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lunes, 26 de octubre de 2015

Vaya Veranos, Parte 2

¡VAYA VERANOS! II Parte (Cuento)
        Henry el fisioterapeuta que me hacía los ejercicios (era venezolano, lo digo por el nombre) conseguía con sus bromas inocentes que al menos mis labios fingieran una mueca ante el inmenso dolor que me producían sus masajes. Por mi parte le decía: voy a gritar, simulando hacerlo con gestos exagerados para sacarle una sonrisa, ello se convirtió en una chanza cuando el dolor era insoportable.
    
   En la primera consulta mi médico rehabilitador no me transmitió buenas vibraciones, supongo que yo a él tampoco porque suele ser recíproco. En una de las consultas periódicas decidió no mandarme más sesiones con Henry y ahí mantuvimos un pulso, pues mi mano distaba mucho de recuperarse. Entonces cambió e intentó manipularme con las frases consabidas: que con los recortes no podía hacer más, que ocupaba la plaza de otra persona necesitada de rehabilitación... Usó todo los recursos que encontraba para que cambiara de opinión, pero cuando acabó su perorata le dije: “Eso está muy bien pero  ¿cuántas sesiones me manda?

            Él giró la cabeza de un lado a otro y replicó: “No hay manera, sigue en sus trece”. A lo que le contesté afirmativamente con la cabeza. Se me quedó mirando unos instantes, callado, observando mis reacciones. Al final respondió: “De acuerdo, vaya otro mes más y después vuelva a consulta”.

            Volví a rehabilitación y los días fueron pasando con dolores tan fuertes que los calmantes apenas surtían efecto pero la mano muy poco a poco iba mejorando. Cuando pude abrocharme la ropa fue un notición y una alegría inmensa, por fin “la mano tonta” ya servía para algo. Mi ánimo cambió y el sufrimiento lo dí por bien empleado notando el avance que experimentaba.

            Cuando volví de nuevo a la consulta apenas articulé palabra salvo para contestar a las preguntas del doctor y cuál no sería mi sorpresa cuando me dijo que seguiría otro mes. No daba crédito al cambio experimentado.

            Continuaba con la rutina de la rehabilitación y los días que me quedaban libres me reunía con mis amigas para comer y hacer los recaditos por el centro de la ciudad. Entre bromas y veras las charlas con ellas eran un alivio para mi mente y un desahogo para el alma.

            Uno de esos días, mientras hacía mis ejercicios, sonó el móvil: la voz de Chari transmitió inquietud y dolor, me asusté algo pasaba: decía que la había atropellado un coche y que se había roto un brazo, el derecho también. Me tranquilicé al saber que ya estaba en casa y sobre todo cuando haciendo gala de su buen humor me dijo que ahora éramos dos las “mancas del Postiguet”. Solté una carcajada y  le prometí que después de salir del hospital me acercaría a verla.

            Mi rehabilitación estaba llegando a término; faltaban dos días para la consulta y presentía que me iba a dar el alta definitiva pero lo que no sospechaba era que después del reconocimiento intentara ligar conmigo. Mi reacción debió ser tan expresiva que sonrió abiertamente, alargando la conversación para retenerme unos minutos. Con el alta en mi poder hice el gesto de despedirme pero él me volvió a citar para dentro de seis meses. No daba crédito a lo sucedido, pero a pesar de todo pedí a su enfermera una nueva cita para la fecha recomendada.

            ¡Cómo ha pasado el tiempo! Ya está finalizando otro verano, Chari se recuperó  y yo todavía estoy con los ejercicios en casa pero afortunadamente los progresos son evidentes y “las mancas del Postiguet” pronto pasará a ser un recuerdo  de dos estíos aciagos que siempre nos harán exclamar: ¡vaya veranos!
                                                                           Septiembre de 2014

2 comentarios:

  1. Una gran entrada sobre el verano llena de contenido un gran cuento gracias Toñi rv

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  2. Lo más bello y rescatable es el buen humor con que has tomado las cosas..¡Un verano inolvidable en muchos sentidos y un exquisito relato...!!! ¡Gracias por compartir..!!! ¡Besitos preciosa..!!!

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