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sábado, 31 de octubre de 2015

No tientes al diablo 12.
















El sábado por la tarde todos nos reunimos frente a nuestro edificio a las siete en punto, excepto Adrián, que ha tenido que doblar turno de nuevo en el hospital y no va a poder venir.
Por primera vez desde que lo conozco, veo a Ángel vestido con unos tejanos y una camisa negra en vez de con su caro traje de Armani. Tras saludarnos alegremente, nos dividimos en el coche de Ángel y en el de Álvaro. Álvaro se monta en su coche con Judith, Rubén y Sofía, Mientras que Paula, John y yo nos montamos con Ángel en su coche. Durante todo el camino, Paula habla animadamente, John y yo también participamos en la conversación, pero Ángel conduce en silencio.

Nada más llegar, nos dirigimos al improvisado bar del concierto donde pedimos unas cervezas. Cuando el concierto empieza, todos empezamos a bailar. Al principio, lo hacemos individualmente, pero cuando Pablo Alborán canta la canción "solamente tú" las parejas empiezan a formarse y todo el mundo baila muy agarrado a su pareja. Unas manos me rodean la cintura y, con un suave tirón, me colocan contra el resto del cuerpo. El propietario de esas manos y ese cuerpo es Ángel, que ahora sonríe.
     -  Pero bueno, ¡si sabes sonreír! - Bromeo devolviéndole la sonrisa.
     -  Sé hacer muchas otras cosas que te harán sonreír a ti. - Me susurra al oído.
     -  Señor Ferreira, ¿se me está insinuando? - Le pregunto divertida. A veces, unas cuantas cervezas pueden resultar de lo más efectivas para desinhibirte y relajarte. - Como su abogada, debería advertirle que está pisando terreno peligroso.
     -  Eso suena todavía más tentador. - Me susurra con voz ronca.

Bailamos al ritmo de la música, con la suave y dulce voz de Pablo Alborán en directo. Empiezo a cantar en susurros y Ángel me estrecha más contra su cuerpo, me abraza con más fuerza. Si no fuera porque sé cuál es su reputación, pensaría que está siendo romántico.
Cuando la canción termina, Pablo Alborán se despide y el concierto se acaba. Ángel y yo nos separamos prudentemente y yo evito mirarle a la cara. Me atrae demasiado como para poder pensar con sensatez cuando estoy con él, mucho menos si le tengo pegado a mí.
Decidimos ir a tomar algo y guiados por Paula acabamos en un karaoke. La cara de los chicos lo dice todo, ellos no tienen pensado cantar ni por todo el oro del mundo y yo estoy de su lado. Las únicas que parecen estar contentas de estar en un karaoke son Paula, Sofía y Judith. Judith, al verme la cara, me dice con su voz de niña buena:
     -  Oh, Meg. Por favor, por los buenos tiempos. - Me guiña un ojo y añade riendo: - Tienes que cantar la misma canción, solo nos falta encontrar a Héctor.

Héctor es un novio que tuve poco antes de marcharme a Londres. Íbamos juntos al instituto y yo lo adoraba pero él ni siquiera sabía que existía. Un día coincidimos en un karaoke y salí a cantar "can't fight the moonlight", más conocida como la banda sonora de la película "El Bar Coyote". En cuanto Héctor me vio subida al escenario cantando como si estuviera bajo la ducha de casa, con la seguridad que unas copas de más te dan, no pudo dejar de mirarme en toda la noche. Por desgracia, dos semanas después de aquel encuentro me fui a Londres y tal y como empezó nuestra relación, se acabó.
     -  No pienso volver a subir a un escenario. - Sentencio.
     -  ¿Tienes miedo de hacer el ridículo? - Bromea Rubén.
     -  Si la estoy animando es porque sé muy bien que no va a hacer el ridículo. Aquella noche en el karaoke, además de ligarse al más buenorro del instituto, tres cazatalentos pretendían contratarla. - Me defiende Judith. - Meg canta muy bien, pero no le gusta cantar en público.
     -  No puedes privarme de oírte cantar. - Se mofa John.
     -  No pienso cantar, ¿me habéis escuchado? - Les repito molesta.
     -  Deja que se beba un par de copas más y la haremos cambiar de opinión. - Le dice Judith a Paula provocando una risotada de John.

