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domingo, 4 de octubre de 2015

Bebiendo estrellas

"BEBER ESTRELLAS"




Eso mismo, "¡Estoy bebiendo estrellas!", fue lo que dijo un monje benedictino tras probar una botella de vino en la cava de su abadía. El clérigo se llamaba Pierre Pérignon y la abadía estaba en La Champaña. ¿Te va sonando?

Me parece lógico que, después de dos entradas explicándote el origen de la risueña costumbre de brindar, hoy venga a hablarte del origen del champán. Y vengo, en realidad, a desengañarte, mira tú por dónde.

Pierre Pérignon nació en 1638 y murió en 1715 en la abadía de Hautvilliers, de la que llegó a ser abad. Durante su dirección,  tan espiritual como material, aquella comunidad prosperó de un modo inédito, en especial gracias a su bodega, que tenía capacidad para medio millar de barricas. Tuvo mucho que ver en ello el mimo con que el hermano Pedro trataba los vinos que allí se producían: mientras las barricas de sus competidores se vendían en Londres a 500 libras, las de Hautvilliers costaban casi el doble.

Pero que uno de los champañas más famosos del mundo se llame Dom Perignon no es aval suficiente para defender que este buen monje fuese el inventor de la bebida. Aunque durante años se defendió su autoría, hoy ya no está tan claro. El abad Pierre buscaba un vino pálido hecho con uvas blancas y de la mejor calidad, pero se encontró, como por serendipia, con vino achampañado. Si se te ha olvidado lo que es la serendipia, yo te lo recuerdo: "Encontrar lo que no buscas buscando lo que no encuentras". Viene del nombre de una isla mítica del Océano Índico, Serendib, que aparecía y desaparecía a voluntad, como la isla-ballena de Simbad o el pez-isla Jasconius de la leyenda de San Barandán (me gusta más que Brandán).

De lo que tiene todo el mérito Pierre Pérignon es de haber establecido unas normas de calidad para la producción del vino en su abadía, procedente del diezmo al que estaban sometidos los campesinos de su comarca. Fue tan minucioso que estableció que, en caso de transportar la uva sobre caballerías, se hiciera a lomos de mula y no de caballo, "por ser estos más nerviosos".

Se cuenta que, en realidad, su preocupación era la presión gaseosa a la que se veían sometidas las botellas en la cava de la abadía. Por culpa del gas, estallaban. Buscando una solución para conservar las burbujas sin accidentes, dio con el método champenoise para producir vino espumante fermentado, el mismo que luego empezó a lanzarse contra los barcos por estrenar y contra los hígados ya estrenados. Cuenta la leyenda que parte del remedio se la inspiraron unos peregrinos españoles que tapaban sus botellas con corcho, material que el abad empezó a usar en su bodega. Hasta entonces se usaban los tapones de vidrio, madera o caña impregnada en aceite.

Cuando, según las fábulas que rodean al champán, Dom Perignon dio con el vino chispeante que buscaba, empezó a dar gritos en lo más profundo de su bodega. Al llegar sus hermanos, les anunció: "¡Mirad, mirad, estoy bebiendo estrellas!", en alusión a las picantes burbujas de aquella bebida recién inventada (o encontrada).

Cuando el abad murió, a principios del siglo XVIII, en la corte de Versalles ya era de muy buena nota tomar aquella bebida carbónica. Fue allí donde se creó la copa por excelencia para el champán, aunque hoy, por indicación de los entendidos, lo tomemos en esas otras que llaman de flauta. Te hablo de la copa Pompadour, baja y abierta, bautizada así en honor de la amante de Luis XV, Jeanne-Antoinette Poisson, duquesa-marquesa de Pompadour (1721-1764). Se dice que el fino recipiente fue modelado en el seno perfecto de la favorita (ignoro si en el derecho o en el izquierdo).

Solo me queda brindar contigo y desearte salud. Y si se te suben las burbujas a la cabeza, te invito a un café en mi blog personal: http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/

16 comentarios:

  1. Me encanta el Champagne y, lo siento por nuestros queridos catalanes, pero me gusta más que el cava y además me sienta mejor. En copa abierta por supuesto. Aun así, ignoraba mucho de lo que cuentas, pero ahora sé que a la serendipia le debemos, no sólo la penicilina, que tantas vidas ha salvado, sino también el champagne que tantas vidas alegra.
    Un brindis por ti. Con champagne. Muy buena entrada.
    Un beso.

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    1. A mí también me gusta el champán, para qué nos vamos a engañar. Y, desde hace un año, el jerez. Y yo también brindo contigo. Muchas gracias. Un beso.

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  2. Magnífica entrada, Jose Juan. Me ha encantado la forma de la serendipia que era desconocida para mí. Gracias por ilustrar esta cabeza medio vacía, que todavía tiene ganas de llenarse.
    Un beso.

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    1. ¿Media vacía tu cabeza? ¿Entonces de qué capacidad es tu disco duro? Y sí, que no falten las ganas.
      Un beso.

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  3. Qué bueno, José Juan. No podemos menos que aceptar la copa que nos ofreces y brindar contigo. Ya veréis como luego me entra hipo. Y si bebo más, empezaré a divagar sobre las formas de las copas y acabaré diciendo alguna barbaridad, que me conozco. Así que no dejes muy lejos la cafetera, por si acaso. Santé, mes amis!

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    1. ¡Chin, chín!, ¡ y Chin-chón, anís plaza y mesón! ¡Y viva er vino manque pierda! ¡Muaaaacs!

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  4. Preciosa entrada mi José Juan ¡Gracias por compartirla....!!! Y claro que brindo ¡Salud por esa inspiración y mis besitos miles,sin condición...!!! ;)

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    1. Gracias siempre a vosotros por esta plataforma. Muchas gracias y un beso, María.

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  5. Genial, cada vez me gusta más leerte, chin chin!!

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    1. Muchas gracias, Juan Carlos. Y a mí que me leas. Un abrazo.

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  6. una entrada genial es todo un placer perderse en tus lindas letras gracias por compartir

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    1. Perderse para encontrarse... Muchas gracias, Isidro. Un abrazo.

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  7. Oh la la, c'est une chose merveilleux le champagne!!!, me encanta esta bebida espirituosa. A mí me gusta el cava, pero por el champán siento especial debilidad. Siempre me gustó especialmente su sabor y las burbujas tan características. Además, es una bebida de celebración y por eso me trae muy buenos recuerdos.
    Como en muchas otras cosas, los monjes fueron unos espectaculares transmisores del saber, y en este caso descubrieron tan noble néctar.
    Me ha encantado leerte, siempre tan elucubrante y original en los temas que nos traes, llenos de anécdotas y saberes históricos.
    Un abrazo, amigo José Juan. Brindo por tí y tu pluma.

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    1. ¡Y yo brindo contigo! Es verdad, los muy truhanes de los monjes y los frailes sabían qué hacer con sus bodegas. Un beso.

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  8. Una entrada estupenda, muy entretenida y bien redactada

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