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jueves, 22 de octubre de 2015

No tientes al diablo 7.
















A la mañana siguiente mi padre viene a buscarme para ir a comer con sus amigos. Tras darme una ducha, desayunar y vestirme con una falda de tubo color crudo, una blusa sin mangas blanca y unos zapatos con tacón de aguja, cojo mi bolso y salgo del edificio para entrar en el 4x4 de mi padre.
     -  Hola Henry. - Saludo al chófer de mi padre al que conozco desde que tengo uso de razón.
     -  Hola Megan, estás tan preciosa como siempre. - Me responde Henry.
Le dedico una sonrisa y después saludo a mi padre con un gran abrazo.
     -  ¿Estás contenta? - Me pregunta mi padre.
     -  No especialmente. - Le respondo encogiéndome de hombros. - Simplemente me siento bien.
     -  Pues tu ojeras no dicen lo mismo.
     -  He dormido poco. - Le confieso. - Ayer me encontré con John y salí a cenar con él, pero se nos hizo tarde sin darnos cuenta.
     -  ¿John Black? - Me pregunta mi padre sonriendo. - ¡Hace años que no veo a ese granuja! ¿Cómo le va?

Mis padres y los padres de John se conocen, ya que mi padre y el suyo se criaron en un pequeño pueblo al sur de Londres donde todo el mundo se conoce. Tras veinte minutos explicándole a mi padre cosas sobre John, solo las que se le pueden contar a un padre, llegamos a nuestro destino. Bajamos del 4x4 y ante nosotros aparece una descomunal mansión que nada tiene que envidiar a la Casa Blanca de los EEUU. Una pareja de mediana edad se acercan a nosotros con una tierna sonrisa para recibirnos.
     -  Megan, te presento al señor y la señora Ferreira. - Me dice mi padre. Se vuelve hacia los Ferreira y, con orgullo, les anuncia: - Os presento a mi hija Megan.
     -  Encantada de conocerles, señores Ferreira. - Les digo amablemente mientras les estrecho la mano.
     -  Por favor, llámanos Gloria y Andrés, que hay confianza. - Me dice Gloria guiñándome un ojo. - Ven, tomaremos algo de beber mientras esperamos que lleguen mis hijos.
Gloria me coge del brazo y me guía hasta el jardín trasero, donde ha dispuesto una preciosa sombra a la sombra de las moreras. Mi padre y Andrés nos siguen mientras hablan de sus cosas. Gloria es una mujer encantadora y se me hace muy fácil hablar con ella de cualquier cosa, hasta que terminamos hablando de sus hijos.
     -  Tengo tres hijos. - Me dice orgullosa. - Aunque ninguno de ellos está por la labor de hacerme abuela con las ganas que tengo de tener un nieto. - Se lamenta. - El mayor tiene veintiséis años y no ha sentado la cabeza en cuanto a mujeres se refiere, sepone pálido cada vez que le digo que quiero se abuela. - Me dice divertida. - El mediano tiene veinticuatro años, está haciendo la residencia en el hospital público y no deja de doblar turnos, no tiene tiempo de dormir mucho menos de tener hijos. Y luego está mi pequeña, tiene veintidós años y está en la universidad estudiando psicología, ella tampoco está por la labor de hacerme abuela y lo cierto es que prefiero que ella siga como está.
     -  Me temo que vas a tener que esperar un poco más, Gloria. - Le digo divertida. - Eres una mujer joven para ser abuela, ya tendrás tiempo de tener nietos.
     -  Eres adorable, Megan. - Me dice y añade sonriendo peligrosamente: - Serías una nuera estupenda, estoy segura de que mis hijos te encantarán.
     -  Gloria, vas a conseguir que Megan salga corriendo y regrese a Londres. - Se mofa Andrés. - No le hagas caso, Megan. Esta mujer es capaz de organizarte la boda como te descuides.
     -  ¿Cuándo dices que salía el primer avión a Londres? - Bromeo.
Todos nos reímos y seguimos bromeando hasta que llega Paula, la hija pequeña de los Ferreira. Al igual que su madre, Paula es una joven encantadora y simpática. Sonríe todo el tiempo y es muy guapa, lo que la hace aún más atractiva. Con tan solo un año de edad de diferencia, Paula y yo congeniamos rápidamente y ambas comenzamos a hablar de la universidad, de las vacaciones, de películas y de música. En cuanto Paula me dice que ha conseguido diez entradas para el concierto de Pablo Alborán y me pide que vaya con ella, ambas empezamos a gritar y a saltar hasta que una voz nos interrumpe:
     -  ¿Qué estáis celebrando?
     -  ¡Tengo diez entradas para el conierto de Pablo Alborán! - Le dice Paula. - ¿Quieres venir?
     -  No me hace mucha ilusión pero, solo para quedarme más tranquilo, acompañaré a mi hermana y a su preciosa amiga para asegurarme de que no les pasa nada. - Contesta el chico, que supongo que será uno de los hijos de Gloria y Andrés.
     -  Megan, te presento al adulador de mi hermano Adrián. Es el mediano. - Me dice Paula.
Ni corto ni perezoso, Adrián me planta dos besos en la mejilla y me sonríe pícaramente. ¡Menudo descarado!
     -  ¿Dónde está tu primogénito? - Le pregunta mi padre a Andrés.
     -  El primogénito no puede venir, al parecer tenía cosas más importantes que hacer. - Le contesta Adrián a mi padre. - Pero estoy seguro que se arrepentirá como nunca de no haber estado aquí y haber conocido a tu preciosa hija.
     -  Este chico siempre hace lo mismo, solo piensa en trabajar y en chicas, no se acuerda ni de su propia familia. - Se lamenta Andrés.
     -  Ya lo conoces, papá. - Le dice Paula excusando a su hermano mayor. - Él es más reservado para estas cosas, es más a su rollo.
     -  ¿Más a su rollo? Los jóvenes de hoy en día no sabéis ni lo que queréis. - Sentencia Andrés.
Los tres jóvenes nos damos por aludidos pero ninguno le rebate, nos limitamos a mirarnos entre nosotros y sonreirnos. Paula y yo intercambiamos teléfonos y prometemos llamarnos la próxima semana para cenar y hablar del concierto. Me ha dicho que puedo invitar a una persona, pero que el resto de entradas ya están cogidas. Así que le hablo de Judith y, como ya se conocen  además se llevan muy bien, me siento el doble de feliz sabiendo que iremos juntas al concierto.

