Lo Último

Novedades en la pestaña Extras, si eres Autor no olvides revisar las Normas con regularidad

Recomendamos utilizar Google Chrome para ver el blog completo

sábado, 10 de octubre de 2015

LA ESPERA


Por un instante el mundo se detuvo y el helado silencio aterrorizó a todos.
Ya el cielo, cual masa ennegrecida y enajenada amenazaba con una tormenta excepcional. Y así fue.
De pronto, furiosos vientos huracanados cruzaron el barco de lado a lado, las maderas de la nave comenzaron a crujir y gemir dolorosamente mientras la lluvia se desataba con furia.
Las olas, altas como montañas se elevaban imponentes, caóticas, con hambre de destrucción.
El estrépito era el de planetas chocando unos contra otros.
El barco se había transformado en una cáscara de nuez sobre un mar bravío.
Mientras tanto, los siete nos habíamos refugiado en aquel camarote y rezábamos.  
Luego un instante de tensa calma, un estruendo abominable nos aturdió.
-Se partió el barco.- dijo Leo.
Los gritos de terror no tardaron en llegar.
Mientras todos se aferraban a algo, yo alcancé a tomar una maleta donde guardé allí una brújula, bengalas, cuchillos, un botiquín, fósforos y una pistola. 
Comenzamos a sentir el vértigo del descenso hacia el fondo del mar.
A los pocos segundos que nos parecieron siglos, sentimos un cimbronazo y todo se quedó quieto;  la nave se había estrellado en una meseta rocosa.
Sin perder tiempo, comenzamos el dramático ascenso.
Luego de un esfuerzo supremo llegamos a la superficie, nos reconocimos y fue María la que detectó un bote flotando a la deriva.
Al llegar subieron los hombres y ayudaron  a las mujeres  a hacerlo.
Alegres por nuestra suerte,  nos abrazamos más duró poco pues cada uno comenzó a llorar por sus muertos; un viaje de placer se había transformado en una pesadilla.
Entendimos todos, la fragilidad del hombre frente a la furia de la naturaleza desatada.
Callados todos, de pronto una extraña somnolencia nos abrazó…
Uno a uno comenzamos a despertar pero fue Santa la que no lo hizo.
Leo intentó reanimarla pero era inútil. Ana abrazó su cuerpo inerte, las lágrimas y los gritos de dolor se los devoraba el mar.
La cubrimos con una lona.
Hasta ese momento nadie se había percatado que la tormenta había cesado; el mar oscuro estaba calmo, la luna iluminaba su superficie y el cielo estaba plagado de estrellas.  Parecía que el universo caería sobre nuestras cabezas.
Estábamos a  la deriva. El reloj de Ana marcaban las dos.
Tomamos la caja de supervivencia del bote que contenía alimentos enlatados, botellas de agua, algunos dulces, bengalas  y un manual.
Bebimos un poco, nadie quiso comer y decidimos hacer guardias; Luis se ofreció para la primera.
Los demás intentaríamos dormir por lo que nos tapamos con todo lo que teníamos a mano ya que el frío era despiadado.
Más al rato, los gritos de Luis nos despertaron.
-¡Estamos salvados, estamos salvados!- repetía eufórico.
-¿Qué ocurre?- pregunté.
-Allí... ¿Las ven?- Y señalaba hacia el mar.
-No, ¿Qué…?-
-Las carabelas.- respondió.
Miramos pero nada había. 
-Cálmate por favor, estás alucinando. -
-Son unos idiotas.-  respondió enojado.
De pronto José comenzó a gritar:
-Si, allí están, tiremos una bengala.-  gritó.
Fue Luis el que corrió hacia la caja y disparó la primera. Aguardamos expectantes.
Estos, al no tener respuesta y presos de la desesperación se tiraron al mar a pesar de nuestras súplicas.
La negrura de la noche los fagocitó. Al rato dejamos de escuchar sus gritos de auxilio.
María y Ana lloraban y gritaban.
La locura comenzó a sobrevolar el bote.
Se hizo una tensa calma.
Leo se ofreció para la guardia. 
Cerré los ojos pero me desperté sobresaltado a los pocos minutos, desvié la vista hacia Leo y vi que  no estaba.
Nervioso tomé la pistola y tiré una bengala hacia el mar para poder ver mejor.
Con horror vi a los costados del bote restos de embarcaciones, maderas, hierros, utensilios antiguos, huesos que parecían de seres humanos y cuerpos putrefactos…de seres humanos.
Era un cementerio de barcos.
-¡Leooo!-grité con todas mis fuerzas.  María y Ana, instintivamente comenzaron a gritar también.
Fue entonces que lo vimos; estaba flotando sobre el agua y no estaba solo: dos seres que parecían mujeres pero que no lo eran, lo sostenían, una de cada lado.
Luego el mar, debajo de los pies de mi amigo, se abrió;  se hundió lentamente hasta desaparecer.
Nos quedamos inmóviles hasta que María comenzó a gritar mientras Ana se quedaba en silencio en un rincón del bote, mirando sin ver, estaba en shock. 
De pronto Ana reaccionó y profirió un alarido tan aterrador que logró helar nuestra sangre.
De entre sus ropas sacó un revólver, le apuntó a su vieja amiga y dijo:
-Quédate dónde estás Santa, tú estás muerta. -
María intentó en vano explicarle que no era Santa. Pero estaba enajenada, tanto que le apuntó al pecho y le descerrajó dos disparos que le provocaron la muerte.
Luego de unos segundos, Ana recobró la lucidez y tomó conciencia de lo que había hecho.
Presa de la desesperación, el dolor y la culpa, tomó el arma y se disparó una bala en la cabeza.
Asistí mudo a lo ocurrido. Sentí que enloquecería de un momento a otro. 
Tan aturdido estaba que tomé la pistola pero no tuve el valor de jalar el gatillo.
Luego de una ardua lucha interna, regresé a mis cabales y pensé.
Eran las cinco de la mañana y el sol comenzaba a asomar por el horizonte.
-Si quiero sobrevivir debo remar hacia la costa.- grité furioso. 
Remé como un loco hasta que sentí una mano en mi hombro.
El terror se apoderó de mí, los escalofríos recorrieron mi espalda una y otra vez.
Me di vuelta y mi espanto ante la vista de Ana, María y Santa, sonriéndome…
Al  abrir los ojos, me di cuenta que estaba en un cuarto de hospital.
-¡Facundo, despertaste!-  era la voz de mi madre.
-Néstor, se despertó, ven por favor.- gritó.
Reconocí los pesados pasos de mi padre.
-¿Cómo te sientes hijo? preguntó.
-No lo sé, estoy confundido. ¿Cómo llegué aquí, que ocurrió?
Lo último que recuerdo es que estaba en el bote, solo y no puedo recordar más.-
-Santa nos contó todo.- sentenció mi madre. Su sola mención fue un cortocircuito en mi mente.
-¿Perdón, quien? dije con voz trémula.
-Cálmate por favor, si, Santa nos contó como hicieron con María y Ana para llegar a la costa.
Los encontraron unos pescadores, tú estabas inconsciente. Luego el helicóptero de la isla te trajo aquí  hace cinco días.- terminó diciendo.
Mi cabeza explotaba, no era posible lo que me decía mi madre.
-¿Dónde están ahora?- pregunté.
-No lo sabemos, hemos perdido el contacto, desaparecieron.- respondió algo.
Luego de un rato me quedé solo e intenté recordar.
Las imágenes eran confusas; estaba en el bote, la mano en mi hombro de Santa mientras María y Ana sonreían… recuerdo haber escuchado - ¡Tú escribirás la historia!-
No sé quien lo dice.
De pronto el sol me quema la piel…la arena blanca…miro hacia el mar…
Veo una carabela alejándose y en ella a Leo, José y Luis… hay otros...no los conozco...
Sus brazos están en alto...y desaparecen en el horizonte.
Sé que María, Ana y Santa, deciden quedarse en el mar para ayudar a los náufragos…me lo dicen, escucho sus voces…
Abro los ojos…trato de entender…
-Han pasado veinte años  y aún no estoy  seguro sobre lo que ocurrió aquella noche.
Decidí vivir desde entonces en este faro pues necesito saber, quiero verlos otra vez… quiero que me lleven.-

