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lunes, 12 de octubre de 2015

NOCHE DE LUNA PARA LOBOS





Mario y los niños debían estar llegando a la ciudad, se empeñaron en ocupar un lugar en la plancha del Zócalo porque Yasmín lo había visto anunciar en los noticieros, es raro que viajemos hasta el centro de la ciudad, no desde que decidimos salir del tráfico y del bullicio. La inseguridad nos orilló a comprar un terreno en las afueras, en la carretera vieja a Cuernavaca, a cuarenta minutos del centro de Tlalpan. Corrimos con suerte, dos hectáreas es mucho terreno, pensamos que antes de tres años dividiríamos la propiedad y haríamos unas cabañas de descanso para rentar, el clima es favorable y el pueblo está a diez minutos, uno pequeño y pintoresco que se llena de viajeros que salen de la ciudad cada fin de semana.

A año y medio de mudarnos, la casa va muy avanzada, es linda y espaciosa, ya tengo un pequeño chalet independiente de la casa principal  que uso como estudio y aunque aún no está terminado, en él  me resguardo después de  las labores del hogar y me escondo de los niños cuando Mario de encarga de ellos. Memo ya tiene cuatro años, es más independiente y hoy tengo más tiempo para dedicarme a mi tercera novela.

Cuando Mario aceptó llevarlos al Zócalo para complacer a Yasmín, pensé en acompañarlos, pero ya tengo una propuesta para este libro y quiero que se haga pronto, las cabañas para rentar nos esperan.  El eclipse emocionó mucho a Yasmín ahora que está en la edad de ser ecologista, naturista y está interesada en la astronomía. Un eclipse es un verdadero acontecimiento.

Cuando me quedé sola calenté unas rebanadas de pizza, puse una jarra grande de café cubano y saqué unos chocolates que reservaba para ocasiones especiales, esta es una; estaría sola y esperaba ver llegar el final de la novela.

Mientras el café estaba listo atravesé el terreno que divide la casa del estudio, la noche era clara y tibia; la luna estaba muy redonda, amarilla, brillante y unas grandes nubes grises la acompañaban. Me quedé unos momentos inmóvil a la mitad de mi camino observando el cielo. La noche era espectacular, tibia, suave, en el ambiente flotaba una sensación de satisfacción, el poder del cosmos se hacía presente, respiré profundo dejándome bañar por los rayos de la luna agradeciendo poseer aquel terreno, mi casa, mi familia… a lo lejos escuché uno ladridos que me sacaron de mi particular ritual de agradecimiento. No era raro escucharlos, nuestro terreno es alto, pero estos ladridos tenían algo en particular, parecían desesperados y agresivos. La piel se me enchinó… finalmente  continué mi camino. 

Abrí el chalet, prendí unos inciensos, encendí la computadora, busqué algo de música que me acentuara el estado de ánimo trasmitido por la luna y regresé por el café. Trabajé un rato pero tuve que ir a la casa por el teléfono inalámbrico que había olvidado y aproveché para recargar mis reservas de café, al regresar miré cómo la luna comenzaba su espectáculo, eran las 8:08 y las nubes que antes acompañaban a la luna había desaparecido por completo, pensé en la sonrisa de mi  pequeña Yasmín en aquellos momentos…

Decidí sentarme en el pasto, seco por la temporada, y beber café mientras veía el eclipse de luna ese febrero del 2008. El proceso era lento y sublime, respiré profundo varias veces y de pronto, nuevamente, aquellos ladridos lejanos me sacaron de mis pensamientos…eran las 8:25. Mi atención se centró en aquellos llamados caninos que traía el viento y con el eco de las praderas, arribó también,  el rumor de una pelea que se fue tornando lúgubre, parecía que un bando  ganaba sobre el otro y los llantos de muerte de los perros llegaron nítidos a mis oídos, seguidos de un aullido triunfal diferente a los demás.

