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jueves, 29 de octubre de 2015

No tientes al diablo 11.
















Comento con Ryan y con John los puntos en los que lo he bordado y en los que he podido hacerlo mejor, tranquilizo a Judith que se ha asustado temiendo que pudiera tener un accidente y observo a Paula hablar por teléfono a unos metros de distancia.

Ryan tiene que marcharse y se despide de nosotros amablemente, prometiendo que en cuanto pueda regresará y ambos competiremos en una carrera. Cuando Paula termina de hablar por teléfono, se une a la despedida y, cuando estamos los cuatro montados en el coche, nos dice:
     -  Tengo un pequeño problema. - Todos la miramos esperando que continúe hablando y ella no se hace de rogar: - Había quedado para cenar con Ángel y acaba de llamarme. Le he dicho dónde estábamos y, no sé cómo, se ha dado cuenta de que había bebido y ha montado un poquito en cólera, sobretodo cuando le he dicho que estaba viendo como Meg conducía un Ferrari y que creía que se iba a matar... - Se vuelve hacia a mí y añade: - Te juro que no lo he hecho queriendo, simplemente no he sabido actuar e inventarme algo para excusarme.
     -  No entiendo cuál es tu problema, tú no has hecho nada que tu hermano te pueda reprochar. - Le dice John quitándole importancia al asunto. - En cuanto a lo de cenar con tu hermano, creía que tú y yo teníamos una cita esta noche.
     -  Y la tendremos, siempre y cuando Megan se encargue de distraer a mi hermano mientras nosotros nos fugamos. - Le dice Paula divertida.
     -  Lo siento, pero no contéis conmigo. - Les advierto.
     -  Venga Meg, por los viejos tiempos. - Me anima John. - Recuerda cuantas veces te he cubierto yo, incluso llegué a pasar una noche en el calabozo por ti.
     -  Eso es chantaje emocional. - Protesto.
     -  Venga Meg, Álvaro y yo estaremos con vosotros, así no estaréis solos. - Termina por convencerme Judith.
     -  De acuerdo pero, si acabamos matándonos, solo vosotros seréis los responsables. - Les acuso tratando de que se sientan culpables pero sin éxito alguno.
     -  ¿Cuántas veces te has acostado con él? - Me pregunta John de sopetón. - No me mires así, se de sobra que os habéis acostado juntos, no hay más que observar como os miráis y lo celoso que parecía estar Ángel en el restaurante el pasado lunes. Supongo que Ángel es el tipo con el que has roto todas las reglas que existen, incluso la de no mezclar trabajo y placer. - Se mofa John.
     -  No tiene gracia, ya te dije que se suponía que no debía volver a verle. - Le replico.
     -  Pues me da a mí que él no está por la labor de dejar de verte. - Me dice con sorna.
     -  Creo que es la primera vez que veo a mi hermano interesado de verdad en una chica. - Comenta Paula mientras una descarga eléctrica recorre mi cuerpo.
     -  Será mejor que os calléis si no queréis que Meg salga huyendo. - Les advierte Judith. - Creo que la estáis asustando.
     -  Como se os ocurra decir alguna gilipollez delante de él o simplemente mencionar el tema, os mataré con mis propias manos, ¿me habéis entendido? - Les amenazo.

