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martes, 13 de octubre de 2015

No tientes al diablo 3.
















La cara de Judith es un poema cuando ve a Álvaro sentarse en nuestra mesa. Ella parece estar furiosa mientras él la provoca sonriendo burlonamente.
Entonces, un tipo moreno de ojos verdes y que está como un tren llega a nuestra mesa y saluda educadamente:

     -  Rubén, ¿cómo te va? No te veía desde la semana pasada. - Le dice a Rubén. Se vuelve hacia a Álvaro y le dice bromeando: - Tío, a ti te tengo muy visto. Te veo todos los días en la oficina y más horas de las que me gustaría. - Sonríe con carisma y saluda a Judith: - Judith, cada día estás más guapa. Si necesitas ayuda para espantar moscones no dudes en llamarme.
     -  Lo haré, no lo dudes. - Le dice Judith tras echar una rápida mirada a Álvaro. - Ángel, te presento a mi mejor amiga Megan. Megan, él es Ángel, el socio del payaso.
     -  Encantada de conocerte. - Le digo tendiéndole la mano.

Ángel asiente con la cabeza y me estrecha lamno intentando sonreír aunque sin demasiado éxito. ¿Dónde ha dejado su carisma?
Rubén, Álvaro y Judith intercambian una mirada de asombro y yo estoy a punto de perder la pacencia cuando por fin Rubén le dice a Ángel bromeando:

     -  Perdona pero, ¿quién eres y qué has hecho con mi amigo?
     -  No sé a qué te refieres. - Le contesta Ángel con indiferencia. Se sienta en la silla que queda libre, curiosamente a mi lado y, cambiando de tema, pregunta: - ¿Queréis tomar vino tinto o vino blanco?

Veo como todos intentan contener la risa mientras que Ángel continua serio como si no se diera cuenta de nada. Y yo, que realmente no me doy cuenta de nada, murmuro:
     -  Pide lo que sea, mientras tenga alcohol estaré conforme.
     -  Te prometo que te saco de aquí en cuanto acabemos de cenar y nos vamos de fiesta. - Me dice Judith para darme ánimos. - Tenemos mucho que celebrar.
     -  ¿Os vais de fiesta después? - Pregunta Álvaro.
     -  No es asunto tuyo. - Le contesta Judith y yo me quedo alucinada. Le lanzo una mirada de reproche para que no sea tan desagradable y me dice: - No me mires así, él es igual de desagradable conmigo.
     -  Pocahontas, yo no soy desagradable contigo, a menos que tú lo seas, lo que suele ocurrir con bastante frecuencia. - Le dice Álvaro.
     -  ¡No me llames así! - Le espeta furiosa Judith.
     -  Podemos ir todos a tomar un par de copas, creo que a todos nos vendrá bien relajarnos. - Propone Rubén. - Además, tenemos que celebrar la llegada de Megan que, tras ocho años en Inglaterra, ha decidido volver a Barcelona.

Noto como Ángel me mira de reojo, pero no dice nada. Es como si me estudiara con la mirada, como si desconfiara de mí. Si no acabara de conocerlo, pensaría que está enfadado conmigo. Cuando ha saludado a todos parecía un tipo divertido pero cuando me ha saludado a mí se ha convertido en el tipo más frío y distante que pueda haber. A todos les ha llamado la atención su reacción, lo he podido comprobar en sus caras de asombro. Cuando me quede con Judith a solas le preguntaré.
Durante toda la cena, charlamos alegremente mientras bebemos un vino tinto delicioso que ha pedido Ángel y que a todos nos ha encantado, pues nos hemos bebido ya tres botellas. Ángel no me dirije la palabra directamente. Participa en la conversación pero no se dirije a mí directamente y evita mirarme. Yo hago lo mismo, si él quiere ignorarme, ¿por qué me voy a molestar en mirarle o hablarle?

