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sábado, 19 de septiembre de 2015

Cállame con un beso 26.
















SILVIA.

Tal y cómo habíamos previsto, en menos de dos meses, nos infiltramos en Moscú. Después de pasar un mes en Kiel, echo de menos a Frida, a Jeffrey, a Dave y sobretodo a Rayo. Miguel, que parece darse cuenta de mi tristeza, me da un beso en los labios y me susurra al oído:
     -  Podrás venir a verles siempre que quieras.
Eso me alegra. Puedo venir de visita y lo mejor es que aquí seré la señora Holffman, podré seguir besando a Miguel cada vez que quiera porque aquí seguiré siendo su mujer.
Cuando llegamos a mi casa en Moscú, Miguel se queda asombrado. La casa es un pequeño palacio que perteneció a la familia Koviakov desde antes de la guerra fría. Mijail y Svetlana, el matrimonio que cuida de la casa, nos saludan y felicitan por nuestro matrimonio a modo de bienvenida. Al no ver a Natasha, la hija de Mijail y Svetlana, que es de mi edad y una gran amiga, pregunto por ella:

     -  ¿Dónde está Natasha?
     -  ¡Eso es lo que yo quisiera saber! - Protesta Mijail. - No sé qué le pasa a esta hija mía, pero cada día está más rara.
     -  Irina, a lo mejor tú puedes hablar con ella para ver qué le pasa, nos tiene muy preocupados. - Me ruega Svetlana.
     -  No te preocupes, hablaré con ella. - Le respondo abrazándola con dulzura.



Miguel nos mira y sonríe, creo que no se termina de acostumbrar de verme abrazar con cariño al personal de la casa.
Miguel y yo subimos a nuestra habitación para ducharnos y cambiarnos de ropa. Estoy a punto de cerrar la puerta del baño para meterme en la ducha cuando Miguel me lo impide y, con gesto pícaro, me pregunta:

     -  ¿Cielo, no piensas esperarme?

Le sonrío y le dejo pasar sabiendo lo que va a venir a continuación. Y no me equivocaba. Una hora después, salimos de la bañera con la piel arrugada y una sonrisa en los labios.
Esa misma tarde, Natasha aparece por casa y decido hablar con ella para tranquilizar a sus padres aprovechando que Miguel está ocupado revisando toda la documentación de mis negocios.

     -  Estaré con Natasha en la biblioteca, llámame si necesitas algo.
Me doy la vuelta dispuesta a marcharme cuando Miguel me coge del brazo y me pregunta sonriendo:
     -  Gatita, ¿no se te olvida algo?

No sé a qué se refiere y le miro arqueando una ceja. Él parece percatarse de mi aturdimiento y decide darme una pista señalándose la mejilla con el dedo índice. ¿Un beso? ¿Es eso lo que quiere? Le sonrío y le doy un beso en la mejilla, pero él vuelve la cara atrapando mis labios. Sorprendente, pero hoy el gruñón tiene ganas de jueguecitos. Salgo del despacho antes de que la cosa se caliente más, no quiero hacer esperar a Natasha y tengo muchas ganas de hablar con ella.

     -  ¡Irina! - Grita Natasha al verme y corre a abrazarme. - Aún no me puedo creer que te hayas casado, tiene que ser un hombre perfecto para que te hayas casado con él.
     -  Lo es. - Contesto con sinceridad. - Y, además, está muy bueno.

Ambas nos echamos a reír a carcajadas y me siento como si el tiempo no hubiera pasado entre nosotras. Hablamos de lo que hemos estado haciendo durante todo este tiempo, le cuento mi supuesto romance con Erik Holffman y la repentina boda, la luna de miel y lo cuanto que lo deseo, lo cual no es para nada falso. Natasha me explica que ha salido con algunos hombres pero que se ha enamorado de Vladimir Pavlov, mi mano derecha en Moscú. Sonrío, Vladimir es un buen hombre y también está muy bueno, pero su gesto delata una pizca de tristeza que no me pasa desapercibida.

     -  Suéltalo, Natasha. - Le ordeno.
     -  Está bien. - Accede. Coge aire y continua: - Vladimir y yo nos hemos estado viendo a escondidas, nadie sabe que no vemos. Al principio todo empezó como una aventura pero, con el paso de los meses, se ha convertido en algo más. No sé cómo ha podido pasar, pero creo que estoy embarazada y no sé cómo decírselo. No sé cómo se lo va a tomar.
     -  ¿Crees que estás embarazada? Lo primero que debes hacer es asegurarte, a lo mejor te estás preocupando por nada. - Le sugiero.
     -  Tengo miedo, si no me hago la prueba seguiré con la duda pero si el test da positivo pierdo toda esperanza. - Me dice encogiéndose de hombros. - Confío en que me venga la regla y todo este malestar general desaparezca.
     -  Tienes que hacerte el test y te sugiero que te lo hagas cuanto antes. - Insisto. - Vladimir regresará dentro de dos días y, si estás embarazada, necesitarás tiempo para asimilarlo, decidir lo que quieres hacer y encontrar una manera de decírselo a Vladimir.

