Lo Último

Novedades en la pestaña Extras, si eres Autor no olvides revisar las Normas con regularidad


Recomendamos utilizar Google Chrome para ver el blog completo

domingo, 15 de noviembre de 2015

EL BAILE DE LAS ALMAS

Era una noche oscura, fría  y silenciosa, donde la melancolía cubría con su manto las callecitas de aquel Buenos Aires...  
El cielo derramaba su nostalgia por la luna que caprichosa se había ocultado quien sabe porque designios misteriosos.
Sin quererlo, Juan llegó al barrio de la Boca, a orillas del Río de la Plata. Se había hundido en sus recuerdos. Ella.
De pronto debió detener con urgencia el auto ya que del capó comenzó escaparse un humo blanco y espeso.
Se bajó y maldijo su suerte mientras buscaba el celular en su bolsillo. Pero encontrarlo sin batería provocó el fin de su paciencia y la muerte del teléfono móvil ya que en segundos estaba volando hacia el río para sumergirse en sus espesas y negras aguas.
Miró a su alrededor y la soledad era absoluta, asfixiante.
Solo la casona de la esquina irradiaba una mortecina luz amarillenta desde la enorme puerta y ventanas. Era un cabaret.
Se dirigió hacia allí con la esperanza de encontrar algún tipo de ayuda.
Cuando estaba a metros de la puerta principal vio salir a la mujer más bella y sensual que había visto en su perra vida.
Ella avanzó a su encuentro con un andar cadencioso y brutal; su figura era voluptuosa; su cabello largo, negro azabache, una blanca palidez en su rostro que recordaba a la luna, los labios pintados con un color rojo furioso, su falda negra y ajustada dejaba expuestas unas larguísimas piernas; una camisa blanca y zapatos negros con tacos completaban su vestuario. Se detuvo a centímetros de Juan y no dejaron de mirarse a los ojos, transcurrieron segundos, horas, años, siglos quizás.
Esa mujer generó en el muchacho un sentimiento profundo, algo que hacía tiempo no le sucedía. Natalia se había marchado y se llevó con ella todo el amor de sus entrañas dejándolo mano a mano con la soledad, la que lo acompañaba y lo miraba todas las noches con sus ojos vacíos, inexpresivos, muertos...