Cuando por fin la cena termina, los cinco decidimos salir de allí huyendo. En el prking del hotel, Rubén mira a Judith y, tras estudiarla durante un instante, sentencia:
     -  Judith, deja el coche aquí. No creo que estés en condiciones de conducir.
     -  Yo conduciré. - Les digo.
     -  ¡Ni de coña! - Exclaman Judith y Rubén al unísono.
     -  ¿Tan mal conduces? - Me pregunta Álvaro mofándose.
     -  ¡Venga, hombre! ¡Soy una excelente conductora! - Protesto.
     -  Sí, por eso te han detenido cuatro veces en Londres por conducción temeraria. - Me replica Rubén quitándole las llaves del coche a su hermana. - Tu padre nos ha dado un sabio consejo: Si amáis vuestra vida, no os montéis en un coche que conduzca mi hija. Y yo amo demasiado mi vida.
     -  ¿Detenida cuatro veces por conducción temeraria? - Pregunta Álvaro incrédulo. - ¿Qué hiciste? ¿Es que creías que te daban puntos por atropellar a los peatones?
     -  Esos antecedentes ni siquiea constan en mi expediente. - Me defiendo.
     -  Porque eras menor de edad, lo cual no es nada bueno que aportar. - Me dice Rubén burlonamente.
     -  En mi defensa alegaré que en Londres todos son muy tiquismiquis. - Me defiendo. - Estoy segura de que si lo hubiera hecho en Barcelona, no habría pasado nada.
     -  ¿Qué hace una niña menor de edad conduciendo un coche en Londres? - Me pregunta Álvaro divertido. - Eres toda una caja de sorpresas Megan.
     -  No creas ni la mitad de lo que te dicen éstos dos, son unos exagerados. - Le contesto poniendo los ojos en blanco. - Puede que hiciera alguna travesura de adolescente, pero ha pasado mucho tiempo desde entonces y soy una mujer madura, al menos a ratos.

Todos estallan en carcajadas. Todos excepto Ángel, quien apenas curva un poco la comisura de su boca. Pero, ¿qué le he hecho yo a este hombre?
En fin, finalemnte Judith y yo nos vamos con Rubén en su coche y Álvaro y Ángel se van en el coche de Álvaro, pero quedamos en encontrarnos en un pub que se supone que es el mejor de la ciudad.
Veinte minutos más tarde, entramos en el pub "Heaven", un local situado en pleno centro de la ciudad y con una clientela muy selecta. Rubén nos guía hasta un pequeño reservado situado en la terraza del local, el cual está protegido de las miradas del resto de clientes por unos biombos de madera blanca, a juego con el mobiliario y la decoración minimalista del local. Rubén se dirige a la barra a por unas copas y aprovecho para preguntarle a Judith lo que desde hace rato me ronda la cabeza:
     -  Judith, cuándo me habéis presentado a Ángel, ¿qué ha pasado? Me ha saludado muy serio y todos os habéis echado a reír, ¿qué le pasa?
     -  Ángel es un mujeriego, si ve a una mujer bonita la piropea hasta que consigue acostarse con ella para después no volver a verla. - Me dice Judith sonriendo. - En cuanto lo hemos visto aparecer, todos espeábamos que te dijera algún piropo, pero en lugar de eso se ha comportado de una manera muy rara, incluso Rubén le ha dicho que no parecía él mismo.
     -  A lo mejor no me considera una mujer bonita. - Opino pronunciando su palabras.
     -  Megan, le has ustado y de eso estoy segura. - Me dice divertida. - No ha dejado de mirarte de reojo en todo momento y prestaba atención a todo lo que decías, aunque disimula muy bien. No sé qué le has hecho al pobre Ángel, pero nunca lo había visto reaccionar así.
     -  ¡Yo no le he hecho nada! - Protesto. - Es un borde.
     -  Sí, pero está muy bueno. - Sentencia Judith entre risas. - Si lo que quieres es un polvo de una noche, Ángel es tu hombre, pero no esperes nada más de él.
     -  No me interesa, creo que no lo soporto. - Le contesto.
     -  Aquí traigo las copas. - Dice Rubén sonriendo. - Vamos a brindar por la que puede ser una noche maravillosa.
     -  ¿A qué viene ese buen humor? - Le pregunta Judith.
     -  Acabo de encontrarme con Sofía y la he invitado a unirse a nosotros. - Nos dice Rubén. - Está despidiéndose de su amiga y ahora vendrá hacia aquí. Espero que seáis buenas, las dos abéis lo que ella significa para mí.

