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miércoles, 14 de octubre de 2015

Premio Goncourt 2013

Aunque escribí sobre ella en mi blog hace unos meses, una relectura me ha hecho desear compartir con vosotros esta maravillosa novela.
"A un general le quitas la guerra, que le da una razón para vivir y la energía de un muchacho, y lo dejas hecho un cascajo" Y eso es lo que nos muestra Pierre Lemaitre con esta novela, ganadora del premio 
Goncourt 2014: una Francia que, tras la Gran Guerra de la que esperaba salir preñada de héroes, gloria y honor, quedó convertida en un cascajo lleno de pícaros, cuando no de criminales; repleta de tullidos, de mutilados en su cuerpo y en su alma; algo que era como un reflejo cruel de la gloriosa victoria con la que se soñaba en los días previos al armisticio que es cuando empieza la trama.



En la novela se contrastan dos historias contrapuestas como las imágenes de un espejo: en ambas aparece la corrupción, la estafa, el afán de lucro, la indiferencia por las víctimas del fraude. Pero qué diferencia entre una y otra imagen. Simétricas, sí, y por eso mismo, inversas.
De un lado, Henri D'Aulnay Pradelle, el noble venido a menos, villano y cobarde desde la cuna, aclamado como un héroe a la vuelta de la Guerra, después de cometer la mayor infamia que se le puede suponer a un oficial responsable de unos hombres maltrechos y agotados, pero felices porque ven que aquello se acaba. Henri D'Aulnay Pradelle, que no contento con su vileza en la Guerra, decide continuarla en la Paz, y ya que no puede jugar con las batallas, comienza a jugar con los muertos de tales batallas. Los episodios son tétricos, mezquinos, miserables. Sería insoportable su lectura, a poca imaginación que se tenga, si no fuera porque a todo esto el autor le da un punto cómico que, si bien los aligera de tensión, pone más de manifiesto lo cicatero de todo el proceso. Y es que, como dice el autor, "para el capitalismo la guerra es un regalo, se sirve de ella antes, durante y después"
Del otro lado, Albert Maillard y Edouard Péricourt, estos sí dos héroes, pero anónimos. Si el segundo le salva la vida al primero, quedando gravemente mutilado, el primero dedicará su vida a cuidar del segundo y proveer todas sus necesidades, incluso la morfina a la que sus terribles heridas le han hecho adicto. Y todo esto desde la pobreza, con trabajos precarios, en las condiciones más adversas porque Francia arengó a sus hijos para que dieran la vida por ella, pero no está dispuesta a mantener a los soldados anónimos que han tenido la mala idea de sobrevivir a la masacre; Francia está dispuesta a enterrar a sus muertos, anónimos y conocidos y a levantarles monumentos en cada pueblo, pero no está dispuesta a cargar con los gastos de tanta supervivencia vergonzante; porque Francia está arruinada tras el esfuerzo bélico y la gloria se ha convertido en miseria y la miseria en desafección hacia sus hijos.
Pierre Lemaitre
Y Edouard decide cobrarse todas las afrentas, las de la guerra y las de la paz porque al contrario que Henri D'Aulnay Pradelle, él sí tiene afrentas y deudas que cobrar.
Edouard es un pícaro del siglo XX porque, de nuevo en palabras del autor, no estamos ante una novela histórica, sino ante una novela picaresca y "la novela picaresca es la novela de la exclusión, es el sálvese quien pueda, es el relato de unos personajes que han de vivir en un mundo que no les quiere"
Pero hay más personajes, presentes y ausentes y voy a hablar solo de tres.
Uno es el padre de Edouard, Marcel Péricourt, un rico burgués que siempre rechazó a su hijo, que llegó a desear que desapareciera y dejara de amenazar el buen nombre de la familia con su vida bohemia y sus costumbres depravadas y antinaturales; un hombre que empieza a apreciar a su hijo y a quererlo cuando lo cree muerto y enterrado de incógnito en el panteón familiar; un padre que "sufría porque ya nunca podría convertirse en el padre que no había sabido ser"; un hombre que, a manera de tragedia griega, acaba con su hijo cuando más hubiera deseado recuperarlo. 
Otro personaje es la madre de Albert, un personaje ausente, al que sólo conocemos por las citas que el autor pone en su boca y que nos van retratando a Albert, como un ser indeciso, falto de carácter, incapaz de tomar las riendas de su vida. Y quizás sea su indecisión, y no su altruismo, el que lo convierte en el guardián de Edouard. Al final, es Albert el único que sale bien parado o, al menos, el que sale mejor parado, y es que, quizás, es el único inocente porque a pesar de su pecado, que no es menor, tal vez la causa del mismo haya sido la indecisión, la impotencia, el contagio de entusiasmo.
El tercer personaje al que quiero referirme es Joseph Merlin, el funcionario enviado a inspeccionar el traslado de cadáveres. Un personaje bastante repulsivo ("...la cabeza muy pequeña y un corpachón que parecía hueco como la carcasa de un pollo tras la comida... la cabeza rojiza, frente estrecha y un pelo muy corto que le nacía muy abajo, y que casi se le juntaba con las cejas... vestido como un adefesio... una chaqueta de terciopelo marrón llena de manchas de tinta a la que le faltaban la mitad de los botones), pero honrado e incorruptible hasta límites difícilmente encontrados en ninguna circunstancia, en ninguna otra historia, ni real, ni imaginada. No aparece demasiado, pero sin él, la novela sería otra cosa. No es concebible la trama sin este personaje, y no porque sea fundamental para deshacer la estafa de los cementerios, que lo es, sino porque da el contrapunto necesario a tanta ignominia, a tanta pobreza material y de espíritu, a tanto egoísmo justificado o no.
No quiero dejar de aludir al aspecto folletinesco del libro que por momento recuerda a Dumas o Victor Hugo; el padre que cree muerto al hijo que no lo está; la posibilidad de un encuentro entre ambos amenazando continuamente; la suerte que sonríe al rico mezquino y se burla de los pobres héroes olvidados; la justicia que acaba dejando deudas zanjadas, aunque para ello haya de llevarse por delante a algún personaje (totalmente insalvable, por otra parte).


