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martes, 6 de octubre de 2015

Un ninja en la corte del rey Arturo (3ra parte)

Capítulo 3


Desastre en el  Índico

Días después, el junco imperial que llevaba a Fukushu y a Morgan, navegaba del mar de Japón, hasta el océano Índico, habiendo dado alcance a una nave, que a lo lejos, era un barco japonés.

- ¿Por qué miras ese barco con tanta atención? - pregunta Morgan

- Es que en ese barco puede estar Mordred.

- ¿Estás seguro?, oye.... me dejaste con las palabras en la boca!!!

Sin dar más explicaciones, Fukushu subió por la red de cuerdas de el mayor de los mástiles, con agilidad de araña, hasta quedar junto con el vigía. Observó detenidamente y dijo.

- ¡¡¡Son los bárbaros!!, capitán, ordene a su tripulación que ponga rumbo hacia ese junco

- ¡¡¡Ya lo escucharon, manos a la obra, banzaiiiiiii!!!!!!!! - dijo el capitán.

La nave imperial en donde estaban Fukushu y su prisionero Morgan, le estaba dando alcance al escuálido barco de Mordred, quien con su vista de halcón, los divisó a la distancia.

- Es ese patético ninja y el traidor de mi hermano - expresó Mordred.

Un caballero que estaba al lado de él preguntó

- ¿Eres capaz de verlos?

- Bah, eso no importa, ¡¡ y ustedes, no se queden allí parados, preparen las catapultas!!!

En el otro barco

- Señor, ¿doy la orden de disparar? - preguntó el capitán a Fukushu

- No, los que están allí son marineros indefensos tomados en contra de su voluntad.

Se divisaron bolas de fuego que eran disparadas desde el junco de Mordred, municiones artesanales que habían sido rociadas con sustancias inflamables, entre ellas algunas rocas de cierto peso, que hicieron algunos agujeros en las velas del junco de Fukushu. Los marineros estaban poniendo su mejor empeño en apagar el fuego con el agua que tenían a bordo, al mismo tiempo que Morgan hablaba con Fukushu.

- ¿No decías que eran simples marinos mercantes? - se quejó Morgan

- Yo aún no entiendo de donde Mordred sacó esas catapultas, ¡capitán Akira, haga maniobras evasivas, debemos abordar ese junco ya!!

- Será un placer capitán Fukushu.

Y el hábil capitán realizó unas zigzagueantes maniobras evasivas, que junto a un viento favorable, evitaron las municiones arrojadizas, lo que comenzó a desesperar a los hombres de Mordred.

- ¡¡Señor, nos van a abordar, estamos perdidos!!!

- Claro que no, observa!!!

Mordred alzó la espada Ryu hacia el cielo, haciendo aparecer un relámpago que hizo contacto con la hoja de ella;  se formaron de inmediato nubarrones oscuros, seguidos por ráfagas de intensa lluvia junto con tormentas eléctricas, el monzón se desató con toda su fuerza.

- Monzón, monzón - repetía el marinero que estaba en el mástil del junco imperial, monzón!!!

- No puede ser, mi hermano acaba de crear una tormenta.

- Es la espada Ryu, ha aprendido a usar buena parte de su poder - respondió Fukushu.

Mientras en el junco imperial la tripulación luchaba tenazmente para mantenerla a flote, el de Mordred ahora tenía los vientos favorables, alejándose impulsado por las inmensas olas.

- ¡¡Sigan trabajando, que el monzón nos está hundiendo!!! - gritó desesperado el capitán Akira.

Tanto Fukushu y Morgan estaban evacuando el agua con cubetas de madera, como el resto de la tripulación.

- ¡¡Pero qué mal, esto no puede ser!!!

- No te quejes tanto Morgan, sigue sacando el agua que nos vamos a pique - dijo Fukushu

- ¡¡Es que, yo no sé nadar!!!!

Al oír esto, Fukushu puso una expresión de sorpresa, pero no pudo decir más nada, porque en ese momento, una gigantesca ola golpeó al junco, luego de lo cual no recordaron que pasó luego.

Poco después, Morgan sentía los labios carnosos de su amada Elvia.

- Oh Elvia, sabía que me despertarías de mi pesadilla.

- Despierta ya!!!

Fukushu había dado un fuerte golpe al pecho del caballero, quien escupió el agua salada que se tragó, aunque despertó con bastante indignación.

- ¡¡¿Fuiste tú, el que me besó?!!

- Yo no te besé, te estaba dando respiración de boca a boca, casi estabas a punto de ahogarte. Antes de eso te llevé nadando a la orilla de esta playa.

- Hubiera preferido morir en mi sueño con Elvia, ¿me escuchaste?

Pero Fukushu no le hacía el menor caso, estaba tratando de buscar lo que quedaba de sus pertenencias.

- ¿Me odias tanto que no me quieres hablar?

- Bárbaro, no tengo nada en contra de ti, lo que pasa es que no pareces tener deseos de ayudarme.

