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viernes, 16 de octubre de 2015

No tientes al diablo 4.
















Ángel y yo nos pasamos unos minutos en absoluto silencio, ambos mirando las increíbles vistas de la ciudad desde la terraza del Heaven. El efecto del alcohol debido a las copas que me estoy bebiendo empieza a hacer efecto y me siento más relajada. Mi cuerpo se empieza a dejar llevar por el ritmo de la música, a pesar de que sigo sentada en el sillón. No puedo verlo pero noto la mirada de Ángel en mi nuca. No sé por qué extraño motivo me excita su forma de mirarme incluso cuando no puedo verlo.

     -  ¿Quieres otra copa? - Me pregunta de repente.
Me giro para mirarlo y sigue estando serio, como si le hubieran metido un palo por el culo. Lo que más me fastidia es que solo muestra esa actitud conmigo, con el resto del mundo saca a relucir su sonrisa y su carisma.
     -  Sí, pero no te molestes, ya la pido yo. - Le digo levantándome del sillón.
     -  Quédate ahí, yo iré a por las copas. - Me ordena. - Tardo dos minutos, ¿de acuerdo?
Asiento con la cabeza. No sé cómo lo ha hecho pero creo que acaba de ordenarme que no me mueva de aquí mientras él va a por las copas y yo he accedido a hacerle caso. Creo que estoy bebiendo más de la cuenta. Ángel desaparece entre la multitud y yo vuelvo a girarme para contemplar la vista nocturna de la ciudad mientras sigo bebiendo de lo que queda de mi copa.
     -  ¿Qué hace una chica tan guapa cómo tú sola una magnífica noche como esta? - Me pregunta un tipo mirándome lascivamente. - ¿Te importa si me siento?
     -  Prefiero que no lo hagas, gracias. - Le contesto con desdén.
     -  Oh, vamos rubia. ¿Sabes que puedo darte todo lo que me pidas? - Insiste el tío pesado. - Solo tienes que pedir por esa boca lo que desees y yo lo convertiré en realidad.
     -  ¿Estás seguro que puedes hacerlo? - Le pregunto divertida. Al final me lo voy a pasar hasta bien.
     -  Por supuesto, haz la prueba y pide lo que desees.
     -  De acuerdo. - Le respondo mirándole a los ojos. - Deseo que desaparezcas de mi vista y no vuelvas a molestarme.
     -  Eso son dos deseos, preciosa. - Me contesta divertido. Lejos de tomárselo mal, el tipo parece encantado por mi respuesta. - Soy Pablo Rivera y acabas de dejarme sin recursos para intentar ligar contigo. - Me dice tendiéndome la mano.
     -  Soy Megan y estás acabando con mi paciencia. - Le respondo sin estrecharle la mano. - Creo que es mejor que no sigas perdiendo el tiempo y te marches.
     -  Me van los retos, preciosa. No lo puedo evitar. - Me dice sentándose en el lugar donde Ángel estaba sentado. - ¿Estás aquí con tus amigas?
     -  Con mi novio. - Miento. - Al que no le va a hacer ninguna gracia encontrarte aquí cuando regrese con las copas que ha ido a buscar. - Justo en ese momento aparece Ángel y, antes de que pueda decir nada que lo fastidie, le digo a Ángel con una enorme sonrisa en los labios: - Cariño, ¡has tardado una eternidad!

Ángel se da cuenta al instante de lo que ocurre. El tal Pablo se levanta de inmediato y ambos intercambian una mirada de odio que deduzco que nada tiene que ver conmigo. Estos dos se odiaban desde antes de encontrarse aquí. Ángel, con un gesto frío y furioso que da miedo, le sisea:
     -  Lárgate, está conmigo.
Pablo lo ignora, me dirige una seductora sonrisa y, antes de marcharse, me dice:
     -  Ha sido un placer conocerte, preciosa. Búscame si cambias de opinión, estaré por aquí cerca.
     -  No va a cambiar de opinión, lárgate. - Le dice Ángel con tono amenazador.
El tipo me vuelve a sonreír y después se marcha. Ángel me escruta con la mirada y finalmente me pregunta con voz más suave:
     -  ¿Estás bien?
     -  Sí, gracias. - Le respondo aturdida. - Y siento haberte metido en este lío.
     -  No te preocupes, conozco a ese idiota y hubiera seguido molestándote si no le paramos lo pies. - Me responde con naturalidad. - Ese tipo no te conviene, ándate con ojo.
     -  Has pasado de ser un ogro gruñón a un tipo encantador para después convertirte en mi padre. - Le digo divertida. - Eres un tipo raro, tienes que reconocerlo.

