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lunes, 21 de septiembre de 2015

Cállame con un beso 27.
















MIGUEL.

A la mañana siguiente, aprovecho que Silvia todavía está dormida para abrir el cajón de la cómoda donde anoche vi a Silvia esconder algo que no quería que viese. Hubiera podido preguntarle directamente, pero me hubiera arriesgado a que no me lo quisiese decir y que cambiara de sitio lo que fuera que hubiera guardado ahí, dejándome con las ganas de saber de qué se trata.
Abro el primer cajón de la cómoda y pongo blanco al ver dos test de embarazo, ambos utilizados y con un resultado que, sin leerme las instrucciones, no puedo descifrar. ¿Un palito rosa? ¿Qué significa eso? ¿Está Silvia embarazada? ¡Joder, no hemos usado preservativo en ninguna ocasión! Tampoco me he preocupado porque ella no ha comentado nada, así que pensé que se tomaría la píldora y, como ambos hemos tenido acceso a nuestros expedientes médicos y estamos limpios, no había de qué preocuparse. Excepto de un embarazo, claro. Cojo uno de los prospectos de los dos test de embarazo (ambos con el mismo resultado) y lo guardo en mi cartera para leerlo cuando no haya peligro de que Silvia me descubra y vuelvo a meterme en la cama.

Ese mismo día pero más tarde, Silvia recibe una invitación a una fiesta de Sergey Ivanov, de quién sospechamos que podemos sacar bastante información si nos lo montamos bien. Como es lógico, aceptamos la invitación y aprovechando que Silvia está en el baño duchándose y arreglándose para la fiesta, decido leer el prospecto del test de embarazo y enterarme del puñetero resultado. Lo saco de la cartera y voy directamente al apartado de "interpretación del resultado." "Si sale un palito azul no está embarazada, si sale un palito rosa está usted embarazada", leo antes de ponerme pálido y marearme. Un palito rosa significa que está embarazada. Silvia está embarazada. Con cuidado de no ser descubierto, decido abrir el cajón de la cómoda para comprobar que el palito era rosa, aunque estoy convencido de ello, pero los test de embarazo ya no están allí. Silvia se ha deshecho de ellos. Debió de hacerse el test y cuando salió positivo debió de comprar otro para confirmarlo. Puede que esto tuviera un margen de error, ¿no? Decido sacar de nuevo el prospecto y lo vuelvo a leer. El margen de error es del uno por ciento. Si se ha hecho dos test y los dos han dado positivo, no hay margen de error posible.

Silvia sale del baño completamente vestida y arreglada. Está preciosa con ese vestido rosa palo con escote en palabra de honor y un abrigo de pelo sintético de color blanco. Sin poder evitarlo, mi mirada se desvía hacia a su barriga, que sigue tan plana como siempre. Hace poco más de un mes que Silvia y yo nos acostamos juntos, así que si está embarazada, lo estará de un mes o menos.
     -  Gatita, estás deslumbrante. - Le digo sonriendo como si no supiera nada. Le rodeo la cintura con mis brazos y, colocándole las manos en el vientre, la recuesto sobre mi pecho y le beso en la mejilla.
     -  ¿Qué te pasa? - Me pregunta divertida. - Cada día estás más raro.
Me besa en los labios y me dedica una sonrisa.
Llegamos a casa de Sergey Ivanov, una increíble mansión llena de invitados vestidos de etiqueta, y, tras cogernos los abrigos, nos hacen pasar al enorme salón donde todos los invitados charlan animadamente mientras toman una copa de champagne. Un camarero pasa a nuestro lado y nos ofrece champagne, yo cojo una copa pero Silvia la rechaza. Las embarazadas no beben alcohol.
     -  ¿No te apetece champagne? - Pregunto con naturalidad.
     -  No, creo que tengo el estómago un poco revuelto y no quiero beber alcohol. - Me responde con una sonrisa en los labios.
     -  ¿Va todo bien, gatita? - Insisto.
     -  Claro, todo va bien. - Me miente. Y lo sé porque al responder ha evitado mirarme a los ojos.
No quiero presionarla, así que no insisto más. Durante toda la noche, no cesamos de saludar a todos los invitados, todos conocen a Irina y quieren felicitarla por la boda y conocer a su recién estrenado marido.

