me dice:
     -  Dylan no quiere que te muevas de aquí hasta que él llegue. Tampoco quiere que haya tanta gente aquí, por si la cosa se complica. - Añade mirando a Paula.
     -  John, ¿puedes acompañar a mi hermana a casa? Puedes llevarte uno de los coches, yo me quedaré aquí con Megan. - Le dice Ángel a John.
     -  No te preocupes, yo me encargo. - Responde John.
     -  No, no pienso irme a casa. - Se niega Paula. - Mis padres están fuera de la ciudad y Adrián está doblando turno en el hospital, no pienso quedarme sola en casa.
     -  Si no os parece mal, yo puedo quedarme con Paula esta noche. - Se ofrece John y, al ver el gesto de Ángel, añade rápidamente: - Te doy mi palabra de que no le pondré un dedo encima ni aunque me lo suplique, la trataré como si fuera mi propia hermana.
     -  Paula, ¿te parece bien? - Le pregunta Ángel a su hermana.
     -  Me parece bien que se quede en casa conmigo. - Le contesta Paula molesta. - En cuanto al resto, ambos somos lo suficientemente adultos, maduros y responsables como para tomar nuestras propias decisiones.

Dicho esto, Paula se levanta del sofá, me abraza y me dice antes de salir por la puerta:
     -  Suerte y paciencia, Meg. Vas a necesitarlo para soportar al insoportable de mi hermano.
John se despide de Ángel y de mí y se marcha detrás de Paula, dejándonos a solas a Ángel y a mí.
     -  Tengo una habitación de invitados, puedes dormir allí. - Me propone Ángel. - ¿Quieres algo para beber o comer? ¿Te apetece algo?
     -  ¿Puedes dejarme una camiseta grande? Para dormir, digo.
     -  Claro. - Me responde. - ¿Quieres ir a dormir ya?
     -  No, si no te importa me gustaría quedarme un rato aquí, contigo. - Le respondo sin mirarle, notando como el rubor acude a mis mejillas.
     -  Estás temblando, ¿tienes frío?
     -  No, estoy asustada. - Le confieso. - Ese tipo se ha escapado de la cárcel hace tres horas y ya ha sabido dónde encontrarme. Tengo miedo, Ángel.
     -  Ven aquí, no voy a dejar que nadie te haga daño. - Me susurra al oído al mismo tiempo que me coloca sobre su regazo y me envuelve con sus brazos. Y, para tratar de hacerme sonreír, bromea: - ¿Tan insoportable soy que mi hermana te compadece?
     -  Sí, un poquito. - Le digo sonriendo. - A Paula le gusta John y John también está loco por tu hermana, como habrás podido observar. John es un buen hombre y te aseguro que sus intenciones con tu hermana son de lo más respetuosas, es todo un caballero con las mujeres.
     -  Y, ¿eso lo sabes por experiencia propia?
     -  Ya te dije que entre John y yo nunca ha habido nada, siempre hemos sido amigos, nada más. - Le repito. - ¿Estás celoso?
     -  No tengo ninguna razón para estarlo. - Me contesta con seriedad. - Es tarde, deberías dormir un poco y descansar.

Me lleva en brazos hasta la habitación de invitados y me deposita suavemente en el suelo, a un par de metros de la cama. Desaparece unos instantes y regresa con una camiseta de algodón bastante grande que me entrega para después añadir:
     -  Espero que esto te sirva para dormir. Llámame si necesitas algo. Buenas noches.
     -  Buenas noches, Ángel. - Le respondo con un hilo de voz.
Ángel sale de la habitación cerrando la puerta detrás de sí, dejándome sola en la habitación de invitados tan fría e impersonal que me hace sentir peor de lo que ya me siento.
Olvidándome de todo, decido meterme en la cama y dormir. Puede que mañana cuando me despierte nada de esto haya pasado, puede que solo sea una pesadilla.

4 comentarios:

  1. Una buena entrada Llena de sabiduría y maravillosa gracias por compartir Rakel Gracias

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  2. ¡Ah que ángel tan endemoniado..!!! Ajajaajajaja...¡Celos,celos,celos,los celos lo ponen así..!!! ¡Estupendo mi Rakel,gracias por compartir..!!! ¡Yo quiero boda..!!! :DDD

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    Respuestas
    1. Aixx, si es que los celos son muy malos!! Jejejej!! Besos guapísima! ;-)

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