Cinco minutos después, Ángel y Álvaro aparecen en el reservado con una copa cada uno. Álvaro se sienta inmediatamente al lado de Judith, quien le dedica una mirada de fingido desprecio que a él le hace sonreír. Ángel se sienta a mi lado, en el único sillón que queda libre.
Sofía llega al reservado y saluda a todos, pues ya los conoce. Rubén nos presenta y ella me dedica una sonrisa con simpatía. Como me había dicho Rubén, Sofía es una chica sencilla pero con una sencillez exquisita que la hace muy atractiva. Rubén y Sofía hacen una buena pareja.
Charlamos animadamente hasta que empezamos a achisparnos todavía más y Rubén y Sofía, bastante acaramelados, deciden ir a la pista a bailar. Judith decide levantarse para ir a por unas copas y Álvaro decide acompañarla para ayudarla a traer las copas, aunque lo único que desea es estar con ella. Y aquí estamos Ángel y yo, ambos callados y evitando cruzar nuestras miradas. Es como ir en el bus y tener a un desconocido al lado, te limitas a darle los buenos días como mucho y sigues con tu vida.
     -  ¿Siempre eres así de hablador o no directamente no te caigo bien? - Me oigo preguntar, sorprendiéndome a mí misma.

Ángel me mira con el rostro indescifrable durante unos segundos en los que trata de incomodarme pero sin conseguirlo. He bebido demasiado como para que una mirada suya pueda perturbarme. Finalmente, me dice mirándome a los ojos:
     -  Lo siento, no estoy acostumbrado a estar con desconocidos.
Pues para tirarse a una mujer distinta cada noche, entonces debe conocer a las mujeres de medio mundo, pero prefiero no decirle nada al respecto, al fin y al cabo, soy una desconocida.
     -  Eso a sonado a todo menos a una disculpa. - Le respondo con indiferencia. - Pero no te preocupes, no te molestaré más.
Ahora es él quien me mira desconcertado. Pero en ese momento llegan Judith y Álvaro discutiendo, cómo no, y nuestra conversación, por llamarla de alguna manera, es interrumpida.
     -  Pocahontas, no te pongas así, solo te he pedido que bailes una canción conmigo. - Le dice Álvaro a Judith que está empezando a echar humo por las orejas.
     -  Baila una canción con Álvaro y hazlo feliz, Jud. - Le insiste Ángel. - Yo ya lo aguanto bastante entre semana, es justo que durante el fin de semana yo pueda descansar de él.
     -  Si bailo con Álvaro, tú tendrás que bailar con Meg. - Le dice Judith con malicia. - Ha venido conmigo y no puedo dejarla sola.
     -  No te preocupes por mí, vete y diviértete. - Le digo zanjando el tema.
Pero Judith solo espera la respuesta de Ángel y éste, finalmente, le dice:
     -  Ve a bailar, seré la sombra de Megan mientras que tú no estés.

Abro la boca para decir algo pero Judith me mira con gesto amenazador y yo decido cerrar mi boca de nuevo. Mi amiga tiene muy mal genio. Álvaro agarra del brazo a Judith y la arrastra hasta la pista de baile, dejándonos de nuevo a solas a Ángel y a mí.
Para no tener que hablar, decido llevarme la copa a la boca y observar las preciosas vistas de la ciudad que se ven desde la terraza del Heaven.

4 comentarios:

  1. un relato muy interesante y muy entretenido con muchas peripecias que les pasan a los personajes gracias Rakel por compartir

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  2. Exquisito y divertido..ERES FABULOSA Rakel ¡Gracias por compartir...!!! No tardes en volver que me dejaste como decimos acá,me dejaste picada :))) ¡Besitos preciosaaaa.....!!!

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