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viernes, 4 de septiembre de 2015

Nariz de garbanzo


CICERÓN, 

NARIZ DE GARBANZO




En B.U.P. estudié un año de latín y otro de griego. Y hasta ahí. Lo único que saqué en claro es que los romanos no tenían los sonidos Che y Jota, por eso Julio César nunca dijo "Veni, vidi, vichi", sino "Veni, vidi, viki"; y tampoco Descartes sentenció "Cojito, ergo sum", sino "coguito, ergo sum". Así que hasta el Papa de Roma habla latín del malo: en el Vaticano usan la ch. Como es argentino, si Francisco quisiera sermonear con corrección académica en la lengua de Virgilio, no debería soltar un ¡Cheeeee!, sino un ¡Keeeeeee!

Hubo otra palabra que se me quedó grabada en mis años de estudiante: ciceris, o sea, "kikeris", ooooo sea: garbanzo. Y de ahí, Cicero, Cicerón. Cuando entré en la Facultad de Periodismo, tuve un par de cursos de confección y maquetación de periódicos. Y me encontré con otro cicero; en realidad, con más de uno, pues los cíceros eran la unidad de medida para las páginas de un diario o de una revista. No medíamos el largo y ancho de las informaciones en centímetros, sino en cíceros. Eran tiempos sin ordenadores, así que maquetábamos sobre una plana con lápices de dos puntas, una roja y otra azul, y con una regla llena de cíceros que se llamaba tipómetro. Atendiendo a su origen latino, más que con un tipómetro, medíamos con un cocido, todo lleno de garbanzos en romano.
Y ahí quería yo llegar. El insigne abogado Marco Tulio, recibió el cognomen -o mote- de Cicerón porque uno de sus antepasados tuvo nariz de garbanzo o una verruga en la nariz del tamaño de un ídem. De aquella particularidad física nació el apodo de toda la estirpe. ¿Quién sabe si Quevedo se inspiró en él, aparte de en Góngora, para su famoso poema: "Érase un hombre a una nariz pegado...". No vayas a pensar que Cicerón fue el único que sufrió un mote en Roma, aunque el riquísimo abogado llevara el suyo con dignidad.

Los varones romanos tenían tres nombres (Tria nomina): praenomen  (Marco; nombre propio), nomen (Tulio; apellido por linaje) y cognomen (Cicerón; apodo por característica física, méritos, defecto...). Dicho a la pata la llana, Marco, el de los Tulio con la nariz de garbanzo. Incluso podía haber una agnomen: Publius Cornelius Scipio Africanus.

Más ejemplos de cognomina famosos son Cayo Julio César Augusto Germánico Calígula ("Botitas"), Publio Ovidio Nasón ("Narigudo"), Marco Terencio Varrón ("Palurdo") o el mismo Cayo Julio César (en alusión irónica a su calvicie). Otros, igual que Cicerón, tiraban a lo campestre: Léntulo, de lentejas, y Fabio, de las mismas habas que le daban miedo a Pitágoras.

El mote de Cicerón servía para que sus enemigos se burlasen de él porque los romanos odiaban los garbanzos. La causa estuvo, casi seguro, en que fueron los cartagineses, sus enemigos por antonomasia, los que introdujeron en Hispania aquella legumbre oriental. El historiador Tito Livio acusaba a los celtíberos de comer garbanzos "a todas horas", probablemente en forma de gachas. Tras destruir Cartago hasta los cimientos, el garbanzo fue considerado en Roma un alimento propio de esclavos. Paradójicamente, el bárbaro -un franco- que pretendió resucitar el Imperio Romano, el emperador Carlomagno, tenía a los garbanzos en gran estima y promovió su cultivo.

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12 comentarios:

  1. Qué interesante entrada. No me extraña que los atenienses odiaran los garbanzos, tal era su animadversión enemiga contra los cartagineses, que las Guerras Púnicas fueron tela marinera. Por cierto, me he sentido muy identificada porque yo también soy del antiguo B.U.P y escogí letras puras, con latín y griego ;-)
    Muchas gracias por trasladarnos tu arte y saber, José Juan.
    Muchos besos

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    1. Muchas gracias a ti, Marisa. Sí, somos supervivientes del BUP. Un beso.

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  2. Como siempre, genial. Tener tres nombres es propio también de mi época. El de pila, que lo ponían los padres, el segundo nombre que lo decidían los padrinos y el tercero que se reservaba al cura en el momento del bautismo.
    En mi caso tengo tres. Suerte que mi padre se frenó en el segundo cuando me inscribió en el Registro Civil, sino tendría un nombre tan largo que no cabría en el DNI. Y si además le tengo que poner el mote... Fíjate que ni con un marcador electrónico de aeropuerto.
    Gracias, José Juan.

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    1. A ti, Elisenda. No se puede uno descuidar con tanto nivel bloguero. Buen fin de semana.

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  3. Ufff....Eres arte puro,puro arte José Juan ¡Fabulosa entrada...Con ese toque tan tuyo y peculiar..!!! ME ENCANTAS Una fiesta cultural leer tus letras,besitos muchitos..!!!

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    1. No me cansó de repetirlo: gracias a vosotros por esta plataforma y por la oportunidad que nos ofrecéis. Y gracias, naturalmente, por tu cariño y tus palabras de ánimo. Un beso y buen fin de semana.

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  4. Esplendido puro arte muy interesante gracias por compartir saludos cordiales

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  5. Tengo cuatro: Carmen, María, Ana, Magdalena. Y porque empezaron a discutir acerca de si llamarme también Elisa o Eliana, y con la discusión se les olvidó añadirlo. Se lo pasaban bien, con los nombrecitos...
    Nos estás proporcionando un final del verano muy nutritivo, José Juan. No, si las legumbres son muy sanas... Y, cocinadas por ti, muy divertidas e interesantes.
    Hale, vamos a por el café.

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    1. Hay que alimentarse de una otra manera, ya sabes. Gracias. Un beso.

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  6. Qué vieja soy! Ya quedamos pocos del antiguo bachillerato de 1º a 6º. Yo creo que di dos años de latín (aunque fui por ciencias, era obligatorio en 3º y 4º), griego, nunca. De todas formas nunca aprendí cosas tan interesantes como el significado de Ciicerón o Calígula. Y me ha parecido muy bonito lo de los cíceros para medir las páginas e informaciones de los periódicos.
    En definitiva, he disfrutado un montón con tus garbanzos (que por cierto, para mí, es la reina de las legumbres. Gracias, Cartago)
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Rosa. Y lo siento, moza, pero las tres primeras palabras no las he podido leer... Otro para ti.

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