Sergey Ivanov por fin se acerca a saludarnos. Primero saluda a Silvia con un abrazo demasiado efusivo y duradero para mi gusto, después me mira de arriba a abajo mientras Silvia hace las presentaciones pertinentes y, finalmente, me estrecha la mano con firmeza.
     -  Sergey, nos alegra haber venido a tu fiesta, que ha sido todo un evento. - Le dice Silvia con una amplia sonrisa. - Espero que puedas venir un día a casa y así ponernos al día, tenía muchas ganas de verte.
     -  Yo también tenía muchas ganas de verte, Irina. - Contesta mirándome con desprecio. - Si te viene bien, mañana mismo iré a tu casa.
     -  Eso sería maravilloso, Sergey. Te esperamos mañana a las nueve para cenar. ¿Vendrás acompañado?
     -  No, iré solo. - Responde al mismo tiempo que se despide de ella con un abrazo y desaparece para atender al resto de invitados.
     -  Ya está, así de fácil. - Me dice contenta.
     -  A riesgo de no gustarme la respuesta, ¿has tenido algo con Sergey?
     -  ¿Qué? ¡No! - Me contesta riendo. - ¿De dónde sacas eso?
     -  De su forma de mirarme con odio, quizás. - Le digo molesto.
     -  No se lo tengas en cuenta, siempre quiso que fuera la novia de su hermano, que es todavía más horrible que él. - Me aclara sonriendo. - Señor Holffman, es usted un hombre muy celoso y posesivo.
     -  Señora Holffman, no lo sabe usted bien. - Le digo antes de besarla estrechándola contra mi pecho para abrazarla con fuerza.
Tras dar un par de vueltas por el salón saludando a algunos invitados más, decidimos que ya es hora de regresar a casa. Silvia tiene mala cara y cuando le pregunto qué le pasa me dice que no se encuentra muy bien. Nos metemos en la cama en cuanto llegamos, pero solo para dormir.
A la mañana siguiente, cuando me despierto, Silvia no está en la cama. Me levanto y la escucho vomitar en el baño. La puerta del baño está cerrada y no sé qué hacer. ¿Entro por si necesita ayuda? Pero, ¿si no quiere que esté allí? Deben de ser las náuseas matutinas del embarazo, la mayoría de las mujeres las padecen, ¿no? Joder, ¡no sé nada de embarazos! Dios, voy a ser padre. Creo que necesito sentarme. Estoy a punto de ir a sentarme a los pies de la cama cuando oigo a Silvia tirar de la cadena y el grifo del lavabo salpicando agua en la pica. Golpeo suavemente la puerta con la palma de la mano y pregunto:

     -  Gatita, ¿estás bien?
     -  No, estoy fatal. - Me contesta tras abrir la puerta.
Está pálida y ojerosa, desde luego no tiene buena cara. La cojo en brazos y la llevo a la cama, donde la deposito con cuidado.
     -  ¿Quieres que llame a un médico? - Le pregunto preocupado.
     -  No, no te preocupes. No es nada. - Me responde llevándose las manos al vientre. - ¿Podrías traerme un vaso de zumo?
     -  Ahora mismo lo traigo. - Le contesto tras besarla en la frente.
Después de subirle el zumo a Silvia, se duerme y la dejo descansar. Aprovecho la ocasión para navegar por internet e investigar sobre la mujer embarazada. Dos horas más tarde, Silvia entra en el despacho y rápidamente salgo de la página de embarazos que estaba leyendo.
     -  ¿Te encuentras mejor?
     -  Si, gracias. - Me responde sonriendo. - ¿Qué haces?
     -  Estaba echando un vistazo al correo. - Miento. Alargo mi brazo y la atraigo hacia a mí para sentarla en mi regazo. - Gatita, si no te encuentras bien anulamos lo de esta noche con Sergey.
     -  Estoy bien, no te preocupes.
A las nueve en punto de la noche Sergey aparece en casa. Cenamos mientras Silvia y él hablan de cosas banales hasta que Silvia empieza a interrogarle sutilmente. Sergey, embobado con Silvia, responde encantado a todo lo que ella pregunta. Así conseguimos enterarnos de que los que están detrás del asalto en casa de mi padre son los hermanos Nikolay y Alexey Petrov.
Una vez que escuchamos lo que queremos oír, Silvia se encarga de deshacerse de Sergey y volvemos a quedarnos a solas. Silvia sigue sin tener buena cara y me lo confirma cuando me dice:
     -  Estoy un poco cansada, me voy a ir a dormir.
     -  Mañana iremos al médico, da igual lo que digas.
     -  Estoy bien, de verdad. - Me dice forzando una sonrisa. - Son cosas de mujeres, nada grave.

Será mentirosa. Está intentando hacerme creer que está con la regla y que los vómitos y las náuseas no tienen nada que ver con el embarazo. ¿Es que no piensa decirme que está embarazada? Y, ¿si el padre de ese bebé no soy yo? Estoy seguro de que desde que nos conocemos solo ha estado conmigo, pero de eso solo hace dos meses, podría estar ya embarazada. Aunque, por otra parte, los test de embarazo estaban aquí, por lo que ella ha descubierto que estaba embarazada aquí en Moscú. No creo que tarde más de un mes o mes y medio en darse cuenta de que está embarazada, así que ese bebé tiene que ser mío.


3 comentarios:

  1. precioso relato encantador me a encantado gracias por compartir saludos cordiales

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  2. ME EN-CAN-TA mi Rakel,haciendo fila para recibir la siguiente entrega :) ¡Besitos linduraaaaa....!!!

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  3. Muchas gracias a vosotros, me alegra mucho saber que os gusta. Besotes!!

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