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martes, 20 de octubre de 2015

Vida de perro



Otra vez esta extraña sensación. Mis orejas se levantan animadas por la curiosidad, mis ojos se detienen a observar esa magnífica figura cubierta de lana blanca. Todo mi cuerpo se pone en tensión y mi colita se mueve. Veo que se acerca. Hay que mantener la atención, pero...¡cuidado!, esta vez seré más discreto, no sea que se me vuelva a escapar.
Oh, no, tiran de mí y es en la dirección contraria a su venida. ¡Cómo late mi corazón de ansiedad! Creo que me estoy acelerando y es necesario mantener la calma, resistirme. Pero mi dueño insiste, tira una, dos, tres veces y lo hace cada vez más fuerte...Intento mantenerme en el sitio. Me da un golpecito en el costado y de repente algo dentro de mi me empuja a andar. Me doy la vuelta para verla por última vez, pero la voz de mi amo es enérgica. "Vamos" para mí significa siempre lo mismo, que debo seguirle. Me flaquean las patas, me ha dado un bajón de energía y me siento triste, mis orejitas se han quedado flácidas y ando cabizbajo, mientras me alejo de ella. Siento mucha frustación porque jamás consigo estar mucho rato parado frente a mi hembra,  para que me huela lo suficiente, conocernos más y que me preste atención. Me gustaría que jugásemos los dos, correr detrás de los pájaros que se posan en el suelo e intentar cazarlos, pero el humano no me ha quitado nunca la correa y no quiere que esté mucho rato con otros como yo.


¡Qué bien! Hoy me han dado mi comida favorita y me han dejado mucha más cantidad en el plato de la de costumbre. Mi camada se ha levantado muy temprano. Todavía está oscuro. Debe ser uno de esos días en que los tres suelen permanecer en casa y está todo más tranquilo, no han salido todavía por la puerta. Tenía mucha hambre. He salivado mucho y no me podía aguantar, tenía que comérmelo todo. Ahora están muy ocupados, apenas me hacen caso, solo el más bajito, que casi no anda, me toca cuando me acerco a él. Es extraño, hace un momento el hombre me ha quitado el collar y eso que lo llevo siempre puesto. La mujer le levanta la voz, parece que discuten. La hembra no para de mirarme, mientras siguen discutiendo. Esta noche también les he oído hablar más alto de lo normal durante un buen rato. Cuando el macho alfa se aleja, ella se acerca y me lanza una retahila de palabras que no son las habituales y que no entiendo. Se aproxima mucho a mi hocico y me mira a los ojos, acariciándome muy suavemente, mientras yo muevo la cola y le lamo la cara. Observo que le resbalan gotas de agua por las mejillas. Se está dirigiendo a mí con ese tono de cariño que me pone tan alegre...Sin embargo, no estoy tranquilo porque mi dueña parece triste y apesadumbrada. El macho tiene intención de llevarme a pasear pero me resulta extraño que tenga que ser ahora precisamente y no después de su segunda comida. Hoy me parece todo diferente. Creo que vamos a ir los tres juntos. Han cogido ropa y llevan varias maletas. Desde hace unas semanas, el calor aprieta.

Me han subido al coche con ellos, después de cargar el maletero. De momento, todos permanecen en silencio. El bajito duerme atado a su asiento y yo, por mucho que miro y miro a través de la ventanilla, no reconozco el camino. Creo que no vamos a la guarida grande, en el campo. Bueno, yo confío en mis progenitores, seguramente saben lo que hacen. Será otro de sus juegos. Seguro que lo pasaré igual de bien aunque no me llene de tierra, ni me moje en el río... ¡Guau! ¡Guau!...El coche se detiene y la puerta se abre, pero en esta ocasión no me han colocado la correa. Mi dueño me saca en brazos y me deja sobre el cesped. Noto que me pongo muy nervioso y empiezo a ladrar fuerte. Mis ladridos son una llamada de atención. Les estoy preguntando: ¿A dónde me habéis traído? Pero ninguno de los dos humanos adultos ha emitido ningún gruñido comprensible. Me siento confuso...
¡Ups!, ¿Qué ocurre? El macho se ha dado la vuelta muy rápido, metiéndose en el coche, antes de que yo pueda reaccionar y arranca desapareciendo de mi vista. No se me ocurre otra cosa que aullar de pena mientras les veo alejarse. ¡Guaoooooooooooooo! ¡No puedo permitir que se marchen así como así! ¡Voy a echar una carrera a ver si les alcanzo...!

..No sé cuánto tiempo ha transcurrido, solo sé que he recorrido muchos kilómetros llamándoles contínuamente...¡¡Guaooo!! ¡¡Guaooo!!... no se ve a nadie en este lugar. Me siento muy solo y triste. Y profundamente hambriento... ¡¡Guaooo!!... necesito dormir un poco, estoy fatigado...