Después de comer en casa de los Ferreira y de charlar animadamente con ellos, nos despedimos y voy con mi padre a su casa. Hablamos sobre mi integración en la ciudad, la convivencia con Judith y sobre mi futuro trabajo en el bufete hasta que mi padre recibe una llamada urgente de trabajo y debe viajar a Madrid al día siguiente pero, como tiene asuntos pendientes para mañana, decide dejarme a mí al cargo.
     -  Ya sé que no tenías que empezar a trabajar hasta la semana que viene, pero mañana tenía una reunión con el hijo mayor de los Ferreira y es un tema delicado, pidieron expresamente que yo llevara el caso porque querían a alguien de confianza, así que les llamaré y les diré que tú irás en mi nombre, estoy seguro que lo comprenderán. - Me dice seguro de sí mismo.
     -  Papá, que conste que estoy dispuesta a ayudarte en todo lo que me pidas pero, ¿de verdad crees que es una buena idea? - Le pregunto. - Si quieren a alguien de confanza, está claro que no soy la candidata perfecta, puesto que ni siquiera me conocen.
     -  Pero a mí sí me conocen y saben que jamás pondría en peligro una reunión tan importante como la de hoy dejándolo todo en tus manos si no creyese que fueses capaz de hacerlo, Meg. - Me dice mi padre convencido de mi capacidad como abogada. - Necesitan coseguir a un cliente para tener la invesión que neceitan para ampliar la empresa. Son jóvenes pero muy buenos en su trabajo, al igual que tú en tu trabajo, y estoy seguro de que hallarás la forma de ayudarles para conseguir su objetivo.
Tras decirme eso, se ha puesto a llamar por teléfono a todo el mundo hasta que lo ha dejado todo bien atado. Nos acercamos a la oficina, donde mi padre me entrega el expediente de la empresa del hijo de los Ferreira y, al ver que se trata de una agencia de publicidad, en mi mente tan solo aparece una imagen, la de Ángel. Él también tiene una empresa de publicidad. Aparto a Ángel de mi mente, no es momento ni lugar, y le echo un rápido vistazo al posible contrato. Demasiadas cláusulas y demasiado rebuscadas para mi gusto, la verdad.
     -  ¿Quién se ha encargado de redactar las cláusulas del contrato? - Le pregunto a mi padre.
     -  Lo sé, son demasiadas y demasiado rebuscadas. - Se defiende mi padre utilizando mis propias palabras sin haberlas oído. - De los errores se aprende y ellos tratan de que sus malas experiencias pasadas no se repitan.
     -  Con este contrato no conseguirán ningún cliente. - Opino sorprendida.
     -  Me da igual lo que modifiques siempre y cuando consigan ese cliente y estoy seguro de que ellos opinan lo mismo que yo. - Termina diciéndome mi padre.

Cuando por fin llego a casa, son las diez de la noche. Judith no está, me ha dejado una nota en la nevera diciéndome que a salido a cenar con Álvaro. Decido caer en mi propia debilidad y llamo al restauante chino para pedir comida a domicilio.
Media hora más tarde, estoy cenando sola, sentada en el sofá y viendo la televisión. Están dando "la cosa más duce", una película de Cameron Díaz que me encanta y que he visto más de mil veces, así que me acomodo en el sofá y disfruto de la película.

A las doce de la noche, cansada y sabiendo que mañana tengo que madrugar, decido escribirle una nota a Judith explicándole que mañana madrugo porque tengo que encargarme de un asunto del bufete y me meto en la cama para caer rendida minutos después.

4 comentarios:

  1. Una entrada genial llena de mucho sentimiento y grandes pasiones gracias por compartir Rakel

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  2. ¡Buenísimo Rakel..!!! No se porque sospecho que Megan se llevará una atractiva sorpresa en la reunión de los Ferreira ... ¡Me come la curiosidad a que llegue ese momento...!!! ME ENCANTA el ritmo que lleva la historia ¡Gracias por llenarnos de emociones y pasiones con tus letras..!!! ¡Besitos linduraaaaa...!!!

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    Respuestas
    1. Mil gracias a ti, María! No sabes cuánta ilusión me hace que te guste! Ya verás como en el capítulo 8 te llevarás una grata sorpresa! Mil besos y feliz fin de semana! ;-)

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