Paso de ellos y le pido una copa al camarero. Todos se ríen y piden sus copas convencidos de que acabaré cantando y yo me resigno porque sé que tienen razón. Con nuestras copas en la mano, nos sentamos en los sofás que hay cerca del escenario. Sin tiempo que perder, Sofía, Paula y Judith se apuntan en la lista para subir al escenario y cantar. Mientras nos bebemos nuestras respectivas copas, pedimos más mientras vemos y oímos cantar a Sofía, Paula y Judith. Cantan bastante bien y las tres se llevan un efusivo aplauso del público.
Todos vuelven a insistir en que cante, todos menos Ángel que está más interesado en otra cosa y le pregunta a Judith:
     -  ¿Quién es ese tal Héctor?
     -  Era un Dios en nuestro instituto. Una noche, Meg subió al escenario de un karaoke a cantar y él en cuanto la vio se enamoró de ella. - Le dice Judith mirándome burlonamente. - Fue una lástima que Meg se marchara a Londres dos semanas después. - Se vuelve hacia a mí y añade: - De vez en cuando coincido con Héctor en algún acto social y siempre me pregunta por ti, se llevará una sorpresa cuando se entere de que has vuelto para quedarte.
Le lanzo una mirada de advertencia a Judith, no me gusta que esté intentando poner celoso a Ángel y mucho menos que le cuente mi vida, aunque a él no parece importarle en absoluto. Incluso parece divertido al escuchar las anécdotas que Judith cuenta sobre mí.
     -  Parece que tienes admiradores por todas partes. - Me susurra Ángel al oído.
     -  No creas todo lo que te dicen, la gente tiende a exagerar. - Le contesto sonriendo.
     -  Te he oído cantar en el concierto mientras bailábamos, no lo haces nada mal. - Comenta Ángel sin dejar de sonreír. - ¿Por qué no quieres cantar?
     -  Necesito estar un poco más borracha, creo que tengo miedo escénico. - Le contesto encogiéndome de hombros.
     -  ¿Algún día cantarás para mí?
     -  El mismo día que tú cantes para mí. - Bromeo sabiendo que él jamás cantará.
     -  ¿Me estás tentando? - Me pregunta divertido.
     -  Ya sabes que me encanta tentar al diablo, nene. - Le respondo sonriendo utilizando sus propias palabras. Si quería guerra, la iba a tener.

Diez minutos más tarde, escucho mi nombre por megafonía, alzo la  vista y un tipo que hay sobre el escenario me dice:
     -  Megan, no te hagas la remolona y ven a cantar.
Consciente de que no tengo escapatoria, decido levantarme y encaminarme hacia el escenario, pero antes le susurro a Ángel en el oído:
     -  Disfruta de la actuación, nene. Será la primera y la última que veas.
Subo al escenario y empiezo a cantar la canción del Bar Coyote, lo que no me deja ninguna duda de que ha sido Judith la que ha apuntado mi nombre en la lista del karaoke.
Canto y bailo segura de mí misma, a pesar de que hacía años que no cantaba con tanto público y mucho menos en un kararoke. Ángel no me quita ojo de encima y, cuando un par de borrachos tratan de alcanzarme, Ángel se coloca a mi lado y me rodea por la cintura, bailando conmigo al ritmo de la música mientras yo continuo cantando.

Cuando la canción termina, todos los que están en el local nos aplauden y vitorean, pidiendo que cantemos un dueto, pero Ángel me coge del brazo y me saca del escenario tirando de mí hasta llegar a donde habíamos estado sentados antes. Rubén, que como el resto se han percatado de lo ocurrido, es el único que se atreve a hablar y le dice a Ángel:
     -  Colega, creo que es la primera vez que te veo bailar. ¿Desde cuándo bailas?
Ángel se encoge de hombros y sonríe tímidamente. Creo que incluso se ruboriza un poco, pero rápidamente les distrae a todos cambiando de tema:
     -  No ha estado mal el concierto, pese a que mi idea de ir a un concierto es totalmente distinta a lo que hoy he vivido. No es que no me haya gustado, pero estoy acostumbrado a que los conciertos sean algo más animados.
     -  ¿A caso insinúas que no te lo has pasado bien? - Le pregunta Paula con sorna.
     -  A mi me ha parecido que se divertía bastante hace un momento. - Apunta Judith.
     -  ¡Menudo carácter tienen las españolas! - Exclama John sacando del atolladero a Ángel y relajando un poco el ambiente.
Cambian de tema y todos continúan hablando. Todos excepto Ángel, que ha vuelto a poner su cara de tipo serio y aburrido y se ha olvidado por completo de que existo.

Finalmente, decidimos regresar a casa tal y como hemos venido, repartidos en dos coches. John, Paula y yo nos montamos con Ángel en su coche.

2 comentarios:

  1. Una entrada Maravillosa me a encantado es preciosa gracias por compartir Rakel feliz fin de semana

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  2. Buenísimo Rakel... ¡Me lo he leído como agua...!!! ¡Esperamos de ya la siguiente entrega...!! ¡Besitos linduraaaaa...!!!

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