                                                                     F    I     N


10 comentarios:

  1. Sublime....Es una delicia ir saboreando tu hermoso relato,con esa pluma tan sensible y exquisita que me conmueve y emociona..ERES GRANDE mi Richard,pero...Eso ya lo sabes,yo sólo te lo recuerdo... ¡Ya extrañaba leerte...!!! ¡Gracias por compartir....!!! ¡Besitos...Mucho más que infinitos...!!!

    ResponderEliminar
  2. un buen relato ,parar el tiempo en los momentos felices de la vida si fuera posible !! gracias por tus letras feliz semana

    ResponderEliminar
  3. Thank you for sharing your work, Ricardo. It is an artfully told story with many moving parts that arrive at their destination at the right times. You write very well.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Thank you very much Paula, you're very kind to your comment.
      You enjoy an excellent day.
      Good evening.

      Eliminar
  4. Aun después de la muerte nuestros seres queridos nos acompañan y protegen. Lo difícil es comprender que a pesar del dolor por su pérdia nuestra hora aun no está escrita y hay que esperar. Tremendo y sobrecogedor relato de supervivencia en el mar y de aceptación del destino. Excelente la maestría con que cuentas esta historia. Te felicito porque la he vivido con intensidad, Ricardo.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas noches.
      Tu comentario encierra todo lo que uno anhela escuchar.
      Muchas gracias por tanta generosidad.
      Beso.

      Eliminar
  5. Muy intenso relato Ricardo. Nos llevas al lado del protagonista y su desesperación durante la situación real y la sobrenatural. Hay cosas que no entenderemos jamás y mejor dejarlo ahí. Saludos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Mendiel.
      Me alegra saber que te gustó la historia.
      Muchas gracias, sos muy amable con tus comentarios.
      UN beso.

      Eliminar
  6. WOW!!! Excelente, me atrapó por completo. Creo que es una excelente historia muy bien llevada que da hasta para novela, piénsalo ;)
    ME ENCANTÓ!!
    ABRAZO!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Diana,Tus comentarios sobre el cuento son por demás apreciados.
      Y lo pensaré, seguramente lo haré.
      Beso

      Eliminar

Comentar es un incentivo para el autor

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail: