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sábado, 19 de septiembre de 2015

Brindis

¡CHIN, CHIN!




La festiva palabra brindis tiene un origen etimológico de lo más sangriento. O eso dicen. El 6 de mayo de 1527, las tropas de Carlos V saquearon la Ciudad Eterna de un modo aún más bárbaro que las hordas de Alarico. El episodio tuvo lugar dentro del contexto de las Guerras de Italia, donde las principales potencias europeas batallaban casi por tradición. 

Cinco mil infantes españoles, tres mil italianos y diez mil lansquenetes alemanes se lanzaron a uno de los más crueles episodios de la Europa Moderna (y hubo unos cuantos): el Saco de Roma. La excusa fue que llevaban muchas soldadas de atraso y que de algún modo tenían que cobrar. Entre muertos, heridos y refugiados, la cifra de bajas romanas se estima en cuarenta y cinco mil personas. Por si eso fuera poco, el daño artístico fue incalculable. Hoy, en Oriente Medio, resuenan los ecos de aquella barbarie; ya ves que no importa a qué dios se rece.

Pues bien, una leyenda cuenta que la palabra brindis viene de la celebración de los terribles lansquenetes alemanes, que blandían espadones de casi dos metros de largo con empuñaduras de treinta centímetros, para sujetar el arma a dos manos. De aquella tropa, muchos ya eran luteranos. Ya, ya sé que servían a un emperador católico, pero hablamos de mercenarios que se alquilaban al mejor postor. 

Tras el inhumano saqueo, los germanos alzaron jarras, copas, cálices, botellas y todo recipiente de ocasión que encontraron, colmados de licor, claro, y ofrecieron el triunfo a su káiser, Carlos V. A la vez, corearon un grito unánime y atronador: Ich bring dir's! ¡Yo te la ofrezco! Y de ahí, bring dir's, o sea, brindis.

No es que inventaran el acto de brindar, sino que lo bautizaron, según la leyenda. También cuentan que Ana Bolena, la segunda esposa de aquel esférico psicópata que fue Enrique VIII, solía bañarse a la vista de su séquito masculino. Para envanecerla aún más, aquellos gentilhombres metían sus copas en la bañera y, acto seguido, bebían. En una ocasión, uno más bisoño se abstuvo de dicha galantería. La reina quiso saber el porqué: "Es que me reservo para el brindis", fue la caballerosa -y ladina- contestación. Por cosas como aquella, la Bolena perdió la cabeza en el tajo del verdugo, aunque yo creo que la tenía perdida mucho antes.

No voy a cerrar esta entrada con tan sangrientos sucesos. En casa de otro caballero inglés, puede que en la del almirante Nelson, tan famoso por sus proezas navales como por las galantes, otro aristócrata propuso: "Señores, por el bello sexo de los dos hemisferios". A lo que el marino respondió: "Permitid que yo brinde a la salud de los dos hemisferios del bello sexo". Un brindis de lo más práctico, dada la prevalencia de las enfermedades venéreas en aquellos primeros años del siglo XIX. Aunque, para ser justos, tendría que haber brindado también por la del suyo propio.

9 comentarios:

  1. Un brindis por la felicidad José Juan!! gracias por compartir, buena historia, saludos!

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    1. ¡Salud, Juan Carlos! Gracias a ti. Buen fin de semana.

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  2. Mira tú por donde, quién se lo iba a imaginar. Cada día aprendo algo nuevo contigo. Eres como el rigor de toda la sabiduría, je,je. En serio, me ha gustado.
    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Rosa. A mí también me pasa cada vez que me documento para una entrada. Buen fin de semana.

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  3. FA-BU-LO-SA Entrada.....Contigo,arte y café...y brindis? ¡Salud,por ti mi José Juan..!! Que los vientos de tus velas te sigan trayendo esa tan especial inspiración....Me culturizas,me inspiras,me haces reír....¡AY,ME ENCANTAS...!!! Como dijera mi hermanito Ciudad Baigon ¡¡Mortal..!!! ;) Ay,casi lo olvido,mis besitos para ti..In-fi-ni-tos..!!! :DDD

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    1. Muchas gracias, María. Naturalmente, te brindó esta entrada y brindó por tu felicidad. Un beso.

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    2. Ese autocorrector: "brindo" y "brindo"...

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  4. Ahora sería bueno conocer por que se chocan las copas.

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    1. Tienes razón, Rodrigo: usaré tu comentario para hacer mi próxima entrada. Muchas gracias y que tengas una buena semana.

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