Finalmente, consigo convencerla. Tras pasar por el despacho y avisar a Miguel que salgo de compras con Natasha, nos vamos a un centro comercial. Lo primero que hacemos en comprar dos test de embarazo (en el caso de que salga positivo querremos estar seguras y volver a comprobarlo), después nos paseamos por varias tiendas y compro ropa de abrigo (el frío de Moscú nada tiene que ver con el frío de Ciudad de Perla) y finalmente nos sentamos en una cafetería para descansar un poco antes de regresar a casa. Una vez en casa, nos aseguramos de que Miguel sigue concentrado en el despacho y nos encerramos en mi habitación, la que ahora comparto con Miguel o, mejor dicho, con Erik.
Natasha se hace el test de embarazo y da positivo, así que se hace el segundo test y nos confirma lo que ya sospechábamos: Natasha está embarazada.

     -  Bueno, lo siguiente es pensar qué quieres hacer con el bebé. - Le digo. - ¿Quieres tener este bebé, Natasha?
     -  Creerás que estoy loca, pero quiero a este bebé. Incluso aunque Vladimir no me apoye y me abandone, pienso luchar por este bebé. - Me confirma con seguridad.
     -  Entonces, solo queda decírselo a Vladimir.
     -  ¿Cómo lo hago? Cuando venga, le digo: "Oh, Vladimir, te he echado de menos. Ah, por cierto, estoy embarazada, vas a ser padre."
     -  Es una opción, pero yo escogería algo menos directo. Dejaría que se relajara y, en un momento íntimo, se lo confesaría. - Le propongo.
     -  Sería más fácil si tú me prepararas un poco el terreno, Irina.
     -  Ni de coña. - Me niego. - Esto es algo entre vosotros dos, Natasha.
     -  No te pido que se lo digas, simplemente que hables con él y le preguntes qué intenciones tiene conmigo. - Me suplica. - Si te dice que soy solo una aventura pasajera no le diré nada sobre el embarazo, me iré a San Petersburgo y allí comenzaré una nueva vida lejos de él.
     -  Está bien, hablaré con él pero de forma sutil, no esperes que saque mucho. - Cedo. - Anda, ve a guardar tu ropa, nos vemos luego.

Natasha sale de mi habitación y yo me dejo caer sobre la cama. Por el bien de Vladimir, más le vale tener buenas intenciones con Natasha. Oigo la puerta de la habitación abrirse y doy un respingo. Es Miguel. Rápidamente, escondo los test de embarazo en el primer cajón de la cómoda y, justo cuando lo estoy cerrando, se coloca detrás de mí, me abraza y me susurra al oído:

     -  Gatita, ¿por qué no me has dicho que habías vuelto?
Cómo no sé qué responderle, decido besarle. En un abrir y cerrar de ojos, Miguel y yo estamos desnudos, tumbados en la cama, recorriendo el cuerpo del otro con las manos y con la lengua.
     -  ¿Has comprado muchas cosas? - Me pregunta cuando nuestras respiraciones se normalizan.
     -  Mucha ropa de abrigo para los dos espero que te guste. - Le contesto. - Y también una pequeña sorpresa para ti.
     -  ¿Para mí? ¿Qué sorpresa?
Saco una de las bolsas con el logotipo de la lencería y se la doy a Miguel al mismo tiempo que le explico:
     -  No sabía por cuál decidirme, así que he comprado los dos.
Miguel abre la bolsa y saca los dos picardías que he comprado. Uno es un corsé y un culote con liguero de color azul eléctrico y negro y el otro es un camisón de rejilla de color rosa chicle con liguero que no deja nada a la imaginación.
     -  ¿Quieres acabar conmigo? - Bromea. - Creo que paso de cenar, prefiero quedare contigo y ver cómo te pruebas todo lo que te has comprado.
Tras varas bromas y risas, logro convencer a Miguel para bajar a cenar al comedor, donde la familia Vasiliev nos espera para servir la cena.
Miguel está de buen humor y disfruto viéndolo así. Natasha me sonríe divertida y me da el visto bueno en cuanto ve a Miguel aparecer. Durante la cena todos conversamos y reímos y Miguel me sorprende besándome con tanta naturalidad delante de todos ellos.





2 comentarios:

  1. Bueno bueno, como se torna la historia, me gusta! esperando el siguiente capítulo!! :)

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Juan Carlos!! Me alegra mucho que te guste la historia, besotes!

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