Tomé mi taza de café y me fui al chalet. Ahora la sensación de tranquilidad se había esfumado, eché seguro por dentro y traté de seguir trabajando. De vez en cuando me asomaba por la ventana para ver el avance del eclipse, no sabía qué me había pasado, estaba inquieta y no podía sacar de mi mente aquel aullido. Pensando en eso, el sonido vino nuevamente a mis oídos, esta vez  ya no lo traía el viento, aquel lamento se escuchaba notoriamente cercano.

Mi corazón latió rápido, me asomé por la ventana, eran las 8:33 y la luna estaba sombreada por la mitad. Salí, la noche había enfriado y me froté los brazos, tanto por el frío como por los nervios, observé alrededor del terreno, algunos kilómetros a la redonda no hay más que planicie hasta la carretera vieja que conecta con un camino de terracería que nosotros mismos hicimos, así que la vista es despejada, no se veía nada extraño pero yo estaba inquieta.

Iba a entrar cuando escuché el aullido, me quedé helada al deducir que el animal que emitía el sonido debía estar detrás del chalet pues de allí venía el claro aullido. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, entré rápidamente y puse el seguro, me asomé por la ventana, desde allí se ve nuestra casa, de pronto, nuevamente el aullido que venía del mismo lugar, observé la pared del chalet, lo único que me separaba de lo que fuese aquello; la delgada pared de madera… Busqué a mi alrededor algo para defenderme, por supuesto no había más que libros y papeles, busqué el teléfono con la mirada, no estaba, por la ventana pude ver el auricular parpadeando justo en medio del terreno entre la casa y la cabaña…

Mi corazón latía rápido, no me atrevía a salir de allí y guardarme en la casa que es más segura, ni siquiera podía moverme. Unos ruidos se escucharon del otro lado  de la pared, el animal aquel caminaba, escuchaba su respiración agitada  sobre la mía, rascó un poco la tierra, emitió unos gruñidos escalofriantes  y nuevamente el aullido. Eran las 8:45 y la luna estaba a punto de desaparecer.

Apenas pude preguntarme sobre el tipo de animal que sería, cuando unos golpes fuertes azotaron la pared, ya no podía más, tenía que salir de allí… Un crujido acompañado de un ruido de cristales sonó fuertemente, y vi a un gran lobo entrar por la ventana, sobre mi asombro apenas atiné a quitar torpemente el seguro y salir corriendo, azoté fuerte la puerta, aquel lobo debió de estrellarse contra ella pues tomé alguna ventaja. Eran las 8:58, aquel espantoso animal seguía mi carrera apenas a unos metros atrás… Corrí, corrí como nunca, la puerta de la casa no tenía llave, gire la perilla y la cerré tras de mí. Comencé a llorar, aquel horrible animal me había perseguido y ahora golpeaba la puerta de la casa, me alejé de ella y escuché un nuevo aullido ensordecedor, pavoroso desgarrador,  luego unos aullido menores, parecían de sufrimiento, mezclados con un llanto de hombre.

Tomé valor y me asomé por la ventana, pude ver aquel lobo enorme, lleno se sangre en el centro del terreno retorcerse de dolor y sufrir una metamorfosis bajo la culminación del eclipse. Eran los 9:01 cuando la luna quedó totalmente cubierta por la tierra y un hombre desnudo corría torpemente hacia la carretera.


DIANA PINEDO

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6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias Ricardo!! Es un texto antiguo escrito mientras sucedía un eclipse...
      SALUDOS!!

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  2. ¡Un estupendo relato Diana..!!! ¡Son el tipo de historias que en lo personal me fascinan...!!! Y LA IMAGEN MÁS QUE PERFECTA para acompañar tus letras ¡Gracias por compartir...!!! Este finde ha sido de lobos y lobas pero sin duda tú le das tu toque :) ¡Besitos preciosaaaaaa....!!!

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    1. Muchas gracias Maria!!! Qué lindas tus palabras, me alegra que te haya gustado.
      Te mando un fuerte abrazo y que tengas una excelente semana!!

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  3. Un gran Relato me a encantado Diana Pinedo Ortega gracias

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    1. Muchas gracias a ti por la lectura y el comentario Isidro!
      ABRAZO!!

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