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domingo, 20 de septiembre de 2015

LAS DOS PUERTAS


La ansiedad no le permitió dormir en toda la noche.
Se levantó de madrugada y arrastrando los pies llegó al cuarto de baño donde el chorro de agua fría de la ducha lo despertó en forma feroz.
Aterido de frío cerró la canilla, se secó y se vistió.
Caminó luego hacia la cocina donde se preparó el desayuno; café, jugo de naranjas y pan integral.
Más confortado llamó a la agencia de taxis; en una hora debía llegar al aeropuerto.
Aguardó sentado en su sillón favorito sin pensar en nada.
Al rato vio por la ventana que un Ford Focus se detuvo a la altura de su puerta. Revisó  todo y salió presto.  
-Buen día, al aeropuerto por favor.- le pidió al conductor. Este asintió con la cabeza.
Al llegar, el lugar era un caos. Con dificultad llegó al mostrador de la aerolínea donde se enteró que el vuelo estaba demorado por desperfectos mecánicos de la aeronave.
-¿De cuánto es la demora?- preguntó Estefano.

-Una hora.- respondió la empleada mientras hablaba con otros pasajeros.
Resignado se dirigió a la confitería, se acomodó en una de las mesas, pidió un café  y comenzó a leer uno de sus viejos libros, El péndulo de Foucault.
Se enfrascó tanto en la lectura que perdió la noción del tiempo. En un momento le pareció escuchar su nombre por los altavoces y salió corriendo hacia la puerta siete donde lo esperaban impacientes.  
A los pocos minutos estaba en el avión buscando su asiento.
Se sentó, se abrochó el cinturón y miró a la anciana que dormía a su lado.
-Mientras no ronque…- dijo en voz baja.
Transcurrieron varios minutos hasta que el avión despegó.
Y fue que sin darse cuenta se quedó dormido...
La voz del comandante anunciando el aterrizaje en el aeropuerto de Cork, lo despertó. 
Al abrir los ojos, lo primero que vio fue a la dulce viejecita observándolo.
-You slept a lot. – le dijo.
A lo que él respondió con un rebuscado inglés:- Yes, I was little tired.-  
Al bajar del avión buscó un taxi para llegar hasta la estación de ferris Dún Chaoin.
En poco más de una hora llegó a destino.  
Camino hacia la boletería, miró al empleado y le dijo:
-Good night, Catalina Hume’s shack pleases.-
Este, sin levantar la vista emitió el ticket, tomó el dinero y le dijo: -Good luck.- 
Stefano aguardó en un extremo del muelle, tiritando por el frío.
Al rato el ruido de motores le indicó que el ferri estaba cerca.
Al llegar, atracó lentamente hasta que se detuvo por completo.
Un empleado bajó de la embarcación, le pidió el boleto y lo instó a subir. Era el único pasajero.
Una vez en la cabina, buscó el calor que emanaba de un equipo de aire acondicionado y allí se quedó.
Una azafata le trajo una enorme taza de café humeante lo cual agradeció con efusividad.
-Por nada, cualquier cosa que necesite mi nombre es Ariana.- le respondió sonriente.
Sorprendido gratamente comenzaron a conversar.
-No hay mucho para contar, recibí una carta de la señora Catalina Hume invitándome a su cabaña, la última vez que nos vimos fue en el año setenta y tres.- contó él.
La joven sonrió y dijo:
-Es usted una persona especial entonces, la señora no ha recibido a nadie en cuarenta y un años.-
La sorpresa de él fue inmensa pues conocía muy bien a Catalina y jamás la imaginó una ermitaña.
-Cambiando de tema, ¿Qué sabes de la gente que aquí vivía?- preguntó Stefano.
-La comunidad Blasket Island desapareció como consecuencia de la persistente migración de sus jóvenes, en el cincuenta y tres ya eran quince los habitantes, entre ellos Catalina y sus padres. En ese entonces tenía ocho años. Al morir los viejos ella se fue a la Argentina con los tíos y seguramente lo conoció a usted pero algo debió haber ocurrido pues en el setenta y cuatro ella regresó y nunca más se fue.-
Al escuchar esto Stefano miró hacia el piso.
Le traigo del continente todo lo que necesita; las propinas son generosas, es una persona muy amable.- terminó diciendo.
-Permiso.- dijo y se alejó.
El se quedó fascinado, contemplando el paisaje por los ventanales.
Pasadas dos horas, Ariana le anunció la llegada a White Strand. 
-Es la playa más conocida, aquí debe bajar para luego subir por la ladera de la colina que lo llevará hasta la cabaña de Catalina, es un kilómetro aproximadamente, verá las luces.- dijo.
La embarcación se detuvo en el viejo muelle y fue Stefano el que bajó no sin antes despedirse de aquella gentil muchacha uruguaya con un beso.
Se quedó mirando como la embarcación se alejaba. Resignado volteó la cabeza y observó hacia arriba, donde estaba la cabaña.
Las luces amarillentas que salían por las ventanas lo tranquilizaron.
Comenzó el ascenso, en la oscuridad de la noche y con la luz de la luna como aliada.
Los vientos helados eran cuchillos afilados clavándose en su piel. Apuró el paso y habiendo hecho la mitad del camino se detuvo a descansar. La contemplación le permitió admirar la bella obra del constructor; la luna plateada sobre el eterno mar azul, las estrellas, infinitas, que danzaban al ritmo de una música ancestral; se sintió parte de algo extraordinario que no podía comprender.
-No podemos ser los únicos en el universo, el planeta no es de los humanos, solo somos parte de él.- reflexionó en voz alta.
Y de pronto se sintió observado.
Luego sonrió y gritó a los cuatro vientos:
-¡Que loco estoy pero que vivo me siento!-
Reanudó la marcha hasta llegar; un estrecho camino de piedras guiaba al visitante hacia la puerta de su amada.
Su corazón golpeaba frenético, Catalina era el amor de su vida, pero desinteligencias, torpezas e imponderables lograron separarlos. Siempre se sintió culpable de la ruptura.
Golpeó la puerta tres veces y aguardó. El silencio aturdía.
Sin respuesta, se animó a jalar del picaporte, la puerta se abrió y entró.
-Hola.- dijo.
Un silencio ancestral.
Vio que el lugar estaba en penumbras, solo iluminado por los plateados rayos de luna que entraban por el inmenso ventanal.
Contra la pared una enorme biblioteca hecha con maderos rústicos que albergaban cientos de libros.
Siguió mirando y al ver la escalera la tomó.
Al llegar a la planta alta se encontró con dos puertas.
Abrió la de su izquierda…y allí estaba…
Alta, delgada, con su cabello muy blanco perfectamente recogido, sus penetrantes ojos azules escondidos detrás de unos gruesos lentes y la misma sonrisa con que lo enamoró la primera vez.
Seguía siendo la mujer más bella del mundo para él, la que había amado hasta lo indecible y había extrañado toda la vida.
Corrieron a su encuentro y se fundieron en un abrazo eterno, donde el amor se amalgamó con la calidez de sus cuerpos, sus historias y las lágrimas que emanaban incontenibles.
-Estefano, amor mío, te estaba aguardando.- dijo en cuanto pudo.
-Lamento haber llegado a esta hora pero…- dijo él pero ella lo interrumpió.
-Sabía que llegarías, no te aflijas, ven, tomemos asiento, debes estar agotado pues ha sido un largo viaje.- terminó diciendo.
Tomados de la mano revivieron viejos momentos, recuerdos, alegrías y tristezas.
Mientras tanto el tiempo se detenía, la luna estaba siempre en el mismo lugar y fue Stefano el que sintió que nada era igual.
Una duda asaltó su mente.
-¿Catalina, que hay en la otra puerta?-
Aquella dama, con toda dulzura lo tomó de la mano, se levantaron y comenzaron a caminar hacia el otro cuarto.
Al llegar a la puerta, Catalina se detuvo y le dijo:
-Creo ya estás listo, ábrela por favor.-
Stefano hizo lo que le pidió y al verla, rió y lloró al mismo tiempo: tendida en la cama estaba ella. A un costado un periódico con un gran titular: TRAGEDIA AEREA. No hay sobrevivientes. En la mesa de noche un frasco de pastillas abierto. Vacío.
-Cuando vi tu nombre en la lista de pasajeros sentí que debía hacer realidad aquella vieja promesa que nos hicimos a los diecisiete años: morir juntos.-
Se abrazaron mientras las estrellas se agolpaban sobre la cabaña.
-Vamos, vivamos el amor, como en nuestra primer vida en aquella montaña, en los albores de aquella civilización...- dijo una Catalina enamorada.
Stefano solo atinó a besarla mientras muchos soles y muchas lunas se sucedían en el cielo.         

