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domingo, 13 de septiembre de 2015

Cállame con un beso 22.
















SILVIA.

El día siguiente, regresamos a Ciudad del Cielo y Fernando se queda encantado al ver que somos capaces de mantener una conversación normal sin querer matarnos. Daniel y Lety han decidido quedarse una semana más en Isla del Sol. Fernando también se muestra encantado con la relación de su hijo con Lety y Miguel y yo respiramos aliviados.
Nos reunimos con Fernando en su despacho y Miguel empieza a exponerle todo lo que hemos estado preparando durante nuestras vacaciones forzadas en Isla del Sol:
     -  Hemos pensado en decir que nos casamos hace un año y que, desde entonces, hemos estado de luna de miel, así podremos justificar nuestra ausencia durante tanto tiempo. Primero pasaremos una temporada en Kiel, Alemania, para dejar que mis hombres nos vean y, cuando los rusos me investiguen, puedan corroborar nuestra historia.
     -  ¿De cuánto tiempo estamos hablando? - Pregunta Fernando.
     -  No hemos estipulado un tiempo determinado. - Le contesto. - Pero supongo que al menos deberemos pasar un mes allí. Si todo va bien, de allí viajaremos directamente a Moscú y en dos semanas estaremos dentro de la alta sociedad.



     -  Es un tiempo récord. - Nos aplaude Fernando. - Pero en esta ocasión, prefiero que os toméis el tiempo necesario y que todo salga bien. ¿Cuándo pensáis viajar a Kiel?
     -  En un par de días, como mucho. - Responde Miguel. Me mira y añade: - Si a Silvia le parece bien.
     -  Por mí podemos irnos mañana mismo. - Contesto. - Cuanto antes empecemos con todo esto, antes lo acabaremos.
     -  De acuerdo, lo organizaré todo para que salgamos mañana mismo. - Me dice Miguel sonriendo. - Ve y descansa un poco, yo me ocupo de todo.

Asiento con la cabeza y sonrío al ver la cara de incredulidad de Fernando antes de dirigirme a mi habitación, la que está justo en frente de la habitación de Miguel.
Me meto en la cama vestida tan solo con una camiseta de tirantes ajustada y un culote de algodón y caigo rendida en un profundo sueño. Cuando me despierto, Miguel está sentado a los pies de mi cama y me mira sonriendo antes de decir:
     -  Buenos días, gatita. Aunque debería decir buenas noches.
     -  ¿Qué hora es? - Pregunto avergonzada. - ¿He dormido mucho?
     -  Casi cuatro horas de siesta. - Me responde divertido. - Al ver que no bajabas he decidido venir a buscarte pero te he visto tan dormida que no he querido molestarte.
     -  Y has preferido quedarte a mirar como duermo, ¿no? - Le digo malhumorada. - ¿No te han enseñado que es de mala educación observar a una señorita mientras duerme?
     -  Gatita, si mis hombres me preguntan si roncas cuando duermes, tendré que saber qué contestarles,
¿no crees? - Bromea.
     -  Yo no ronco y, si alguno de tus hombres te pregunta eso, dímelo y yo me encargaré de cortarle la lengua para que no vuelva a hacer preguntas estúpidas. - Le contesto. - ¿Has arreglado lo del viaje?
     -  Sí, ya está todo listo. - Me contesta sonriendo. - Solo falta que nos hagamos unas fotos vestidos de novios el día de la boda y alguna normal para llevar en la cartera. Lety me ha enviado algunas que nos hizo en Isla del Sol. - Señala hacia el sillón donde ha dejado el vestido de novia y añade: - Póntelo y no tardes en bajar, el fotógrafo lleva media hora esperando.

