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jueves, 15 de octubre de 2015

La mujer desamada

 
      Aquella noche de domingo, cuando él se fue por fin, ella se dedicó a recordar. Un halo de romanticismo se había apoderado de ella.Había sido un fin de semana tan maravilloso. Tuvo sensaciones que jamás había tenido en su vida, ahora ya cerca del medio siglo.

    El fue cortés, tierno, pero lo que más le llamó la atención a ella es que nunca buscó propasarse con ella. Se sabía atractiva, que los hombres la miraban con deseo, pero aquel hombre no intentó nada. Tan solo, el domingo por la tarde, unos cuantos besos fueron la única prueba de que eran un hombre y una mujer que se sentían atraídos.

        A partir del día siguiente ella comenzó una dura batalla: volver a verlo o no. Era una decisión difícil que dejaron el aire. Ella sabía que era una locura y que si lo hacía no tendría escapatoria, acabaría acostándose con aquel hombre, por mucho que tratara de contenerse y evitarlo.

         El le dijo que en julio se iba de vacaciones unos días con sus hijos. Estaba divorciado y sentía una gran devoción por ellos. Pero quedó la oportunidad de que una vez volviera ellos tuvieran la oportunidad de irse unos días juntos a cualquier lugar perdido en el mundo. Ella comenzaba sus vacaciones a mediados de mes y se iría a la playa, a un apartamento que habían comprado unos años antes. Era lo que hacía todos los años y donde ella ahogaba sus penas y su soledad, junto al mar, lejos de todos aquellos que decían quererla y que nada le demostraban. Los fines de semana se solían acercar sus hijos, que preferían entre semana estar en a ciudad, con sus amigos, divirtiéndose. Tal vez su hijo se fuera en agosto al apartamento y trabajara en cualquier chiringuito de playa para ganarse un dinero para el resto del año, o para algún capricho.

      Fue una batalla dura la que tuvo que librar consigo misma. Ser o no ser...Ser amada tal vez de nuevo, arriesgarse a que un nuevo hombre entrara en su vida, o no ser, dejar que la brisa se llevara aquel halo que le había llegado, fresco, suave, dulce, en caluroso fin de semana de principio de verano.

      Ella, cuando lo buscó no pretendía encontrar un nuevo amante, ni siquiera un nuevo amor, solo un hombre que la escuchara y la aconsejara.

    -Quiero que seas mi confesor-le dijo un día, antes de conocerse en persona-El hombre con el que pueda contarse todos mis secretos, hasta los más íntimos que nadie conoce.

    Y lo cierto es que lo era. Ella le había confesado cosas que se creía incapaz de llegar a contar a ninguna persona, ni siquiera a sus mejores amistades. Y el le contó también su historia, su amor perdido, su matrimonio roto, sus años perdidos en tratar de recuperar lo que no tenía recuperación.

     Admiraba en él que fuera capaz de escucharla con tanta delicadeza, sin enfadarse en ningún momento, ni llamarla pesada. Pero sobre todo lo que más le había llamado la atención era su capacidad para hablarle sin callarse ni dejarle de exponer sus puntos de vista, con crudeza pero sin maldad.

         Todas estas cosas le hicieron decidirse. Si, se iría con él. Lo estudiaron pormenorizadamente y por fin eligieron un destino. No irían muy lejos, lo suficiente para pasar inadvertidos para miradas conocidas y lo bastante cerca para tener un viaje rápido y corto.

      Conforme se acercaba la fecha de la partida sus nervios fueron en aumento. Tenía miedo de no estar a la altura de las circunstancias, de echarse atrás en el último momento, o que fuera él quien lo hiciera. Y sin embargo ninguno de los dos lo hizo.

      El día del encuentro, el día señalado en el calendario como la fecha del cambio definitivo en su vida, se levantó temprano. Los nervios no la dejaban dormir y se duchó y se arregló rápidamente. Sabía que él estaba en camino y que aun tardaría un buen rato en llegar, pero salió de casa y fue a tomarse un café a un bar. cercano. Mientras lo hacía no cesaba de mirar su móvil, en la angustiosa espera de la llamada que le indicara que ya había llegado. Pasaron los minutos, llegó la hora y por fin...sonó esa llamada esperada. Si...era él...ya estaba allí. Pagó su café y se encaminó al lugar del encuentro.

Cuando llegó hasta él lo besó...dulce y apasionadamente...

      Partieron y de nuevo las palabras se hicieron dueñas de sus vidas. No se detuvieron, las palabras, hasta el final de su viaje. Subieron a la habitación y dejaron las cosas. Era la hora de comer. Después se cambiaron. El la cogió, en un arrebato, por detrás, tomando sus senos entre sus manos. Ella solo le supo decir:

-Espera, espera, espera.

Bajaron a la piscina y se bañaron en ella. Los dos eran buenos nadadores. Después pasearon un rato, tomaron algo en un bar. frente al mar. El mar que tanto adoraban los dos, que tantos recuerdos les traían, el volar de las gaviotas a lo lejos...


Aquella noche...ella se entregó a él, él se entregó a ella...el amor los venció, su indecisión quedó parapetada en un rincón perdido, olvidada por el dulce sentimiento de saberse amada.

El resto de los días fueron maravillosos. El la trataba siempre como a una reina. Ella se sentía como tal, solo quería devolver esas mismas sensaciones que recibía, agrandadas hasta el infinito.

Y tras aquellos días vinieron otros y otros...y cada vez se perfeccionaban más. Aquella sensación no la abandonaba nunca. Como es normal había días mejores y otros peores, pero los mejores superaban con mayoría absoluta a los peores...hasta ayer, hoy, mañana... ¿siempre?
© PieL

http://retazosdemipiel.blogspot.com.es/2015/10/la-mujer-desamada-2.html

3 comentarios:

  1. Una historia muy interesante! da gusto leerte, gracias por traer tu calidad PieL, felicidades!!

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  2. Una entrada impresionante cosas que pasan muy a menudo hoy en día gracias piel feliz semana

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  3. Preciosa historia y además complementadas tus letras con la foto de Jason Statham :))) ¡Fabulosa Piel...!! ¡Un orgullo compartir tus letras...!!! ¡Besitos hermosa....!!!

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