                                                           F    I     N 

10 comentarios:

  1. Wuauuu...PRE-CIO-SO Mi Richard...Tu pluma exquisita ,dulce,sublime....Ahora tocando soles y lunas del Universo....ME HA ENCANTADO...Gracias por compartir,te mando mis besitos,nunca pocos,siempre infinitos...!! :)

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    1. Muchas gracias querida María.
      Siempre tan generosa y cálida.
      Besos para vos.

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  2. precioso encantador gracias por compartir saludos cordiales

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  3. como siempre nos traes tu calidad, con historias que nos transportan al otro lado y no permiten dejar de leer en ningún momento, maravillosa lectura, gracias por venir Richard!!

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    1. Muchas gracias Juan Carlos. Es grato recibir tus amables comentarios.
      Abrazo.

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  4. It is a wonderful story of love that has come full circle. Ricardo, you have a wonderful way with word pictures, especially with the suns and moons at the very end of the story. So romantic! Thank you for sharing this story. Warm hugs to you!

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    1. Hello Paula. Thank you very much, it is an honor to receive such a warm feedback from you. Glad to hear that you liked.
      Good evening. Kiss for you.

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  5. Hermosísimo, Ricardo, de verdad sublime... Me encantó!!!
    Felicidades, una gran historia muy bien llevada...
    ABRAZOS!!

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    1. Hola Diana, buenas noches.
      Muchas gracias.
      Saber que te gustó me complacer sobremanera.
      Sos muy amable.
      Un beso

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