Miguel desaparece y yo me quedo asombrada a darme cuenta que mientras yo dormía como una marmota, él ha estado preparando todo esto. Cojo el vestido de novia y me lo pongo. Es un vestido color blanco marfil, con escote en palabra de honor, sencillo pero precioso. Si hubiera tenido que escogerlo yo, habría escogido este mismo vestido. Me hago un semi recogido y bajo hacia el salón donde Miguel y el fotógrafo me esperan. Nos hacemos fotos en el jardín, en la terraza y junto a la piscina. Cuando Miguel cree que ya es suficiente, le dice al fotógrafo que se retire y nos quedamos a solas de nuevo.
     -  Gatita, te sienta muy bien este vestido. - Me susurra al oído.
     -  A ti también te sienta muy bien el traje, cielo. - Le contesto sonriendo.
Tras terminar de hacernos las fotos, regresamos a casa y volvemos a vestirnos con ropa normal para que el fotógrafo pueda seguir haciéndonos fotografías. Cuando por fin nos damos por satisfechos, Miguel, Fernando y yo cenamos juntos en el comedor y, aprovechando que Miguel se retira para atender una llamada de teléfono relacionada con el trabajo, Fernando me pregunta:
     -  Silvia, ¿qué tal lo llevas con mi hijo?
     -  Bien. No te voy a negar que discutimos constantemente pero, al fin y al cabo, eso es lo que hacen la mayoría de matrimonios, ¿no crees?
     -  No me refiero a la operación, me refiero a vosotros dos como personas. - Me aclara esperando una respuesta.
     -  Al principio fue difícil, ni siquiera nos caíamos bien. - Le confieso sonriendo. - Pero hemos aprendido a soportarnos y estoy segura de que todo saldrá bien.
     -  Me gusta veros trabajar juntos. Ambos sois independientes, cabezotas y muy perspicaces en vuestro trabajo y, sin a penas conoceros, habéis organizado una operación en dos semanas cuando cualquier persona, por muy capacitada que sea, hubiera tardado un mínimo de dos meses.
     -  Lo cierto e que da gusto trabajar con Miguel. - Le confieso de nuevo. - No digo que no tengamos nuestras diferencias, pero en lo que al trabajo se refiere nos compenetramos muy bien.
     -  No sabes cuanto me alegra oír eso. - Me dice Fernando. - Sé que no te gusta trabajar con nadie y que, si lo haces, solo aceptas trabajar con tu equipo, pero me alegra que hayas aceptado trabajar con mi hijo y me alegra mucho más que seáis capaces de hacerlo tan bien y de tan buen humor.
     -  Bueno, no es tan fácil como tú lo quieres hacer ver, pero lo cierto es que estoy trabajando a gusto porque tenemos la misma perspectiva. - Le digo sonriendo. - Por cierto, ¿piensas decirle a Miguel que pretendes fusionar tu agencia con la de mi padre?
     -  No se te escapa una. - Me contesta sonriendo. - Pero aún no hemos decidido nada, todo depende de cómo se os dé esta misión.
     -  Tus hijos ya no son unos niños, Fernando. - Le apunto. - Se merecen saber lo que está ocurriendo y el fin por el cual estás haciendo todo esto, ¿no crees?
     -  Puede que tengas razón, pero hablaré con ellos cuando llegue el momento. - Me contesta zanjando el tema. - ¿Miguel te trata bien?
     -  ¿A qué te refieres?
     -  Solo quiero saber si es un buen compañero, tu padre ya me ha advertido que no debo meterme en tus asuntos personales. - Me contesta divertido.
     -  No me puedo quejar demasiado, la verdad. - Le confirmo. - Claro que eso no quita que no dejemos de discutir.
     -  Mi abuela siempre decía que los amores más reñidos son los más queridos, Silvia.
     -  Estoy aquí por un asunto profesional, Fernando. - Le contesto.
     -  En cualquier caso, tengo que confesarte que Miguel nunca hubiera dejado que una persona ajena metiera sus narices en nuestra agencia y parece encantado contigo. - Me dice divertido. - No sé lo que habrás dicho o hecho para que se comporte así, pero me alegro que lo hayas conseguido.

Miguel regresa y entre Fernando y yo se forma un halo de complicidad que a Miguel no le pasa desapercibido y, con la mosca detrás de la oreja, nos pregunta:
     -  ¿A qué viene tanto secretismo?
     -  Solo le estaba dando las gracias a Silvia por ayudarnos con este asunto. - Miente descaradamente Fernando. - Me alegra que seáis capaces de trabajar en equipo.
Miguel me mira y me sonríe antes de contestar:
     -  Si no terminamos matándonos, creo que formaremos un gran equipo.
     -  Silvia es como la hija que nunca tuve y para mí no habría mejor noticia que la que me confirmase que podéis trabajar juntos e incluso ser amigos. - Nos dice Fernando. - Es algo muy importante para mí y espero que no me decepcionéis.
     -  No te preocupes, Fernando. - Le tranquilizo. - Miguel y yo formamos un buen equipo de trabajo, a pesar de nuestras diferencias.
Fernando se relaja y Miguel me sonríe. Contengo las ganas de lanzarme sobre Miguel y besarle delante de Fernando, tengo que empezar a controlar estos instintos.
Miguel, sin embargo, parece encantado y no deja de sonreírme, cosa que me excita y me provoca, pero logro mantener el control aunque con dificultades.

2 comentarios:

  1. Superinteresante como siempre Rakel, gracias por traer tu calidad, abrazos!

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  2. Mil gracias a ti Juan Carlos, un abrazo enorme!

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