Dicho eso, nadie vuelve a mencionar el tema de nuevo en todo el camino. Paula guía a John que conduce siguiendo sus indicaciones hasta llegar al restaurante donde Paula y Ángel habían quedado. Aparcamos frente a un bar situado a las afueras de la ciudad. Es un bar tranquilo y sencillo, nada de lujos ni de cinco tenedores, pero con un encanto especial. Paula camina decidida atravesando el local y dirigiéndose a la terraza trasera mientras todos la seguimos. Cuando salimos a la terraza, nos encontramos a Ángel, Álvaro, Adrián, Rubén y Sofía sentados en una de las mesas y tomando una cerveza. La cara de Ángel es un poema y la de Álvaro tampoco se queda atrás, pero su enfado desaparece en cuanto Judith le besa en los labios. Paula y Ángel intercambian una desafiante mirada y yo decido quitarme de en medio y saludar a Rubén, Sofía y Adrián. Adrián rápidamente me empieza a hablar y yo me animo con tal de evitar mirar y hablar con Ángel, no estoy dispuesta a que se enfade conmigo porque su hermana se vaya a cenar con mi amigo y le deje plantado, tendrá que asumirlo.
     -  Quedamos mañana en frente del edificio de Judith y Megan a las siete en punto. - Empieza a decir Paula después de sostenerle la mirada a su hermano durante unos minutos. - Al final somos nueve, así que podemos ir en dos coches.
     -  Genial, pues nos vemos mañana frente a mi casa. - Le dice Judith.
     -  Buenas noches, chicos. - Se despide Paula. - Megan, te devolveré la ropa en cuanto la lave.
     -  No te preocupes por la ropa. - Le respondo sonriendo. - Diviértete.
Paula me abraza a modo de despedida y me susurra al oído:
     -  Ten paciencia con mi hermano, si tiene esa cara de póker es por que en el fondo siente algo por ti, pero aún no se ha dado cuenta.
     -  Lárgate ya. - La apremio. - Y recuerda que me debes una y de las grandes.

Ángel no pierde detalle de nuestra conversación mientras continua mirándonos con su cara de póker, cómo dice Paula. Ella y John se despiden de todos y desaparecen. Rubén y Sofía se quedan un rato más pero también terminan marchándose. Al final, nos quedamos solo Álvaro, Judith, Adrián, Ángel y yo para cenar. Es un bar de tapeo y me pongo morada. ¡Me encanta poder ir de tapas y a esta hora!
     -  ¿Cuánto tiempo llevas sin comer, Meg? - Bromea Adrián al verme comer.
     -  Como en todo momento pero siempre tengo hambre, como no me apunte rápido a un gimnasio me voy a poner como un tonel. - Bromeo. - Creo que debo empezar con mi rutina y salir a correr unos kilómetros por las mañanas.
     -  ¿Solías salir a correr en Londres? - Me pregunta Adrián.
     -  Todos los días, es una buena forma de quemar adrenalina. - Le respondo. Judith me sonríe, buscando el doble sentido de mis palabras.
     -  Es una buena forma de quemar adrenalina, pero prefiero otras más placenteras. - Me dice Adrián sonriendo pícaramente.
Judith y Álvaro estallan en carcajadas. ¿Es que estos dos, los que se suponen que son nuestros amigos, se ríen de nosotros? Desde luego, la situación es para echarse a reír o a llorar. Ángel está hecho una furia, está claro que hoy no es su día. Adrián, ajeno a todo, coquetea conmigo constantemente y la recién estrenada pareja se lo pasa en grande mofándose de nosotros.

Tras cenar, Adrián se despide de nosotros ya que mañana tiene que madrugar porque le toca el turno de mañana en el hospital. Judith y Álvaro continúan a lo suyo, besándose e ignorándonos. Ángel, que se ha relajado un poco desde que su hermano se ha ido, me pregunta:
     -  ¿Hay algo entre mi hermana y John Black?
     -  Eso deberás preguntárselo a ella. - Le respondo con la misma frialdad con la que él me ha estado tratando toda la noche.
     -  Puedes estar segura de que se lo preguntaré. - Me responde. - Respecto a mi hermano, prefiero que te mantenga alejada de él.
     -  ¿Perdona? - Le pregunto incrédula.
     -  ¿Quieres acostarte con mi hermano?
     -  ¿Qué? - Estoy tan aturdida y furiosa que no sé si echarme a reír o directamente partirle la cara. - No sé cuál es tu problema, pero con quien me acuesto o me dejo de acostar es asunto mío, ¿de acuerdo?
     -  Si te acuestas conmigo, al día siguiente te acuestas con otro que hoy probablemente se acueste con mi hermana y encima coqueteas con mi hermano, ¿qué quieres que piense? - Me espeta furioso. - ¡Solo te falta acostarte con mi padre!
Como si de un acto reflejo se tratara, mi mano sale disparada hasta impactar en su rostro, dejando boquiabiertos a Álvaro y Judith, que estaban ensimismados y solo han reaccionado al escuchar el sonido de la bofetada. Ángel me mira furioso, sus ojos está completamente nublados y, por primera vez desde que lo conozco, siento verdadero terror por su posible reacción.
     -  ¡Megan! - Me regaña Judith sorprendida por mi reacción.
     -  Me voy a casa, os veo mañana. - Les digo a Judith y Álvaro.