Para mi sorpresa, Ángel sonríe. Me mira divetido y me dice:
     -  Tú también eres bastante peculiar, conductora temeraria. - Bromea. - Un día tendrás que explicarme qué fue lo que hiciste exactamente.
     -  No creo que llegue ese día. - Murmuro.
Judith se acerca seguida de Álvaro y me preguna preocuada:
     -  ¿Qué quería el idiota de Pablo? No te acerques a él. - Me ordena. - No es un buen tipo, Meg.
     -  Haces que me sienta como si tuviera quince años. - Protesto. - Creo que tendría más libertad si me hubiera instalado en casa de mi padre.
     -  Y encima te hubiera salido gratis. - Bromea Rubén apareciendo con Sofía cogida de la mano. - Aún no llevas ni doce horas en Barcelona y ya estáis discutiendo.
     -  Tú te callas. - Siseaos lasdos a lavez provocando la risa de Sofía y de Álvaro.
     -  Pablo se ha acercdo y Megan le ha rechazado, fin de la historia. - Termina con la conversación Ángel, quien parece de nuevo furioso. Todos lo miramos sorprendidos por su arranque de impaciencia y él, ignorándolos a todos, se pone en pie, me tiende la mano y me pregunta: - ¿Quieres bailar?

Estoy a punto dedecirle que no, pero me doy cuenta que me está utilizando para escabullirse de respondr a lo que sea que quieran preguntarle y acepto bailar con él. Todos se quedan aún más sorprendidos cuando os ven dirigirnos a la pista de baile. Ángel me rodea la cintura con su brazo y me guía hasta el centro de la pista para después coger mis manos y depositarlas alrededor de su cuello y llevar las suyas alrededor de mi cintura mientras nos movemos al suave ritmo de la canción Homeless de Leona Lewis. Estoy tan a gusto entre us brazos que temo hablar y romper el momento, pero aún así no puedo contener mi curiosidad y finalmente le pregunto:
     -  ¿Por qué has huído de tus amigos? ¿Me he perdido algo?
     -  ¿Qué te hace pensar que he huído de ellos? - Me responde sonriendo. - Puede que tan solo me apetezca bailar contigo.
     -  Puede que eso funcione con las chicas con las que sueles salir, pero siento decirte que eso no te va a funcionar conmigo. - Le digo burlonamente. - Aunque si me dices que no quieres hablar de ello lo entenderé y no volveré a preguntarte.
     -  ¿En serio? - Me pregunta sorprendido. Asiento con la cabeza y, con una sonrisa maliciosa en los labios, me dice: - En ese caso, no quiero hablar de ello.
     -  De acuerdo. - Contesto muriéndome de la curiosidad. - ¿Hay algo de lo que quieras hablar o prefieres que nos quedemos en silencio?
     -  Háblame de ti, si tantas ganas de hablar tienes. - Me responde divertido. ¿Ahora resulta que se hace el simpático conmigo? - He oído que vivías en Londres, ¿no es así? ¿Naciste allí?
     -  Mis padre son ingleses, pero yo nací en Barcelona y viví aquí hasta los quince años. - Le explico resumidamente. - Mi madre decidió regresar a Londres y me llevó con ella. Y ahora estoy aquí. No hay mucho más que contar.
     -  Yo creo que sí. ¿Qué me dices de tus antecedentes?
     -  No fue fácil asimilar el divorcio de mis padres y si a eso le sumas que dejaba mi casa, mi ciudad y mi país, puedo asegurarte que no fue la mejor época de mi vida. - Le respondo. - He sido un poco rebelde, pero tampoco he hecho daño a nadie.
     -  ¿No vas a contarme qué hiciste para que te arrestaran por conducción temeraria cuatro veces? - Me insiste Ángel sin dejar de sonreír.
     -  Carreras de motos y coches. - Confieso. - Ilegales y en el centro de Londres. Mi madre tiene buenos contactos en la policia y, siendo menor de edad, consiguieron eliminar todo eso de mi expediente.
     -  ¿Carreras? ¿Corrías tú con motos y coches? ¿Siendo menor de edad?
     -  Si reaccionas así, no debería sorprenderte que no vuelva a confiar en ti.
     -  ¿Confía en mí?
     -  No, apenas te conozco. - Le respondo. - Pero tampoco voy contándole mi vida a todo el mundo y a ti te la he contado así que, desde un punto de vista subjetivo, he confíado en ti.
     -  Aunque sea subjetivamente, me gusta que hayas confiado en mí. - Me reponde.
La canción termina y empieza a sonar otra canción, Si tu no estás aquí, de Rosana. Ángel no me suelta y continuamos bailando. Empiezo a ponerme nerviosa cuando me doy cuenta de que todo el mundo que hay en el pub nos mira y murmuran entre ellos.
     -  ¿Qué le pasa a todo el mundo? ¿Por qué nos miran? ¿Tan mal bailamos? - Le pregunto.
     -  No creo que bailemos mal. - Me responde.
     -  Entonces, ¿cuál es el problema?
     -  Eres la novedad, una cara nueva. Todo el mundo debe estar preguntándose quién eres.
     -  Se te da fatal mentir. - Le respondo. - Si no quieres decirme porque nos miran no me lo digas, pero deja de mentirme porque no sabes.
     -  Tienes razón, no te puedo engañar. - Me dice encogiéndose de hombros. - Creo que nos miran porque, a parte de que eres la novedad y una novedad muy agradable de mirar, yo no bailo nunca y sin embargo ya llevo dos canciones seguidas bailando contigo.
     -  ¿No bailas nunca? Pues se te da muy bien, deberías bailar más.
Ángel se echa a reír. ¿He dicho algo gracioso? En fin, a los hombres no hay quien los entienda y menos a éste que parece bipolar, o tripolar quizás.
     -  Puede que lo haga, pero necesitaré una pareja de baile.
     -  Eso no debe preocuparte. - Le contesto. - Mira a tu alrededor, siento las miradas asesinas de todas y cada una de las mujeres del local. Estoy segura que cualquiera de ellas estaría encantada de bailar contigo.
     -  Pero yo ya tengo una pareja de baile. - Me dice sonriendo seductoramente.
     -  ¿Estás tratando de ligar conmigo?
     -  ¿Pasaría algo si así fuera? - Me rebate.

