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domingo, 11 de octubre de 2015

Tenedor

TENEDOR, 

INSTRUMENTO DEL DIABLO




"Ella no tocó la comida con las manos, sino que, cuando los eunucos la hubieron cortado en trozos pequeños, se los llevó delicadamente a la boca con un pequeño tenedor de oro de dos puntas". Así describe San Pedro Damián, cardenal y reformador de la vida monástica del siglo XI, la reaparición del tenedor en la Europa bárbara. Y digo "reaparición" porque los romanos ya usaron instrumentos parecidos, olvidados tras las invasiones germanas.


"Ella" es la aristócrata bizantina María Argyropoulaina, llegada a Venecia con el séquito de la princesa Teodora, hija del emperador Constantino X y prometida del Dogo Doménico Selvo. A Pedro Damián, que usaba para comer las manos, una rebanada gruesa de pan, un cuchillo o un pincho, aquella herramienta le pareció instrumentum diaboli. Por entonces, te hablo del año 1004, o 1005, Satanás ya era una especie de quimera construida con partes de diferentes dioses romanos: la pelambre, los cuernos y las pezuñas de Pan, las alas de Mercurio y, claro está, el tridente de Neptuno. Pero, si miras en la Biblia, nada de esto aparece, porque es un invento posterior a la legalización del cristianismo con el primer Constantino.

El caso es que las costumbres orientales de Teodora y la Argyropoulaina fueron motivo de escándalo entre los itálicos, y no solo por el tenedor. Si lees con atención el párrafo que abre este artículo, verás que la comida se la servía un ser sin sexo: un eunuco, algo repugnante para los europeos occidentales de la época. Siglos después no tuvieron inconveniente en castrar niños para convertirlos en angelicales cantores.

A pesar del rechazo inicial, el tenedor se fue extendiendo por las mesas itálicas. En 1533, la florentina Catalina de Médici, esposa del rey francés Enrique II, pincha sus alimentos con los tenedores de marfil y metales preciosos de su ajuar. Pero los galos la toman por cursi y licenciosa y el tenedor no triunfa en la patria de la gastronomía hasta el siglo XVIII, como en España, en cuya corte los Austrias usan guantes para tomar con los dedos las piezas de carne.

Un inglés del XVII, Thomas Coryate, intenta acostumbrar a sus compatriotas al uso del pequeño tridente tras un viaje por Italia. No lo consigue, pero se gana, a cambio, un mote: Forkcifer, mezcla de la horca de los campesinos y de uno de los muchos nombres del Diablo. 

Si visitas mi blog personal no te daré un tenedor, sino una cucharilla para que te tomes un café: 
http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/

8 comentarios:

  1. Interesante artículo. Últimamente tengo la sensación de que algo está cambiando. Los hábitos alimentarios de la población han derivado hacia una mezcla de culturas que, unas sí otras no, utilizan los cubiertos para comer. Así que, además de la cuchara, cuchillo y tenedor, tendremos que acostumbrarnos a utilizar todo tipo de artilugios para podernos echar algo a la boca.
    Gracias, José Juan Picos Freire por tus entradas que alimentan. Te invito a un café.

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    1. Buen provecho, Elisenda. También tengo la sensación, muy personal, de que se van perdiendo los modales, y para mí hay belleza en ellos.

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  2. ¡Qué artículo tan entretenido! Nos traes la historia narrada muy bien, de forma amena y ágil. Me ha encantado tu entrada

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  3. Wauuu...Contigo,pan y café.... ¡Disfrutando y aprendiendo de tus fabulosas entradas...!!! Yo sigo fascinada con tus letras,con tus cafés y todo cuanto nos narras de objetos,comidas,que están en nuestra cotidianidad y sin embargo desconocemos su historia....Ahora cada que tome el tenedor me sentiré ELLA ....María Argyropoulaina... Rodeada de un séquito Real....¡ME HA ENCANTADO mi José Juan...!! ¡Gracias por compartir,besitos....Mucho más que infinitos...!!!

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    1. No hace falta que te acuerdes del apellido, que es bastante difícil. Muchas gracias, María, un beso.

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  4. Una gran entrada un tema muy interesante gracias por compartir feliz semana

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