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domingo, 25 de octubre de 2015

No tientes al diablo 9.
















Recojo los documentos y los guardo en mi maletín, decidida a echarles un vistazo más tarde y estudiar el caso en profundidad. Ángel sigue mirándome furioso, esperando algún tipo de explicación (aunque no sé sobre qué, la verdad) y yo sigo fingiendo no enterarme de nada. Saber hacerse la tonta puede venir muy bien en determinados momentos.
Me pongo en pie dispuesta a marcharme cuando alguien llama de nuevo a la puerta del despacho y entran Paula y Judith riendo a carcajadas seguidas por Álvaro, que pone los ojos en blanco, aburrido.

     -  ¡Megan! - Grita Paula cuando me ve y corre a abrazarme. - Dios, acabo de conocer a tu amigo John, no me extraña que el domingo tuvieras esas ojeras, si yo hubiera pasado la noche con él te aseguro que no la hubiera desperdiciado durmiendo.
     -  Si llego a saber que John está así de cañón, hubiera salido contigo. - Me confiesa Judith, aunque la escuchamos todos.
     -  Ejem, ejem. - Finge toser Álvaro para llamar nuestra atención y añade ruborizándonos: - Joder, ¡y luego dicen que los hombres somos mujeriegos e infieles!
     -  Cariño, solo bromeábamos. - Se defiende Judith y, tras mirarnos a Paula y a mí, nos pregunta guiñándonos un ojo con complicidad: - ¿Verdad, chicas?
     -  Puede que tú bromearas, pero yo me acabo de enamorar. - Confiesa Paula. - Lástima que esté con Meg, de lo contrario no le dejaba escapar.
     -  ¿A qué habéis venido? - Sisea Ángel visiblemente furioso.
     -  Chico, ¡qué carácter! - Se mofa Paula de su hermano. - Siento decepcionarte, pero no hemos venido a verte a ti, hemos venido a ver a Megan. - Se vuelve hacia a mí y añade: - Tenemos que hablar de lo del concierto y, al comentarlo con Judith y decirme que estabas aquí, hemos pensado en venir a buscarte y salir a comer juntas, ¿te apetece?
     -  No puede. - Contesta Ángel por mí y todos nos quedamos mirándole sorprendidos. Le desafío con la mirada, retándole. Finalmente, Ángel añade con un tono más suave pero igualmente furioso: - Megan y yo tenemos que arreglar unos asuntos del contrato.
     -  ¿Tiene que ser ahora? - Le pregunta Paula.
     -  Creo que lo mejor es que vayamos todos juntos a comer y continuéis con vuestros asuntos por la tarde, cuando tengáis el estómago lleno. - Media entre nosotros Álvaro.

Los cinco salimos de la oficina y nos dirigimos a un restaurante que hay a un par de manzanas de distancia de la oficina de Ángel y Álvaro. Judith y Álvaro caminan abrazados, sonriéndose y besándose constantemente. Detrás de ellos vamos Paula y yo, ella hablando de lo guapo que es John y de lo bien que nos lo vamos a pasar en el concierto y yo la escucho sin poder dejar de pensar en el hombre que camina detrás de mí, sintiendo su furiosa mirada en la nuca y deseando que me acorrale contra la pared, me bese y me haga el amor como me lo hizo en su casa.
Comiendo en el restaurante, Ángel continua con la misma cara de pocos amigos mientras el resto nos divertimos y bromeamos. Paula continua hablando sobre el concierto:

     -  Al final me van a sobrar un montón de entradas porque nadie puede venir.
     -  ¿A quién has invitado? - Le pregunta Judith.
     -  De momento, vamos tú, Meg, mi hermano Adrián y yo.
     -  ¿Adrián también va? - Pregunta Ángel.
     -  En cuanto se enteró de que Meg iba a venir, se apuntó. - Le contesta Paula encogiéndose de hombros. - ¿Por qué no venís con nosotras?
     -  Yo me apunto. - Asiente Álvaro y Judith le besa en los labios.
     -  Ya somos cinco. - Cuenta Paula. - ¿Tú qué dices, Ángel?
     -  Claro, ya sabes que me encanta hacer de niñera. - Responde Ángel con sarcasmo.
Me contengo para no mandarlo a la mierda, pero Paula se me adelanta:
     -  ¿Se puede saber qué te pasa? Parece que te hayan metido un palo por el culo. ¿Desde cuándo no follas? Creo que deberías llamar a alguna de tus muchas amiguitas para que intente quitarte la cara de amargado que tienes.