No me da tiempo a contestar porque empieza a sonar Tonight (I'm loving you) de Enrique Iglesas y a mi lado aparecen Judith y Sofía gritando como dos locas. Ángel me hace un gesto para que me una a ellas mientras él se acerca a la barra con Rubén y Álvaro a pedir unas copas y desde allí nos observan. Las tres cantamos y bailamos al ritmo de la canción bastante provocadoramente, hasta el punto que se forma u gran corrillo a nuestro alrededor. Rápidamente, Rubén coge a Sofía del brazo y baila con ella. Álvaro hace lo mismo con Judith y Ángel, tras mirarme con verdadera lujuria en los ojos, se me acerca y me dice:
     -  Supongo que, habiendo vivido ocho años en Londres, sabrás qué dice la letra de esta canción.
     -  Por supuesto. - Le contesto sonriendo con picardía. - ¿No te excita esta canción?
     -  Me excitas tú bailando de esa manera. - Me contesta sin dejar de mirarme de arriba abajo como si estuviera hambriento y yo fuera un manjar. - Me excitas a mí y a todos los hombres del local. Creo que incluso excitas a algunas mujeres.
Le rodeo el cuello con mis brazos y me contoneo pegando mi cuerpo al suyo, incluso puedo notar su tremenda erección en mi abdomen.
     -  Será mejor que no tientes al diablo, nena. - Me susurra al oído.
Suelto una carcajada y al ver que me mira con gesto confuso le aclaro:
     -  Menuda ironía, te llamas Ángel, estás en el Heaven y eres el diablo.
Ángel me sonríe con complicidad y me susurra al oído de nuevo:
     -  Las apariencias engañan, ya sabes.
La canción se acabay nuestros labios se quedan a escasos centímetros del otro, pero no llegan a tocarse. Rubén se despide y se marcha con Sofía. Dos minutos después, Judith decide marcharse con Álvaro, ya que por fin se han enrollado.
     -  No me esperes despierta. - Se despide de mí Judith. - Ángel te llevará a casa, ¿verdad que sí, Ángel?
     -  Claro, no te preocupes. - Le responde Ángel a Judith encantado de la vida. Cuando todos se marchan, Ángel me susurra al oído: - Tenemos una conversación pendiente.
     -  ¿Qué te parece si vamos a un lugar más tranquilo donde podamos seguir con esa conversación? - Le pregunto descaradamente.

Ángel me sonríe, me agarra con firmeza de la mano y me saca del pub como alma que lleva el diablo, y nunca mejor dicho. Caminamos por el parking del pub hasta llegar al coche de Ángel, un BMW M8 de color rojo. Me quedo fascinada al ver el coche, pero Ánge no parece ni inmutarse. Abre la puerta del coche y me ayuda a subir para después hacer él lo mismo. Arranca el coche y conduce por el centro de la ciudad en absoluto silencio hasta llegar a su destino.

4 comentarios:

  1. Enganchadisima estoy mi Rakel ¡Beso,beso,beso...!!! Ajajajajaja... No puedo evitarlo mi romanticismo me gana ¡Estupendo el hilo del relato,ligero y lleno de frescura...!!! ¡Gracias por compartir..!!! ¡Besitos preciosa..!!!

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  2. Una gran entrada un gran relato estoy esperado el siguiente capitulo gracias Rakel feliz fin de semana

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  3. Muchas gracias a ambos! Feliz inicio de semana! Besotes! ;-)

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  4. woooow , entradisima en la historia , me gusta

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