¡¡Gu! ¡Gu!.... Me acabo de despertar. Me doy cuenta de que no he hecho otra cosa que desandar el camino...¡por fin he conseguido volver a la ciudad!. Pero por mucho que lo intento, no consigo recordar dónde está situada mi casa. Mis cinco sentidos no están trabajando al cien por cien, no consigo orientarme. Llevo dos lunas sin probar bocado, el tiempo que llevo abandonado. Siento un intenso dolor en una de las patas delanteras. No tengo más remedio que cojear. También me siento muy sucio. No ha parado de llover en toda la tarde y estoy empapado. Grrrrr...unos bajitos se acercan hasta mí y me tiran piedras y no dudo en poner pies en polvorosa. Guaaaau...
Cuando les pierdo de vista me detengo porque el dolor de la pata es insufrible. Aun tengo fuerzas para dirigirme hasta un charco del suelo y beber. Los picores se acentúan, debo de haber cogido alguna garrapata. Recuerdo que me ocurrió una vez y mis amos me llevaron con un humano protector muy simpático que me la pudo extraer sin problemas, en esta ocasión deberé soportarlo. Oígo ruídos. De repente mi estómago ha comenzado a segregar bilis, la adrenalina en mi sistema nervioso se incrementa, me pongo en tensión, levanto una pata y me quedo quieto, expectante. Estoy sintiendo miedo... ¡Grrrrrrrrr! ¡Grrrrrrrr!¡atención!... se acerca otro como yo y por sus gestos, me temo que no viene en son de paz...

Me han puesto una inyección calmante. Llevo el muslo vendado y padezco de fuertes dolores. El humano que me ha curado no deja de acariciarme, compadeciéndose de mí y dice cosas agradables para que me tranquilice. Parece de fiar. Después de pasar varios ciclos de sueño en este lugar, donde me han colmado de atenciones, me trasladan a un recinto cerrado por unas vallas, donde hay otros perros. Permanecen todos muy quietecitos y tristes. Al menos, en este refugio me han alimentado, he podido descansar y han cicatrizado mis heridas.

Finalmente, he acabado por acostumbrarme a la compañía de otros, pero echo de menos a mi familia. Han trancurrido muchas lunas, diría yo, aunque sigo sin esperanza de volver a verles. Desde que estoy aquí, algunos humanos suelen venir a visitar al resto de compañeros, a mí también me echan ojeadas, me observan detenidamente, de arriba a abajo. Alguna vez mis protectores me han cogido en su regazo, porque no soy muy grande, para que me puedan acariciar. He observado que hay congéneres que se van de aquí definitivamente. Se los llevan hombres y mujeres en alguna de sus visitas. Ojalá a mí me pasase lo mismo. Pero siempre estoy triste, si bien no he perdido el apetito e intento mostrarme simpático y cariñoso cada vez que alguien viene a verme.

Una hembra joven se ha interesado especialmente por mí. Lleva largo rato hablando con uno de mis protectores. Me mira de vez en cuando de reojo. Tras unos minutos, se abre la puerta, y entra con el progenitor. Me acaricia dulcemente. Parece muy bondadosa. Eso me relaja. Después de un ratito en esta situación, me coge en brazos y me lleva hasta su coche. Los protectores se despiden de ella. Parecen todos muy contentos. Yo también lo estoy, me ha adoptado.

No me importa haberme quedado cojo, porque ya tengo otra camada. Lo primero que hago cuando llego a mi nuevo hogar es orinarme. Pero a esta  hembra no parece importarle. Creo que lo entiende. Me siento confuso porque nada es igual que en la primera vivienda en que estuve. Todo es nuevo, diferente. Así que paso varias horas olfateándolo todo y deambulando por las habitaciones. Por cierto, con nosotros convive otra cosa de cuatro patas, que no es exactamente como yo, es similar a otros especímenes que pude ver en mis paseos, aunque éste no huye de mí. Parece muy mimado y siempre duerme. Es hembra, tiene los colores claros y  mucho pelo. Apenas se inmuta por mi presencia. Yo, por el contrario, intento montarla cada vez que puedo, para demostrar quien manda aquí. ¿Qué se habrá creído, que voy a compartir a mi ama? Después de lo que me ha costado llegar hasta aquí... Aunque reconozco que la paciencia que tiene la nueva dueña conmigo es inmensa, a mí me cuesta adaptarme.

Parece que voy haciendo progresos. Ya no desobedezco las órdenes, no orino ni defeco dentro de la casa y no cometo destrozos. He dejado de ladrar cuando no toca y ya no necesito mostrarme agresivo con el otro ser de cuatro patas. Además, vuelvo a ir periódicamente al veterinario, como antes. ¡Qué alivio haber vuelto a la rutina de las vacunas! Si hasta no hace mucho, aun le mordía a mi ama, definitivamente he aprendido a no hacerlo.

