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jueves, 8 de octubre de 2015

Asesinato en cuatro líneas

Dalí


Al lado del cadáver había un trozo de papel cuadriculado, con un mensaje manuscrito, con buena caligrafía. Daba la impresión de ser una especie de poema


La idea quitada no me devuelves


Y la fama ganaste


Antes que mi vida gaste


Recuperaré lo mío mientras en dolor te revuelves.



La inspectora Virginia Llop llega al lugar del crimen. Es una especie de servicio estación, un comercio de neumáticos y artículos para vehículos de todo tipo.

Observa al hombre de mediana edad, pelo canoso y escaso, de constitución más bien alta y atlética, que yace en el suelo del almacén, con signos de haber sido golpeado mortalmente, con golpe seco, y con un objeto contundente. No hay sangre alrededor, y el muerto conserva la expresión de susto en sus ojos azules abiertos. El rictus de su boca de labios carnosos es terrorífico. Le vienen unas inmensas ganas de vomitar, pero hace esfuerzos y se contiene. Saca un pañuelo de su bolsillo, y se tapa la nariz y la boca. En la puerta cuelga el cartel de Cerrado, y no la han forzado. Posiblemente, el asesino y el muerto se conocían.



Un policía forense le acaba de entregar en un sobre de plástico sellado la nota, esas cuatro líneas que encierran muchas respuestas. Las lee dos veces, se anota cada palabra en su libreta, y envía el sobre para que analicen huellas dactilares, restos de pelo, sangre, alguna pista que la lleve al asesino. Por lo que dice el texto, parece obra de una sola persona, alguien con sed de venganza, mujer u hombre. Quién sabe. Tendrá que ponerse de inmediato a trabajar en el caso. Adiós a descansar ese fin de semana.



A la media hora, la informan por whatsapp que el cadáver corresponde a un famoso campeón de raids Todo Terreno, Herminio Cabezas que se jubiló hace años de las carreras y abrió ese comercio de neumáticos. De ser un archiconocido ganador de varios premios en su categoría, -en rallyes de tierra-, y tener fama mundial, ahora es tan solo un saco de huesos sin vida. La inspectora Llop empieza a ver cierto sentido en el poema: “la fama ganaste” “La idea no me devuelves”…Alguien había sufrido de celos y de envidia por el éxito profesional de Cabezas, y se había desquitado con rabia. ¿O era algo más?¿Era por dinero o por amor?. ¿Pero hasta el punto de matarlo?. Habría que conocer a sus amigos, familiares, y a sus enemigos, también.



Al día siguiente del suceso, Virginia Llop llega muy temprano a la comisaría. Está en su despacho y recibe una llamada del laboratorio. No han encontrado huellas del presunto homicida. El arma mortal no aparece. No ha dejado pistas, ni rasguños, ni tampoco se han encontrado restos en el papel ni en el cuerpo de la víctima. Sólo esa nota de cuatro líneas que parece ser la clave de todo este asunto. Abre su libreta, y lee el primer verso: “La idea no me devuelves”, y piensa que podría ser algo relacionado con un robo, …robar, ¿qué le robó? ¿Un premio, una carrera?¿Dinero? ¿Una mujer?, una idea, …una idea de algo. Algo muy valioso, pero ¿qué querría decir con “la idea”?.

Hace unas horas su ayudante le había informado del historial del difunto, y no estaba casado ni tenía hijos. Vivía solo y tenía dos hermanos. Pero actualmente, sólo le quedaba uno, y vivía en otra ciudad. Había tenido relaciones amorosas, y algunas bastante sonadas con alguna famosa modelo de la época, pero no se le conocían escándalos. De todas formas, empieza hacer una lista de esas mujeres que compartieron su vida con él, y añade los compañeros de profesión, gente de su círculo profesional, sus empleados del negocio, managers, etc. Espera sacar información de Herminio Cabezas, de cómo era realmente, y de quienes le amaban o le odiaban tanto para llegar a asesinarlo.

Pasaron dos semanas de entrevistas –y no nos alargaremos en todo este proceso de dimes y diretes-; de ir y venir, de visitas sin sacar nada claro, de gente que le caía muy mal el ex corredor y que le importaba un bledo su muerte; o de otros que fueron a su funeral, y se sintieron muy apenados. En ningún caso averiguó si alguien había tenido una idea que le fuera arrebatada: un invento para correr más, o unos neumáticos nuevos, o un especialista en válvulas; no, “la idea no devuelta” y “la fama que ganaste” no la vislumbró en ninguna de sus charlas. Hizo pruebas de caligrafía, y tampoco encontró parecido con la letra de la nota de cuatro líneas. La inspectora Llop se sentía más perdida que al principio de la investigación.