- Bárbaro, bárbaro, me han dicho así desde que llegue a Japón, métete esto en tu mente, no soy un bárbaro, soy un caballero de la nobleza, la flor y nata de mi país.

- No hay tiempo para discutir prejuicios culturales, ven y ayúdame a buscar nuestras pertenencias y los regalos para la corte de Arturo de los que seguro no queda casi nada.

- ¿Vas a honrar a ese bastardo?

- Bastardo o no, es el soberano de tu país, el único que nos puede ayudar a vengarte de tu hermano y a encontrar la espada.

- Casi conseguimos atrapar a Mordred.

- Eso no me lo esperaba - contestó Fukushu.

- Por cierto, ¿sabes dónde estamos?

Fukushu suspiró animadamente y dijo.

- El olor de especias se siente a kilómetros a la redonda, estamos en la India.

- ¿India?, ¿has venido aquí?

- Nunca, pero nosotros comerciamos mucho con ellos, mejor concentrémonos en lo que estamos haciendo, así conseguiremos el dinero para embarcarnos de nuevo, esta vez a tu país.

- No es así de sencillo, tendrás que atravesar primero el mar rojo, llegar a un país llamado Egipto, luego embarcarte nuevamente para atravesar el Mediterráneo, salir al mar grande y atracar en mi país.

- Entonces así será.

- Oye, ¿qué del resto de la tripulación?

Fukushu se encogió de hombros y dijo lo siguiente.

- Siento decir que no lo sé, fuimos los únicos que llegamos a la playa, no creo que estén vivos.

- Oh, cuanto lo siento.

- No hay tiempo para lamentarse, busquemos lo que queda de todo y partamos al mar Rojo.

Lograron que un barco mercante los llevara por un apacible paseo por el mar Rojo, hasta llegar a Egipto, que en ese momento estaba bajo dominio del imperio romano de oriente, lo que ponía en aprietos a Fukushu ya que no hablaba ni griego ni latín pese a que dominaba el gaélico (el idioma de Morgan) con gran fluidez. En aquel mundo nuevo, con el único que podía contar era precisamente con su extraño compañero.

- ¿No te has encontrado con nadie que hable latín?

- Mi latín es pésimo, el griego ni se diga.

- Hemos intentado gaélico y no hay nadie que nos entienda.

Finalmente, lograron captar la atención de un fornido capitán de aspecto latino que entendía el gaélico.

- ¿Usted por qué habla tan bien el gaélico? - pregunta Morgan.

- Viajó constantemente a la isla de ustedes, es mi ruta comercial, lo que no es normal en mi barco es llevar pasajeros. Sólo nos dedicamos a transportar mercancía pero puedo hacer una excepción, ya que me están ofreciendo una buena paga.

- Estamos agradecidos - dice Fukushu

El capitán puso una expresión vacilante, luego admitió lo siguiente.

- El único problema es que mi testaruda tripulación no tolera polizones aún cuando hayan pagado su viaje, por lo que debo pedirles un pequeño favor.

- ¿De qué habla? - interrogó Morgan.

Días después, Fukushu y Morgan estaban limpiando con cepillos y cubetas de agua la madera del barco, ante la atenta mirada de un enorme y corpulento capataz.

- ¡¡Háganlo bien, esa madera debe verse mejor que los mosaicos de Santa Sofía!!! - dijo el capataz. Morgan aprovechó que el capataz se fue a ver a los demás, para quejarse ante Fukushu.

- ¡¡Para eso vine a viajar contigo, a humillar mi condición como un vil siervo!!!

Esa expresión no le gustó para nada a Fukushu, que ante la prepotencia del guerrero, respondió amablemente.

- Hasta los siervos tienen dignidad.

- ¡¡¡Soy un noble!!!

- Habla eso con el capitán, no conmigo.

- ¿Por cierto, para qué quieres entrar como embajador del Japón a la corte de Arturo, acaso no eres un ninja, de esos que escalan paredes?

- Morgan, los ninja no operamos de la manera que tú crees.

La vida hosca de aquel barco se interrumpió abruptamente, cuando desde lo alto del mástil, el vigía aviso

- ¡¡Piratas, piratas, se acercan piratas vándalos!!!!

- Esos vándalos, malditos salvajes - pensó en voz alta Morgan.

Fukushu, quien no tenía tiempo para tratar de entender todas las necedades de Morgan, puso todos sus sentidos en estado de alerta, ya sabía lo que debía hacer.


(continuará)

Si te gusto esta historia, te invito a que entres a mi universo con este enlace; no es "el país del nunca jamás..., pero del "siempre bienvenid@s" 

3 comentarios:

  1. El personaje Fukushu es para mi un héroe, pero a vecesda pena el pobre!! me encanta!!

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  2. Un relato muy interesante un héroe al que le pasa de todo gracias por compartir saludos cordiales

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  3. ¡Muy padre Alberix...!!! Siguiendo el hilo de la historia y esperando la siguiente entrega ¡Gracias por compartir..!!! ¡Besitos,muchitos..!!!

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