Los paseos no son como antaño. Son mucho mejores. A veces, mi ama se queda hablando mucho rato con otra humana en el parque donde habitualmente doy largos paseos. Eso me ha permitido entablar amistad con una hembra que es como yo y que pertenece a la acompañante de mi progenitora. Por fin podemos perseguir a los pájaros que se posan en el suelo y devolverles la pelotita a nuestras dueñas. Hace poco tuve una experiencia asombrosa. Mi dueña me llevó al lugar donde habita mi compañera de juegos. Estuve dos días en esa casa. Mi protectora no se quedó, pero vino a visitarme todo el tiempo que estuve. Tuve unas sensaciones físicas fuera de lo común, descubrí que no podía contener mis deseos de oler el trasero de mi compañera de juegos. La obsesión por su trasero se convirtió en algo incontrolable, no tardé en montarla, para satisfacción de ambos. A raíz de eso le ha crecido la tripa y ahora no puede jugar a correr. Intuyo que nacerán otros como yo. Tienen suerte de no ser humanos porque nuestras hembras jamás abandonan a sus crías. Nosotros tampoco traicionamos a ningún humano protector. A pesar de no ser tan inteligentes como ellos, tenemos otra forma de amar y de demostrarlo. He llegado a la conclusión de que jamás poseerán nuestra naturaleza.



Si os apetece, podéis entrar en mi blog: Nuevo Viaje a Ítaca 

6 comentarios:

  1. Una entrada genial llena de mucho sentimiento como la vida misma ,hablas de perros pero a veces esos casos les ocurren a las personas gracias Marisa feliz miércoles y gracias por traer esta maravilla salida de tu lindas manos.

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  2. Hola querido Isidro,
    Tienes razón, en las personas hay casos que son verdaderas tragedias.
    En esta historia de abandono de mascotas, he pretendido reflejar una problemática que se está convirtiendo en endémica, aunque el ser humano puede llegar a hacer cosas muchos más crueles aun. Sin embargo pienso que la mayoría nos dejamos guiar por el sentido común, afortunadamente. Quiero creer que quien actúa así forma parte de una minoría.
    Muchas gracias por leerme, amigo. Y por tus siempre cariñosas palabras.
    Besos

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  3. Sublime....¡Que manera tan bella de ponernos en los zapatos de nuestros perritos...!!! Comprender...Y si él pudiera hablarme,qué me diría.... Un texto lleno de sentimiento y reflexión y sabes? Me quedo con tu cierre que es la estocada perfecta para esos corazones glaciales que son tan insensibles ante los animales:
    "nuestras hembras jamás abandonan a sus crías. Nosotros tampoco traicionamos a ningún humano protector. A pesar de no ser tan inteligentes como ellos, tenemos otra forma de amar y de demostrarlo. He llegado a la conclusión de que jamás poseerán nuestra naturaleza..."
    Dicen por ahí que si quieres conocer el alma de un ser humano veas como trata a los animales.... ME HA ENCANTADO Amantisima Marisa ¡Feliz te recibo y orgullosa te comparto..!!! ¡Estupendo.besitos preciosaaaa...!!!

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    Respuestas
    1. Hola querida María,
      Muy contenta por tus palabras de cariño, es verdad que es un texto muy tierno, desde el prisma imaginario de un perro al que se le abandona. Si pudieran hablar...porque a veces, parece que tan solo les falta esa capacidad para entenderse con nosotros.
      Muchas gracias por tu sabio comentario, estoy muy de acuerdo en que el alma humana es reflejo de cómo trata a los seres que consideramos inferiores en la escala natural. Lo dijo el mismo Ghandi: "La grandeza de una nación se mide por la forma en que trata a sus animales".
      Un besito, amiga

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  4. Muy muy especial, para tratar a los animales como se merecen hay que ponerse en su piel y tratar de entenderlos. La pena es que no todo el mundo lo piensa, hay mascotas a las que maltratan por desgracia, estamos en un planeta hecho para toda la naturaleza y la humanidad se ha aprpiado de él como si todo le perteneciese. Cuidemos a los animales, démosles su libertad, incluso a las mascotas, cuidemos las plantas, dejémosles su luz, cuidémonos los unos a los otros porque a quien maltrata hay que cuidarlo y enseñarle que no todo es como le enseñaron a ser. Gracias por esta entrada Marisa, fantástica para reflexionar, feliz dia amiga!

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  5. Marisa, this is a wonderful piece of empathetic work! I cannot imagine life from a dog's eye view as well as you have. You have made many points about the love that dogs have for those who share life with them, and for the responsibility that we, as their keepers, have to treat them kindly and humanely. Great work! Thank you for sharing it.

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