Al cabo de un mes de encontrar el cadáver del campeón de raids, Virginia pasaba por delante de la tienda de material para coches, y se dio cuenta que estaba abierta. Entró, y se dirigió al mostrador. Le atendió un hombre que tenía cierto parecido con el hombre que había visto muerto en ese mismo local. Se presentó. Resultó que aquel vendedor era el único hermano del fallecido. Le contó que cuando se enteró regresó a su ciudad natal, para seguir con el negocio de su malogrado hermano. Mientras estaban hablando de la infancia de ambos y de cosas banales, la inspectora Llop se dio cuenta de algo que no le parecía haber visto el día del homicidio. En una de las estanterías que había justo detrás del mostrador, al lado de unos recambios que no sabía ni para que servían, había una estatuilla, un trofeo automovilístico. Parecía de gran valor. Empezó a sentirse incómoda y mareada, y no podía creer lo que su mente estaba calibrando en ese momento. Cortó la conversación, y le dijo al hermano que era muy bonita la figura del trofeo, pero que no veía bien que ponía porque era miope. La cogío del estante y se la enseñó.


El caso se resolvió y ya está cerrado. El informe de la investigación recogía todos los datos necesarios para aclarar los hechos, y se explicaba detalladamente todo lo sucedido. Después de dar vueltas y vueltas, la inspectora Virgina Llop había tenido en sus manos el arma del crimen: la estatuilla laureada. Fue fácil detectar un resto de tejido sanguinolento en el trofeo, llevar a analizarlo y dar positivo en ADN del susodicho corredor muerto. Pero también necesitaba saber quien había dejado allí aquel premio, pues el día del asesinato no estaba. Se le ocurrió algo definitivo: compró unos enganches para las lunas de su coche, y pidió al hermano recién llegado que apuntase en la factura su nombre y teléfono por si tenía que hablar algo más con él. Tenía una bonita caligrafía, una letra que coincidía a la perfección con la de la nota que se encontró al lado del cadáver.


Se acababa de resolver el enigma del asesinato en cuatro líneas de un cuarteto. Dos hermanos, uno corredor profesional. El otro, más joven, también quería seguir sus pasos, pero el hermano “le quitó la idea”, intentó disuadirlo haciéndole comprender que se trataba de un mundo lleno de dificultades y peligros. Y mientras el mayor seguía consiguiendo premios, reconocimientos y ganando fama mundial, el pequeño se metía en líos, y acababa en la cárcel –“la vida gaste”-acusado de varios delitos de robo con intimidación, debido a su adicción a las máquinas tragaperras. Encerrado en si mismo, no encontró consuelo, al contrario, queda día que pasaba era mayor su necesidad de venganza. Ajustar cuentas era lo primero que haría al salir del trullo. Una noche, ya libre, fue a la tienda de su hermano, por la noche. Ya había cerrado. Llamó al timbre, y al reconocerlo, le abrió la puerta un poco sorprendido, incluso asustado. Pero le dejó entrar. El ex convicto empezó a dar golpes, a gritar, a maldecir, y su hermano no le quería escuchar, le dijo que se fuera, que le dejase en paz, que no tenían nada de qué hablar. Y el hermano le dijo que le odiaba y que quería verlo sufrir, que sintiese el dolor como él lo había sentido todos esos años malgastados. Y con la rabia que lo poseía, le propinó varios golpes con un trofeo que encontró en una de las estanterías de la tienda, mientras veía como se “revolvía de dolor” hasta el último suspiro.


Anna

31 Julio 2015

5 comentarios:

  1. Fantástico, que manera de describir a los personajes y la forma de contar la historia, un placer leerte, gracias por compartir, feliz fin de semana!!

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  2. Una buena entrada un buen relato encantador , me a gustado mucho el relato gracias saludos cordiales

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  3. Fascinante historia, llena de intriga. Un trhiller negro inquietante, una inspectora sagaz y espabilidada que bastante perdida al principio de su investigación, se encuentra un día ante la tienda de la víctima y al asesino para acabar terminando un puzzle que se recompone inmediatamente al descubrir la caligrafía del autor que coincide con un poema que resulta revelador. Todo va cuadrando para deshacer el enigma del misterio del asesinato del corredor de coches. Excelente, entretenido y muy bien estructurado.
    Un beso

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  4. Gracias a todos por vuestras opiniones. Saludos y que tengáis un buen fin de semana

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