Y, sin despedirme de Ángel, me levanto, dejo un billete de diez euros sobre la mesa y me dispongo a marcharme del local. Una vez en la calle respiro con más tranquilamente y me acerco a la carretera esperando encontrar un taxi libre cuando alguien me agarra del brazo y me gira ciento ochenta grados.
     -  ¿A dónde vas? - Me pregunta Ángel furioso, apretándome el brazo con fuerza. - ¿Crees que puedes darme una bofetada y largarte sin más?
     -  Suéltame, gilipollas. - Siseo furiosa. - ¿Quién te has creído que eres tú? ¿A caso crees que tienes algún derecho para opinar sobre mi vida sexual? Creo recordar que habíamos quedado en mantener una relación estrictamente profesional, era la condición que había puesto para continuar trabajando contigo.
     -  ¡Joder, Megan! - Protesta. - ¿Qué cojones quieres que piense? Pasaste la noche conmigo y al día siguiente la pasaste con John Black.
     -  No tengo que darte ninguna explicación, ni siquiera te la mereces. - Le espeto. - Aún así, te diré que, si no te has dado cuenta, John y yo somos amigos, nunca nos hemos acostado juntos y ahora mismo está cenando con tu hermana. ¿De verdad crees que dejaría que se fueran juntos a cenar si yo estuviera con John? No me considero una mujer celosa, pero soy hija única y no me gusta compartir.
     -  ¿Eso es una advertencia? - Me pregunta socarronamente.
     -  ¿Tienes algún trastorno de personalidad o simplemente pretendes volverme loca?
     -  Pretendo volverte loca, pero no de la manera que piensas. - Me susurra al oído al mismo tiempo que me empuja contra la fachada del edificio y deja sus labios a escasos centímetros de los míos. Acerco todavía más mis labios a los suyos, a un milímetro de distancia, y añade con la voz ronca: - Deja de provocarme constantemente o...
     -  ¿O qué? - Le pregunto con picardía y, sonriéndole lascivamente, añado: - ¿Vas a castigarme por ser una niña mala? ¿Vas a darme unos azotes?
     -  No tientes al diablo, nena. - Me susurra excitado.
Estamos a punto de besarnos cuando Álvaro y Judith salen del local e instintivamente Ángel y yo nos separamos el uno del otro. Judith me mira preocupada, no sabe lo que está pasando y teme que alguno de los dos hagamos una tontería.
     -  ¿Va todo bien? - Pregunta Álvaro preocupado.
     -  Sí, nos estábamos despidiendo. - Miento. Veo pasar un taxi con la luz verde y le hago una señal para que pare. Antes de montarme en el taxi, me vuelvo hacia a Judith y le digo: - Te veo en casa.
Mientras me alejo en el taxi, puedo ver por el retrovisor como Ángel sonríe y automáticamente se dibuja una sonrisa en mis labios. ¡Parecemos dos adolescentes!

Una vez en casa, me meto en la cama y  pienso en todo lo que me habían dicho Judith y Paula. Ángel no repite con ninguna mujer, no lleva a mujeres a su casa. John también ha dicho que parecía celoso en el restaurante. ¿Realmente estaba furioso o simplemente estaba molesto porque creía que al día siguiente me había tirado a John y había dañado su ego masculino? Pasa de estar furioso a juguetón en cuestión de segundos, nunca sabes por dónde te va a salir. Es un hombre complicado. Y los lazos que tenemos en común nos unen demasiado como para hacer todo esto aún más complicado.

3 comentarios:

  1. Una entrada genal esun vvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvv


    Una entrada

















































































    una entrada genial maravillosa, gracias por compartir Rakel saludos cordiales ,










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  2. ¡Creo que el que ha caído en la tentación ha sido el diablo :DDDD ¡Y totalmente enamorado...!!! Lo llevas padrísimo Rakel,un deleite leerte ¡Gracias por compartir...!! ¡Besitos linduraaaa...!!!

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    Respuestas
    1. Mil gracias, guapa! Si es que el diablo al final va a ser un corderito, jeje! ;-) Besotes y buen fin de semana!

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