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martes, 20 de octubre de 2015

No tientes al diablo 6.
















Espero la llamada de Ángel durante toda la mañana y, mientras tanto, me dedico a limpiar. A esta casa le hace falta un buen repaso y a mí el limpiar me tranquiliza, aunque no es algo que me guste hacer, es un buen pasatiempo cuando no tienes nada mejor que hacer y quieres que las horas pasen rápido.

A las tres de la tarde, muerta de hambre y de cansancio, decido salir a dar una vuelta y comerme una hamburguesa del primer Burger King que encuentre. Por suerte, hay un Burger King a un par de manzanas de distancia y decido ir dando un paseo.
Pese a estar a mediados de septiembre, el calor húmedo de Barcelona se hace bastante insoportable y agradezco en silencio el fresquito del aire acondicionado de la hamburguesería. Tengo demasida hambre como para esperar a llegar a casa para comer, así que decido sentarme en una de las pocas mesas libres y apartadas de tanto niño, que me estresan una barbaridad con sus gritos.

Estoy concentrada engullendo mi hamburguesa cuando oigo una voz familiar que me habla en inglés justo a mi espalda:
     -  ¡No me lo puedo creer! ¡Megan!
Me vuelvo hacia el propietario de esa voz y grito de alegría al ver que se trata de John Black, un buen amigo de Londres. Le doy un fuerte abrazo y le pregunto:
     -  ¿Qué estás haciendo en Barcelona?
     -  Estoy aquí por trabajo, mi empresa quiere contratar a una agencia de publicidad española y he concertado un par de reuniones con algunas agencias para tomar una decisión. Estaré aquí toda la semana, me marcho el sábado a primera hora de la mañana. - Me responde sonriendo. - Y tú, además de ponerte morada a hamburguesas, ¿qué estás haciendo por aquí?
     -  Llegué ayer y he venido para quedarme. - Le contesto con orgullo. - Voy a trabajar en el bufete de mi padre en Barcelona.
     -  Entonces los rumores de que has rechazado la oferta del mejor bufete de abogados de Londres es cierto. - Me dice divertido. - Me alegro de que por fin te hayas decidido a volver a tu ciudad. Por cierto, podríamos quedar y me enseñas la ciudad.
     -  Me parece una idea estupenda.
En menos de cinco minutos, John y yo organizamos una salida para ir a cenar esta misma noche, aprovechando que es sábado y que mañana no tenemos que madrugar (aunque yo no empiezo a trabajar hasta el lunes de la próxima semana).

Me despido de John y regreso a casa. Lo primero que hago es mirar el contestador, hay dos mensajes. Le doy al play y escucho el primer mensaje:
     -  "Hija, soy yo. Tienes el móvil apagado y no he podido localizarte. Solo quería saber qué tal te había ido la primera noche en Barelona. Supongo que si sigues durmiendo, debiste pasártelo bien. Unos amigos me han invitado a comer mañana a mediodía y quieren conocerte. ¿Crees que podrás hacerle un hueco en la agenda a tu padre y comer con él? Llámame cuando oigas el mensaje, ya sabes que detesto hablar con estos trastos."
Mi padre. Pobre hombre, debe de estar preocupado. Lo llamaré en cuanto oiga el segundo mensaje.
     -  "¡Maldita sea, Megan! Sé que estás en casa, cógeme el teléfono."
Es él. Ángel. Ha dejado el mensaje hace una hora. Sé que debo llamarle pero no me atrevo, no me siento con fuerzas de enfrentarme a él. Pero prefiero hacerlo ahora por teléfono que no encontrármelo por ahí rodeado de gente y sentirme incómoda.

Enciendo mi móvil el marco el número que Judith me ha dejado anotado en un papel sobre la mesa auxiliar del teléfono. Ángel contesta al segundo tono:
     -  ¿Sí?
     -  Hola. - Le digo con voz temblorosa. - Soy Megan.
     -  ¿Estás bien?
     -  ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo?
     -  Te largaste de mi casa sin decir nada, no sé qué pensar. - Me reprocha.
     -  Ambos dejamos claro lo que queríamos, ¿acaso querías que me quedara a desayunar? -Le pregunto con tono burlón, pero Ángel se queda callado. - Supongo que eso es un no.
     -  Solo quería asegurarme de que todo estaba bien. - Me responde resoplando. - Tengo que colgar, supongo que ya nos veremos.
Y, dicho esto, me cuelga. ¿Se puede ser más arrogante?