Para terminar, me gustaría dejar muestra de algunas frases que me han parecido especialmente memorables, empezando por la primera que hace que el libro se te pegue a las manos y te sea difícil separarlo: "Todos los que pensaban que aquella guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo. Precisamente a causa de la guerra" 
Y algunas más:
"La vida de Edward se desmoronaba porque ya ni siquiera la sostenía el odio. Esa guerra también la había perdido."
"en casa de los ricos todo es bonito, se dijo Albert, hasta los pobres" (ante una guapa criada de la mansión de los Péricourt)
"Labourdin era un imbécil esférico: lo volvieras hacia donde lo volvieras, siempre se mostraba igual de idiota"
Te espero en Cuéntame una historia


 

8 comentarios:

  1. También advertí ese aspecto folletinesco del que hablas, Rosa, muy en la línea -espléndida línea- de determinada tradición literaria francesa. Bueno, no solo francesa, pero que en esta novela de Lemaitre se pronuncia con acento inequívocamente francés. Aún no conozco a nadie entre mis amigos lectores -buenos lectores- a quien no guste Lemaitre, pero, fíjate, yo aún tengo mis reservas, a pesar de que esta novela me gustó bastante. Tengo que leer sus otras novelas, de las que tan bien (tan bien y también) has hablado, para poder forjarme una opinión más definida. Ya te contaré. Un abrazo, Rosa.

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    1. A mí me gusta mucho, pero yo soy una enamorada de la novela negra que es lo que él más trabaja. Si ese género no gusta, me imagino que el autor tendrá menos interés. Espero que leas más y me cuentes.
      Un beso.

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  2. ¡Estupendo Rosa...!!! He leído algunos fragmentos de sus obras...Me faltaba leerle más pero con tu reseña ha sido una delicia volver a saber de Lemaitre.. ME HA ENCANTADO.. ¡Gracias por compartir...!!! ¡Besitos preciosa....!!

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    1. Me alegro de que te haya gustado. Es un autor al que he descubierto recientemente, pero he leído todo lo que tiene en castellano, creo. En mi blog tengo reseñas de tres de sus libros policiacos. Ya traeré alguna a blogger housse

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  3. impresionante historia me a encantado Rosa gracias

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    1. Es una historia muy buena realmente. merece ser leída y reseñada porque es ácida, divertida, crítica. En fin, una gran novela.
      Muchas gracias Isidro.

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  4. Hola, Rosa. ¡Qué buen post he leído! Me ha dejado animado por leer al francés. Por otra parte, es la primera vez que entro aquí y tal como está hecho el blog, realmente parece que estuviera en otra dimensión, una dimensión sublime.
    Felicitaciones.
    Saludos

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    1. Si el post es bueno, es todo mérito del Autor de la novela. Las grandes novelas inspiran buenos posts. me alegro de haberte animado a leer a Pierre Lemaitre. No te arrepentirás.
      Gracias por tu visita.

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