Todos nos quedamos en absoluto silencio mientras los dos hermanos se retan con la mirada, sin que ninguno dé su brazo a torcer. Por suerte, John aparece a mi lado como por arte de magia y dice alegremente:
     -  El destino se empeña en cruzar nuestros amigos.
     -  ¡John! - Exclamo divertida. - ¿Debo empezar a sospechar que me estás espiando?
     -  Regreso a Londres el lunes a primera hora, ¿te apetece que quedemos el sábado? - Me propone.
     -  El sábado voy a un concierto de Pablo Alborán pero, si te gusta y estás dispuesto, nos encantaría que vinieses. - Le propongo divertida al pensar en la cara que se le ha puesto a Paula. - ¿Tienes una entrada de sobra, verdad Paula?
     -  Por supuesto, incluso puedes traer un amigo. - Le propone Paula. Y, coquetamente, añade: - Eso sí, no puedes traer a una chica porque solo dejan entrar a tres chicas por grupo y ya somos tres.
Increíble el descaro de Paula coqueteando con John delante de todos. No puedo evitar reírme y John me mira sorprendido, no está acostumbrado a que las chicas coqueteen con él con tanto descaro, en Londres las mujeres son demasiado educadas para proponer algo así. Le sonrío a John con complicidad para que se relaje y parece causar efecto.
     -  Es imposible negarme a la proposición de dos bellezas como vosotras, por supuesto que iré. - Nos contesta John con galantería y todos nos reímos.
Todos excepto Ángel. ¡Este hombre nació con sesenta años! Solo lo he visto relajarse y divertirse haciendo el amor y... Oh, no. ¡Mierda! Tengo que borrar ese recuerdo de mi mente, o al menos bloquearlo para que solo emerja cuando esté en la soledad de mi habitación. ¡Dios, me estoy ruborizando!

     -  ¿Estás bien? Te estás ruborizando. - Me susurra John al oído devolviéndome a la realidad. Le miro a los ojos y le sonrío, haciéndole entender que se trata de una larga historia y él me comprende pero, aún así, me dice divertido: - Señorita Moore, tenemos una conversación pendiente.
     -  Y la tendremos, pero solo en presencia de mi abogado. - Bromeo siguiéndole el juego.
Ángel deja caer su mano sobre la mesa haciendo más ruido del necesario y todos nos percatamos, incluido John que me mira divertido ante tal descubrimiento, pero ninguno comentamos nada al respecto. John se despide educadamente de todos y se marcha a su mesa con su acompañante.

Después de comer, Paula se va a casa a estudiar, Álvaro y Judith se van a casa de Álvaro a hacer lo que hacen las parejas sobretodo cuando empiezan a salir, y Ángel y yo regresamos a su oficina para continuar con el contrato, aunque no entiendo por qué quiere que lo hagamos juntos cuando se supone que debo hacerlo yo sola. ¿Es que no se fía de que respete sus instrucciones o se cree que soy demasiado tonta para poder redactar un puñetero contrato?
Entramos en su oficina y la pelirroja gilipollas de recepción dibuja una sonrisa de oreja a oreja en su rostro para saludar a Ángel mientras que a mí me dedica una mirada de odio. No puedo evitar devolverle una encantadora y falsa sonrisa, consiguiendo que ella me mire con más odio.

Camino detrás de Ángel hasta llegar a su despacho, donde él cierra la puerta una vez estamos dentro y, con una mirada furiosa y un tono de voz que da miedo, me espeta:
     -  ¿A qué coño estás jugando, Megan?
     -  Tendrás que decirme cuál se supone que es mi juego para poder saber a qué te refieres. - Le contesto empezando a agotar mi paciencia.
     -  ¿Te has acostado con John?
     -  ¿Qué clase de pregunta es esa? - Le reprocho. - ¿Acaso yo te he preguntado si te has acostado con la pelirroja de recepción o con alguna otra?
     -  No me he acostado con Vanesa, la pelirroja de recepción, como tú la llamas. - Me contesta curvando un poco la comisura de sus labios, intentando ocultar una sonrisa. - Aunque es obvio que sí he estado con muchas otras.
     -  Me alegro de que tu vida sexual sea tan activa, pero no creo que sea algo de lo que debamos hablar ni preguntarnos. - Le recuerdo. - No puedes poner unas condiciones y luego romperlas.
     -  Si John Black nos ha dado tiempo para presentarle otra propuesta es por ti, solo trato de averiguar qué clase de relación tienes con él para saber a qué atenerme.
     -  No sé qué te estás imaginando, pero te aseguro que ni John es de los que se deja convencer por echar un polvo ni yo pienso acostarme con él para que tu empresa se lleve la cuenta. - Le aclaro ofendida y, hecha una furia, añado antes de marcharme: - Hablaré con mi padre para que él se encargue de todo cuando regrese de Madrid.

Salgo del despacho sin despedirme, dejándolo allí mirándome aturdido y con la boca abierta. ¿Quién se ha creído que soy?
Regreso a casa echando humo por las orejas. Es increíble cómo puede llegar a sacarme de quicio este hombre y a la vez excitarme tanto. ¿Me estaré volviendo loca?
Estoy demasiado nerviosa y frustrada, así que decido llenar la bañera, poner unas velas aromáticas y relajarme dándome un largo baño de espuma.

2 comentarios:

  1. ¡Buenísimo Rakel...!! Esperando ya la siguiente entrega.... ¡Un orgullo contar con novelas de este nivel en BLOGGER HOUSE...!!! ¡Gracias por compartir...!!! ¡Besitos linduraaaaa....!!!

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  2. Una linda entrada me a encatado ya estoy impaciente para leer la siguiente entrada Gracias Rakel por compartir

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