La mujer habló primero.
-Buenas noches, soy Vanesa.-dijo con una voz envolvente y cálida.
-Hola, soy Juan.- respondió secamente para luego quedarse callado, obnubilado por tanta belleza e intimidado tal vez. Solo atinaba a mirarla y sonreirle en forma tonta. Luego de un silencio incómodo dijo:
-Ah…si, necesito ayuda ya que mi auto se descompuso y mi celular terminó en el río.-
-¿Celular?- pregunto asombrada mientras sonreía dejando al descubierto unos dientes blancos, perfectos. Y continuó:
-Quedate tranquilo, acompañame al local que allí encontraremos a alguien que te pueda ayudar.-
Le tomó la mano y caminaron hasta el club nocturno.
Antes de ingresar Juan pudo leer el nombre del lugar en una placa metálica: El avión.
El bullicio adentro era enorme, la cantidad de marineros y personajes de la Ribera congregados contrastaba furiosamente con la calle desierta; el humo del tabaco, el alcohol que corría de lado a lado, los hombres que flirteaban con las prostitutas del lugar, el sonido estridente de la orquesta típica…
Se dejó llevar por la energía de la gente y sin darse cuenta estaba de pronto en medio de la pista de baile con Vanesa que lo miraba fijamente: le estaba ofreciendo su alma para bailar un tango.
Aceptó el convite aunque jamás en su vida lo había bailado.
Sin saber lo que hacía la tomó de la mano y de la cintura al mismo tiempo que el bandoneón comenzaba a gemir y sus lamentos quebraron el aire.
Juan sintió que alguien lo guiaba; los giros, compases, toda la gama de colores que tiene el baile los ejecutó con una maestría inusual.
Vanesa era una eximia bailarina; sus movimientos, sus poses, sus gestos eran perfectos, armoniosos, elegantes. Terminó la pieza y todos comenzaron a aplaudir rabiosamente,algo que agradecieron ambos con una leve inclinación de cabeza.
Pero al levantarla Juan vio que ella ya no estaba. Comenzó a buscarla, desesperado.
Preguntó por ella más nadie sabía donde estaba. 
Vio que por las ventanas comenzaban a entrar los primeros destellos anaranjados del amanecer.
Salió  a la calle para gritar su nombre con todas las fuerzas:
-¡VANESA!-
Desconsolado y resignado caminó hacia el auto y vio con gran asombro que estaba intacto, sin señales de incendio y con las llaves puestas; sintió un gran alivio al mismo tiempo que su cabeza estallaba.
Decidió regresar a su departamento no sin ante mirar hacia aquel lugar.
Pero no estaba, la vieja casona no estaba, solo un terreno baldío en su lugar.
Se bajó del vehículo y se acercó hasta la esquina donde se quedó mirando con la esperanza de conseguir respuestas.
De pronto, de la nada apareció una anciana mal trazada que se le acercó y le preguntó con una voz muy ronca.
-¿Estuviste con Vanesa, no?-
-Si.- le dijo casi gritando.
-¿Sabés dónde está?- le preguntó ansioso.
-Sí que lo sé, ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por el dato?- le dijo mientras volvía a encender un cigarrillo ya encendido.
Vació sus bolsillos en las manos de la mujer.
-Bien. Es fácil, Junín 1.760. Allí la encontrarás.-
Rebosante de felicidad subió al auto y se dirigió al lugar pero cuando estaba por llegar se dio cuenta que la dirección que le había dado la anciana era la del Cementerio de la Recoleta. Se detuvo en una esquina para pensar ya que lo primero que recordó fue leyenda de la Dama de Blanco; la mujer muerta que abandonaba su tumba por las noches para conocer hombres solitarios. También evaluó la posibilidad de haber sido timado.
Decidió caminar las cuadras que lo separaban del lugar, apesadumbrado y confundido pues su mente decía que Vanesa y todo a su alrededor había sido tan solo un sueño pero su corazón quería creer.
Llegó y entró al majestuoso cementerio, bastión cultural de una Buenos Aires afrancesada, antigua, para caminar entre las fastuosas esculturas que adornaban tumbas y bóvedas, en su mayoría de importantes personajes de la historia argentina.
Al doblar en uno de los últimos pasillos se quedó paralizado; aunque estaba de espaldas la reconoció por la camisa blanca, su falda negra y sus piernas exquisitamente largas. La llamó con voz temblorosa:
-Vanesa.-
Ella se dio vuelta y al verlo le regaló la más bella sonrisa que duró una fracción muy pequeña de tiempo; pues desapareció.
Un desesperado Juan gritó con todas sus fuerzas:
-NO, ESPERAME POR FAVOR, NO TE VAYAS, DECIME COMO ENCONTRARTE.-
No hubo respuesta.
Las palomas allí apostadas huyeron despavoridas hacia el cielo azul. El quedó  anclado al piso, preso de una enorme congoja.
De pronto sintió una mano que se posó en su hombro izquierdo y una dulce y angelical voz que le decía:
-Tranquilo Juan.-
Escurrió sus lágrimas y lentamente se incorporó para conocer a la persona que le estaba hablando.
Embriagado casi se embelesó con el rostro de aquella mujer que era tanto o más bello que el de Vanesa.
Se quedó mudo, mirándola y sonriendo otra vez sin mucho sentido.
-Hola, soy Cecilia.- dijo ella.
A lo que respondió como pudo:-Hola…soy…Juan.-
-Si lo sé, mi abuela me lo contó anoche en un sueño. ¿Charlamos?-
- Por favor- respondió entre alegre y confundido.
Comenzaron a caminaron entre las tumbas, recorriendo el emblemático cementerio.
-Bien, quiero que sepas que Vanesa era mi abuela, murió hace algunos años y fue ella la
que me inculcó desde niña el amor por el tango, y ha sido ella la que urdió desde el Cielo esta maravillosa travesura para hacernos coincidir aquí y conocernos.
Anoche, en el sueño la vi bailando con un hombre, en el viejo Avión, lugar donde transcurrió gran parte de su vida hasta que de repente todo se detiene, se me acerca y me dice al oído: “Miralo bien nena, con éste te tenés que encontrar mañana en el cementerio de la Recoleta”. Me guiñó un ojo y me desperté.-
-Juan, ese hombre sos vos.- dijo un tanto emocionada.
Cuando él pudo hablar dijo:
-No puedo creerlo, es verdad Cecilia, anoche bailé con Vanesa en el Avión.- Y le contó la historia.
Rieron un buen rato.
-¡Uy, vamos que es tarde!- dijo ella.
Y sin darle tiempo a nada, lo tomó de la mano y salieron en dirección a la plaza donde se encontraron con un joven que tenía entre sus manos un bandoneón  muy antiguo. Ellos se saludaron con un beso en la mejilla y el muchacho le preguntó a Cecilia:
-¿Es él?-
Ella asintió con la cabeza y una enorme sonrisa.
-Juan, él es Pablo, Pablo, él es Juan.- dijo ella mientras ellos se brindaban un fuerte apretón de manos.
-Bien, ya nos conocemos así que a prepararse que debemos trabajar.- dijo eufórica.
Allí se sacó el tapado negro que llevaba puesto quedando al descubierto su perfecto cuerpo; estaba vestida con una camisa blanca inmaculada, una falda negra, medias de red y zapatos negros con tacos. Con su negra y radiante melena al viento y sus labios pintados de rojo furioso era el vivo retrato de Vanesa. Se lo dijo.
-Muchas gracias Juan, sos muy lindo.- dijo ella mientras lo besaba muy cerca de la boca. Y siguió:
-Tomá, andá hasta aquel baño público, vestite con esto y regresá pronto que tenemos que bailar.- le pidió ansiosa.
-Veremos si es verdad lo que decía mi abuela sobre el Baile de las Almas.- terminó diciendo.
Presto fue, se vistió, se puso el sombrero y regresó.
-¡Estás precioso!- le dijo y esta vez lo besó en la boca. Se miraron felices.
-Vamos.-
Ella miró el lugar y ya el círculo de personas estaba formado aguardando a que comience el espectáculo.
Cecilia se instaló en el centro, saludó con una reverencia y con una simpatía sin igual improvisó un breve monologo que cautivó a todos.
Al finalizar, dejó un sombrero en el piso, se acercó a Juan, lo tomó de la mano y del hombro y fue en ese momento que el bandoneón comenzó a gemir, a llorar su melancolía, sus nostálgicos lamentos llegaban hasta el cielo quizás con la intención de lograr la Lágrima de Dios.
Y entre Cecilia y Juan todo había desaparecido, solo ella, él y los sonidos de aquel mágico instrumento.
El baile de las almas había comenzado.


                                                          F    I      N




2 comentarios:

  1. Una entrada maravillosa llena de mucho sentimiento gracias por compartir saludos cordiales

    ResponderEliminar
  2. Sublime mi Richard y quiero decirte que está entrada ha sido recibida con aplausos donde he llegado,incluso me han pedido comparta más de tus letras ¡Eres un cañonazo..!! La sensibilidad de tu pluma seduce el alma... ¡Un orgullo seas parte de BLOGGER HOUSE...!! ¡Besitos vida y abrazos cargados con mi cariño..!!!

    ResponderEliminar

Comentar es un incentivo para el autor

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail: