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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Dela castaña, el erizo

DE LA CASTAÑA, EL ERIZO


Sin ganas. Así me dejan estas tragedias; por eso llevo una semana sin aparecer en la Red. No por lo obvio, la visita intempestiva de la Muerte, no. Es lo de después lo que me debilita y me quita las ganas. Tanto cacareo y nadie poniendo huevos, así es este corral nuestro. Cada vez que pasa la guadaña, erre que erre el coro de plañideras (¿se dirá plañideros?), a las que el profeta Jeremías llamó lamentatrices. Siempre me avergonzó esa moda horrenda, ya convertida en tradición, de aplaudir al paso de los ataúdes, pero con lo de Internet ya no sé dónde meterme. Me arde la cara. A los diez minutos de una nueva hecatombe (y esta lo es, hay más de cien víctimas) todas las voces se convierten en ecos de otras voces. El reflejo del reflejo del reflejo de una voz que fue original. 

La ninfa Eco habitaba en el monte Helicón, en la Beocia griega. Fue cómplice del adúltero Zeus, pues cada vez que el Padre Olímpico echaba una cana al aire (y ya se estaba quedando calvo), ella entretenía a su esposa Hera con una miríada de chismes. Pero la diosa, que no tenía de tonta ni las intenciones, la descubrió y la castigó a no tener jamás una conversación propia: abriría la boca para repetir lo que otros le dijeran.

Antes de ver el reflejo de su cara por primera vez, Narciso oyó el reflejo de su voz. Eco, enamorada de él, repitió una y otra vez las palabras seductoras que le dirigía el bello sobre los bellos. Narciso, harto de ella -harto de su propia voz- la abandonó. Eco, traspasada de dolor, vagó entre cuevas y barrancos. Y ahora en Internet.

Zeus siguió a lo suyo, que era el fornicio satírico. Así descubrió a una virgen del cortejo de Artemisa, Nea. Como este mito es romano, nombraré a cada quién con propiedad. Júpiter quiso violar a Nea, ninfa consagrada a Diana, la virgen cazadora. Aquí llegamos a un encrucijada (elige tú el camino). Una versión dice que, al resistírsele, Júpiter la castigó transformándola en un erizo de castaña para que, al abrirlo, los hombres vieran una vulva espinosa. La otra nos cuenta que fue Diana quien la salvó al convertirla en castaño. De ahí el nombre latino del árbol: casta-neaPues cuando llega el guirigay, me prefiero Nea, y no Eco.

Te invito a mi blog personal, pero allí no encontrarás nada nuevo esta semana: 

13 comentarios:

  1. Aplaudo tu silencio durante estos días. A mí me han dado ganas de desaparecer y esconderme debajo de la cama, como cuando de niña, ilusa, creía que nadie vendría a buscarme allí.
    Pero ya ves, la noticia es tan astuta como las abuelas y las madres, y el comadreo es tan inherente a nuestra forma de ser que sin él, el ser humano se siente huérfano y busca a su abuela o a su madre antes de que ellas le descubran.
    Gracias por tu magnífica entrada, amigo.
    Y comparto tu luto... por las dos cosas.

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    Respuestas
    1. Gracias, Elisenda. Yo también comparto tus emociones. Sí, debe de ser abandonó, como el de un niño.

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  2. Maravillosa entrada pura Genialidad salida de su maravillosa pluma Gracias José Juan Picos Freire

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  3. Maravillosa entrada mi José Juan,celebro que te hayas dedicado estos días para ti ¡Son necesarios...!! Seguramente darán el preciado néctar de la inspiración ¡Gracias por aún así acordarte de nosotros...!!! ¡Yo feliz te recibo y orgullosa te comparto...!!! ¡Besitos,con ganas...!!! ;)

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  4. Tienes toda la razón, María, hay que hacer un alto de vez en cuando porque el ruido ahoga. Muchas gracias.

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  5. It takes organized thinking and skill to write as you have for the sake of chestnuts! Kisses, Jose Juan!

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Desconocía el origen del vocablo "castaña" y me parece muy curiosa la versión que ofreces. Comparto contigo el horror de la moda reciente de aplaudir ante el paso de un féretro. A veces no sé si algunos aplauden por alegría o por dolor, el caso es que lo hacen como eco de las actuaciones de otros, tal vez porque nos hemos acostumbrado a vivir más como personaje colectivo que como protagonista o antagonista. La diferencia asusta a muchos y prefieren sentirse parte de la masa para no ser señalados con el dedo.¡Pobres cautivos!

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  8. Así lo entiendo yo también. Y además está el ruido, que embota sonidos interiores que nos asustan o angustian. Y el espectáculo, la apariencia de vida que hay en tanto alboroto como montamos. Bendito derecho al silencio y a no expresar siempre una opinión. Gracias, Carmela.

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