A las nueve en punto quedo con John en un restaurante cerca de casa, si mañana tengo que ir a comer con mi padre a casa de uno de sus amigos prefiero no acostarme muy tarde. Judith no ha querido acompañarnos porque ha quedado con Álvaro, a sabía yo que había mucha tensión sexual entre ellos. Cuando le he contado a Judith que he llamado a Ángel y la conversación que hemos tenido se ha echado a reír. Le he hecho prometer que no le dirá nada a nadie de lo mío con Ángel, lo último que me apetece es soportar las bromas de Rubén. Y, por si fuera poco, estoy segura de que me lo voy a tener que cruzar más de una vez porque Judith sale con uno de sus mejores amigos y su socio. Puede que no haya sido tan buena idea que Judith y Álvaro hayan acabado juntos.
     -  Estás muy callada, ¿te ocurre algo? - Me pregunta John cuando el camarero termina de servir vino en nuestras copas y se marcha.
     -  ¿Alguna vez has deseado tanto algo que te has saltado todas las normas para conseguirlo?
     -  ¿Hablamos de algo material, carnal o espiritual? - Me pregunta divertido.
     -  Carnal, más concretamente sexual. - Le especifico. Al fin y al cabo, entre John y yo siempre ha habido una buena amistad y hemos podido hablar de todo.
     -  Cuéntamelo sin rodeos, así nos entenderemos mejor.
     -  Ayer conocí a un tipo que me atrae sexualmente como nunca nadie antes me había atraído. - Le empiezo a contar. - El caso es que lo deseaba tanto que me acosté con él la misma noche que le conocí, rompiendo mi norma número uno: Nunca duermas con extraños.
     -  ¿Dormiste con él en un hotel, en tu casa o en la suya? - Me pregunta.
     -  En su casa. - Le digo suspirando. - Al menos no lo llevé a mi casa, aunque sabe dónde vivo porque es uno de los mejores amigos del hermano de mi compañera de piso. La que, por cierto, ayer empezó a salir con otro de sus mejores amigos y a la vez su socio. Me acosté con él porque lo deseaba y creía que, aunque rompiera las normas, solo lo haría una vez porque no iba a volver a verle. Pero está claro que me lo voy a tener que encontrar por todas partes y, aunque no me arrepiento de la noche que he pasado, no me hace gracia la idea de tener que encontrármelo por ahí.
     -  Cada vez que le veas querrás acostarte con él y eso no formaba parte del plan inicial. - Resume con gran habilidad. - Pero, si él también quiere acostarse contigo, ¿cuál es el problema?
     -  Tiene fama de no acostarse dos veces con la misma mujer, por eso era perfecto. Estaba tan excitada que solo pensé en eso pero esta mañana he pensado en todo lo demás y creo que me estoy volviendo loca.
     -  ¿Quieres un consejo? - Me pregunta y, sin esperar respuesta alguna, añade: - Tíratelo hasta que se te pase el capricho o, en su defecto, tírate a otro que haga que te olvides de él.
     -  Me gustan tus consejos. - Le contesto divertida alzando mi copa de vino para brindar con él.
Entre bromas y cachondeo, John y yo nos ponemos al día sobre nuestras vidas mientras recordámos viejas anécdotas. Las horas pasan volando y llego a casa a las tres de la mañana.

Me sorprendo al abrir la puerta y encontrar todas las luces encendidas. En el salón, Judith y Álvaro están sentados en el sofá y, al verme, Judith me espeta:
     -  ¿Has visto qué hora es? ¿Dónde coño tienes el móvil? O mejor aún, ¿por qué lo tienes apagado?
     -  Perdona mamá, ¿has visto a mi compañera de piso por algún sitio? - Le contesto molesta.
     -  ¡Joder Meg, estaba preocupada! - Me dice molesta. - Te vas a cenar con un tío al que no conozco de nada, apagas el móvil, no tengo manera de localizarte y mira la hora que es.
     -  Lo siento, me quedé sin batería. - Le repondo sintiéndome culpable. Judith tiene ese don, siempre se sale con la suya haciéndome sentir culpable.
     -  No pasa nada. - Me dice más relajada. Y, cambiando de tema como sólo ella sabe hacer, me pregunta sonriendo: - ¿Qué tal tu cita?
     -  No era una cita. - Le aclaro mientras me dejo caer en el sillón y me quito los zapatos.
     -  Pues ya me dirás que es, porque has salido a cenar a solas con un chico con el que te llevas muy bien y has vuelto a casa a las tres de la mañana. - Se burla Judith. - ¿Estás segura de que no ha habido ni un poquito de sexo, Meg?
     -  ¿Desde cuándo te interesa tanto mi vida sexual? ¿Te he preguntado cuántas veces lo habéis hecho vosotros dos? - Le pregunto molesta. - Por cierto, aprovecho la ocasión para advertiros que en mi habitación la única que practica sexo soy yo.
     -  Creía que una de tus reglas de oro es no meter un hombre en tu cama, que para eso existen los hoteles y los coches. - Me dice Judith burlonamente.
     -  Nada de sexo en mi habitación, ¿de acuerdo? - Les amenazo. - Y ahora me voy a dormir que mañana he quedado con mi padre para ir a comer a casa de no sé quién.
     -  Buenas noches. - Me responden ambos al unísono.

Me desnudo y me meto en la cama completamente agotada. He bebido algo más de lo que debería y sé que mañana voy a tener un aspecto horrible por no descansar lo que mi cuerpo necesita, pero estoy tan eufórica por mi nueva vida en Barcelona que me quedo dormida con una sonrisa en los labios.

4 comentarios:

  1. Ahora si que como dijera mi Isidro ENCANTADOR ... Enganchadisima estoy con la historia ¡Gracias por compartir mi Rakel...!!! ¡Besitos preciosa....!!!

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    Respuestas
    1. Jejeje, espero que te siga gustando. Mil besos para ti, guapa! ;-)

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  2. Una buena entrada es un episodio que nos puede ocurrir a todos ,el reencuentro con un amigo, un nuevo trabajo, el desamor,el miedo,gracias Rakel por esta maravilla de tu maravillosa pluma, gracias

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